martes, 7 de abril de 2015

José Antonio Párraga, Poeta invitado de "La Mirada Actual"



José Antonio Párraga



 L.M.A.

José Antonio Párraga Rivas (Málaga, 1938) nace en la calle  Haza de la Alcazaba. Esta calle se da la mano con La Coracha delante del tunel que unía Puertaoscura con el Mundo nuevo. Los años de su niñez transcurren como los de la mayoría de los niños de la posguerra, llenos de estrecheces económicas pero llenos también de vivencias, de estampas típicas de la Málaga de los años cuarenta, de esa Málaga tranquila y recoleta que le llenó el alma de poesía y el corazón de amor por su ciudad.

Estudia Magisterio en la escuela Normal de Málaga sita en la plaza de la Constitución y en el año 1963 saca las oposiciones que le otorgan el título de Maestro Nacional. Su primer destino es en el pueblo de Ardales donde pasa dos años. Luego lo destinan a Canillas de Aceituno donde ejerce su profesión hasta que consigue en el año1967, venir destinado a Málaga capital. Presta sus servicios en dos colegios en el último de los cuales, el C.P. Luis Braille,(antes José Luis Arrese), pasa los últimos 24 años de su vida profesional, jubilándose en Agosto de 1999.

Desde pequeño sintió inquietudes literarias, pero es en su madurez cuando afloran todas aquellas vivencias de su niñez dando lugar a su obra Cosas de mi Málaga, colección de poemas sobre cosas típicas de la Málaga de su infancia. Entre ellos podríamos destacar su colección de pregones antiguos como El de las moras, El sillero, El latero, El afilaor, El de los chumbos, El trapero, El agua y El cenachero. Es muy conocido su poema A la mujer malagueña, no tanto otros como Una gordita pa la Cruz de Mayo, La Verea, El tranvía,Yo me siento rociero, etc.

  De su espíritu crítico y un tanto irónico, nace una colección que él llama ripios en los que con fino humor toca temas de la actualidad malagueña. A esta colección pertenecen títulos tales como: La plaza del Obispo, La carta, Se dice, Suciedad, Las motos, El móvil, Navidad, etc...

De los recuerdos de su niñez nace un  Breve diccionario de palabras populares malagueñas, escrito en verso y en el que se recuerdan palabras que ya no se suelen usar y que eran típicas en los barrios de la Málaga de los cincuenta. También dedica gran atención a la Semana Santa malagueña, escribiendo con el título de Málaga Semana Santa, una colección de más de 40 poemas dedicados a sus Cristos y a sus Vírgenes.

Gran aficionado al teatro, siente la inquietud de inculcar esta afición a sus alumnos, y ante la escasez de obras de teatro apropiadas para ser representadas por niños, decide escribir sus propias obras. De esta decisión nacen Los abuelos, Así es mi Andalucía, El Descubrimiento, Andalucía o el Arte, Cuentos al Niño Jesús, La familia que queremos, Málaga 500 años atrás, Navidad, Nuestro granito de paz, Pastores de hoy, Nochebuena en el 2000, La comida y la salud y La Rosa de Zamarrilla. Todas estas obras de teatro han sido representadas por sus alumnos en el C.P. Luis Braille.

Tiene publicado un libro “Cosas de mi Málaga” del que ya ha salido  una segunda edición con el título de “ Cosas de mi Málaga y algunos versillos más” corregida y aumentada y  el Diccionario de palabras antiguas malagueñas que ha sido presentado recientemente en el salón de actos de la Cofradía de los Estudiantes.

En la actualidad es socio de la Asociación Malagueña de Escritores ( AME) de la que es vicepresidente y de la Asociacíon Nacional de Rapsodas. Ha conseguido numerosos premios en distintos certámenes de poesía y ha quedado finalista en los Certámenes de Rapsodas de Cártama y el Rincón de la Victoria.

