martes, 28 de abril de 2026

“AUNQUE VIVA CIEN AÑOS”, DE SILVIA RIBELLES DE LA VEGA, UN RETRATO DURO Y REAL SOBRE LA GUERRA CIVIL EN ASTURIAS

Oviedo, 1936: Adiós a la inocencia

La historiadora asturiana rescata la memoria del asedio a la capital del Principado a través de los ojos de un niño, Cesáreo, que perdió su infancia y su mundo bajo las bombas.


Silvia Ribelles, escritora

L.M.A.

MADRID, 20 de abril de 2026 – Oviedo, septiembre de 1936. “Nunca le había gustado doña Delfina porque era una chismosa, pero, en aquel momento tan trágico, su abrazo significaba mucho. Un humo negro y espeso se levantaba sobre las ruinas de lo que había sido su casa. Un olor fuerte y tóxico lo impregnaba todo a su alrededor; el calor del fuego aún sin extinguir le laceraba la espalda (...)” Así comienza Aunque viva cien años. De la familia al completo, padre, madre, abuela y el hermano Juanín, apenas sigue en pie un niño. Las bombas han borrado en un instante todo cuanto conocía Cesáreo: el calor de una cocina, la voz del hermano o la madre, las tardes de fútbol, aquel beso. Y, aun así, no puede quedarse. Solo si consigue huir habrá conservado la vida y su memoria. ¿Es acaso eso salvarse?  ¿Qué queda, entonces, de nosotros cuando los que nos conocieron ya no están? La novela se presenta no solo como una ficción narrativa, sino como un acto de justicia poética con una generación que está empezando a desvanecerse.

    Aunque viva cien años, novela escrita por Silvia Ribelles de la Vega y que publica Almuzara, levanta desde las cenizas el mundo que una guerra destruye, narrado por voces que aún lo ignoran irretornable, y lo enfrenta dialécticamente con los días rotos de después, donde la suerte es dejada, en su tragedia, a merced de extraños rostros de indiferencia o compasión entre los que tal vez cabe algún viejo conocido. Cesáreo está solo. Él es su única familia: “Sonó otra explosión, afuera, aún distante. Estaba solo en aquel enorme recinto. De repente sintió que, si pudiera, se quedaría allí toda la guerra, toda la vida. El silencio, entre bombazo y bombazo, era casi total; le inspiraba una paz y un sosiego que solo había sentido alguna vez tirado bajo un árbol, mirando las nubes pasar entre el verdor de las ramas una tarde de verano, o sentado en el sillón de su casa mientras la lluvia repiqueteaba en los cristales (...)”.

    Dos épocas se van entrelazando, mutuamente tensándose y doliéndose, mientras Cesáreo combate a un tiempo por quedarse y marcharse, por seguir siendo. Silvia Ribelles de la Vega firma, con esta atípica y preciosa novela, una mirada única sobre la última contienda civil española… y sobre todas: la de aquellos a quienes la historia condena a sobrevivir en tierra de nadie. Cuando la idea no redime, su relato nos redescubre la virtud liberadora del recuerdo y el precio silencioso de olvidarse de vivir.

    En un panorama literario actual a menudo volcado en la inmediatez, Ribelles de la Vega propone un viaje pausado hacia la introspección. Aunque viva cien años explora los hilos invisibles que unen a las familias, las heridas que el tiempo no siempre cierra y la sabiduría que reside en lo cotidiano. El presente durísimo de Cesáreo se alterna con los recuerdos de una vida de niño, sin preocupaciones, con el único deber de estudiar y jugar. Los chavales del fútbol, las excursiones, el nuevo colegio, don Atilano, la playa… Y la figura salvadora del tío Jacinto, un hombre que viaja por todo el mundo y del que guardan, él su hermano, verdaderos tesoros traídos de África.

    Con una prosa cuidada y una sensibilidad propia de quien conoce bien los recovecos de la historia, la autora logra que el lector se identifique con las vivencias de sus protagonistas. La obra destaca por la ambientación emocional, un retrato vívido de las raíces y el sentido de pertenencia, la fuerza de los personajes, mujeres y hombres reales, con luces y sombras, que atraviesan décadas de cambios sociales, además de por su valor histórico que deja ver el trasfondo de la realidad española, narrado con la precisión de una historiadora pero con el corazón de una novelista.

    La novela discurre por una geografía emocional ligada al norte de España que sitúa al lector en enclaves emblemáticos que cobran una nueva dimensión bajo la pluma de la escritora, Oviedo y Gijón (el preciso día de playa, las visitas a la casa de la tía Felicitas, madre del tío Jacinto) en el presente y en los recuerdos, son dos personajes más que van enseñando sus plazas, sus calles angostas, sus comercios, sus librerías.

    Silvia Ribelles de la Vega (Oviedo 1969) es licenciada en Filología Inglesa por la Universidad de Oviedo y doctora en Historia por la Universidad de Extremadura. Especialista en las relaciones entre España y Gran Bretaña durante II República y la Guerra Civil, también ha explorado el papel de los comunistas españoles exiliados en la Francia de Vichy y la deportación española a Mathausen. 

    Fruto de ello son, además de un puñado de artículos académicos, su estudio La Marina Real británica y la Guerra Civil en Asturias (1936-1937) [2008] y sus biografías Luis Montero Álvarez, Sabugo: en los abismos de la historia [2013] y Un diplomático al servicio de Su Majestad: sir George Dixon Grahame (1873-1940) [2021], así como la obra El galeón de Manila. La ruta que cambió el mundo [2023; coescrita con Rafa Codes]. 

    Ha colaborado con el Instituto Cervantes de Los Ángeles y, como conferenciante, con la Armada en España. Forma parte como investigadora del proyecto Newsreels, desarrollado conjuntamente por The Packard Humanities Institute y UCLA Film & Television Archive, que ha digitalizado el archivo de filmaciones inéditas de la guerra civil española de W. R. Hearst. Reside en Los Ángeles con su familia.


No hay comentarios: