jueves, 22 de agosto de 2024

RETORNO A EL ESCORIAL XXVI. Casita del PrÍncipe Don Carlos y Casita del Infante Don Baltasar, en el Real Sitio de El Escorial

Casita del Príncipe Don Carlos
Casita del Infante Don Baltasar


Julia Sáez-Angulo

24/8/24 .- Madrid .- Dos Casitas Reales, con sus espléndidos jardines de árboles centenarios y exóticos, amén de estanques y  esculturas, enriquecen la morfología del Real Sitio de El Escorial: la Casita del Príncipe Don Carlos, en el municipio de El Escorial y la Casita del Infante Don Baltasar, en el municipio de San Lorenzo de El Escorial. La gente las llama de modo coloquial: la Casita de abajo y la Casita de arriba.
Alejadas un tanto del Real Monasterio de San Lorenzo, que abarca convento, palacio, basílica, biblioteca, colegio y jardines del Rey, la Reina y los Monjes, las dos Casitas conforman lugares de ocio separados para los hijos del Rey. Ambas Casistas son visitables por el gran público.
Según los datos de Patrimonio Nacional, organismo estatal del que dependen los bienes del Estado a disposición de la Corona Española: 
    La Casita del Príncipe es un edificio del siglo XVIII. Se construyó entre 1771 y 1775, a partir de un diseño de Juan de Villanueva, uno de los arquitectos más importantes del neoclasicismo español. Está declarada Bien de Interés Cultural desde el año 1931.
    Fue erigida como pabellón de recreo para uso de Carlos IV, por entonces Príncipe de Asturias, en un bosque de robles no lejos del Real Monasterio. Constaba inicialmente de un solo bloque rectangular, con una fachada de 27 metros, que Entre 1781 y 1784 fue ampliada con un ala posterior.
    Está rodeada por dos jardines, uno en la parte delantera y otro en la trasera, comunicados entre sí por dos pórticos de columnas toscanas. El gusto palaciego de la época está presente en sus fuentes, estanques, cascadas, paseos y setos de boj. A ello se añade la existencia de un extenso parque a su alrededor, poblado por especies autóctonas, como el roble y la encina; alóctonas, como la secuoya y el pinsapo; y árboles típicos de jardines.
    La Casita del Infante está localizada en la Dehesa de la Herrería, al Oeste del Monasterio, fue encargada al arquitecto Juan de Villanueva en 1771, para el Infante D. Gabriel de Borbón, hijo de Carlos III. Tenía como finalidad el disfrute de sus grandes aficiones, entre las que se encontraba la música y poder llevar una vida íntima, rodeado de su círculo de amistades, al margen del protocolo que rodeaba al palacio.
    Está inspirada en las villas italianas y su uso es exclusivamente de recreo. Se trata de una construcción concentrada y exenta, rodeada de jardines aterrazados, tratados de manera arquitectónica, que crean una sensación de unidad, al estar relacionados con el edificio.
    En la sala principal, la cúpula se decora con pinturas alegóricas relacionadas con la música. Estaba destinada a sala de audición, los músicos se instalaban en la parte de arriba y se les podía oír desde la plazoleta central del jardín. Desde sus jardines se pueden contemplar unas maravillosas vistas del Monasterio.
    Su Majestad el Rey Juan Carlos I ha sido el último miembro de la Familia Real que se ha hospedado en la Casita, durante su periodo estudiantil en el campo del Derecho. Este edificio fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1931 junto al Monasterio.
El Palacio de El Pardo, cercano a Madrid, también cuenta con otra Casita del Príncipe, un palacete neoclásico de finales del siglo XVIII, que se encuentra en el interior del recinto del Palacio de El Pardo, en el barrio del mismo nombre del municipio de Madrid.