Pregonero de la Mantilla en el año 2011, pregón que organiza La Asociación pro Tradiciones Malagueñas “ La Coracha” en el Teatro Cervantes. Pregonero de la Mantilla en Alhaurín de la Torre. Ha Dado el pregón de Semana Santa  en el Colegio de Prácticas nº 1. El pregón de la Mantilla en Churriana. Pregón de Semana Santa a las alumnas de bachiller del Colegio Sierra Blanca. Pregón de Semana Santa en la Residencia de ancianos SANYRES. Pregón de Semana Santa en la  peña La Concepción. Pregón de la Cruz de Mayo en el Centro Cultural NARDA ALCÁNTARA. Y fue el pregonero en las fiestas patronales en honor al Cristo de la Salud en Almegijar (Granada). Desde su jubilación, reside en el Rincón de la Victoria. 

ROMANCE  DE  LA  ROSA 
DE  ZAMARRILLA

 Autor:   José Antonio Párraga Rivas

                I
Reinaba Carlos tercero
en los años del Señor
de mil setecientos veinte,
cuarenta o cincuenta y dos,
que no se ponen de acuerdo
poeta ni historiador,
en determinar la fecha
en que este hecho ocurrió.
Ya era Málaga ciudad,
en época tan lejana,
bravía, noble y leal,
acogedora y galana.
Distinguiéndose su gente
por su bondad y alegría,
por su orgullo y su valor
y por su amor a María.
Y en este bello rincón
de gente noble y sencilla,
se dio el milagro de amor
de un bandido y una flor.
!La Rosa de Zamarrilla!

Se llevaba por entonces
a gala ser bandolero,
el despojar a los ricos
de sus joyas y dineros,
y socorrer a los pobres
con parte de lo robado,
que otra parte se gastaba
en tabernas y colmados.
Destacaba en este oficio,
por su forma de actuar,
por su manera de ser,
un hombre muy singular.
Era tímido y valiente,
calavera y comedido,
era arrojado y prudente,
era honorable y bandido.
Era humilde y altanero,
era bizarro y audaz,
era un bravo con los hombres,
con las mujeres, galán.




Era un jefe indiscutible;
capitán de una partida
que asolaba la comarca
numerosa y aguerrida.

Y en la comarca rondeña
y en su agreste serranía,
cometían sus desmanes,
asaltos y correrías;
que la sierra era un refugio
donde no los cogerían.
Al capitán de estos hombres,
al jefe de esta cuadrilla,
Juan le pusieron de nombre
y de apodo Zamarrilla.
Con su bolsas bien repletas,
fruto de sus correrías,
hasta Málaga bajaban
a gastar cuanto tenían,
que la vida por los montes
no les daba la alegría
que sus cuerpos saludables
con frecuencia les pedían.
Pero ya va siendo hora
de que mi lengua se calle
y conozcan por los hechos,
pormenores y detalles,
cómo era Zamarrilla,
su manera de actuar,
su valor y su clemencia,
su bravura y su bondad.

Estamos en un mesón.
Oigamos al mesonero;
a su nariz a llegado
el perfume del dinero.

“Moza, prepárame más bebida,
aviva presto el fogón
y adereza más comida.
Saca platos y manteles,
vasos, jarras, mesas, sillas,
porque han visto por ahí
la banda de Zamarrilla.



Y es seguro que vendrán
con hambre y sed atrasadas.”

La moza, que es respondona
y no sabe estar callada,
le responde al mesonero
con su lengua descarada.

Poquito a poco mi amo.
!Pues no ha mandado usted nada!
A la bodega, al fogón,
la taberna, la cocina...
Menos mal que Zamarrilla
suele dar buenas propinas.”

“Siempre estás refunfuñando.

El servicio siempre igual.
Eso si, buenas propinas
y muy poco trabajar.
Avívate ya mozuela
que yo te habré de ayudar.”

Voces que llegan de fuera
y por la puerta se cuelan;
sonidos de pasos recios,
el tintineo de espuelas
y una voz ronca de hombre
saluda desde el dintel.
Una voz autoritaria
y persuasiva a la vez.

