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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Van Dyck: El retrato del Conde Newport y Lord Goring de la New Port Foundation identificado en la colección de Bernardo Iriarte







Julia Sáez-Angulo

         El profesor Matías Díaz Padrón, antiguo conservador del Museo del Prado, ha identificado el retrato del conde Newport y Lord Goring de la Newport Foundation en la colección del prócer canario Bernardo Iriarte, miembro del Consejo de Indias, ministro de Agricultura, Comercio, Navegación y Posesiones de Ultramar.

         El experto en pintura flamenca Matías Díaz Padrón (El Hierro. Canarias, 1934) ha publicado un amplio artículo con su estudio y conclusiones en el número 59 del Anuario de Estudios Atlánticos, editado por la Casa de Colón, publicado en 2013.

         El historiador de Arte, Díaz Padrón, que es miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Bélgica y CSIC, escribe: “Ministro de Hacienda, Indias y Marina, Ensenada y Bernardo Uriarte están unidos por la actividad política y el gusto por las artes. No es aventurado ver la influencia de Van Dyck en el retrato de Amigoni del ministro, hoy en el Museo del Prado. Vivió cerca de Iriarte y de Jovellanos en la calle Barquillo”

         “Bernardo de Iriarte adquirió el retrato de Van Dyck a Ensenada”. El profesor Díaz Padrón habla de amistad entre Ensenada y Bernardo Iriarte demostrada a través de varias cartas. “Esto refuerza y explica en parte el paso de sus manos del retrato de Van Dyck”. “Ensenada fue para Iriarte en palabras suyas “uno de los hombres más grandes que poseyó este suelo español y sin duda el ministro más eminente del siglo pasado, no escaso de buenos gobernantes”.

         Ensenada había recomendado a Bernardo Iriarte en su juventud para trabajar en el ambicioso proyecto del Diccionario latino-castellano en colaboración con José Joaquín Lorga y con una buena retribución.

Díaz Padrón (izda) junto a Bonet Correa


         “Un elocuente y bello testimonio del prestigio de Bernardo Iriarte y prueba de la gratitud de su tío Juan Iriarte, director de la Biblioteca Real, a quien debía su exquisita educación, suya y de sus hermanos, tan lejos de las Islas (Canarias): “Fue para sus tres sobrinos padre amante, maestro cariñoso y protector incansable”.

         El amplio estudio de Díaz Padrón concluye diciendo: “Hablamos de los ministros más conocidos por la historia como Ensenada, Floridablanca, Aranda y Jovellanos, sin advertir que Iriarte también es ministro y superior culturalmente. (…) A Jovellanos está unido en la vida, el intelecto, la política, el artye y la intelectualidad y al impulso reformador en pro de la dignidad de los artistas. Para Iriarte el arte era el mayor signo de prestigio de las naciones cultivadas”.




jueves, 24 de enero de 2013




Díaz Padrón descubre El rapto de las sabinas de Rubens y Gaspar de Crayer del Salón de los Espejos


 Matías Díaz Padrón



Julia Sáez-Angulo

         El profesor Matías Díaz Padrón,  antiguo conservador de pintura flamenca en el Museo del Prado ha descubierto en su investigación una pintura. El rapto de las sabinas de Rubens y Gaspar de Crayer del Salón de los Espejos, en los fondos del palacio de Oriente. Es de esperar que el cuadro se recupere del mal estado y se conserve con la importancia que ha cobrado con su autentificación. Hasta ahora estaba calificado como anónimo del XVIII.

El pasado año el mismo Matías Díaz Padrón,  (El Hierro. Canarias, 1934)  también autentificó la pintura “La Virgen con el Niño y los pecadores arrepentidos” que se conservaba en los fondos del museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, catalogada como copia de van Dyck y que pasó a formar parte del catálogo del pintor flamenco tras los estudios publicados por el profesor.