Paseo del Principe, de El Escorial a San Lorenzo (Jardines). Pinos y castaños
Troncos de pinos  (Fotos Julia Sáez)

Casita del príncipe de El Pardo. También de Villanueva, erigida por Carlos III para disfrute del príncipe de Asturias Carlos IV

Poema a la Paz de Beatriz Villacañas Palomo

Poema a la Paz de Beatriz Villacañas, traducido al francés, al inglés, al portugués, al italiano y ruso


Embajadora Beatriz Villacañas Palomo Espagne

22.08.2024

PAZ Y HERMANDAD HUMANA: VALORES ESENCIALES


Vivamos en hermandad

todos los seres humanos

pues al ser humanidad

con la Paz y la Verdad

necesario es ser hermanos.

Los valores esenciales

para andar nuestro camino

son los ejemplos vitales

que nos libran de los males:

Con la Hermandad la Paz vino.

***

Ambassadrice Beatriz Villacañas Palomo Espagne

Paix et fraternité humaine : valeurs essentielles

Vivons en fraternité

tous les êtres humains

parce qu'être humain

avec Paix et Vérité

Il faut être frères.

valeurs fondamentales

marcher sur notre chemin

sont des exemples vivants

qui nous délivrent des maux :

Avec la Fraternité, la Paix est venue.


***

Embaixador Beatriz Villacañas Palomo Espanha

Paz e Fraternidade Humana: Valores Essenciais

Vamos viver em fraternidade

todos os seres humanos

porque ser humano

com paz e verdade

É preciso ser irmãos.

valores fundamentais

para trilhar nosso caminho

são exemplos vivos

que nos livra dos males:

Com a Irmandade, veio a Paz.

***

Ambassador Beatriz Villacañas Palomo Spain

Peace and Human Brotherhood: Essential Values

Let's live in brotherhood

all human beings

because being human

with Peace and Truth

It is necessary to be brothers.

core values to walk our way are living

examples that deliver us from evils:

With the Brotherhood, Peace came.

***

Ambasciatore Beatriz Villacañas Palomo Spagna

Pace e fratellanza umana: valori essenziali

Viviamo in fratellanza

tutti gli esseri umani perché


essere umano

con Pace e Verità

È necessario essere fratelli.

valori fondamentali

per camminare sulla

nostra strada sono esempi viventi

che ci libera dai mali:

Con la Fratellanza è arrivata la Pace.

***

Посол Беатрис Вильяканьяс Паломо Испания .

Мир и человеческое братство:

основные ценности Давайте жить

в братстве все люди потому что быть

человеком с миром и истиной

Нужно быть братьями. главные ценности

идти своим путем живые примеры

которые избавляют нас от зла:

С Братством пришел Мир.

VI Feria del Tomate de Muñoz Martín de las Posadas


 

miércoles, 21 de agosto de 2024

RETORNO A EL ESCORIAL XXV. De la Sierra de Guadarrama. Almuerzos en El Horizontal del monte Abantos. El Pinarillo de Concha Espina

