sábado, 2 de mayo de 2026

“EL VENENO DEL TEATRO”, EN LA SALA JARDIEL PONCELA. Tensión entre realidad e interpretación

Autor: Rodolf Sirera. Versión en castellano: José María Rodríguez Méndez. Dirección y adaptación: Robert Torres.



L.M.A.

2/5/26.- Madrid.- “El veneno del teatro” se representa en la sala Jardiel Poncela del Teatro Fernán Gómez en el Centro Cultural de la Villa. Su autor: Rodolf Sirera, en versión en castellano de José María Rodríguez Méndez. La dirección y adaptación es de  Robert Torres.

    Robert Torres, Director de escena, explica: “París en un futuro cercano, Gabrielle de Beaumont, una actriz de moda es invitada por una marquesa de aficiones extravagante a visitarla en su palacio. Allí recibirá el encargo de interpretar una pieza teatral sobre la muerte de Sócrates, escrita por la propia marquesa, desencadenando una serie de situaciones extrañas y reflexiones sobre la naturaleza del arte y la actuación. Pronto comprobará que todo es una trampa para someterla a un experimento mortal…

    Nuestro veneno:  El veneno del teatro es un texto que se ha puesto en escena con visiones muy diferentes, que tiene una profundidad notable basada en la búsqueda de la verdad dentro del teatro, y que abre un abanico de posibilidades para reflexionar sobre la autenticidad de la verdad.

    El hecho más relevante de nuestro montaje no es que lo interpretarán dos mujeres, ya que creemos que la maldad no tiene sexo, ni la inteligencia, ni la locura. Nuestra propuesta pretende profundizar en el lado oscuro del ser humano, ese que nos habla y nos hace creer que nuestro punto de vista es el correcto y que nos facilita la coartada ya sea artística o moral.

    Hemos querido tratar el personaje de la Marquesa como un ser obsesionado por el arte de la interpretación, que busca la autenticidad y va más allá hasta llegar a la psicopatía. También nos interesa la parte morbosa del voyeurismo, que se produce entre los actores y los espectadores, ya que los personajes nos invitan a reconocer la verdad del hecho teatral”.

Nota crítica.- La idea y la tensión entre realidad y representación dramática es buena y el planteamiento inteligente en la primera parte de la función, en la que la actriz es “atrapada”, en su interpretación por la condesa. Una buena entrada, que sorprende al espectador, si bien el texto es exceso teórico y falta quizás cierta dramaticidad en escena. Pero a medida que transcurre la “acción”, la obra se va haciendo sádica, en busca de la muerte, y la balanza se va inclinando en exceso hacia la condesa, restando equilibrio a los personajes.

El paralelismo con la muerte de Sócrates se aleja y termina en la crueldad algo innecesaria y fácil.

Muy buenas las reflexiones sobre las clases sociales.

Del 9 de abril al 3 de mayo de 2026 ¡ÚLTIMA SEMANA EN CARTEL!

HORARIO

De martes a domingo a las 19:30 horas.  

La función comienza puntualmente, no se dan minutos de cortesía.

Una vez comenzada la función no se permite el acceso a sala.

DURACIÓN: 60 minutos sin intermedio

LUGAR: Teatro Fernán Gómez. 


“CONTRARIO A LAS AGUJAS DEL RELOJ”. Un concierto ritual creado por Antonino Nieto Rodríguez.

Antonino Nieto
Antonino Nieto, poeta y actor.


L. M. A

2/5/26.- Madrid 


FICHA ARTÍSTICA

Autoría y dirección: Antonino Nieto Rodriguez / Intérpretes: María Rodríguez (soprano) / Olga María Ramos (cupletista), Charo Gabella (actriz), John Heath (barítono), Liliana Mestizo (bailarina), María Lafuente (diseñadora),  Sergio Kuhlmann (pianista y arreglos)

 

Versos y cánticos de reconocimiento y homenaje a los un día vivos.

"Porque muchos de nuestros seres queridos se fueron sin un abrazo, solos. Porque nosotros nos quedamos huérfanos sin el recuerdo del calor entre los brazos y ahora es el momento de dar ese abrazo pendiente, de encontrarnos en la despedida que no pudimos dar. Porque necesitamos seguir palpándonos. Y la palabra, el verso, nos ofrece esa virtualidad. Y así, aunque nuestros seres queridos, no estén presentes o no sean visibles, están en nosotros, conforman con nosotros nuestra indisoluble inocencia –ahora le llaman responsabilidad.

  Un cuarteto lírico, un poeta, una actriz, un artista plástico, junto con el público y el recuerdo de todos los que siguen estando presentes, daremos ese abrazo encarnado en este ritual.

Porque en él, en sus versos, en su conjugación voraz, mi madre, la tuya, nuestros seres queridos, aun laten, y paradojas del universo que nos cruje, esta vez, su quiero paraliza la bestia: al dolor que nos consume eternos. Porque ellos -todos, los un día nacidos y hoy en su invisibilidad presentes- y nosotros, los aun visibles, conformamos la viva unidad de la vida y en ella nos celebramos contrarios a las agujas del reloj.

  El ritual, contrario a las agujas del reloj, un abrazo, sin tiempo ya para morir, entre vivos y muertos: porque todo es en presente.

 Entrada libre hasta completar aforo, desde dos horas antes a recoger en taquilla.

Antonino Nieto, poeta.


viernes, 1 de mayo de 2026

REAL CLUB DE CAMPO. Un día de sol al aire libre con Cecilia de Lassaletta y Peter Wall

Cecilia de Lassaletta
Peter Wall y Cecilia



Julia Sáez-Angulo

Fotos Peter Wall


1/5/26.- Madrid. La pintora Cecilia de Lassaletta estaba dispuesta a pasar un buen día de primero de Mayo, en el espléndido Real Club de Campo y decidió compartirlo con el fotógrafo Peter Wall y conmigo para que disfrutáramos igualmente del lugar paradisíaco a las afueras de Madrid. Ella es abonada del Club desde los años 90 y nos fue mostrando sus distintas instalaciones, con tal conocimiento y entusiasmo, que casi llegamos a pensar que era la propietaria. Cecilia practica sobre todo, la natación y el golf.

    El Real Club de Campo Villa de Madrid, se fundó en 1930 (inaugurado en 1931) como Sociedad Deportiva Club de Campo. Es una institución histórica asentada en terrenos de la antigua Casa de Campo. Famoso por su golf (1932) e hípica, se fusionó con la Real Sociedad Hípica Española en 1942. Hoy es un club social mixto gestionado con el Ayuntamiento, desde que adquirió el 51% del club, convirtiéndolo en una sociedad anónima mixta, consolidándolo como uno de los complejos deportivos más importantes de Europa. 

