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martes, 5 de octubre de 2010

Pilar Aroca elogia la obra del pintor Evaristo Guerra




Julia Sáez-Angulo


        06.10.2010.- Madrid.- La escritora Pilar Aroca ha impartido una conferencia en la Casa de Castilla – La Mancha en Madrid bajo el título “El trascendido mundo de Evaristo Guerra”, que estuvo presente en el acto. La conferenciante fue presentada por Alfonso María Ruiz Mateos, presidente de la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas. El escritor Francisco de la Torre coordinó las intervenciones.

El pintor, que ya había recibido la medalla de Oro de la Diputación de Málaga, recibe el próximo día 15 de octubre la distinción de hijo predilecto de Vélez-Málaga, por su trayectoria artística y en especial por su generosa contribución a la pintura de la ermita del pueblo en sus cuatro muros y en su bóveda, con un paisaje que incorpora el exterior en el interior del edificio.

Esta pintura mural en la ermita, de gran belleza cromática, ha supuesto el trabajo continuado del artista durante once años subido a un andamio, en la diversas vacaciones en Vélez-Málaga. Un total de 1.300 metros cuadrados de pintura.

Pilar Aroca (Madrid, 1937) hablo de la bella dualidad de la pintura de Evaristo Guerra (Vélez-Málaga, 1942), que trasciende la belleza de su Andalucía natal y se hace universal. Su arte tiene la fuerza de un coloso y el espíritu de un niño, destacó la poetisa.

La conferenciante hizo un recorrido biográfico y creativo del pintor de “paisajes tamizados y cristalizados, que rehúyen la prisa y el agobio”, en los que cabe destacar “los blancos y rosas de sus almendros en flor” y “los atardeceres azules y malvas”.

Las sierras andaluzas y la cal de sus casas se hacen presentes en la pintura de Evaristo Guerra, más allá del estilo naïf, con un puntillismo singular, místico y espiritual. “Evaristo Guerra y su pintura son una misma cosa”, señaló la conferenciante, quien recordó que Evaristo era hijo de panadero y que Adela, su esposa, ha sido un apoyo importante en su vida.

Rtrospectiva en el Centro Cultural de la Villa

Mingote, el dibujante de verdades y de humor, ha retratado a Evaristo Guerra como un niño con una estrella en la mano, recorriendo los campos en busca de paisajes hermosos para sus cuadros.

Aroca recordó la gran exposición retrospectiva que el artista tuvo en el Centro Cultural de la Villa de Madrid en 1995 y que abarcaba cuadro décadas de su carrera artística. El comisario de la misma fue el historiador Wifredo Rincón.

El paisaje de la Axarquía malagueña ha quedado reflejado en cuatro estampas que el pintor ha dedicado a representar las cuatro estaciones del año. La conferenciante subrayó el rigor compositivo de los cuadros de Evaristo Guerra para reflejar el estallido, la eclosión y la comunión con la tierra.

Entre el público de la conferencia se encontraban pintores como Cejudo Nogales, José Carralero, Maica Bass, Isabel Torre Cañeque y escritores como Nicolás del Hierro, Emilio López Parra, José María Gómez, Jesús Sevilla, Mar Capitán, Carmina Casala, o Benito de Diego.

lunes, 10 de mayo de 2010

Isabel Torre Cañeque pinta el paisaje soriano de El Burgo de Osma




Julia Sáez-Angulo

Madrileña de nacimiento y residencia, la pintora Isabel Torre Cañeque ha expresado su singular preferencia por el paisaje soriano de El Burgo de Osma y sus alrededores. Una tierra llena de historia, de ríos, oteros, castros, castillos, catedrales y torres vigías, que hablan de un pasado celtíbero, los arévacos; romano, visigodo, árabe y cristiano.

La diócesis de Osma es una de las más antiguas de España, con su primera referencia datada en el año 597, cuando el obispo Juan firmó el último concilio de Toledo con “Johannes Oxonensis Episcopus”. La catedral primitiva románica viene del siglo XII para elevarse a gótica en el segundo tercio del XIII, para enriquecerse más tarde con la adherencia de la capilla redonda de san Pedro de Osma, construida por Villanueva y Sabatini. Juan de Juni y Picardo han sido los escultores que han dejado su autoría en los retablos y tallas del interior.

Tierra de origen del escritor Dionisio Ridruejo y del poeta Benito de Diego González, El Burgo de Osma es lugar y tierra de acogida y adopción de ambos creadores artísticos en sus desplazamientos periódicos a su casa situada en el antiguo convento del Carmen, junto al río Ucero y no lejos de la convergencia con el río Abión.

La pintora Isabel Torre Cañeque gusta de recorrer los parajes misteriosos, casi metafísicos de los oteros del castro, de la Cruz del siglo, situada en lo alto a principio del XIX precisamente para recibir al nuevo siglo, en las hoces cortadas a pico en la roca de los dos ríos que atraviesan la ciudad episcopal, fuente de duras canteras que dieron piedra para construir la catedral en sus fases sucesivas.