Pilar, Cuchi y María Jesús en El Horizontal



Julia Sáez-Angulo
Fotos: J. Sáez
        21/8/24 .- Madrid.- La Sierra de Guadarrama está muy bien en las mañanas y en las noches -se puede dormir-, pero al mediodía, la canícula aprieta casi tanto como en la capital de España. Madrileños, segovianos y abulenses se han beneficiado durante lustros de esta sierra de aire sano. y, muchos niños, adultos y ancianos han cuidado en ella sus pulmones, para no acabar como la Dama de las Camelias
    Por su suelo, belleza, flora, y fauna la Sierra de Guadarrama fue declarada Parque Nacional por el Congreso de los Diputados en el año 2013. La sierra cuenta con una superficie de 33.960 hectáreas pertenecientes a las Comunidades Autónomas de Madrid (21.714 hectáreas) y de Castilla y León (12.246 hectáreas). Fueron muchos los intelectuales que solicitaron largo tiempo ese nombramiento de Parque Natural, entre ellos José Ortega y Gasset y Miguel de Unamuno, que recalaron un tiempo en el Real Sitio de El Escorial
    Volvamos a la canícula, que no nos suelta ni siquiera en esta zona montañosa a las horas de mediodía. Pese a ello, las pintoras Cuchi de Osma y María Jesús de Frutos, han cumplido el rito de venir a almorzar conmigo, uno de los días de mi veraneo en El Escorial, Hemos elegido, como de costumbre, el Horizontal, un restaurante en lo alto de la falda del monte Abantos, donde se puede comer bien al aire libre, bajo árboles frondosos, donde la temperatura baja notablemente. Esta vez, las pintoras han venido acompañadas de una sevillana elegante, Pilar Sánchez Maldonado.
    El Horizontal tiene su origen en una Casa Forestal de 1904, reconvertido en merendero, aprovechando un excelente manantial de aguas en el lugar. El restaurante actual ha respetado el viejo nombre de “El Horizontal”
    Las cuatro hemos disfrutado de la rica comida (tras el aperitivo de aros de cebolla, especialidad de la casa) y, sobre todo de la conversación, donde se mezclaban los consejos y recomendaciones recíprocas, así como de los proyectos de cada cual. Cuchi de Osma está pintando con intensidad flores, todo el repertorio del jardín, no en balde la crítica de arte la denomina “la reina de las flores”. Es el mejor tema para plasmar el color y la pintura es eso: luz a través del color. A Cuchi le espera una importante exposición para este curso 2024-25, pero, como las folclóricas, no quiere decir el lugar ni la fecha, porque está pendiente de firmar el contrato. 
    María Jesús de Frutos ya ha expuesto dos veces con éxito, durante este curso en dos foros de interés, Córdoba (Fundación Antonio Gala) y Alicante, aunque ella sigue pintando con disciplina en su espléndido estudio en la finca de San Martín de Valdeiglesias. No se me ha escapado la bella camelia de Chanel, que lucía M. Jesús en el pecho su vestido largo, y los trajes blancos con pedrería del mismo tono, de Cuchi y Pilar. Con estas damas es difícil competir en moda.
    Cuchi de Osma me ha traído el libro “Menos protocolo y más patatas” (2024), de José Miguel Fernández Sastrón, ex marido de Simoneta Gómez-Acebo. Una novela de claves en 135 páginas, donde se adivinan los nombres de la Infanta Doña Pilar de Borbón, Juan Gómez-Acebo y sus hermanos, Mayte Spínola y su marido Graciliano Barreiros y otros personajes de la alta sociedad. El libro, cuando salió a la venta, fue comentado con humor en estos ambientes. El autor no hace sangre con los personajes. Al comienzo del libro, una cita de Karl Whilhelm Friedrich Von Schlegel: “Lo que llamamos buena sociedad no es, en su mayor parte, más que un mosaico de caricaturas refinadas”.
    Después de comer hemos visitado “El Pinarillo”, la casa en la calle de Concha Espina /1869-1955), donde vivió su hijo, el periodista Víctor de la Serna y Espina, que hizo de esta casa una suerte de santuario sobre su madre la novelista, luciendo un gran busto de piedra en un monumento del jardín y lucía un gran retrato al óleo de la escritora en el vestíbulo de la casa. Más de uno cree que la novelista residió en el Real Sitio, pero no fue así. Ahora, su pueblo natal, Mazcuerras, en Cantabria, prepara un pequeño museo o centro de interpretación sobre Concha Espina, su vida y sus célebres libros: La niña de Luzmela, o La esfinge maragata, entre otros. 
    El Pinarillo es, desde 1979, lugar de una Asociación Benéfico Cultural. La casa está catalogada como edificio histórico protegido.
    El nombre de El Pinarillo evocó a María Jesús de Frutos otro lugar con el mismo nombre, que alberga recuerdos afectivos para ella. Las cuatro damas recorrimos las terrazas y los jardines en bancales de esta gran casa literaria, tratando de ver desde lo alto, el Real Monasterio y su “ladrillo de oro” -más bien dorado- en una de sus cúpulas, pero lamentablemente, el monumento está casi cubierto por altos abetos. En Normandía, se puede pedir la poda de los árboles del vecino, si quitan la vista del Mont Saint Michel, una normativa que debiera seguirse en los jardines del monte Abantos, respecto al Real Monasterio.
    La periodista Conchita Pérez se queja de que los grandes pinos de enfrente de su casa, han acabado por ocultarle las cumbres de las Machotas. Es que El Escorial genera árboles gigantescos.