    Se constituyó para fomentar deportes de élite, inaugurando un campo de golf de 9 hoyos diseñado por Tom Simpson y Mackenzie Ross.  Hoy cuenta con dos campos de golf de 18 hoyos. La unión con la Real Sociedad Hípica Española resultó en la Real Sociedad Hípica Española Club de Campo, expandiendo el golf, hípica, hockey, tenis, cricket, páddel, piscinas…

      Está reconocido internacionalmente por sus instalaciones de hípica (sede de la Copa del Mundo) y golf, además de equipos punteros de hockey sobre hierba.

    Cuenta con tres restaurantes y varias terrazas al aire libre.     

El Real Club de Campo cuenta con doscientas hectáreas de terreno, treinta mil socios y se paga unos mil euros al año. Funciona, de facto, como club privado y a él pertenece buena parte de la aristocracia de todos los campos. El estilo es el hombre y la normativa de actuación en el Club es exigente, aunque Cecilia reconozca que se está relajando respecto al pasado. Son los signos de los tiempos.

Peter Wall va registrando cada instalación con su cámara fotográfica. Árboles centenarios envuelven los edificios: olmos, plataneras, cipreses, prunos… y césped, mucho césped. Las urracas, mirlos y gorriones sobrevuelan, entre otros, el aire.

Cecilia nos cuenta con renovado entusiasmo el concurso de pintura del Real Club de Campo, que organiza cada año Rosario Carrillo Barrena, Delegada de Actividades Culturales. “Ella trajo la idea desde Suiza, crear una actividad cultural, para que el arte estuviera presente en una entidad deportiva. Todos los cuadros premiados, con el primero y segundo premios, están hoy en los salones y despachos del Club. Incluso hay dos míos, cuando me presentaba al concurso, los últimos años dejé de hacerlo. Solo pueden presentarse los abonados al Clubo han hecho artistas de reconocido prestigio como Guiomar Álvarez de Toledo”.

Cecilia de Lassaletta y Estébanez Mora (Madrid), perteneciente a la aristocrática familia de los Mora y Aragón, es sobrina nieta de Alejandro de Mora y Riera, II Marqués de Casa de Riera, destacada pintora, ha simultaneado su creación artística con su trabajo, licenciada en Bellas Artes por la UCM y Superior de Artes Aplicadas. Ha trabajado en interiorismo y ha ejercido la docencia como funcionaria numeraria en el Bachillerato de distintos institutos de la Comunidad Autónoma de Madrid. Ha desarrollado una extensa trayectoria de exposiciones y certámenes obtenido numerosos premios, y de ellos dan fe las placas y diplomas que muestra en su estudio, entre ellos, finalista en certámenes como el Premio BMW y el Premio Penagos.  Ganadora del Primer Premio en el VI Salón de Primavera de Valdepeñas (2011), Medalla de Honor en el XVII Concurso Nacional Villa de Sotillo de la Adrada (2017) y Diploma de Excelencia a la Trayectoria Artística, otorgado por Mayte Spínola (2018) y diversas Menciones de Honor. 

Una de sus actuaciones de 2025 ha sido la pintura de una serie de 28 cuadros “Homenaje a Ellsworth Kelly”, para el edificio de una firma comercial en el centro de Madrid.

    Su reciente trabajo artístico se recrea en el óleo al blanco y negro, estudiando las formas de la naturaleza. Con la luz como inspiración y convirtiendo el color al negro para expresar su visión interior y oculto para llegar a la pureza del alma. El Real Club de Campo es paisaje y modelo de muchas de sus obras recientes.

    Durante la jornada deliciosa, Peter, que es algo apocalíptico, nos habló del grafeno que nos hacen consumir, de las vacunas que no sirvieron para lo previsto, según reconoció la OMS y hasta la Casa Blanca...Cecilia y yo le escuchábamos con atención y perplejidad al mismo tiempo.

Más información

https://www.ccvm.es/

https://lamiradaactual.blogspot.com/2020/08/cecilia-de-lassaletta-pintora-la.html

Cecilia de Lassaletta





Cecilia ante su cuadro ganador del concurso situado en un comedor

Julia Sáez-Angulo y Cecilia de Lassaletta en el campo de saltos




EL MOVIMIENTO PUNTO FOCAL “LA TECNOLOGÍA QUE YA SOMOS”. Exposición colectiva de pintura en Fidelitas Art.

Rubén Puga, presidente de Fidelitas, se dirige a los asistentes
Julia, Antonino Nieto, Ignacio Puras y Andrés del Collado
 

Julia Sáez-Angulo

Fotos: Adriana Zapisek


1/5/26.- Madrid.- El movimiento Punto Focal, con el lema “La tecnología que ya somos”, ha presentado una exposición colectiva de pintura, dentro del Grupo empresarial Fidelitas (c/ Ayala, 23. Madrid). Rubén Puga, presidente de Fidelitas inauguró la muestra. 

    Al final del acto, se presentó y degustó la bebida mexicana mezcal (más suave que el tequila) de la marca “Santo Gusano”, debido a la forma de fermentación de esta bebida con gusanos.

    Los artistas presentados son: Córdova Christopher; Del Collado, Andrés; Estivill, Sebastián; Funámbulo; Martínez, Marc; Martins, Tatiana; Nakashima Yoshihiro, Orart Catalina; Puras Trimiño, Ignacio ; Sada María y Torres Mejía. Gloria.

Juan Arias hizo una presentación pública en la que dijo:

"Estamos convencidos que antes de cada gran cambio cultural las nuevas ideas aparecen primero en el arte. Durante mucho tiempo hemos buscado afuera lo que siempre ha estado dentro. Como especie, hemos creado tecnologías extraordinarias para transformar el mundo.  Pero, ¿y si la tecnología más avanzada ya somos nosotros mismos? La tecnología externa es un reflejo de lo que somos, una extensión de nuestras capacidades.      Creemos que ha llegado el momento de preguntarnos cómo queremos emplear la tecnología. Quizá sea el tiempo de elegir presencia, concentración y colaboración, en lugar de distracción y polarización, de alinear la tecnología al despertar de la consciencia”. 

    “Hemos invitado a un grupo de once artistas para traducir en formas, colores y símbolos esta reflexión sobre la posibilidad de una nueva alineación tecnológica.  Hoy estamos comenzando un movimiento que comienza en el arte y que se dirige al redescubrimiento de la tecnología natural que ya somos. Este es el inicio de una construcción colectiva: de ideas, de sensibilidad, de intención y de colaboración”.