“Buenas noches mesonero.
Sácanos tu mejor vino,
venimos secos por dentro
del polvo de los caminos.
Y que beban los presentes
a su salud y a la mía,
que donde está Zamarrilla
corre el vino y la alegría.”

“!Cuánto honor, Juan Zamarrilla
para mi humilde mesón!
Sacaré mi mejor vino,
que no se dará ocasión
como esta en muchos días


que gente tan principal,
se hospede en mi hospedería.
A ver moza, saca el vino.
El mejor de la bodega.


Supongo que a más de sed,
tendrán hambre sus mercedes,
que el comer con el beber
se han de mezclar si se puede.
Y a fe que aquí bien podrán,
que tengo cabrito asado,
una pata de jamón,
liebre y conejo estofado,
chorizos de Benaoján,
morcillitas de Granada
y un postre muy especial
hecho con nuez y cuajada.”

“ Basta, basta mesonero,
con lo que has enumerado,
el hambre que nos consume
seguro se ha duplicado.
Traiga de todo lo dicho
y en raciones abundantes
y mirad si estos dineros
son pocos o son bastantes”.

Y una bolsa de dinero
que Zamarrilla arrojó,
va volando al mesonero.

“ Son suficientes,  señor.”

“ Y otra cosa mesonero
¿anda cerca Marianilla?”

“ Lejos no tiene que andar.
que se debió de enterar
que ha llegado Zamarrilla.”

“ Pues avisadle al instante,
porque mis hombres y yo
solo comemos al son
de su baile y de su cante.”

“ Ahora le aviso , señor.”

Y allí se está Zamarrilla
con sus bravos bandoleros;
cenando una buena cena
regada con vino añejo.


Y disfrutando a su vez
del arte de Marianilla,
que canta y baila muy bien
esta joven gitanilla.
Hoy está alegre el mesón
y corre la manzanilla,
los parroquianos disfrutan
escuchando a Marianilla...



Cuando un joven arriero,
que ha bebido demasiado,
quiere besar a la joven
cogiéndola entre sus brazos.

“Suelta a la moza, rufián
o yo te haré comprender,
que en presencia de este Juan
no se ofende a una mujer.”

“Ya salió el hombre valiente.
Un valor muy oportuno,
valor que te da el saber
que sois cuatro contra uno”

“Que nadie tome partido.
Esto es solo cuenta mía.
Ya estamos solos los dos
¿es eso lo que querías?”

“A mi a hombre no me ganas,
por muy famoso que seas
te habré de partir el alma
si es entre dos la pelea.”

“Pues vamos a pelear,
ya está bien de zarandajas;
lo que haya que decir
que lo digan las navajas.”

No fue larga la pelea,
la inexperiencia y el vino
hicieron que el arriero
fuera muy poco enemigo.



“Por borracho te perdono
la vida so mal nacido,
que nadie ha de murmurar
que me pude aprovechar
de un hombre que está bebido”

“Y toma tú Marianilla,
te mereces mucho más,
pero no tengo otra cosa
para poderte pagar
el rato tan agradable
que nos has hecho pasar.”


La fiesta puede seguir,
se restableció la paz,
sigue corriendo el buen vino,
sigue el cantar y bailar...
Cuando entra una mujer,
cuánta pobreza y dolor
cómo busca a Zamarrilla
mirando a su alrededor.

“¿Donde está Juan Zamarrilla?
Decídme por Dios quien es.
Me han dicho que es generoso
y necesito de él.
¿Eres tú, buen bandolero?
No, tú no debes de ser.
Tiene que tener los ojos
que tiene un hombre de bien.
Decidme si me equivoco,
me parece conocer...
!Tú eres Juan Zamarrilla¡”

“ Ya diste con él, mujer”.




“Señor, mi hijo se muere.
Yo no le puedo pagar
médicos ni medicinas
que lo pudieran curar.