    Más información

M. Jesús, Cuchi y Pilar en "El Pinarillo"
"El Pinarillo" en la calle Concha Espina de San Lorenzo
M Jesús, Pilar y Cuchi en "El Pinarillo"
Julia Sáez-Angulo en "El Pinarillo"
Real Monasterio al fondo, desde "El Pinarillo"
Torre con el "ladrillo de oro" -en realidad de bronce con reliquias, que puso Felipe II como pararrayos.


Verano Sanjuaniego. Concierto de "Manatial Folk" en Foltiveros


 

martes, 20 de agosto de 2024

MARTÍN PÉREZ Y LA TABERNA DEL TUERTO PIRÓN, EN VILLACASTÍN (Segovia)


Retrato realizado por la Guardia Civil en 1870 con el objetivo de prevenir a la población y arrestar al bandolero 

Sierra de Guadarrama, hoy parque natural desde 2013

A Carmen Valero Espinosa, que me contó 

esta historia y queda como narradora oral

 


Julia Sáez-Angulo

    20/8/24.- Villacastín.- Martín Pérez Bermejo era un buen amigo de mi padre, el abogado don Antonio Valero. Algo más joven que mi progenitor, Martín era un hombre educado y culto, pero sin oficio ni beneficio claro, por lo que andaba casi siempre con poco dinero. Nos alquiló indefinidamente su casona en la localidad segoviana de Villacastín, con un ostentoso escudo en la fachada, en medio de la Plaza Mayor. La casona tenía catorce habitaciones y una capilla. Martín dormía en lo que él llamaba la habitación de Felipe II, porque era muy grande y la cama tenía dosel con cortinas. En esa casa pasamos todos los veranos de infancia, mis padres, mis dos hermanas y yo, la mayor de las tres, además del perro Churi. Todos residíamos en Madrid, durante el curso escolar. 

    Mi padre quería tanto a Martín, que le permitió alojarse en la amplia casa situada al fondo del amplio patio ajardinado de la nuestra casa alquilada, que tenía también entrada por la calle de atrás. Y no solo eso, papá invitaba a comer a su amigo todos los días a casa, durante los meses de verano que disfrutábamos del “otro lado de la sierra de Guadarrama”, que nos separaba de Madrid, para que, según mis padres, respirásemos sano y sus hijas no cogiéramos la tuberculosis imperante en los años 50.     Martín solo dejaba de venir a casa, cuando papá tenía que volver a Madrid, durante los días del mes de julio en que tenía que trabajar en la capital, si bien regresaba los fines de semana. Era un detalle para preservar la honra de mi madre, doña Sofía Espinosa.

    Martín Pérez era tan educado, que siempre se ponía en pie y hacia una ligera inclinación de cabeza, cuando mamá o alguna de nosotras llegaba a casa o al bar, en su presencia. No dejaba de hacer su saludo y reverencia, incluso, cuando estaba algo bebido y balbuceaba las palabras. Todos en la familia lo apreciábamos

    Martín Pérez era hijo de Doña Baldomera Bermejo, una mujer viuda, de carácter, excelente cocinera, que regentaba la taberna Casa Labra en Madrid, cuya especialidad, cordero con guisantes, era el furor, antes de especializarse en bacalao rebozado y croquetas, que es el atractivo posterior de hoy. En 1897, Pablo Iglesias (que no Turrión, el de la coleta) fundó el Partido Socialista Obrero Español, PSOE, en Casa Labra

    El hijo, Martín Pérez, ayudaba a Doña Baldomera y se querían, pero no faltaban las discusiones entre ambos, por lo que Martín se sentía más a gusto en Villacastín, donde tenía refugio, aunque hubiera alquilado su casa.

