jueves, 23 de junio de 2016

El premio Nobel J.M. Coetzee pronunciará una conferencia en el Museo Reina Sofía

El jueves 30 junio a las 19:00 h en los auditorios del edificio Nouvel

·        En una de sus escasas intervenciones públicas, el novelista atenderá posteriormente las preguntas de los asistentes


foto_jmcoetzee_g







John Maxwell Coetzee, una de las voces más destacadas de la literatura contemporánea y premio Nobel en 2003, dará el próximo jueves 30 de junio en los auditorios del Museo Reina Sofía (edificio Nouvel) una conferencia en la que disertará sobre su compromiso con diversos motivos éticos universales.

Esta ponencia, organizada por el Museo Reina Sofía en el marco de Capital Animal, constituye una de las escasas intervenciones públicas del novelista y refleja el interés del Museo por las narraciones autobiográficas del artista, por la escritura reflexiva y analítica de sus propios procesos de creación, y por el compromiso ético e intelectual con la memoria e historia pensadas desde el presente.

Tras el acto, tendrá lugar un debate y turno de preguntas entre el público y el escritor, moderado por José Carlos Miralles, profesor de Filología Latina en la Universidad de Murcia que mantiene una relación epistolar con J. M. Coetzee desde 2007.

La obra de Coetzee 
La obra literaria de J. M. Coetzee  se caracteriza por una fuerte impronta filosófica y en ella difumina las líneas que separan la ficción de la materia autobiográfica, de forma que puede hablarse de memorias “en tercera persona”, un ejercicio de confesión concienzudamente novelado al que el propio escritor se ha referido en términos de “alter-biografía”.

Esta operación de ampliación del género novelístico, que permite que las herramientas de la ficción puedan estar al servicio de la lírica, el diario o el ensayo, es, en realidad, común a toda su producción literaria y una muestra de su capacidad para establecer un nuevo paradigma que supera el naturalismo como canon dominante en la ficción literaria.

J. M. Coetzee (Ciudad del Cabo, Sudáfrica, 1940) es autor de varios volúmenes de ensayo y de doce novelas, entre las que destacan Esperando a los bárbaros (1980),Vida y época de Michael K (1983), El maestro de Petersburgo (1994), Desgracia (1999, llevada al cine en 2008 con dirección de Steve Jacobs) y Elizabeth Costello, una novela en la que el personaje que da título a la obra, una anciana escritora, viaja por el mundo impartiendo conferencias en defensa de los animales, una de las cuales, “Las vidas de los animales”, constituye un hito en la literatura animalista. En 2012, bajo el título de Aquí y ahora, vio la luz su correspondencia sostenida durante tres años con Paul Auster.

En 2013 publica su última novela hasta la fecha, La infancia de Jesús, un relato que explora los lazos familiares en una clave analítica y distante. Vida y época de Michael K y Desgracia recibieron el Premio Booker, conviertiendo a Coetzee en el único autor premiado dos veces con este galardón, considerado el más prestigioso de las letras anglosajonas.

Asimismo, ha impartido clases en la Universidad Estatal de Nueva York en Búfalo y en la Universidad John Hopkins en Baltimore. Hasta su jubilación en 2002, ocupaba la cátedra de Letras Inglesas en la Universidad de Ciudad del Cabo. En la actualidad, reside en Australia, donde desarrolla funciones de investigador en el Departamento de Inglés de la Universidad de Adelaida.



miércoles, 22 de junio de 2016

“Oceánida”, asociación creada para rescatar la obra de artistas desparecidos, sumergida o anclada en el olvido



 María Jesús Aragoneses junto a Ra del Rey



Julia Sáez-Angulo
Fotos: Rosa Gallego

            Madrid, 23.06.2016 .- “Oceánida” es una asociación recién creada para rescatar la obra de los artistas desparecidos, “sumergida o anclada en el fondo de un mar de indiferencia y olvido”. Fue presentada ayer en la galería Ra del Rey de Madrid. La presidenta María Jesús Aragoneses, la secretaria general Maricruz del Valle y Luis Cuesta Gordillo, del equipo directivo, explicaron los objetivos y fines de esta ambiciosa y necesaria asociación, llamada a hacer una gran tarea de rescate artístico desde la sociedad civil.