    Arias subrayó el lema “la tecnología que ya somos” y añadió que entiende “el arte como espiritualidad laica y transversal, no religiosa (¿?”)… como punto de encuentro en Punto Focal. Un espacio de arte, naturaleza y ciencia”.

“¿Será esto de la Tecnología, algo así paralelo a la Cienciología?, comentó una artista al terminar la alocución de Arias.

El espacio expositivo es un ámbito cerrado, lo que le añade algo de “hortus conclusus” y cierta claustrofobia.

El futuro dirá sobre este nuevo lugar de exposiciones y mercado para coleccionistas de arte en Madrid.

Adriana, Catalina y Julia.
Andrés del Collado, pintor mexicano.

pintor peruano.



RAFAEL SOLER presentará su libro "Las razones del hombre delgado" en el Ateneo de Madrid


jueves, 30 de abril de 2026

"LATITUDES". EXPOSICIÓN DE PILAR ARAMENDI. GALERÍA ORFILA, DEL 7 AL 29 DE MAYO DE 2026


L.M.A.

        29.04.2026.- Madrid.- En Latitudes, la nueva exposición de Pilar Aramendi en Galería Orfila -tras las individuales que realizara en esta sala los años 2004 y 2010 -, la pintora compendia el tránsito sostenido entre geografías que atraviesa su trabajo y que define una investigación pictórica ligada a la memoria, el desplazamiento y la construcción de un espacio propio. Obra reciente sobre papel, acuarelas y monotipos, realizada en su taller, en Argentina, así como en dos residencias artísticas en el Centro” aLfaRa eStuDio”, Salamanca (2023 y 2024), que, el pasado año, presentó, también, en la feria internacional de arte Spectrum, Miami (EE.UU.).

    Como escribe en su texto de presentación, en el catálogo de la exposición, se trata de una cartografía personal, un no-lugar entre una orilla y otra -Argentina y España -, pero que conserva huellas de ambos. Es así como, a través de la abstracción -vale decir, pintura pura: materia, gesto y color -, indaga en ese ámbito subjetivo de la memoria y la experiencia; a veces, sutiles referencias a paisajes, interiores o ambientes vividos, desde las que establece ese diálogo poético, abstracto al fin, en la evanescente fluidez y coloristas transparencias de sus aguadas.

        Pilar Aramendi (A Coruña, 1962) se forma en la Escuela Nacional de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón”, de Buenos Aires, ciudad en la que, a fines de los años ochenta, comienza a exponer en diversos espacios institucionales, así como, en la siguiente década, en galerías de Santa Fe, obteniendo numerosos premios y distinciones. Con el cambio de siglo, despliega su actividad entre Argentina en España; realiza exposiciones individuales en Madrid y Córdoba, participando, aquí también, en colectivas y certámenes en distintas ciudades.

Inaugurará la exposición el jueves, 7 de mayo, a las 19:00 horas.

FOTÓGRAFOS DE "EL PAiS"


Meditaciones en el Desierto, de Gaziel



    27 de abril de 2026.- 

Durante la lectura de Las armas y las letras, de Andrés Trapiello, fui tomando nota de unos cuantos libros que me llamaron la atención entre los muchos que se comentan en esta interesantísima obra. Uno de ellos es Meditaciones en el desierto, una recopilación de unos textos que, a modo de diario íntimo, redactó Gaziel (nombre de pluma de Agustí Calvet) en su “exilio interior” en Madrid entre 1946 y 1953. En sus páginas dejó el autor su visión sobre la España que se recuperaba de la guerra civil y sobre el mundo ya polarizado tras la segunda gran guerra.

Escribió las Meditaciones en catalán, y la versión que he leído es una traducción reciente de Felip Tobar que cuenta con un prólogo de Jordi Amat, quien traza una interesante semblanza de Calvet. Se dedicó este al periodismo sin abandonar nunca su labor de columnista, incluso durante los años en que dirigió La Vanguardia. Su profesión le permitió viajar como corresponsal a muchos países, actividad que fue particularmente intensa en los años de la primera gran guerra, de la cual cubrió numerosos frentes. Fue, sin duda, un hombre con una excelente formación y de gran cultura, lo que queda patente a lo largo de la lectura de este libro.

    En la introducción, redactada años después de haber finalizado estas meditaciones, aclara Calvet que las escribió como catarsis para expresar lo que difícilmente habría podido publicar entonces. Además, pone sobre aviso al lector de que son reflexiones hijas de la frustración y pide disculpas por si el cariz pesimista de las mismas pudiera incomodarlo. No pude sino acordarme de Goya y sus pinturas negras cuando leía estas líneas.

    Pertenece Gaziel a ese grupo de compatriotas de aquellos tiempos que algunos encasillan en la llamada tercera España. Esto concuerda con la descripción que hace de sí mismo, declarándose sin reparos un burgués que abominaba de las ideologías que cautivaron a muchos de su generación. Su templanza en política le hacía sentir admiración por las que él denominaba “grandes democracias europeas”, como Inglaterra (sic.) y Francia, y no ahorró críticas a la burguesía española, que, en su opinión, debería haber liderado con mejor acierto la Segunda República y a la que culpó de haber claudicado ante la izquierda marxista y anarquista que, sin fe en ella, la apoyaron de manera oportunista para sus propios fines: “Nos cayó del cielo una república y no supimos qué hacer con ella…”. A pesar de que aborrecía del comunismo, erró al vaticinar un futuro halagüeño a los países de la órbita soviética.

    Abundan en el libro, y son muy interesantes, comentarios sobre las muchas personas de España y del extranjero a las que conoció a lo largo de su vida. No cultiva Calvet la hagiografía y, además de las virtudes, resalta también los supuestos defectos de la persona mentada. Uno de ellos fue Francesc Cambó, a quien admiraba y con quien trabó una amistad duradera. Me llamó la atención que destacara de él la ganancia de dinero como una pasión dominante; el acúmulo de riqueza como confirmación de la propia valía. Gregorio Marañón, también amigo, aparece repetidamente por estas páginas y no todo son elogios, ya que en algún momento habla de su “incurable temperamento de vedette, que necesita, más que el pan que come, figurar siempre en escena en primera fila, con todos los focos encendidos”. El que sale peor parado es, sin duda, José Ortega y Gasset, a quien dedica un largo artículo tras haber asistido a una conferencia suya en diciembre de 1948 en el Círculo de la Unión Mercantil. Es una diatriba absolutamente demoledora, y nada mejor que transcribir el último párrafo, que puede tomarse como unas conclusiones: “Ayer la figura de Ortega, ya viejo, conformista y acomodaticio, tratando aún de construir con fuegos de artificio verbales un «Instituto de Humanidades», ante un público de burgueses desorientados, pudientes y cobardes, en el fondo más que nada unos bons vivants, y bajo una oleografía barata de Franco coronada por el lema de la Falange, francamente, era un espectáculo para echarse a llorar”.