    Siempre pensé que Martín estaba un poco acomplejado, porque no terminó los estudios universitarios como todos sus primos, que resultaron excelentes profesionales del Derecho y de la Banca, incluso tenía una brillante prima filósofa, María Riaza Pérez, discípula ilustre del profesor Julián Marías, el seguidor de la filosofía de José Ortega y Gasset. Su sobrino Román Riaza era catedrático en la Escuela  de Ingenieros de Minas de Madrid. 

    Un día, a Martín Pérez se le ocurrió crear una taberna privada en Villacastín y pidió permiso a mi padre para hacerlo en la casa de atrás del patio ajardinado. Mi padre se lo concedió, porque el sitio tenía entrada por la calle de atrás, aunque pudiera hacerse también desde el zaguán de nuestra casa. Martín estuvo pensando en un nombre para su establecimiento hostelero privado y, tras consultar con papá, se decidió a llamarlo Taberna del Tuerto Pirón, en honor a un destacado bandolero de la zona segoviana y madrileña en torno a la sierra de Guadarrama, a finales del XIX, al que le gustaba comer bien y lo hacía periódicamente, en las fondas y tabernas de distintos pueblos. La Guardia Civil no podía dar con él, porque andaba siempre bien custodiado por los suyos y contaba con la complicidad de taberneros y posaderos. También se decía que disfrutaba de la amistad y/o tolerancia del marqués de Lozoya, porque nunca atracó ni robó en sus fincas segovianas.

    La Taberna del Tuerto Pirón en Villacastín fue un éxito por el nombre y lo bien que se comía en ella. Martín Pérez se creció en seguridad en sí mismo. Se hizo amigo del maestro asador segoviano Cándido López Sanz (1903-1992), Mesonero Mayor de Castilla, que elogiaba mucho su cocina. Ambos restauradores se visitaban con frecuencia en sus respectivos establecimientos -privado y público respectivamente- y cambiaban impresiones sobre la forma de asar el cochinillo o de preparar las ancas de rana, tan populares en la región segoviana.

           La taberna nos la prestaba Martín a las jovencitas -así nos llamaba- cuando hacíamos guateques en el patio.

        Martín se gastaba el dinero del alquiler, a los dos días de cobrarlo, sobre todo en cenas con sus amigos en la Taberna. Era un derrochador nato. Acababa los meses pidiendo prestado a mi padre, que ganaba muy bien en aquella época.

       Un bandolero de leyenda

    De inmediato, todos los residentes en Villacastín nos reciclamos sobre quien había sido el Tuerto Tirón, famoso como leyenda, pero desconocido en los detalles de su vida:

    Fernando Delgado Sanz, conocido como El Tuerto de Pirón o Tuerto Pirón (Santo Domingo de Pirón, Segovia, 1846 – Valencia, 1914), tenía una densa nube en un ojo, que él cubría con un parche. Sabía leer y escribir, incluso morse para trabajar como telegrafista en su pueblo. Sus andanzas como bandolero, comenzaron después del servicio militar, cuando regresó al pueblo y vio que su novia Lola había sido obligada por su padre, a casarse con otro mozo más acaudalado que él. Para vengarse le robó el mejor cordero al fallido suegro y le dejó los despojos en su puerta con la nota “Para el padrino”. Aunque él estuvo con diversas mujeres, el Tuerto Pirón siempre amó en silencio a Lola.

    El Tuerto Pirón huyó del pueblo y comenzó sus fechorías de robos de todo tipo, por los aledaños, junto a amigos secuaces, que le seguían devotamente en la banda: Aquilino, Paco, Geñico, Barroso, El Madrileño, Consuegra y los tres hermanos conocidos por Los Tormentas.

    Todos ellos cabalgaban por las estribaciones de la sierra de Guadarrama, entre los ríos Pirón y Lozoya. También se dice que se acercó hasta las riberas del río Voltoya. Los asaltantes y ladrones se refugiaban en bosques, cuevas como la de Murciganillos o la Vaquera, en ermitas o iglesias solitarias… incluso en las oquedades de los olmos, como el de Losana de Pirón, de 300 años, desde el que escuchaba información provechosa para futuros robos.