            El acto tuvo lugar en el espacio de la citada galería, donde se expone la obra de Arnulfo Muñoz, un trabajo artístico espléndido, pleno de refinamiento y sugerencias sobre la materia y el objeto encontrado, también rescatado del deshecho de otras obras, que el artista recicla y envuelve en un color único y deliciosamente monocorde, entre el gris verdoso o verde gris del concreto, cercano al óxido del cobre.

            La pintora Carlota Cuesta destacó la importancia de la creación de Oceánida, como algo clave y necesario en el panorama artístico. “Nace de un grupo de utópicos que pretenden el rescate del arte underground y multidisciplinar”, señaló Aragoneses. Se quiere poner de manifiesto legados de artistas visuales, escritores, etc. Se quiere llegar también a los legados hispano americanos.

            La asociación pretende especialmente rescatar la obra de muchas mujeres artistas, ya que ellas han sufrido con mayor intensidad y rigor la marginación de la sociedad en la que llevaron a cabo su trabajo. “Hay que recuperar los legados artísticos y constatar la existencia de gran número de artistas especialmente mujeres, con una obra de excelente calidad”, se insistió en la presentación muy concurrida de personas.

            Nullius in verba, es el lema latino de las epístolas de Horacio que pudiera traducirse como “En boca de nadie”, un triste destino para muchos legados artístics, porque los deudos solo suelen querer la herencia. El nombre de Oceánida  quiere aludir a la idea de recuperación de pecios y tesoros hundidos y sumergidos que hay que rescatar.




Esther Ortego, un legado salvado

            Una de las primeras acciones de Oceánida ha sido rescatar la intensa obra pictórica expresionista de Esther Ortego, de la que se mostraba un elocuente desplegable durante la presentación. Los responsables del equipo directivo –así lo exige la legislación- insistieron en su entusiasmo realista para “el reconocimiento adecuado de las obras artísticas que por distintas razones de género, edad, política, entorno social u otras no alcanzaron el reconocimiento adecuado, al quedar fuera del sistema del arte”.

            Oceánida quiere trabajar con instituciones y empresas públicas y privadas para “formalizar redes de intercambio, préstamo, donación y todo aquello que facilite el conocimiento y la exhibición temporal o permanente de las obras recatadas”.

            “Los artistas envejecen y mueren, pero su obra debe seguir viva, y merece formar parte del patrimonio cultural del país y ser disfrutada por la sociedad”, insisten los organizadores. Maricruz del Valle, parafraseó el poema de Borges titulado “Amanecer”, para destacar lo importante que es preservar la obra de creadores importantes que pueden caer en el olvido.

            En suma, los objetivos de Oceánida son: rescate de la obra de arte, catalogación, investigación, descubrimiento, exposiciones, almacenamiento, custodia, gestión, visibilización, publicaciones, equipo multidisciplinar, interlocución con instituciones púbica y privadas, difusión, red colaborativa, promoción, ámbito nacional e internacional.

            Se trata en definitiva de reconocer que Oceánida era necesaria en su creación, un camino apasionante para el que se han ideado metodologías, que necesitaran recursos. ¡Ay, de la obra de arte que no caiga en manos amorosas!

            El coloquio derivó en un debate apasionado y apasionante sobre el proyecto Oceánida, en una sala llena de asistentes interesados como Totte Manes, Carmen Calero, Ángel Amaro, David Lechuga, Ángel Aragonés, Cristina Torre Cervigón, Ramiro Tapia, Carmen Pallarés,  Paz Ando, Rosa Gallego del Peso, Lola Rivas, Ánxeles Penas, Carmela Saro, Jesusa Quirós, Lola, Charo… y presidiendo en silencio, la directora del espacio Ra de Rey.


Maricruz del Valle



“Ida y vuelta. La vida de Jorge Semprún”, biografía escrita por Soledad Fox Maura, publicada por Debate







Julia Sáez-Angulo

            Ida y vuelta. La vida de Jorge Semprún es el título de libro que constituye la mejor biografía escrita hasta el momento por Soledad Fox Maura,  y que ha sido publicada por la editorial Debate.  El libro fue presentado en Casa Sefarad Israel de Madrid, por el ex ministro de Felipe González, Joaquín Almunia –que compartió gabinete con Semprún- y por la periodista Andrea Aguilar.