    El autor tuvo, sin duda, un acusado interés por la historia, lo que queda de manifiesto en los numerosos comentarios sobre los condicionantes, próximos y remotos, más decisivos, no solo de la de España, sino también de la de otras naciones. Me gustó especialmente un extenso relato sobre la historia de Inglaterra y la decadencia del imperio británico, con un punto de vista que probablemente no guste a un conservador nacionalista de ese país. También me llamó la atención que la tan denostada Restauración borbónica fuera para Gaziel uno de nuestros mejores momentos como nación y que sitúe a Cánovas del Castillo, de quien se declara admirador, en el podio de nuestros gobernantes de todos los tiempos, un auténtico estadista según él.

    La escritura cobra un nuevo cariz a partir de 1950, después del inicio del apoyo de los Estados Unidos de América a España durante el segundo mandato de Truman, supongo que debido a la convicción de que la dictadura de Franco se iba a prolongar más de lo que él había pensado y deseado hasta entonces. Criticó mucho el apoyo interesado de la gran potencia a una España que no era muy bien vista en el ámbito internacional, como también lo hizo con el Reino Unido de Churchill por su aparente neutralidad y apoyo encubierto a Franco durante y después de la guerra civil. En estos años, de manera algo obsesiva, Gaziel interpreta una y otra vez la historia de España a través de los siglos, con un ángulo de visión noventayochista que en algún momento causa hastío. Queda esta retratada como país pobre y poblado por personas incultas, perezosas y tendentes al fanatismo. Un país al que le tocó la suerte de heredar un imperio y que, de chiripa, llegó a otro continente allende el mar para dejar allí las semillas de sus lacras.

    A tenor de lo que escribió Gaziel en su introducción muchos años después, se puede entender que esta visión tan negativa de la patria estuviera determinada en su momento por el vivo dolor causado por la tragedia de nuestra guerra civil y la ausencia de reconciliación durante los largos años del régimen de Franco. Una herida permanentemente abierta en su espíritu, un sentimiento pertinaz de fracaso que no le abandonó jamás. He de reconocer que durante algún tiempo yo mismo tenía en parte esta visión pesimista de la historia de España que muchos, fuera y dentro de nuestras fronteras, se afanaron en transmitir.

Estas meditaciones dejan ver que fue Calvet un catalanista convencido, fervoroso en su juventud y sereno en su adultez, que amaba a su tierra, especialmente a San Feliú de Guíxols, el pueblo del Bajo Ampurdán donde vino al mundo. Sin embargo, no parecía gustarle la Cataluña y, especialmente, la Barcelona de los años en que escribió estas páginas, entre otras cosas porque le resultaba difícil de digerir la cantidad de paisanos que, para medrar, habían decidido cambiar de chaqueta. Quizá fuera esta una de las razones que le impulsaron a tomar la decisión de vivir y trabajar en Madrid, amén de mejores oportunidades para ganarse la vida. Pese a todo, mantuvo hasta el final el amor por su tierra y su lengua, lo que no le impedía tener una visión objetiva sobre las mismas, alejada de los sesgos y distorsiones propias del nacionalismo. El autor proclama el escaso peso de la lengua catalana en la cultura hasta bien entrado el siglo XIX (la Renaixença), sin caer en el victimismo y sin hacer responsable de ello a ninguna imposición externa.

    El tono íntimo del libro y la visión personal sobre personas, lugares y acontecimientos, sin atisbo de tópicos, hacen que la lectura sea muy interesante.     Por último, quiero señalar que he disfrutado de su estilo claro y carente de retórica, aunque esto que digo debe interpretarse sabiendo que he leído una traducción al español del texto original en catalán, por lo que hago extensivo al traductor lo dicho sobre el traducido.

Juan Berenguer

27 de abril de 2026


Exposición”Regalar Moviments al Vent” en Vil-la Elisa. Benicassim




Desde el 5 de febrero al 17 de Mayo de 2026

Vil-la Elisa

Paseo Maritimo Pilar Coloma,6-Benicassim

 

 

Mayca NÖIS

 

 

Benicassim 28/04/2026.-  La sala de Exposiciones del hermoso palacete que fue construido en 1942 por el conde Joaquin Bau, presidente del Consejo del Reino, para su esposa Elisa Carpi, en el enclave señorial de villas frente al mar y que  es desde 1982 de propiedad municipal  acoge desde su final restauración en 2019 diversas actividades socioculturales.

    En esta ocasión la  muestra es el resultado de la colaboración entre el Ayuntamiento local y el Museo de Arte Contemporáneo Vicente Aguilera Cerni de Villafamés (MACVAC). Se ofrece un conjunto de obras de gran calidad y diversidad estableciendo un dialogo entre generaciones, estilos y técnicas para reforzar la idea en visibilidad del arte en la dimensión más íntima del ser humano.

    Se acude en alusión a un verso de la canción “Y Busqué” de la cantante española Rozalén con “la respuesta estaba dentro de mí” en el lema “Regalar movimientos al viento” al ofrecerse con un hilo conductor en un viaje hacia el interior.

Las obras escogidas van desde el año 1955 con la fototipia de Pablo Picasso  “Ragazza seduta” hasta el 2023 con “La noche trascendida” de Alejandro Mañas devienen en un recorrido que no se limita sólo a lo estético.

A través de los materiales, texturas, combinaciones de colores, los tonos cálidos de los oleos, los brillos y sombras del metal y la madera, la disposición espacial de las piezas, invitan a un viaje para el visitante en la propuesta de la muestra que no dependa del tamaño o magnitud de la obra sino de la expectación que influye en el espectador combinando artistas más clásicos, dentro de las vanguardias y neo vanguardias del siglo XX con autores contemporáneos. El diálogo entre pasado y presente en las técnicas tradicionales y las experimentales, los objetos escultóricos y las obras pictóricas para recrear el proceso de descubrimiento personal ante la contemplación visual.

    Son 19 autorías creativas escogidas que configuran un ritmo consustancial con su obra: Pilar Salas, con “Dualitat” (1999) ofrece una instalación: con puertas recuperadas,papel hecho a mano, telas, maleta, silla y lámpara con las que la artista conduce a la reflexión a través de una puerta falsa que esconde las metáforas sobre el viaje.