Respecto al descubrimiento de El rapto de las sabinas, Díaz Padrón explica:

“Es conocido el pesar del Cardenal Infante al fracasar su gestión con Van Dyck para acabar las pinturas inconclusas a la muerte de Rubens. Rubens trabajaba angustiado por terminarlas con la prontitud que el monarca exigía[1]. Rubens muere. El Cardenal Infante aconsejó al rey, antes de conocer la llegada de Van Dyck, que Gaspar de Crayer continuara aquel ambicioso empeño como es sabido[2]. La carta del 10 de noviembre de 1640 es suficientemente expresiva: “en las pinturas se trabaja con gran prisa y espero se acabaran las tres muy aprisa, la cuarta estaba solo dibujada de Rubens y así no ha querido Vandique proseguirla ni tan poco acabar las otras por mas diligencias que se han hecho que es loco rematado y así ajustamos que del mismo tamaño y de la misma historia hiciese el una a su capricho con que quedó muy contento y se volvió a Inglaterra para traer su casa de asiento[3]. Pienso que esta inconclusa es la que ocupa ahora nuestra atención. Debe tratarse de la misma que aparece poco después en carta del 2 de febrero de 1641: “todas las pinturas están ya en mi aposento que cierto son lindísimas, y espero serán del gusto de V. M....solo falta una de las dos grandes aquí daré toda la prisa posible y el pintor que la hace ha ofrecido acabarla en un mes. No será poca diligencia[4]. En carta del 20 de Julio de 1941, trata de la pintura en cuestión: “La pintura esta muy adelante, pero con todo no podrá estar acabada este fin de agosto, por mas prisa que se da al pintor, pero ha de estar muy buena porque como nuevo procura ganar reputación y mas habiendo de estar allá de las de Rubens. V.M. se asegure no me descuidare en remitirla cuanto antes pudiere”[5]. El Cardenal había propuesto a su pintor de cámara, Gaspar de Crayer, pero paró esta iniciativa al conocer el regreso de Van Dcyk como es sabido.”

Estado de la cuestión

“Hasta aquí el estado de la cuestión”, señala el profesor Díaz Padrón. “El Rapto de las sabinas retrasa el envío para la decoración del Salón de los Espejos donde intervino Velázquez por ser “individuo de buen gusto”. A título personal no di por perdido este lienzo, pues era un hecho que se salvó de las llamas y algunos otros conozco salvados en estas dramáticas circunstancias. Me refiero a la cacería de Alejandro de Rubens que se atribuyó a Mazo[6], y la cacería del león que firma Jan Frans Solmaker, también olvidada en los sótanos del palacio real”.


La investigación de Díaz Padrón es largamente razonada en su estudio científico. Baste anotar para este artículo de divulgación:

“Desde el 25 de septiembre de 1639 el rapto de las sabinas y tres más de gran tamaño estaban previstos en la mente de Rubens y el Cardenal Infante: “en las pinturas que V. M. manda están ya trabajando con gran animo de hacerlas lindísimas”[7]. Rubens muere y don Fernando piensa en Gaspar de Crayer[8], cuando la cuarta pintura está solo dibujada por Rubens, pero llega Van Dyck[9] y el Cardenal escribe a su hermano entusiasmado porque va ser el encargado de terminarlas “lindísimas”, pero fracasa. “Solo falta una de las dos grandes”, que pensamos es la que estudiamos. Da prisa al pintor responsable de acabarlas y espera estén pronto como anotamos líneas atrás[10]. Es la misma que estaba muy adelantada por un pintor nuevo, que pienso fue Gaspar de Crayer.

De entre las obras perdidas
“Es el mismo lienzo que registra Vlieghe entre las obras perdidas de Gaspar de Crayer, sin vincularlo con el que estudiamos[12]. Se pagó por el encargo del Cardenal Infante en 1642, 1440 libras. El texto dice: “1642. Gaspar de Crayer ha recibido 1440 por el cuadro representando el rapto de las sabinas que él ha ejecutado bajo las órdenes directas del cardenal infante Fernando”. A. Balis[13] y E. Mc Grath[14] estiman se trata del encargo para el Salón de los Espejos, aunque sin conocer el lienzo que publicamos que dan por perdido”.