Soy viuda, pobre y sola,
¿Quien me habrá de remediar?
Zamarrilla, me dijeron,
él te podrá socorrer.



Con el pobre es generoso,
con el que lo ha menester.
A ningún necesitado
nunca le negó su ayuda,
y menos la negará
para una pobre viuda.”

“Levántate ya , mujer;
no te estés arrodillada,
solo la imagen de Dios
debe así ser venerada.
Toma y socorre a tu hijo.
Que no le falte de nada
y si necesitas más,
no vaciles en volver,
que no te habrá de faltar.
Vete ya con Dios, mujer.”

“Dios te lo pague, señor.
Que te de una larga vida.
Que el Cristo de los Milagros
te proteja mientras vivas.
La Virgen de la Amargura
tendrá que quererte tanto,
que en medio de los peligros
te cubrirá con su manto.
Dios te lo pague, señor.”

Este era Zamarrilla.
Pendenciero y vividor;
pródigo con los dineros
que a los ricos les quitó.
Dineros que trajo el viento,
el viento se los llevó.
Galante con las mujeres,
con los hombres, retador.
Generoso con los pobres,
muy tierno de corazón,
que no soporta las penas
ni el llanto a su alrededor.
Este era Zamarrilla.
Bandolero de valor,
que les robaba a los ricos
y a los pobres socorrió.


Palabras de profecía
dice esta buena mujer,
palabras de profecía
de lo que va a suceder.
Palabras que en aquel día
el viento se las llevó,
para encontrar el destino
que más tarde se cumplió.

               II   

Han pasado algunos años
y en toda la serranía,
la banda de Zamarrilla
duplica sus correrías.
Solo podía estar seguro,
aquel que nada tenía.
Toda la comarca entera
la partida asolará.
Ningún pueblo de libraba,
a todos puede llegar.
Ronda, Arriate, Jubrique,
El Burgo y Algatocín,
Benaoján y Montejaque,
Tolox y Genaguacil.
Solo Igualeja se salva,
que Zamarrilla es de allí.
Y no hay camino seguro
ni cortijo ni alquería
ni pueblo grande o pequeño
que no sufriera en su día
asalto, robo o atraco,
desmanes o tropelías.
La fama de Zamarrilla,
con esto se difundía;
y más de un robo o asalto
a él se le achacaría.

Solo por tener la fama,
que nadie tiene el poder
de estar la misma persona
en dos sitios a la vez.


Y con esto la justicia,
más interés se tomaba
y al bandido y a su gente,
con más ahínco buscaba.

Los persiguen por los montes,
los buscan en los poblados,
les van siguiendo las huellas
por los sitios que han pasado.
Le han cortado los caminos
que van a la serranía.
Ya no tienen el refugio
que la sierra le ofrecía.
Quieren sacarlos de allí,
de la comarca rondeña
y acabar con la partida
en la costa malagueña.
Y acosados, fatigados,
cansados y perseguidos,
cayeron en la emboscada
que la justicia ha tendido.
Unos cayeron luchando,
otros, hechos prisioneros.
Nadie queda de la banda
del célebre bandolero.
Solo el jefe se ha librado
de aquella trampa mortal,
no debe de andar muy lejos,
lo tienen que capturar.
Anda huido Zamarrilla,
anda huido y acosado,
con la mirada perdida,
sucio, herido, fatigado...
Cuando una alegre gitana
que va leyendo el destino
en las palmas de la mano,
se atraviesa en su camino.

“¿Dónde vas Juan Zamarrilla?
¿Dónde vas tan destrozado?
Quien te ha visto y quien te ve
tan triste y tan derrotado.
¿ Dónde está tu bizarría,
tu bravura y tu valor?
Dime tú Juan Zamarrilla
si te puedo ayudar yo.”

“ No me detengas gitana.
Nadie me puede ayudar,
que tengo a los migueletes
acosándome detrás.