    La presencia de la silla se repite en la obra de 1955 “Ragazza seduta” de Pablo Picasso y en “La noche trascendida” 2023 de Alejandro Mañas. Es un punto de recogimiento y contemplación en dialogo silencioso e introspectivo que en la obra de Mañas, doctor en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia y director artístico de Espai Nivi en Culla, se interpreta en hierro esmaltado, terciopelo bordado y oleo sobre lienzo con su reclinatorio con las frases de la Noche Oscura de San Juan de la Cruz enfrentado al lienzo que evoca a una excavación arqueológica en la noche en la que los elementos nos conducen a la dimensión espiritual y religiosa que es el eje central de su arte.

 Esta evocación emocional enlaza con “Postals per al record”(2020) de Paqui Fuster con su trabajo en cerámica y óxidos unidos por cordones de cáñamo simbolizando fragmentos de la memoria en viajeros silenciosos que trasportan mensajes del pasado hacia el presente. Lo que también sucede con el gran oleo “Umbral”1994 de Cristina Navarro Buenaposada en el que el “umbral” no es solo una metáfora física sino un punto de inflexión emocional y mental, que va guiando desde un inmenso amarillo con flechas y figuras muy simbólicas

    La contemplación de el espacio natural extendido hacia el infinito lo representa Manuela Ballester con su oleo sobre tabla (que es la imagen representativa en el catalogo)“A la ventana ante el mar Báltico” 1976 que nos trasmite serenidad, reflexión, y huir de las prisas utilizando tres elementos:un café,una pipa y un libro abierto que nos llevan a la quietud e interiorización.

    En este juego de los simbolismos “El infierno canto 30”(1962) de Salvador Dalí se infiltra en exploración en los laberintos de la mente con cuerpos que parecen diluirse como en un sueño para recordarnos la fragilidad del tiempo, la memoria y la identidad como ya nos acostumbra en la descomposición atómica de Galatea como metáfora de lo efímero ya que la memoria y el ser están en constante movimiento.

Frente a este concepto está la obra de Marina Vargas con su  autorretrato “Asterión-el cuerpo revelado”(2020) utilizando el papel Hahnemüle con impresión digital que plasma la vulnerabilidad del cuerpo en una experiencia poética y simbólica en su inspiración en el mito del minotauro de Borges y en su propia historia de supervivencia frente a una enfermedad grave con lo que memoria, resistencia y renacimiento confluyen, en esta obra de gran formato, manifestando emoción y espiritualidad más allá de la superficie.

Ana Vernia de su serie “Paisajes líquidos” el número 5  (2016)  sobre  soporte papel en emulsión polimérica pigmentos y grafito  con dinámicos y fluidos  líneas y trazos muy sutiles su concepción simbólica de las emociones, los recuerdos, donde la percepción se vuelve “liquida” y cambiante que son las constantes del pensamiento y la memoria.

Robert Motherwell expresionismo abstracto “Elegy to the Spanish Republic º 51-52 (1958); Henri Cartier Bresson  “Funerailles de l´acteur de Kabuki-Danyuro (1965) una bella fotográfica en blanco y negro con los contrastes en luz y sombra que trasmiten la trascendencia del momento;  el gran oleo de Walter Wall “Que bonito cuando las flores florecen” (2022) con una dama central que recuerda a las Meninas de Velázquez atravesada por un ente en marcados trazos rosa;  Joan Callergues  con su espectacular estructura en madera y bridas de plástico “Estructura per a un somni” (2017), muestran en su conjunción las fundamentales preocupaciones y percepciones del mundo a lo largo del tiempo en una manera de expresión en todos ellos utilizando formas y medios distintos.

Dos representantes en obra escultórica: “Pensador oprimido” (1984) de Alfonso Perez Plaza con su bronce sobre acero trasmite la tensión entre la mente y el entorno y Marcelo Diaz, escultor y poeta con su obra que define como talla constructiva“Criar la luz”(2013).

El gran oleo de Amparo Escrivá Palacios nos “sube” a su “Tren de cercanías” (1986) dotando al espectador de un viaje meditativo y posiblemente evocador que fluye con la técnica y materiales empleados que se implican con la motivación de la exposición.

Siguiendo esta ruta conceptual el oleo fragmentado en tres planos de  Jovita Pitarch “Inquisitio” 2007 y Concha Jerez “Tiempo límite Interior” (2009). La primera se interna en dimensiones psicológicas que interpelan mientras que la segunda reflexiona sobre la temporalidad y los limites de la percepción.

El oleo sobre tabla “Estancia despojada VI” (1987) de Salvador Montesa nos introduce directamente en un espacio “limpio” con una figura de mujer de espaldas prácticamente difuminada. Es una reflexión absolutamente directa sobre la intimidad y un pórtico de umbral infinito abierto para ser atravesado.

Definitorio  el texto presentación de la exposición de Patricia Mir,Comisaria de la exposición, Licenciada en Humanidades, Master en Gestión Cultural, Premio literario Ciudad de Castellón en Humanidades que explicita “La exposición en Vil-la Elisa se configura como un espacio de encuentro entre el arte, la emoción y la introspección. Cada obra, cada material, cada gesto creativo, se convierte en un elemento que invita a la reflexión, al recogimiento y al dialogo interno. La exposición es, en suma, una invitación a la introspección, a la memoria y a la riqueza de la creación artística, un recorrido donde cada pieza es un movimiento que vuela al viento y encuentra eco en cada espectador. Y es que ya lo dice Rozalén en su canción “siempre busco fuera lo que nace dentro”.





   

miércoles, 29 de abril de 2026

DIEGO MOYA EXPONE “ORBITAL” EN EL MUSEO DE LA NEOMUDÉJAR


Diego Moya, artista visual

Diego Moya con la comisaria Zara Fernández, Julia Sáez-Angulo y una coleccionista de arte


Fotos: J.S.A.

29/4/26.- Madrid.- Diego Moya expone “Orbital” en el Museo de la Neomudéjar. La exposición, inaugurada por el director del Museo, Francisco Brives, permanecerá abierta hasta finales de mayo próximo.