            La biografía ya había sido presentada anteriormente en la Fundación Giner de los Ríos en Madrid, pero la autora fue invitada por la Casa Sefarad para hacerlo de nuevo, dado que Jorge Semprún Maura (Madrid, 1923 –París, 2011) fue uno de los prisioneros alemanes del campo nazi de Buchenwald durante la segunda guerra mundial, algo que también se relata en la biografía.

            Joaquín Almunia dijo que se trataba de un libro “valiente, riguroso y que se lee de maravilla”, donde se conocen cosas que no le oyó contar a Semprún, por lo que ofrece una visión muy completa de un personaje, que “luchó contra las sombras del siglo XX”. El ex ministro destacó que Semprún era un hombre que se interesó siempre por España desde sus viajes durante la clandestinidad. “Lo conocí en los años 70, ya lejos de su primera militancia comunista”, añadió.

            Almunia destacó el interés de Semprun por la idea espiritual de Europa, desde la célebre conferencia de Husserl en 1935. Europa como la plataforma a través de la cual España podía seguir modernizándose, sobre todo la izquierda. Sería una idea importante frente al batiburrillo que hay hoy en el sur de Europa, dijo.

            En Federico Sánchez se despide de ustedes, Semprun contó el ambiente de su paso por España y el Gabinete de ministros, sin entrar en los debates y limitándose al ambiente. Almunia subrayó la falta de sectarismo de Semprún y su visión más allá de un patriotismo de cualquier signo. Fue un hombre que abrazó la escritura para explicar su tiempo y a sí mismo”.

Soledad Fox Maura

            Soledad Fox Maura centró sus palabras en la relación de Semprún con la cultura y amigos judíos, por lo que entendía que entendía que sus libros El largo viaje (1963) o La escritura y la vida (1993) estuvieran en el canon de literatura judía. “Le unía el exilio y la diáspora a los judíos y se cruzó con muchos de ellos a lo largo de su vida. De su paso por Buchenwald recordó la vida y la supervivencia. El exilio lleva a no encajar del todo bien el billete de vuelta, estimó la autora, “complica la identidad” y explica la relación compleja con España, donde muchos lo consideraban francés.

            “Jorge Semprún fue filosemita. Le interesó la historia y la identidad judía. Trató de cerca de muchos amigos judíos". En su obra 20 años y un día narró las añoranzas de la expulsión. Fox leyó algunas páginas de este libro.

            Andrea Aguilar señaló que Semprún era un hombre seductor con un magnetismo evidente y recordó el sentido obituario que su madre, Juby Bustamante hizo a la muerte de Semprún, puesto que había trabajado con él en el Ministerio de Cultura. Subayó el coro de voces que el libro de Fox incorpora para dar una visión del escritor, personaje controvertido. La periodista se detuvo en el arte de la biografía para encajar la de Semprún.

            El libro Ida y vuelta.  La vida de Jorge Semprún toca cuestiones sobre la literatura del yo, la literatura testimonial, que Semprún practicó en su escritura, “la novela de su vida, porque tenía vida de novela”, aunque en sentido estricto lo que Semprún escribió no fue su propia biografía, sino que buscó hacer atractiva la escritura, concluyó Andrea Aguilar.




Mercedes Ballesteros expone escultura y pintura en Ávila





Mercedes Ballesteros junto al escultor Santiago de Santiago (a la dcha.) y Emilio Morales, presidente de la Peña El 7 de Madrid



Carmen Valero


            Madrid, 22.06.2016 .- El próximo 26 de junio de 2016 se clausura la exposición de esculturas y pinturas –óleos y acuarelas- de la pintora toledana residente en Madrid, Mercedes Ballesteros. Las obras, que se han expuesto durante este mes de junio, se muestran: la pintura en el claustro del Torreón de los Guzmanes de la Diputación de Ávila y la escultura en el patio interior del Museo de los Vetones en la planta baja del mismo Torreón.

            La exposición revela a una gran artista, que comenzó siendo brillante y reconocida en la escultura y siguió en el camino de la pintura, sin dejar el primero de la escultura. “De la tercera dimensión a la acuarela” es el título de la exposición que habla de lo antedicho.

