martes, 27 de octubre de 2009

José Luis Romeral pinta y esculpe "Mis Dulcineas de Melque"

Julia Sáez-Angulo


Cerca de la localidad toledana de San Martín del Montalbán, se encuentra el sitio histórico de Santa maría de Melque, una hermosa ermita mozárabe con arcos de herradura, donde ha expuesto sus “Dulcineas de Melque” el pintor José Luis Romeral, artista que ha hecho un estudio e indagación sobre ese arco de herradura llevado hasta el infinito con el rostro femenino como icono pictórico.

Romeral es un pintor y escultor de gran imaginación resolutiva, que en esta ocasión ha realizado una serie de figuras femeninas, de cabezas exactamente, con rostros bien perfilados o abstracciones que dan lugar a un interrogante ante el espectador. El pintor juega con diferentes soportes, papeles impresos sobre todo, en los que la impresión del periódico forma parte de la imagen final del cuadro.

Mis Dulcineas de Melque son un homenaje al personaje cervantino en primer lugar, a la amada de Don Quijote, Dulcinea o Aldonza, a la mujer toledana, a las mujeres de la familia del artista… Todas pasan, posan, por el aro de herradura de la forma prestada por la ermita, para enfocar las cabezas, para encarar los rostros. También cerámicas firmadas acogen estas mujeres de ojo de cerradura con tocados y peinados de todo tipo.
Imaginación y color de pigmento acrílico para las Dulcineas de Melque, algunas de las cuales han pasado también a la tercera dimensión a base de piedra y metal. El mismo Monumento a Melque en la Plaza del Cristo de la Luz en San Martín de Montalbán, es otra idea de Romeral que multiplica la imagen en todos los ámbitos. Poetas como Tomás Paredes o Jesús Cobo han cantado a esta Dulcinea de Romeral, nativa del Toboso.

La ventana de herradura como plantilla, como módulo, como forma para el estarcido de una Dulcinea que se traviste o metamorfosea en obra de Romeral. “Mi Dulcinea de Melque con niño” asume la iconografía de la Madonna y el artista la deja esquemática en una pintura a modo de dibujo resuelta en grises.

Dulcinea de Melque, una y otra vez, como una actividad imparable, como una obsesión, como un delirio, como una quimera de un pintor capaz de representarla de mil manera y con mil gestos, con halos diferentes, con miradas distintas, con vestimentas variadas… Iguales de molde pero inexactas en las formas definitivas, en el dibujo y en el color, para dar cuenta de que el artista es capaz de interpretarla de mil maneras y otras mil si se lo propusiera.