    Zara Fernández de Moya, comisaria de la exposición explica: “La obra de Diego Moya (Jaén, 1943) se despliega como una travesía entre lo visible y lo invisible, entre lo ancestral y lo digital, entre la tierra y el cosmos. Desde muy joven, su mirada estuvo orientada hacia lo cósmico: un pequeño fragmento del cuadro, La visión de Tondal, de la escuela del Bosco —esa escena donde una ratita se asoma por el ojocosmos de la cabeza central— lo ha acompañado desde siempre, en clave íntima, como germen simbólico que resuena en toda su trayectoria y que dialoga con otras visiones cósmicas de la historia del arte, muy presentes en la mirada del artista.

    Arquitecto de formación y artista multidisciplinar, Moya ha desarrollado un proceso creativo en el que el concepto de “orbital” de la física cuántica actúa como principio estructural y simbólico. Desde sus primeras cajas de luz de los años 70 hasta sus series más recientes, su trabajo se abre a un “campo de posibilidades” que emerge a lo largo del proceso creativo, cuando el artista, como él mismo expresa, “se sitúa con una atención flotante desde donde empieza a percibir lo que no tenía pensado.” 

    Así, cada obra funcionaría como un orbital de luz y materia, un espacio de probabilidad que se revelaría como realidad actuante y memoria visual, recogida aquí en un recorrido de 1998 a 2026: Río Azul, La piel de la tierra, Aluminios, Cajas Luminosas o, sus recientes, Colonizados. Un proceso en el que el artista mantiene un diálogo constante entre percepción, materia y cosmos, así como una fisicidad palpable, casi ritual, con sus piezas: un trabajo directo y manual donde la materia se toca y se erosiona, incluso en aquellas series en que pudiera parecer más próximo a la tecnología.

    En Río Azul, Moya abre un territorio en el que la abstracción se vuelve simbólica, explorando las analogías entre el comportamiento físico de la pintura y el de la materia cósmica. Los surcos funcionan como ríos, estuarios, venas o neuronas, y la pintura fluye guiada por ritmos internos que el artista descubre en el proceso. La piel de la tierra profundiza en esta investigación cósmica mediante impresiones directas sobre rocas milenarias, contrapuestas a rostros humanos ampliados. Son improntas que actúan como archivos de memoria: La piel de la tierra se convierte en espejo de la piel humana, en una reflexión sobre el tiempo, la inscripción y la pertenencia al universo.     En la serie Aluminios, esa materia ancestral —arenas, pigmentos, texturas— dialoga con superficies industriales, tensión que refleja la experiencia vital y profesional del artista, atravesada por dos continentes, África y Europa, y dos imaginarios.

    Sus Cajas Luminosas actuarían como dispositivos perceptivos en diálogo con la física actual y sus propuestas: la luz vibra, se expande y se transforma según la posición del espectador y el tiempo de observación. Como en un sistema cuántico, la obra permanece en un estado de posibilidades hasta ser observada, revelándose solo desde un punto frontal y perdiendo esa certeza en cuanto el espectador se desplaza, sobre todo, lateralmente. Es en Colonizados, su serie más reciente, donde la luz se vuelve más espectral e interrogativa: aquí Moya intensifica la dimensión psicológica y política de su obra.  Ya no son estructuras tridimensionales, sino superficies donde flotan cabezas ingrávidas en una membrana de metacrilato sin coordenadas, atrapadas en dispositivos y corrientes tecnológicas.

    En Orbital, todo queda suspendido en un espacio poético donde lo visible y lo invisible se rozan, y donde la luz —materia primordial de su obra— actúa como una revelación continua de energía y memoria

    Más información

https://www.laneomudejar.com/orbital-diego-moya/

https://lamiradaactual.blogspot.com/2022/11/diego-moya-esculturas-luminosas-en-la.html

"Aluminio" de Diego Moya
Frank Brives, director de La Neomudéjar y un visitante

"Del Bosco",  "mascota" del pintor
Begoña Torres, directora del Museo Lázaro Galdiano




ODNODER, ESCULTOR. EXPOSICIÓN "ENTRE OÍZA Y OTEIZA" EN LA CASA DE VACAS. Nueva exposición, nuevo estudio y nueva página Web

Odnoder, escultor.
Lola Chamero y Odnoder en la inauguración.

Julia Sáez-Angulo
Fotos J.S.A.

29/4/26.- Madrid .- Lola Chamero, directora de la Casa de Vacas, centro cultural en el Parque del Retiro, ha inaugurado la exposición de esculturas de ODNODER, titulada “Entre Oíza y Oteiza”.  La muestra permanecerá abierta hasta el 24 de mayo.
La directora destacó la serenidad y equilibrio de la escultura expuesta y el escultor señaló que la exposición quería ser un homenaje al arquitecto Sainz de Oíza y al escultor Oteiza, sus dos grandes maestros (Giacometti, tampoco anda lejos). Sobre la serie Ubuntus, señaló el dicho de que "no hay líder sin tribu, ni tribu sin líder".
    Ubuntu es una antigua filosofía africana , que se resume en la frase: "Yo soy porque nosotros somos". Define la vida basada en la interconexión, la empatía y la cooperación, donde la felicidad individual depende del bienestar comunitario, promoviendo la armonía y la solidaridad por encima del individualismo.
Pablo Redondo Díez, conocido artísticamente como Odnoder (Redondo al revés, un anádromo), es un arquitecto y escultor español nacido en Málaga en 1964, afincado en Madrid. Formado en la Escuela Técnica de Arquitectura de Madrid, fusiona su formación técnica con la escultura, destacando por obras abstractas y orgánicas que buscan la máxima expresividad con el mínimo gesto, utilizando principalmente la madera, aunque incorpora acero, cerámica y bronce. Puntos clave de su trayectoria:
    Estudió arquitectura entre 1985 y 1992, aplicando la comprensión del espacio, volumen y luz a su obra escultórica.Tras más de dos décadas dedicado a la arquitectura (estudio arquipablos), redirigió su carrera hacia la escultura de "trazo corto", con un estilo definido por la síntesis formal y el diálogo con la materia. 
    Su obra se mueve en la abstracción figurativa de inspiración orgánica. Trabaja la madera con finura, buscando la calidez y las formas esbeltas. A menudo, sus piezas, como las figuras antropomorfas, exploran la relación entre la ligereza y la gravedad. 
Su obra ha sido distinguida por plataformas como Sculpture Network y ha expuesto en espacios como la galería O-Lumen en Madrid, mostrando conjuntos inspirados en la luz y la forma. Sus obras de arte sacro son de una gran belleza conceptual y formal.
    Odnoder ha cambiado recientemente su estudio en el centro de Madrid a uno más amplio en el campo de Chinchón (Madrid) y ha creado una nueva página Web.