            Entrando en la pintura destaca la maestría de Mercedes Ballesteros a la hora de representar los textiles, en especial los bordados de los manteles blancos, que según la pintora toledana, son los que le hizo su madre para el ajuar. También pinta muy bien los mantones de Manila de los que ofrece algunas muestras en el Torreón de los Guzmanes.

            Por último, los cuadros de gran formato de muchachas jóvenes y modernas de gran atractivo, llevadas a cabo con modelo, en los que Mercedes Ballesteros muestra su dominio de la figura humana y al mismo tiempo su buen sentido estético. Óleo diluido y acuarela en un adelgazamiento elegante de la materia. De la rotundidad del material de la escultura: bronce, madera y barro, a la levedad de la pintura al agua.

Acuarela


            Por otro lado están los retratos, dos del rey Felipe VI, uno de ellos notoriamente superior al otro. Interesante el retrato de Adolfo Suarez, que seguramente irá al Museo de Cebreros. Hay que destacar en la fecunda labor retratista de Ballesteros, el reciente retrato que la pintora hizo del acuarelista Pablo Reviriego, retrato de portada del catálogo de la exposición que el pintor hizo en el mismo Torreón de los Guzmanes anteriormente.

            Las esculturas lucen como en ningún otro sitio en el patio central del edificio, lugar bello donde los haya, a base de figuras exentas o en objetos de artes decorativas como son las mesas de cristal sujetas con personajes escultóricos.


EL XVI PREMIO INTERNACIONAL GERARDO DIEGO RECUPERA LA OBRA Y LA FIGURA DE JUAN GIL-ALBERT







L.M.A.

El jurado del XVI Premio Internacional Gerardo Diego de Investigación Literaria, compuesto por los profesores Javier Díez de Revenga, Pilar Palomo, Rosa Navarro Durán, Antonio Sánchez Trigueros y Juan Manuel Díaz de Guereñu, ha decidido por unanimidad conceder el galardón correspondiente a 2016 a Manuel Valero Gómez por su trabajo Juan Gil-Albert y la poesía del siglo XX.

Según ha destacado el jurado, el ensayo premiado supone la recuperación de una figura señera de la poesía española; admirada, considerada, editada y leída, pero difícil de ubicar en una generación. “La historiografía española lo ha considerado acertadamente un poeta isla, no un poeta aislado –comentó al respecto Díez de Revenga, presidente del jurado–; sin grupo, aunque relacionado con todos. Un poeta cuya importacia reclamaba urgentemente un trabajo monográfico como este. Un estudio científico, sereno y reflexivo, riguroso, exento de hagiografía, capaz de acercar la hondura, las resonancias y la belleza de la obra de un poeta que recorrió el siglo XX”.

El estudio de Valero Gómez demuestra cómo Gil-Albert está en permanente contacto con todas las corrientes del siglo, apuntó Pilar Palomo. En ese sentido, Rosa Navarro Durán señaló que los poetas del medio siglo, como Gil de Biedma, quienes en un primer momento lo ignoraron, después lo leyeron y acabaron por reconocer su talla y su singularidad. “Brines no se entiende sin Gil-Albert –continuó–. Al igual que sucede con Cernuda, es clave para comprender lo anterior y lo que llega. Se percibe su huella en Siles, en Brines, en Carnero. Es una voz mediterránea”.

El fallo del premio, convocado por la Fundación Gerardo Diego, en colaboración con la Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Cantabria y el Ayuntamiento de Santander, y que conlleva la publicación de la obra en Pre-Textos, se ha dado a conocer en la Residencia de Estudiantes de Madrid, con la asistencia de Alicia Gómez-Navarro, su directora; Elena Diego, hija del poeta y presidenta de la Fundación, y de Juan Cuesta Diego, nieto de Gerardo Diego.