Díaz Padrón es la máxima autoridad en pintura flamenca de la comunidad científica internacional y ha sido condecorado con el máximo galardón por la Corona de Bélgica.

[1] Max Rooses y Charles Ruelens, Correspondance de Rubens et Documents épistolaires concernant sa vie et ses oeuvres, 6 vols., Anvers, 1887-1909, VI, pp. 238 y 248
[1] Idem, VI, p. 310
[1] Idem, VI, P. 312
[1] Idem, VI, p. 314
 [1] Idem, VI, p. 317. El pago de las restantes pinturas está ya hecho. M. Rooses, Oeuvre, 1886-1892, Cit. Mc. Grath, p. 208, nota 16. Posteriormente existe un pago del encargo del Cardenal del Rapto de las Sabinas. Pienso igual que la profesora Mc. Grath que se trata del lienzo que nos ocupa, citada la referencia por Vlieghe entre las obras perdidas sin asociar de Gaspar de Crayer (Vlieghe, De Crayer, 1972, I, pp. 148-149, nº A87 y p. 312, doc. 60; Mc. Grath, p. 203. Opinión que también comparte Balis, Studio Practices, 1994, p. 118, Cit. Mc. Grath, p. 209, nota 20)
[1] Roses Rueles, Correspondance…, VI, p. 310
[1] A. Balis, Corpus Rubeniamum, XVIII/II, Hunting Scenes, Oxford-New York, 1986, nº 16. Hoy estimo que se trata de la auténtica pintura enviada por Rubens, pero obra de su taller, al tener ocasión de estudiarla en la colección Natan Saban en Miami. 
[1] Inv. P. M. H. Pl – 182315P colección P 1810 1996. [78535/ A91C67624]                                                                                      
[1] El boceto debió ser propiedad de Rubens y pasó a Gaspar Duarte y a Diego Duarte. Son varias las copias registradas del boceto en oleo dibujos y tapicería (Elizabeth McGrath, Rubens’ subjects from History. Corpus Rubenianum Ludwig Buchard, London, 1997, p. 214 nº 42 B del tomo II) 

[1] Posiblemente procede de la colección de Victor Wolfvoet. E. Mc Grath, p. 214, nº 42 A, tomo II
[1] Nuevas adquisiciones T. 1024 (L. 234 x 334 cm) “El Prado disperso” Boletín Museo del Prado, 1986, VII, p. 131
[1] M. Díaz Padrón, La Pintura Flamenca del siglo XVII en España, Ms 1976, tomo III, p. 905 y 974
[1] Yves Bottineau, “L´Alcazar de Madrid et l´inventaire de 1686. Aspects de las cour d´Espagne au XVIIe siècle”, Bulletin Hispanique (octubre-diciembre de 1958), p. 451 y Steven Orso, Philip IV and the Decoration of the Alcázar of Madrid, Princeton, 1986, pp. 169 y 17; Mc Grath, op. cit. 1997, p. 211
[1] Yves Bottineau, “L´Alcazar de Madrid et l´inventaire de 1686. Aspects de las cour d´Espagne au XVIIe siècle”, Bulletin Hispanique (octubre-diciembre de 1958), p. 451
[1] M. Díaz Padrón, El siglo de Rubens en el Museo del Prado, II, 1995, p. 1154




lunes, 24 de enero de 2011

Matías Díaz Padrón, autoridad máxima internacional en pintura flamenca



Julia Sáez-Angulo

        24.01.11 .- Madrid .- Se le considera la máxima autoridad en pintura flamenca y todos los foros internacionales le consultan a él para un diagnóstico definitivo sobre una obra del XVII. El profesor Matías Díaz Padrón, el que fuera conservador del Museo del Prado, lo sabe todo –o casi todo- de Rubens, Van Dyck, Rembrandt y todos sus coetáneos. En realidad conoce el siglo XVII de Europa como si viviera permanentemente en él.