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Escultura central. Serie Ubuntus 







"LA BIBLIOTECA DE LOS SIETE MARES". TRAVESÍA POR EL OCÉANO DE LA LITERATURA


Alexander Pechmann, escritor


J.S.A.

29/4/26.- Madrid.- “La biblioteca de los siete mares: Una travesía con Odiseo, Robinson Crusoe y los capitanes de Jane Austen por el océano de la literatura”, de Alexander Pechmann, ha sido publicado por la editorial El Acantilado y traducido por Alejandro Pantoja Lindermann .
    La biblioteca de Alexander Pechmann alberga una joya especial: un volumen con las páginas amarillentas, el lomo desgastado y la cubierta de lino rojo manchada, como si hubiera estado durante meses a la deriva en un bote salvavidas. 
    Se trata de la novela favorita de su tatarabuelo, marinero, al que se remonta la fascinación familiar por la literatura marítima que se ha transmitido de generación en generación. En este extraordinario ensayo, el autor rastrea esta querencia, explorando las conexiones e influencias que unen obras célebres a otras más recónditas, y nos invita a realizar un intrépido viaje por los siete mares de la literatura, donde desde los tiempos de Odiseo navegan barcos fantasma y rugen temibles tormentas, se producen naufragios, se amotinan tripulaciones y prolifera el contrabando. En definitiva, el quimérico lugar que promete el descubrimiento de infinidad de tesoros.
    Alexander Pechmann (1968) es escritor, editor y traductor, sobre todo de literatura anglosajona del siglo xix. Es autor de las biografías de Herman Melville (2003) y de Mary Shelley (2006), y recientemente ha publicado un nuevo libro de anécdotas literarias, Das Haus des Bücherdiebes (2010).


“FRAY PERICO Y LA PRIMAVERA”, DE JUAN MUÑOZ MARTÍN, ILUSTRADO POR ANTONIO TELLO




J.S.A.

29/4/26.- Madrid.- Fray Perico es el título de una serie de nueve libros infantiles, y del personaje ficticio que protagoniza los mismos, publicados entre 1980 y 2005, por el escritor español Juan Muñoz Martín (1929-2023). “Fray Perico y la primavera”, es una edición de 2026, por Toromítico, de Almuzara.
La primavera ha llegado al convento… y con ella, el alboroto. Una misteriosa mariposa de colores imposibles, unos traviesos gusanos de seda, una morera «prestada», tres ladrones disfrazados y un sinfín de enredos pondrán patas arriba la tranquila vida del convento. Y es que la primavera no solo trae flores, buen tiempo y ganas de celebrar, sino también enredos de lo más curiosos. Entre risas, despistes y situaciones tan absurdas como entrañables, el pacífico fray Perico tendrá que poner a prueba, una vez más, su infinita paciencia y su gran corazón. Una divertida historia en la que se mezclan el humor, la inocencia y la solidaridad, y donde la primavera florece en forma de aventuras inolvidables.
                Juan Muñoz Martín (1929-2023), autor emblemático de la literatura infantil y juvenil en español. Fue el creador de personajes que sirvieron para fomentar el amor por la lectura en niños de varias generaciones, entre ellas destacan las series de Fray Perico o El pirata Garrapata. Fue ganador del Premio "El Barco de Vapor" por la primera obra de la serie de Fray Perico, que se completó con otras ocho entregas. Por otro lado, el viajero pirata Garrapata cuenta en su serie con diecisiete títulos. Solo de estos dos personajes ha vendido más de un millón y medio de ejemplares. Recibió, entre otros, el Premio Doncel de cuento infantil 1966 por "Las tres piedras", el Tercer Premio Gran Angular de novela juvenil 1984 por "El hombre mecánico", el segundo accésit de cuento corto Nueva Acrópolis 1984 por "Algún día seré", el Premio Cervantes Chico de Literatura Infantil y Juvenil en 1992 así como la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2021.

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MES DE MAYO, MES DE LAS FLORES, MES DE LA VIRGEN MARÍA. (Cuento y debate teológico)

Castellano,  andaluz y  bilbaíno.

Virgen medieval hispánica en Madrigal de las Altas Torres.
Virgen de la Esperanza de Triana

    Julia Sáez-Angulo

                                            A don Borja

    01.05.2026.- El obispo me pidió predicar un curso de Mariología a un buen número de sacerdotes en un centro espiritual de Madrigal de las Altas Torres, Valladolid. El lugar tenía ese silencio denso de las casas de retiro, donde hasta las pisadas parecen pedir permiso. El oratorio era amplio, cómodo, con bancos de madera bien lustrados y, al fondo, un retablo que sostenía una Virgen barroca de una belleza que, sin exagerar, imponía recogimiento.

    No era una belleza fácil. No era dulzona ni complaciente. Tenía algo de gravedad en el rostro, una melancolía apenas insinuada en los ojos, como si supiera ya el destino que la tradición le había asignado. Aquella imagen no pedía halagos; pedía silencio.

    Comencé las clases explicando un documento de la Santa Sede de 2025, Mater Populi Fidelis (Madre del Pueblo Fiel), aprobado por León XIV, que insistía en un principio fundamental: la mariología debía situarse siempre dentro del misterio de Cristo y de la Iglesia, evitando tanto la exageración devocional a María, como la reducción racionalista. El documento pretende evitar el título de “corredentora”. Redentor es solo Cristo. Tampoco repetir lo de “mediadora de todas las gracias”, para utilizar fundamentalmente el gran título de la Tradición: “teotokos”, madre de Dios, o intercesora ante Dios. María es Madre de Dios, por la unión hipostática de Cristo, la unión indisoluble de Dios y hombre.

    Solo a Dios se le adora; a la virgen se la venera, como Santa María, la primera de las santas.

    Uno de los sacerdotes intervino:

—Sin embargo, la piedad popular a veces va más allá de estos límites…

—Sí —respondí—, y ahí está nuestra responsabilidad pastoral. No para sofocar esa piedad, sino para iluminarla. La fe del pueblo no es un error; pero necesita ser purificada, orientada, conducida hacia su centro, que es Cristo. Esto —continué— no empobrece a María. La sitúa en su verdad.

    Expliqué que la tradición de la Iglesia había afirmado con precisión los dogmas marianos —la maternidad divina, la virginidad, la Inmaculada Concepción, la Asunción— no como privilegios aislados, sino como expresiones del designio salvífico de Dios en Cristo. Decir que María es Theotokos, Madre de Dios, no es tanto hablar de ella —insistí— como confesar quién es Cristo.