Juan Gil-Albert (Alcoy, 1904-Valencia, 1994), poeta y ensayista, fue fundador de la revista Hora de España y participó en la organización del II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas. Tras la Guerra Civil se exilió en México, donde fue secretario de la revista Taller, que dirigía Octavio Paz, y en Argentina, donde conoció a Jorge Luis Borges. Tras regresar a España en 1947 vivió alejado de los círculos culturales del franquismo. En 1972, la publicación de Fuentes de la constancia rescató su trabajo para la crítica; en 1974, Crónica generaldescubrió su nombre al público. Es también reseñable el profundo impacto de la publicación de Heraclés: sobre una manera de ser en 1975.

Manuel Valero Gómez (Alicante, 1986) es doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Granada y licenciado en Ciencias de la Información. Su labor investigadora se centra en la literatura contemporánea, principalmente en Juan Gil-Albert (su libro Juan Gil-Albert, la posesión del ser sin exigencias ha sido finalista en los premios de la Crítica Literaria Valenciana) y de los poetas alicantinos contemporáneos, de quienes ha editado una antología. Como poeta, su último libro es Noche entreabierta, III Premio de Poesía Joven La Manzana Poética.

El premio
El Premio Gerardo Diego, referente incuestionable en el ámbito internacional del hispanismo, persigue distinguir el trabajo ensayístico y de investigación sobre la poesía española del siglo XX, la que fue la pasión más intensa y fiel de Gerardo Diego. Los quince libros hasta ahora publicados componen un conjunto variadísimo: las Vanguardias del 27, el exilio, Francisco Brines, Claudio Rodríguez, Ángel Crespo, Pere Gimferrer, el propio Gerardo Diego, María Zambrano, Luis Cernuda, Val de Omar, García Lorca, Emilio Prados, Diego Jesús Jiménez, Jenaro Talens, entre otros.

Las últimas obras premiadas han sido La mirada de Orfeo (sobre la poesía de Jenaro Talens), de Juan Carlos Fernández Serrato (2015); García Lorca y Val del Omar, de Rafael Llano Sánchez (2014); Gerardo Diego y la música de su tiempo, de Ramón Sánchez Ochoa (2013), y Los años americanos de Luis Cernuda 1947-1963, de José Teruel (2012).

Fundación Gerardo Diego, biblioteca del poeta
La Fundación Gerardo Diego conserva los libros, revistas, partituras y catálogos, además de correspondencia, que Gerardo Diego (Santander, 1896-Madrid, 1987) reunió a lo largo de su vida. Memoria de la actividad intelectual del poeta, de sus viajes, de sus múltiples intereses, de sus relaciones con escritores, artistas e intelectuales del momento, movimientos y círculos literarios nacionales e internacionales, la biblioteca de Gerardo Diego se convierte en archivo intelectual del periodo.

Paralelamente al rescate de las grandes figuras de la poesía española, la relación orgánica entre las diferentes áreas de la Fundación ha convertido a este centro de documentación en uno de los más avanzados en el ámbito del hispanismo y uno de los primeros del mundo. Investigaciones propias, así como colaboraciones con otras instituciones, permiten augurar igualmente próximas importantes novedades sobre las relaciones de Gerardo Diego con Blas de Otero, un estudio sobre su correspondencia con Juan Larrea o una biobibliografía definitiva de todo lo publicado por Gerardo Diego en vida.


MORALES LEZCANO, Víctor, El colonialismo hispano-francés en Marruecos (1898-1927), Granada, Universidad de Granada, 2015. Tercera edición, 253 pp.




Francisco Manuel Pastor Garrigues
 IES “Sanxhis Guarner” de Silla (Valencia)

Para todos aquellos de entre nosotros cuyos cabellos han sido ya  espolvoreados por esas “nieves del tiempo” a las que antaño cantara Gardel con tan bello estilo, este libro les debe evocar viejos y muy gratos recuerdos académicos. Se trata de una nueva edición, puesta al día y con algún capítulo añadido, del primero de los estudios que el profesor Morales Lezcano – una autoridad reconocida, desde hace más de un cuarto de siglo, en las relaciones entre España y Marruecos y, por extensión, en los temas relacionados con el mundo islámico-, dedicó al tema y publicó en 1976. 