    Dicen que, por su cultura lectora, al Tuerto Pirón le repugnaba la sangre y solo mató a “El Madrileño, uno de sus secuaces, que huyó del grupo para denunciar el paradero del Tuerto Tirón y sus cuatreros, y así, poder cobrar la recompensa ofrecida por su detención. El Tuerto Pirón lo retó a un duelo de navajas, en el que lo tiró al suelo y lo apuñaló con saña. El Tuerto Pirón permitió también, que otro secuaz matara igualmente a otro traidor y soplón de la banda. 

    Los robos y huidas del Tuerto Pirón eran de todo tipo, pero se hicieron célebres los de ciertas ermitas e iglesias donde lo hacía sin dejar huella alguna, por lo que la Guardia Civil no lograba dar don él. Su fama y leyenda crecían entre la gente del lugar y, más de uno, lo miraba con simpatía. Al terreno de la sierra, que recorrían los bandoleros, lo llamaban el Reino del Tuerto.

    La Guardia Civil lo perseguía y ofrecía recompensas. En sus bandos describía así al Tuerto Pirón: “Edad, 35 años; estatura, más bien alto que bajo; ancho y cargado de espaldas; cara, ancha; color, moreno; barba afeitada; con un poco de bigote. Como seña particular, un granizo en el ojo izquierdo. Viste pantalón azul, chaleco de paño pardo y un chaquetón largo ó cazadora á cuadros; buenos borceguíes negros, y sombrero ancho ó boina azul muy usada."

    El bandolero Tuerto Tirón fue detenido en dos ocasiones, una de ellas estuvo prófugo 15 años, pero, al fin, fue detenido, juzgado y condenado a cadena perpetua en 1888, por su ensañamiento al apuñalar al secuaz Madrileño. No pudieron legalmente aplicarle la pena de muerte, porque no disparó contra la Guardia Civil. El Tuerto conoció las cárceles Modelo de Madrid, Ceuta y finalmente, la de Valencia. Cuentan que murió de pena y soledad, de tristeza por su encierro, de nostalgia por sus días de libertad en la sierra segoviana y madrileña del Guadarrama, de melancolía por no haber amado nunca a Lola, su novia de juventud. Nunca la había olvidado. La amó en silencio.

    Eñ Tuerto Pirón se portaba bien en la cárcel, por lo que él mismo pidió un indulto, pero éste no llegó a tiempo. 

    Crecieron los romances, las coplas y los murales sobre el famoso bandolero Tuerto Pirón. Su nombre y hazañas se hicieron legendarias, sobre todo en Segovia y Madrid. Hoy se evoca la figura del bandolero  diseñando rutas con su nombre, por sus cabalgadas en la sierra, visitando las ermitas e iglesias en las que robó, siguiendo sus andanzas, ribeteando los ríos Lozoya y Pirón en los que se abastecía de agua para sí y sus caballos…

    Han puesto el nombre de Tuerto Pirón a distintos establecimientos hosteleros de la zona, pero ninguno de ellos puede cotejarse con la Taberna del Tuerto Pirón que fundó Martín Pérez, el amigo de mi padre, en Villacastín. Ni punto de comparación.

    *****

    En las fiestas patronales de San Sebastián de la localidad segoviana, hay toros y vaquillas, a los que mis padres y sus amigos asistían, y, por supuesto, Martín Pérez junto a ellos. En una de las corridas, Martín Pérez, buen aficionado a la tauromaquia, hizo amistad con El Jaro, matador que había tenido un gran éxito en la plaza. Estuvieron tan animados juntos, tomando unos vinos en la Taberna del Tuerto Tirón, que Martín lo invitó a quedarse, pues tenía un cuarto libre en la parte de atrás de la taberna,  que ya quedó reservada como la "habitación de El Jaro", siempre que asistía a las ferias de Villacastín.

