lunes, 24 de enero de 2011

Matías Díaz Padrón, autoridad máxima internacional en pintura flamenca


Matías Díaz Padrón


Julia Sáez-Angulo


Se le considera la máxima autoridad en pintura flamenca y todos los foros internacionales le consultan a él para un diagnóstico definitivo sobre una obra del XVII. El profesor Matías Díaz Padrón, el que fuera conservador del Museo del Prado, lo sabe todo –o casi todo- de Rubens, Van Dyck, Rembrandt y todos sus coetáneos. En realidad conoce el siglo XVII de Europa como si viviera permanentemente en él.

Actualmente Matías Díaz Padrón (El Hierro. Canarias, 1934) dirige el madrileño Instituto Moll, Centro de Investigación de Pintura Flamenca sito en Madrid. Durante su larga carrera de 30 años como profesor de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid y conservador de la primera pinacoteca española, Díaz Padrón ha llevado a cabo más de 300 estudios de atribuciones de obras de arte, muchas de ellas auténticos descubrimientos y otras descalificaciones de la atribución primera otorgada por los dueños o coleccionistas.

Riguroso y exigente, Díaz Padrón dice que hay que tener “la vista educada y certera para detectar un cuadro; la simple documentación no basta para una atribución." En los Países Bajos cuentan con él y su ciencia en el campo de la pintura flamenca, por lo que fue nombrado miembro de la Academia Real de Arqueología e Historia del Arte de Bélgica. (¿Para cuando académico en España?). El profesor canario fue el comisario de la exposición de Rubens en 1977 en Madrid.

El numero de publicaciones y artículos de investigación del profesor Díaz Padrón, hablan de su continuo trabajo en el campo del arte que él conoce y disfruta como pocos. Recientemente ha impartido una serie de conferencias sobre el pintor Velázquez en la Universidad de Buenos Aires. No tuvo ningún empacho en descalificar como obra de Velázquez, una pieza de la poderosa colección Várez-Fisa expuesta en el Museo del Prado y atribuirla a Gaspar de Crayer.

Díaz Padrón ha dado alegrías o decepciones por doquier según sus estudios e investigaciones al efecto. Ha seguido la pista de los cuadros que salieron del incendio del Alcázar de los Austria al Buen Retiro y de los que regaló el rey al marqués de Leganés, heredados más adelante por el marqués de Altamira. Ha descubierto “Sansón y el león” de Rubens, “La cacería de Alejandro”, “La cacería de ciervos y perros” , “La cacería de jabalíes” y recientemente un Van Dyck en Madrid.

Llamadas desde México

Le han llamado de diversos países de Hispanoamérica para estudiar antiguas obras atribuidas a Snyders (1579 - 1657) o a Rubens (1577-1640). Recuerda que en México, cuando le pidieron un certificado tras estudiar una pieza.
-No acostumbro a hacer certificados hasta que no publico un estudio razonado de la obra- replicó
Le pusieron un cheque por delante y le pidieron que escribiera al menos sus opiniones sobre el cuadro.
-Creo que no se me ha entendido. Mis opiniones se publican en un artículo de investigación.
-Cuando yo pongo un cheque por delante, quiere decir que va a llevar seis ceros- dijo el propietario del cuadro flamenco, sin inmutarse.

El profesor se sintió presionado por la mirada intimidatorio del propietario y sus escoltas, por lo que como último recurso dijo:
-No creo que haya olvidado que soy su invitado. Si yo hubiera podido, me hubiera pagado este viaje, pero no ha sido así.
Tenía unos 30 años y cuando volció se lo comentó a su profesor don Diego Angulo.
-Me alegra que estos poderosos no se sanlgan siempre con la suya- le dijo Angulo.

El dueño del cuadro –de ascendencia española- se quedó desconcertado ante la última salida de Días Padrón, pero acabaron buenos amigos, incluso el mexicano lo invitó a la boda de su hija. Más adelante el dueño del cuadro vio reconocido su valor en un artículo del profesor Díaz Padrón, que adelantó su publicación porque el hombre estaba muy enfermo de cáncer.

Diaz Padrón cuenta también otra anécdota en México, durante los años 60, cuando el coleccionista Valdés le presentó al muralista Sequeiros en una cena. Presenció durante la misma como ambos discutían por una cuestión de trabajo en exclusiva. El coleccionista culpaba a Siqueiros de haberse tirado del andamio y haberse roto una pierna para parecerse más a Miguel Ángel. El pinotr mexicano estaba entonces pintando la gran cúpula del teatro.

Después Siqueiros y Díaz Padrón se fueron solos a conversar de arte y a beber tequila hasta la madrugada. “Siqueiros creía que me iba a tumbar, porque no sabe el aguante que yo tengo con el alcohol. Al final era él el que se tambaleaba, aunque también aguantó bien las copas”, cuenta el profesor de pintura del XVII.
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