En su día, esta obra marcó un hito, al revisar el monopolio rígido, excluyente y distorsionador con que la historiografía oficial del régimen franquista había tratado el apartado de la historia colonial española en el siglo XX. En la edición presente, el libro queda estructurado en un conjunto de siete grandes bloques sobre la penetración económica (y militar) hispana en el secular Imperio jerifiano. En el prime5ro de ellos, “España en Marruecos, la década de la penetración pacífica (1900-1910)”, el autor parte de un  breve análisis  de la política exterior española de fines del siglo XIX tarada por el desastre del 98 para entrar de lleno en el análisis de los factores que permitieron e impulsaron la penetración política, económica y militar hispana en la zona norte del Sultanato asignada por el Tratado  con  Francia de 1912. El asunto central para la comprensión del proceso imperialista y la expansión colonial europea en el Sultanato pasa, en Morales, como es obvio por el descarte de una aproximación monocausal de dicha expansión, a partir de un único factor, lo cual es a todas luces excesivamente simplista. Morales entiende, por el contrario,  que la explicación histórica se caracteriza no sólo por la multifactorialidad, sino por la articulación en forma dialéctica, jerarquizada de los distintos factores en un discurso plausible que los integre. 

En este primer capítulo empieza a desgranar la importancia de los factores causales, en el caso de la proyección colonial hispana, de todo tipo: los grupos de presión económicos –Banca privada y pública, capitalismo vasco y catalán, los fruteros valencianos, círculos financieros madrileños que ambicionaban los puertos, el comercio, las minas marroquíes y precisamente, las del Rif, políticos y militares africanistas, marroquistas-, es decir el espectro de los imperialistas de la Restauración. Estos grupos de presión, más o menos organizados, a comienzos del siglo XX, de hecho recogen las aspiraciones e intereses de esos mismos sectores –fundamentalmente- económicos, aunque fuera de forma muy modesta, partícipes en la carrera imperialista  (la guerra de África, 1859-60), y en el nuevo reparto colonial de la segunda mitad del siglo XIX. 

En relación a este punto y con posterioridad al libro de Morales se ha editado una bibliografía importante y abundante, en la que destacan las aportaciones de Eloy Martín Corrales sobre la andadura colonial a principios del siglo XX y los intereses económicos de determinados grupos de presión que se dirigieron, como en el caso de otras potencias europeas, hacia la explotación de los recursos indígenas, las concesiones ferroviarias, la industria del armamento con el fin de abastecer las necesidades del ejército colonial español y los monopolios, tanto industriales como comerciales. Esto cuajaría, por ejemplo, en 1908 con la aprobación de la Ley Maura que promovía la renovación de la escuadra de navíos de de guerra con vistas a reforzar la política exterior (futura acción en Marruecos); con este objetivo de fomentar una industria nacional que fabricase acorazados provistos de armamento, y gestionar el arsenal de la Marina se crea la “Sociedad Española de Construcción Naval”, con un 60 % de capital nacional y un 40 % de capital británico; figuras como el Marqués de Comillas o la familia Urquijo invirtieron en esta sociedad, de tanta importancia para la Armada de guerra. Con todo, la interpretación que hace Morales (pag. 61) de que el Partido Liberal era el centro impulsor de una serie de intereses imperialistas directamente vinculados a la exportación de capitales en Marruecos ha quedado muy matizada tras las acertadas críticas que F. Martínez Gallego hizo de determinados trabajos de Pastor Garrigues, demostrando de modo convincente como los conservadores valencianos tenían asimismo intereses coloniales bien definidos y estaban muy vinculados al imperialismo en el norte de África (Martínez Gallego, Françesc: “Concierto moruno: Marroc i la febre imperialista des de la perspectiva de l´exposició regional de València de 1909”, en  Archilés Cardona, Ferran, ed.,”La regió de l´Exposició. La societat valenciana de 1909”, Valencia, Universidad de Valencia, 2011,  pp. 212-216).