Ya no me queda partida.
Ya no tengo a quien mandar.
Solo me queda la vida
y poco me ha de durar.”

“ Por mucha prisa que tengas,
esta gitana te jura
que no perderás el tiempo
si te paras un momento,
a oír la buenaventura.”

“ Ya no me queda gitana
ventura que averiguar,
que las rayas de mi mano
no guardan ningún arcano
que yo no me sepa ya.
Pero si este es tu deseo,
qué me importa ya ceder,
si tal como yo lo veo
será el último deseo
que yo pueda conceder.”


“ A ver, déjame que mire...
En la raya de la vida,
que siempre es la principal,
no se te la ve partida
sino marcada y seguida,
señal de que vivirás
largos años, pero mira,
esta que corre hacia acá,
me dice que muy cercano,
esto está claro en tu mano,
un amor encontrarás.



Le entregarás tu vivir,
entero te entregarás,
y habrá de hacerte sufrir,
y habrá de hacerte llorar.
Pero también se ve aquí,
que luego tendrás la paz.”



“ Perdóname ya gitana.
Te agradezco la intención,
pero no tengo futuro
ni amor en mi corazón.

No me puedo entretener
porque me vienen buscando
y antes de morir ahorcado,
prefiero morir matando.
Vete ya con Dios , gitana,
sigue alegre tu camino
y deja a Juan Zamarrilla
enfrentarse a su destino.”

“ El destino es insondable.
Nadie lo puede prever,
pero no me extrañaría
de que tal vez algún día
nos volviéramos a ver.”

Ya vienen los migueletes.
Ya se les oye llegar.
Juan Zamarrilla quisiera
saber por dónde escapar.
El cerco estará cerrado.
! Quien lo pudiera romper ¡
Ya no se puede avanzar,
ni puede retroceder.
Las voces que lo persiguen,
claras suenan otra vez.
Sus enemigos se acercan
¿ Dónde se podrá ocultar?
Solo una ermita muy blanca
se levanta en el lugar.
Tiene sus puertas abiertas
como invitándolo a entrar.



Vacila Juan Zamarrilla,
puede costarle la vida,
la ermita pudiera ser
un callejón sin salida.
Pero se le acaba el tiempo,
ya no puede esperar más.
Se decide por la ermita,
el futuro le dirá
si ha escogido el buen camino,
o el de la fatalidad.


Entra en la ermita el bandido.
Es un oasis de paz.
Fuera ha quedado los gritos,
los disparos y el luchar.


Dentro la Virgen lo mira
con sus ojos de cristal,
parece que tienen vida
de dulce que es su mirar.
Busca un rincón Zamarrilla
donde poderse ocultar.
No hay rincón en la capilla
que ofrezca seguridad.
Solo el manto de la Virgen
algún refugio ofrecía;
pero un refugio pequeño
que más grande no lo había.
Si no ocurriera un milagro,
muy pronto lo encontrarían.
Y entonces unas palabras
suenan en su corazón.
Unas palabras antiguas,
unas palabras de amor.
Se las dijo una mujer
a la que él socorrió.

“La Virgen de la Amargura
tendrá que quererte tanto,
que en medio de los peligros
te cubrirá con su manto.”

“Ayúdame Virgen Santa,
soy un pobre pecador.
Me acojo bajo tu manto,
dame Tú tu protección.”

Y allí se va Zamarrilla
que el tiempo ya le apremiaba
y se metió bajo el manto
que casi no lo tapaba.
Si los guardias miran bien,
seguro que lo encontraban.

“Mi sargento, yo lo he visto
como entraba en la capilla.”

“ Y también lo he visto yo.
! Ya ha caído Zamarrilla ¡”


“ Despacito y preparados.
Hay que rodear la ermita,
no se nos vaya a escapar
teniéndolo tan cerquita.”

“ Lo tenemos rodeado
y no hay puerta por detrás.”

“ Para que el hombre se escape
tiene que saber volar.”