    El 8 de septiembre, cuando llegan las fiestas de la Virgen del Cubillo, papá y Martín vendían con humor las almendras garrapiñadas, que preparaban las monjas clarisas de Villacastín, para ayudar con los ingresos a esas religiosas de clausura, que los querían mucho por su gentileza como caballeros. Agradecidas, estas monjas rezaban por nuestra familia todo el año. También por la de Martín Pérez, que en el fondo era un hombre de fe: miembro de la Cofradía de los Esclavos, la más antigua de Villacastín, fundada en 1632; se ocupaba de conservar la ermita del Cristo del Valle en la carretera hacia Ávila.

       Martín Pérez acabó debiendo a mi padre tanto dinero prestado, que le quiso vender la casa a cuenta del mismo. Pero papa, un caballero, no lo consintió.

*****

Cuando cumplí 20 años y viajé a Londres, para aprender inglés en el colegio de las Carmelitas Vedruna de Wimbledon, recibí una primera y bonita postal de la puerta de Alcalá. El ella, Martín Pérez me decía: “Desde que te fuiste, Madrid y Villacastín, están muy tristes sin ti”. Eché la moviola de la memoria atrás, removí recuerdos, recompuse escenas, recordé miradas y evoqué palabras del amigo de mi padre. Comprendí entonces, que Martín Pérez siempre había estado enamorado de mí. 

    Nunca le comenté a mi padre aquella correspondencia postal intensa de Martín Pérez, que solo tuvo una dirección: Inglaterra. Pensé que no debía hacerlo, por si interfería de alguna manera en su mutua amistad. Amar en silencio es siempre algo hermoso, como le sucedió al Tuerto Pirón. FIN

Paraje del rio Pirón (Segovia)
Iglesia de Santo Domingo de Pirón, localidad natal del bandolero, con espadaña de doble campana
Supuesto retrato de Tuerto Pirón (Wikipedia)
Casa de Martín Pérez Bermejo en la Plaza Mayor de Villacastín

lunes, 19 de agosto de 2024

ADIÓS A PUENTE VIEJO. De aguas, huevos, jabalíes, lobos... De mercadillos en Sanchidrián, Villacastín. El Espinar...




Julia Sáez-Angulo

18/8/24 .- Puente Viejo (Ávila) .- Permanecen los deseos de volver a un sitio, cuando se ha disfrutado del mismo y se ha sentido bien tratado. Ha sido el caso de mi estancia de cinco días en Puente Viejo, esta urbanización ajardinada, donde se puede disfrutar de magnífica vegetación y árboles de todo tipo, desde grandes pinos a plátanos de sombra y paseo, olivos, arces, encinas o palmeras.
Me cuentan mis anfitrionas, las hermanas Cuqui y Carmen Valero, que durante la pandemia en que no se podía cruzar de comunidad autónoma (las fronteras son siempre artificiosas, decía Borges), algunos madrileños se vieron atrapados -más bien secuestrados por la normativa del Gobierno, derogada por el Tribunal Constitucional- en esta urbanización abulense y la tranquilidad y el silencio reinantes atrajeron a sus calles lobos y jabalíes de las cuatro cercanas pueblas, que separan Puente Viejo de su municipio natural, el que les cobra los impuestos: Maello. Un pueblo al que vamos a comprar huevos, directamente de corral o de granja, que no pasan por cámara frigorífica alguna.
Ahora los problemas en Puente Viejo son otros. El agua, por ejemplo. No está recomendado beber agua del grifo, porque tiene un grado superior de arsénico, al tolerado por la normativa europea. “Antes de esa normativa, todos la bebíamos tan ricamente”, me cuenta María, una amiga de las hermanas. Lo cierto es que el nivel freático de las aguas de la zona ha bajado de modo notable y eso parece que ha contaminado más las aguas. En cualquier caso, los comentarios soto voce no faltan, que, si fue el cercano campo de golf, el que desecó los pozos subterráneos, que si son los interesados vendedores de garrafas de agua, los responsables o culpables… La imaginación de la gente no falta. Pero a nosotras, lo de arsénico nos asusta y bebemos agua de garrafa.