    La mañana transcurrió con atención razonable. Algunos tomaban notas, otros asentían con gravedad, y unos pocos —los menos— mantenían esa media sonrisa escéptica de quien ya ha decidido no dejarse convencer. Hablé de la historia de los dogmas, de cómo el título de Theotokos no era un adorno, sino una afirmación cristológica decisiva. Hablé también del peligro de convertir la devoción mariana en una especie de competencia afectiva donde cada región, cada cofradía, cada sensibilidad, quiere a “su” Virgen más poderosa, más cercana, más eficaz.

    Al terminar la conferencia, cuando el murmullo comenzaba a llenar el oratorio, oí detrás de mí una conversación que me detuvo.

    Un sacerdote de Valladolid, que se sentía poco menos que anfitrión de la casa, señalaba el retablo con orgullo:

—¿Has visto qué Virgen tan hermosa tenemos en esta tierra?

    El aludido, un cura andaluz de voz cálida y gesto expresivo, inclinó la cabeza, la miró un instante… y respondió con una sinceridad desarmante:

—Hombre… es más bien fea. Tendrías tú que ver las vírgenes andaluzas.

    El castellano se quedó rígido, como si le hubieran tocado un nervio íntimo.

—Pues ésta —replicó, señalando con el mentón— en cuanto le dices una jaculatoria o un piropo de la letanía, le salen los colores. A ver si las tuyas la igualan.

    El andaluz soltó una pequeña risa, de esas que no buscan herir, pero tampoco ceden terreno.

    Yo, que escuchaba a pocos pasos, no sabía si intervenir o disfrutar en silencio de aquel duelo teológico-estético que, en el fondo, era profundamente humano. Porque no discutían de arte; discutían de pertenencia, de memoria, de infancia, de procesiones, de madres y de abuelas.

    En ese momento llegó don Aitor Echevarría, de Bilbao.

—¿De qué habláis?

Su voz tenía ese tono de quien no pregunta para saber, sino para ordenar la conversación.

    No pude escuchar la respuesta. Conocía a don Aitor. Como buen nacido en Bilbao, llevaba consigo una convicción firme —y nada discreta— de que las cosas, bien hechas, solían venir del norte, sobre todo de Bilbao. Preferí retirarme. Había en aquel intercambio algo que ninguna intervención mía iba a mejorar. Al contrario: corría el riesgo de empobrecerlo.

    Salí al claustro. El aire de Madrigal de las Altas Torres tenía una claridad seca, casi pedagógica. Me senté un momento y pensé en la conferencia de la tarde. Tocaba hablar de Iconografía mariana.

    Y entonces entendí que no tenía que “poner orden” en nada. Tenía, más bien, que abrir un espacio.

*****

Por la tarde, el oratorio volvió a llenarse. La Virgen barroca seguía allí, en su sitio, ajena a nuestras discusiones, a nuestras comparaciones, a nuestras pequeñas batallas regionales. Comencé despacio.

—Esta mañana —dije— hemos hablado de títulos, de dogmas, de palabras que intentan decir lo indecible. Esta tarde quisiera que habláramos de imágenes. Pero, antes de nada, conviene recordar algo sencillo y difícil a la vez: la imagen no es la realidad, sino su representación.

    Algunos asintieron. Otros fruncieron ligeramente el ceño.

—La imagen —continué— sirve para recoger los sentidos, para orientar la atención, para ayudar a la oración. En el caso de la Virgen, no es María. No la contiene. No la agota. Y, a veces, puede incluso traicionarla.

Se hizo un silencio más atento.

    Hablé de la ambigüedad de las imágenes en la Historia del arte, de cómo pueden elevar o distraer, sugerir o deformar. De cómo una misma advocación puede adoptar rostros distintos según los pueblos, las épocas, las sensibilidades. Una Virgen morena en Andalucía, una Virgen severa en Castilla, una Virgen casi doméstica en algunos rincones de Europa.

—Y, sin embargo —añadí— ninguna de esas imágenes es “más verdadera” que otra en sí misma. Lo verdadero está en lo que señalan, no en lo que son.

    Vi al sacerdote vallisoletano mirar de reojo al andaluz. Y al andaluz sostenerle la mirada con una media sonrisa.

—Si olvidamos esto —seguí— corremos el riesgo de hacer de la estética un criterio teológico. Y entonces discutiremos sobre belleza, como si estuviéramos defendiendo la fe. Pero la fe no depende de si la talla nos parece más o menos lograda.

Hice una pausa.

—El corazón de la figura de María en la historia de la cristiandad no está en su representación artística, sino en su relación con Cristo. Por eso el título de Theotokos, Madre de Dios, es la clave. Todo lo demás —devociones, letanías, piropos incluso— tiene sentido si nos conduce ahí. Y pierde su norte si nos aleja de ello.

El silencio ya no era solo atento; era denso.

—Podéis seguir queriendo a vuestras vírgenes —concluí—, podéis emocionaros ante ellas, discutir incluso sobre cuál es más bella. Eso es humano y, bien llevado, puede ser incluso hermoso. Pero no olvidéis nunca que la belleza que importa no es la de la madera o la policromía, sino la de lo que esa imagen os invita a contemplar.

El riesgo de nuestra predicación —añadí— no es amar demasiado a María, sino hacerlo de manera desordenada. Cuando la devoción se independiza de la revelación, se debilita. Cuando, en cambio, se arraiga en ella, se fortalece. Volvamos a las fuentes: la Escritura, la tradición viva, la liturgia. María en el Evangelio no habla mucho. Pero cuando lo hace, su palabra es decisiva: “Hágase en mí según tu palabra”. Esa es su teología fundamental.

Me levanté y me acerqué al retablo.

—Miren esta imagen —dije—. No predica por sí misma. Remite. Toda verdadera imagen mariana es, en el fondo, cristológica.

Al terminar, nadie aplaudió. Tampoco era necesario. Mientras salíamos, el cura de Valladolid se acercó al andaluz.

—Bueno… —dijo—, fea del todo tampoco es.

El andaluz sonrió.

—Y las mías… tampoco son todas guapas.

Se rieron los dos.

A unos pasos, don Aitor, el bilbaíno, observaba la escena en silencio, como si estuviera evaluando si aquello merecía su aprobación. Al fin intervino:

-Sí, pero la virgen de Begoña…

No pude oír más. Otro cura se acercó a consultarme una duda

La Virgen barroca del retablo, seguía igual: inmóvil, serena, ajena a nuestras categorías. Y quizá, pensé, ahí estaba su verdadera enseñanza.

Virgen de Begoña o Madre de Dios de Begoña. (Vizcaya).
Rosaleda del Parque del Retiro. Madrid, 2026.