El planteamiento del segundo y tercer capítulos, “La empresa colonial española en el norte de Marruecos (1906-1923)” y “Las minas del Rif y el capital financiero peninsular (1906-1930)”, en líneas generales muy válidos todavía hoy en día, va desgranando como todos estos sectores van viviendo de las rentas de las posesiones de los enclaves de Ceuta y Melilla para lanzarse luego a la anexión armada del norte marroquí  lo que proporcionará no pocos quebraderos de cabeza a España –una vez abandonada la idea de la “penetración pacífica”- debido a la actividad a un tiempo anti-Majzén y anti-imperialista de personajes como el Rogui Dchilali ben Dris o el Raisuni y más tarde Mohammed Ibn Abd el-Krim el- Jatabi. Además, en estas líneas, el autor va demostrando como la preponderancia de cuestiones como el poderío nacional, el prestigio o la seguridad del Estado como vectores de explicación del colonialismo español, a consecuencia de la “supuesta” debilidad del capitalismo hispano, son claramente insuficientes a la luz de numerosas investigaciones, que contrarrestan las tesis recientes de Luis Miguel de Francisco o de Pastor Garrigues (Pastor Garrigues, F., “¿Imperialismo sin capitalismo?.: el fracaso de la penetración económica española en el Imperio de Marruecos en los albores del siglo XX”, en “Letras de Deusto”, no. 126, julio-septiembre 2010, pp. 95-127). La reorganización del sistema financiero  español se produjo precisamente entre 1900 y la década de 1920, con la apertura de grandes sociedades que disponían de capitales elevados y un volumen de operaciones desconocido hasta entonces (P. Martín Aceña). Estos rasgos modernizadores del sistema financiero español están en consonancia  con la importancia que fue adquiriendo en estos años, la banca privada española más allá de la zona del Rif y sobre el conjunto de la economía marroquí y que el autor resalta (pág. 76).

En conjunto, tenemos ante nosotros, en estos tres primeros  bloques, un trabajo  digno, sólido y serio, donde se deja poco espacio a las opiniones no contrastadas y donde el prurito de exactitud casi raya con el formalismo y la asepsia. Pero, amén de las pretensiones de aproximación fría, distanciada y académica, de los afanes científicos y la neutralidad objetiva de la obra, quedémonos con otros logros: con el trabajo bien hecho y sepamos apreciarlo. Richard Sennett, en “El artesano”, se  adentra de un modo profundo, original y sugerente en el estudio del impulso humano duradero y básico que va unido al deseo de realizar bien una tarea en el proceso de producir cosas concretas (en nuestro caso, un libro de historia). El artesano, nos dice, representa la condición específicamente humana del “compromiso” con el trabajo bien hecho, adquirido a través del aprendizaje y de la práctica del oficio; el deseo de hacer las cosas bien, concretamente y sin ninguna otra finalidad, para lo cual es preciso adquirir y desarrollar las habilidades propias del oficio o profesión. 

El saber artesanal tiene como fundamento tres habilidades básicas: la de localizar (facultad que permite determinar dónde sucede algo importante), la de indagar (la tarea de investigar el lugar donde algo ocurre) y la de desvelar un problema. Ese saber artesanal, añado por mi parte, aplicado al estudio del pasado, nos permite hacer una distinción entre el producto de calidad y la fabricación de materiales con una vida efímera. El saber que se manifiesta  en la presente obra lleva a productos del primer tipo.

En el cuarto bloque, “Evolución del comercio hispano-marroquí (1900-1927)”, empero, viene a recalcar el autor que el capitalismo español no estaba –con todo- tan maduro para la empresa colonial, ni mucho menos para competir con el francés. Por lo tanto, el establecimiento del Protectorado hispano en Marruecos, quizás, pudo satisfacer los objetivos políticos de devolver a España a la esfera internacional y recuperar algo del prestigio perdido tras el “Desastre” del 98. Ahora bien, desde un punto de vista económico cumplió, sólo en cierta manera, la función que se asignaba a las colonias, servir como  mercado para la producción metropolitana. No obstante, las ventas se centraron en los alimentos y en menor medida en las manufacturas. Además, la oferta española debía competir con las de otras procedencias, pues el Tratado de Algeciras impedía cualquier intento de monopolizar el mercado marroquí. De ahí que sólo en la época de la I  Guerra Mundial, donde otros proveedores se ausentaban,   España podía aumentar la cuota de mercado. Con todo, el Protectorado español no fue nunca un gran mercado-desembocadura comercialmente hablando, aunque sí lo fuera de hecho para algunos intereses financieros e industriales de la Península y para la oficialidad desocupada del Ejército. 