“He pintado todos estos paisajes que circundan a El Burgo de Osma y la cercana San Esteban de Gormaz; los he expuesto en los espacios del Ayuntamiento y en el claustro de San Agustín y han tenido una acogida muy buena porque he vendido prácticamente todo”, declara Torre Cañeque al tiempo que muestra toda la belleza circundante de los parajes representados al óleo.

Una de las experiencias profesionales más satisfactorias de esta licenciada en Bellas Artes, ha sido la docencia, y “en especial a unas carmelitas de clausura a las que enseñé a pintar para que hicieran sus propios trabajos y los pusieran a la venta como forma de ayuda a sus ingresos”, explica la artista. “La amistad con estas monjas, algunas de ellas peruanas, me permitió asistir a los votos solemnes de una joven alumna de mis clases de pintura”, añade.

Imagen de Sor Benedicta de la Cruz

Torre Cañeque ha hecho un gran dibujo a grafito de la carmelita alemana de origen judío, Sor Benedicta de la Cruz (Edith Stein 187 -1942), martirizada en el campo de exterminio de Mauthausen, primera iconografía en España de esta santa nombrada patrona de Europa por la Santa Sede, por encargo de la iglesia del Carmen de El Burgo de Osma, a cargo de los carmelitas. En su día, la pintora llevó a cabo una representación de gran formato de San Blas para la iglesia de Puebla de Beleña (Guadalajara)

Cruz del siglo en lo alto/ corona sin mancilla/ de El Burgo y de la Villa./ Inconmovible clave/ de una fe milenaria,/ signo que el pueblo sabe/ que es historia/ y es presente”, dice un poema de Benito de Diego, de su libro “Poemas de hora nona” (Madrid, 2006). El poeta, al igual que Isabel Torre Cañeque, ha recreado su tierra, en su caso con la palabra poética.

Castillos de Osma y de Gormaz, iglesias de Santa Cristina, San Miguel, Santa María... todo ese paisaje monumental ha sido atrapado en los cuadros de la pintora, al igual que las choperas o los tilos que abundan bordeando los ríos afluentes del Duero a su paso por San Esteban. Una tierra hermosa que rezuma historia; un paisaje artístico que inmortaliza la naturaleza y la historia

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lunes, 28 de diciembre de 2009

Benito de Diego publica sus "Poemas de Hora Nona"

Poemas de Hora Nona
Benito de Diego González
Editorial Aldaisa. Colección Academos
Ilustraciones Torre Cañeque
Madrid. (135 pags)

Julia Sáez-Angulo


Benito de Diego González, toledano residente en Madrid, ha publicado su primer libro con el título de “Poemas de Hora Nona”, porque su hálito poético creador ha sido contenido por una vida absorbida por el trabajo y la economía hasta llegar al momento de una jubilación gozosa en la que ha dado rienda suelta a su creatividad literaria, a su lírica personal y singular.

Amigo de poetas y tertulias poéticas, Benito de Diego ha estado en contacto con otros vates y ha escuchado, además de leído, mucha poesía por lo que su poemario nace con unas raíces bien ancladas en un conocimiento y tradición poética. El poeta Luis Hernández del Pozo escribe la introducción.

Poesía gozosa de amor y plenitud ante la esposa, como buena parte de la obra de Pablo Neruda; versos de añoranzas de familia y seres queridos; el paisaje de Burgo de Osma (Soria) como lugar de admiración, descanso y refugio tras el trabajo de cada día; poemas de emoción ante los acontecimientos vitales o ausencias; poemas a contrapaso con el mito o las dos Américas; semblanzas y renuevos de los retoños cercanos y, finalmente, estampas sueltas de distintos personajes, pero siempre su mujer, la pintora Isabel Torre Cañeque como ritornello de sus versos.


Ilustraciones de Isabel Torre Cañeque

Nuestro Nobel poeta Juan Ramón Jiménez decía que había que quitar a la poesía los caireles y aventar de nuevo las palabras para conseguir una poesía más libre y renovada. Ciertamente él renovó nuestra lírica y ganó el galardón literario más codiciado.

Benito de Diego comparte en buena medida los asertos del poeta de Moguer, cuando utiliza el verso libre y blanco para sus composiciones poéticas, pero al mismo tiempo siente nostalgia de la construcción poética tradicional y trabaja el octosílabo o el endecasílabo en los sonetos, como el titulado “Mujer”.

En la poesía de Benito de Diego hay concepto, afectos, sentimiento y tropos. Medita sobre el amor divino y amor profano y dice: “Si amor es la huella divina en lo creado,/ divino es el amor que damos al amado”

Isabel Torre Cañeque es la autora de los dibujos, incluido el retrato del autor, que figuran en el libro, editado por la Academia de las Artes y las Letras de San Antón.