Mercadillos de aquí y de allá 
para comprar de todo
Los mercadillos son una de las alegrías mayores en las calles y plazas de los pueblos. Cada municipio tiene su día para el mercadillo y, cuando llega la explosión de sus colores, olores y voces, la gente sale a comprar y se socializa con los vecinos y visitantes. Siempre se me antoja que los mercadillos nos acercan al alegre Medioevo, al menos el de las películas, que es el único que yo conozco.
El hecho de conjuntar frutas, verduras, frutos secos, vestidos, pantalones, camisetas, bragas, sujetadores, pulseras, collares, pendientes, zapatos, deportivas… y todo, a un supuesto mejor precio que en las tiendas, llena de esperanza a los visitantes, mayormente de señoras, que son tratadas con simpatía por algunos vendedores, o con impaciencia por otros, cuando son pesadas o recalcitrantes. “Es que, a algunas mujeres les va la marcha”, me comentó un amigo, “les gusta discutir por discutir”.
        -Venga guapas, que tengo cosas bonitas, nos anuncia una vendedora a la entrada.
El mercadillo más extenso es el de Villacastín, que tiene lugar los lunes y “allí se encuentra de todo”, me comenta Cuqui, que es una experta en mercadillos, porque tiene un ojo observador de entomóloga. Yo me aturdo en medio de los puestos de venta y de las voces. Pregunto y, o no me oye el vendedor, que está en la esquina, o las señoras de al lado se me adelantan con su voz potente y resolutiva. Me impaciento y me alejo buscando otro puesto donde probar suerte.
Cuqui, conocedora del percal, mira y va a tiro hecho. Una lince ibérica de primer orden. No pierde el tiempo. Se impone ante el vendedor por su seguridad y firmeza.  Conoce los puestos, los vendedores y las mercancías, y me dice con firmeza: “este sí, o este no”. Ha elegido para mí un vestido de lino italiano color frambuesa precioso, me lo prueba a ojo, poniendo la percha delante de mí cuerpo. ¡Perfecto!, añade satisfecha y le pide al comerciante que se lo envuelva. Voy a pagar y me dice que es un regalo de su parte. “Este vestido, como lo vas a lucir tú, todo el mundo creerá que es de Christian Dior”, afirma con humor.
Carmen por su parte, saluda con afecto a María una gitana simpática, que tiene un puesto de ropa y deportivas de toda clase, algunas más falsas que Judas, respecto a la marca que imitan, pero cómodas y bonitas. La mujer se alegra al ver a mi amiga y le muestra la nueva mercancía recibida. Como sabe que Carmen es generosa, le rebaja el precio por su cara bonita. Ella saluda a Aarónel marido de María, un hombre alto, fuerte y con barba a lo cuáquero,  vendedor y predicador evangelista, como otros vendedores con barba.
        Uno de los vendedores gitano, alto, desdentado y amable, nos dice que viene de "atender a la vida". Se ha tomado un pincho de tortilla para subsistir. Se dirige a Carmen, a Cuqui y a mí, porque hemos estado en su puesto y nos recuerda. No lleva barba.
        -Les voy a decir el mejor piropo: "Que Cristo les bendiga. Él nos dijo que sus améis los unos a los otros... Lo que más me gusta es hablar de Dios."
        Emocionante. Hay numerosos cristianos evangelistas entre los gitanos españoles.
¡Qué pena que nos perdimos el mercadillo de esta semana en Sanchidrián, que tiene lugar los viernes, porque eran las fiestas patronales! Los mercadillos casi siempre despliegan su jaleo en la Plaza Mayor. Queda el mercadillo de El Espinar, que tiene buena fama.
Panta rhei, decían los griegos. Todo pasa. También mis cinco días disfrutados en Puente Viejo. Regreso a El Escorial, que es mi dominio habitual. Su mercadillo tiene lugar los miércoles, pero yo, sin la compañía de Cuqui, me quedo en casa.