La otra finalidad económica del Protectorado era convertirse en proveedor de materias primas de España; sin embargo, este hecho no se dio hasta la Autarquía de la post-guerra española. En cualquier caso, su importancia relativa dentro del comercio exterior hispano de la época fue más bien marginal, lo que contrasta con lo que ocurría con otras potencias imperialistas del momento. A pesar  de los pobres resultados económicos, en el Protectorado se consumieron importantes cantidades de la metrópoli. En este último caso, sí se reprodujeron los comportamientos típicos de una economía colonial. El sector público hizo un ingente esfuerzo presupuestario, primero para dominar el territorio y, luego para proveerlo de infraestructuras y garantizar el funcionamiento del mismo. Mientras, el ámbito privado se beneficiaba de ello y concentraba sus inversiones en un grupo reducido de sectores con un mayor potencial de rentabilidad: minería, comercio, agricultura, electricidad o ferrocarriles.

En el quinto capítulo, “Escalada militar en el Protectorado español en Marruecos, sus repercusiones presupuestarias” (1912-1927)”,  el autor responsabiliza a la escalada militar de la “debilidad” de la penetración económico-comercial hispana en Marruecos, de la imposibilidad –en suma- de autofinanciación del Protectorado. Aquella es llevada hasta el final por iniciativa de altos oficiales y generales de cuño colonialista y de posiciones políticas conservadoras (Goded, Millan Astray, Franco, Martínez Anido, Sanjurjo, etc). . Pero tampoco el Ejército español estaba maduro para aventuras coloniales como lo demuestran no sólo los fracasos militares, sino las dificultades para financiar las operaciones, la hipertrofia de la oficialidad, la escasa eficacia de la tropa, la lentitud de reacción del ejército ante el reto de la resistencia marroquí y también los propios complejos de inferioridad y ansia de prestigio, comprensión y desquite colonial (y nacional) de los oficiales africanistas. Estos últimos, por todo ello van radicalizándose hacia la derecha y serían más tarde, los protagonistas del golpe militar y de la guerra de 1936. 

De esta manera, las cruentas y salvajes guerras coloniales fueron forjando un nuevo tipo de cultura militar claramente antiliberal, hipernacionalista, profundamente autoritaria y decididamente anticivilista (pág. 163), al voltante de un nuevo Ejército que nace en ellas, el de África con ciertas particularidades, por ejemplo, sus pautas de actuación como un colectivo humano cerrado y endógeno, con ciertas notas de dinámica de sociedad secreta, un enemigo abstracto… de hecho otro que lo pone en cuestión,,,, produciendo esta combinación una estructura en la que la institución militar se justifica por sí sola, a partir del muy lejano motor de las insatisfacciones personales de cada uno de sus miembros; generadora, por tanto, de decisiones de alcance superior al estrictamente militar, aplicables según el criterio de la propia institución, devenida microcosmos aislado, universo dotado de leyes propias y medios para hacerlas hegemónicas, un modelo de ejército intervencionista (en política) muy crítico con las monarquías de la época a las que tilda de ridículas, anacrónicas y sin “Objetivos Históricos” que las vertebren, e intervencionista no por designios morales superiores, sino por su mismo funcionamiento, por su dinámica interna, El sexto capítulo, “El protectorado francés en Marruecos: pacificación y explotación (1912-1927)” lo dedica el autor a la penetración colonial gala en su triple vertiente, económica, política y militar, sobre todo tras la aniquilación de la resistencia bereber, un buen resumen que permite comparar suficientemente las diferencias cualitativas entre el colonialismo francés y el español. Cierra el libro un breve epílogo, a modo de síntesis sobre las relaciones hispano-marroquíes en la franja cronológica de 1767 a 1996.

En definitiva, Víctor Morales produjo un libro al que el paso del tiempo no ha apolillado, sino que ha mantenido incólume su rigurosa capacidad de análisis, una investigación histórica de calidad, un libro de historia bien hecho, sin pretender haber dicho la última palabra, porque no existen interpretaciones “últimas” o “definitivas”, sino un aprendizaje mutuo y constante en el seno de un grupo y en la práctica del “taller” del historiador. La conciencia de este proceso es otra de las cualidades de aquellos que quieren y conocen bien lo que Marc Bloch llamó “el oficio de historiador”.