“ Tres conmigo para adentro,
las armas apercibidas
que un hombre desesperado
venderá cara su vida.
Tu te quedas en la puerta
por si quisiera salir.
Te cueste lo que te cueste,
se lo tienes que impedir.”

La justicia entra en la ermita;
lo comienzan a buscar.
van mirando muy despacio
sin dejarse nada atrás.
Como la ermita es pequeña,
muy pronto lo encontrarán
Le han dado un primer repaso
y no aparece el bandido.
Todos se miran perplejos
sin saber lo que ha ocurrido.
Miran con más atención,
nada escapa a su mirada.

Miran debajo del manto;
tampoco allí han visto nada.

“ Mi sargento, aquí no hay nadie.”

“ Seguro que aquí no está.”

“Es imposible sargento,
todos lo vimos entrar.”

“ Ustedes no vieron nada.
Ya nos podemos marchar
y buscar por otro lado
que aquí ya no hacemos na.”


“No lo creo, Virgen María,
no me lo puedo creer,
qué méritos me verías
para poder merecer
un milagro en este día.
Tú sabes que yo he robado
y que he matado también,
y a cambio tú me has salvado;
¿ Qué te puedo yo ofrecer?”

Zamarrilla se buscaba
algo que pudiera dar,
porque estaba acostumbrado
los favores a pagar.
Tan solo una rosa blanca
ha encontrado en su morral.
Tan solo una rosa blanca
a la Virgen le dará,
que el que ofrece lo que tiene,
no está obligado a dar más.
Quiere prenderla en su pecho,
mas no tiene prendedor
y sacando su cuchillo,
la rosa blanca clavó.
Y delante de sus ojos,
otro milagro ocurrió,
que de aquella rosa blanca
roja la  sangre brotó
y  su blancura de nieve
color de sangre vistió.


Ante el segundo milagro,
Zamarrilla se entregó,
y arrojándose a sus plantas
así a la Virgen le habló.

“ Tu sangre no, madre mía.
Tu divina sangre, no.
Prefiero Virgen María
que se derrame la mía
que soy un gran pecador.



A tus pies arrepentido,
inclino mi altiva frente;
aquí se ha muerto el bandido,
el que tanto tiempo he sido,
y ha nacido un penitente.


En un convento entraré
mis pecados a llorar
y en el convento estaré,
el tiempo que tú me des
para hacerme perdonar.
A tus pies Virgen María
este pecador, lo jura.
Ayúdame con tu amor
y dame tu protección
! Mi Virgen de la Amargura ¡”

                  
             III


El bandido Zamarrilla,
para cumplir su promesa,
se retiró a un monasterio
de la ciudad de Antequera.
Allí le dicen fray Juan,
fray Juan para todos era
y también se hizo famoso,
esta vez, de otra manera.
Famoso por su piedad,
por la dura penitencia
que practicaba fray Juan
para lavar su conciencia.

Famoso por su bondad,
famoso por su paciencia,
por el amor que fray Juan
para los pobres tuviera.
Su devoción a María
destaca de tal manera,
que propició que el milagro
todo el mundo conociera.
Y así la voz popular,
la gente humilde y sencilla,
llamaron a la Amargura
!La Virgen de Zamarrilla¡


Todos los años un día,
bajaba desde Antequera.

Todos los años , un día,
llegando la primavera,
en camino se ponía
para cumplir la promesa
que a las plantas de María
Juan Zamarrilla le hiciera,
de rezar ante su altar,
en la ermita malagueña.
Andando por los caminos,
solo buscaba una cosa,
la más bella de las flores,
la más bella y pura rosa.
Una rosa carmesí
y tan pura en su color,
como la sangre que un día
de la Amargura brotó.
Y cuando encuentra la flor,
no para de suplicar
y al conseguir el favor,
mimándola con amor,
la cortaba del rosal.
Con la rosa en su poder
corre dichoso y veloz
y de la Madre a los pies
deja ese año otra vez
la plegaria de su flor.