Actualmente Matías Díaz Padrón (El Hierro. Canarias, 1934) dirige el madrileño Instituto Moll, Centro de Investigación de Pintura Flamenca sito en Madrid. Durante su larga carrera de 30 años como profesor de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid y conservador de la primera pinacoteca española, Díaz Padrón ha llevado a cabo más de 300 estudios de atribuciones de obras de arte, muchas de ellas auténticos descubrimientos y otras descalificaciones de la atribución primera otorgada por los dueños o coleccionistas.

Riguroso y exigente, Díaz Padrón dice que hay que tener “la vista educada y certera para detectar un cuadro; la simple documentación no basta para una atribución." En los Países Bajos cuentan con él y su ciencia en el campo de la pintura flamenca, por lo que fue nombrado miembro de la Academia Real de Arqueología e Historia del Arte de Bélgica. (¿Para cuando académico en España?). El profesor canario fue el comisario de la exposición de Rubens en 1977 en Madrid.

El numero de publicaciones y artículos de investigación del profesor Díaz Padrón, hablan de su continuo trabajo en el campo del arte que él conoce y disfruta como pocos. Recientemente ha impartido una serie de conferencias sobre el pintor Velázquez en la Universidad de Buenos Aires. No tuvo ningún empacho en descalificar como obra de Velázquez, una pieza de la poderosa colección Várez-Fisa expuesta en el Museo del Prado y atribuirla a Gaspar de Crayer.

Díaz Padrón ha dado alegrías o decepciones por doquier según sus estudios e investigaciones al efecto. Ha seguido la pista de los cuadros que salieron del incendio del Alcázar de los Austria al Buen Retiro y de los que regaló el rey al marqués de Leganés, heredados más adelante por el marqués de Altamira. Ha descubierto “Sansón y el león” de Rubens, “La cacería de Alejandro”, “La cacería de ciervos y perros” , “La cacería de jabalíes” y recientemente un Van Dyck en Madrid.

Llamadas desde México

Le han llamado de diversos países de Hispanoamérica para estudiar antiguas obras atribuidas a Snyders (1579 - 1657) o a Rubens (1577-1640). Recuerda que en México, cuando le pidieron un certificado tras estudiar una pieza.
-No acostumbro a hacer certificados hasta que no publico un estudio razonado de la obra- replicó
Le pusieron un cheque por delante y le pidieron que escribiera al menos sus opiniones sobre el cuadro.
-Creo que no se me ha entendido. Mis opiniones se publican en un artículo de investigación.
-Cuando yo pongo un cheque por delante, quiere decir que va a llevar seis ceros- dijo el propietario del cuadro flamenco, sin inmutarse.

El profesor se sintió presionado por la mirada intimidatorio del propietario y sus escoltas, por lo que como último recurso dijo:
-No creo que haya olvidado que soy su invitado. Si yo hubiera podido, me hubiera pagado este viaje, pero no ha sido así.
Tenía unos 30 años y cuando volció se lo comentó a su profesor don Diego Angulo.
-Me alegra que estos poderosos no se sanlgan siempre con la suya- le dijo Angulo.

El dueño del cuadro –de ascendencia española- se quedó desconcertado ante la última salida de Días Padrón, pero acabaron buenos amigos, incluso el mexicano lo invitó a la boda de su hija. Más adelante el dueño del cuadro vio reconocido su valor en un artículo del profesor Díaz Padrón, que adelantó su publicación porque el hombre estaba muy enfermo de cáncer.

Diaz Padrón cuenta también otra anécdota en México, durante los años 60, cuando el coleccionista Valdés le presentó al muralista Sequeiros en una cena. Presenció durante la misma como ambos discutían por una cuestión de trabajo en exclusiva. El coleccionista culpaba a Siqueiros de haberse tirado del andamio y haberse roto una pierna para parecerse más a Miguel Ángel. El pinotr mexicano estaba entonces pintando la gran cúpula del teatro.

Después Siqueiros y Díaz Padrón se fueron solos a conversar de arte y a beber tequila hasta la madrugada. “Siqueiros creía que me iba a tumbar, porque no sabe el aguante que yo tengo con el alcohol. Al final era él el que se tambaleaba, aunque también aguantó bien las copas”, cuenta el profesor de pintura del XVII.
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