Los años fuero pasando.
Zamarrilla envejeció.
Reinaba Carlos tercero
en los años del Señor
de mil setecientos treinta,
cuarenta o sesenta y dos,
que no se sabe seguro,
cuándo este hecho ocurrió.
Bajaba Juan Zamarrilla,
llegada la primavera,
para cumplir su promesa,
de la ciudad de Antequera.
Ya pasó por los jardines
y ya su flor encontró;
la ermita ya estaba cerca
cuando...ved lo que pasó.


De un recodo del camino,
un bandolero salió,
en la mano la navaja
y la amenaza en la voz.

“ Deténgase amigo fraile.
Quiero la bolsa o la vida .
Esa bolsa bien repleta
de limosnas recogidas.
Usted no las necesita;
seguro que le dan más.
! Apresúrate frailuco,
no me hagas enfadar ¡.”

“ Pues lo siento mucho hermano,
la bolsa llevo vacía
y la vida, como sabes,
solo es de Dios y no mía.
Más te valiera dejar
esta vida de pecado
y dedicarte a rezar,
que en su infinita bondad
el Señor, tiempo te ha dado.”

“ Menos sermones frailuco,
a mí no me confundáis.
Sermones y más sermones
es lo único que dais.
Pero en tocante al dinero,
eso ya es otro cantar.
Suelta la bolsa frailuco
o aquí te habré de matar.” 


Zamarrilla se resiste,
no quiere perder la flor,
esa que lleva a María
como prenda de sus amor.

“La rosa no, por favor.
La rosa es para María;
antes de que me la quites,
mi vida te entregaría.”


“ Suelta ya, fraile maldito.
Qué tendrás en el zurrón;
cuando tanto lo defiendes,
seguro que es de valor.
Toma y suelta de una vez.
Ha de ser algo valioso;
ya lo tengo en mi poder.”

El bandido lo apuñala
y arrancándole el zurrón,
huye dejándolo herido
a solas con su dolor.
Quiere seguir Zamarrilla,
la ermita ya se veía,
y quiere dejar su rosa
a las plantas de María.
Esa bella rosa roja;
la rosa que ha conseguido
aún a costa de su vida,
que no se lleve el bandido.
Se arrastra Juan Zamarrilla
aferrándose a la vida,
mas la vida se le escapa
con la sangre, por su herida.
Ya no le quedan más fuerzas,
no lo podrá conseguir,
y cayendo de rodillas,
saca su flor Zamarrilla
y la ofrece desde allí.
“ La he salvado, madre mía;
no me la pudo quitar,
la rosa que te traía
para ponerla en tu altar.”

Y al ofrecer a la Virgen
la bella rosa encarnada,
ve que sus manos ofrecen
una hermosa rosa blanca.

“ Ya no me importa morir
mi Virgen de la Amargura,
ya no me importa morir;
la rosa con su blancura
me lo acaba de decir.
Dice que me has perdonado,
que me puedes recibir.
Mi Virgen de la Amargura...
Ya no me importa morir.”


Y nos cuenta la leyenda
que un labriego que pasó,
encontró su cuerpo muerto,
y nos dijo lo que vio.


Estaba muerto en el suelo,
pero sin ninguna herida,
sin señales de violencias
que le costaran la vida.
En la cara una sonrisa
de paz y felicidad,
y en las manos una rosa
de blancura sin igual.
Y nos cuenta la leyenda
que una vez, todos los años
en la ermita de la Virgen
se reproduce un milagro.
Entre tantas rosas rojas
como ponen a sus plantas,
hay un día que aparece
una bella rosa blanca.
¿Quien la ha llevado hasta allí?
¿Quien la puso en el altar?
Nadie lo puede decir.
Nadie sabe contestar.
Y esta es toda la leyenda,
sublime, bella, sencilla.
Es una historia de amor
de una bandido y una flor.
! La rosa de Zamarrilla¡

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