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miércoles, 27 de abril de 2011

Carmen Pinteño pinta y expone los “Misterios” sobre la vida de Cristo




“Misterios”
Carmen Pinteño
Centro Unicaja de Cultura
Paseo de Almería
Almería
Del 7 de abril al 28 de mayo, 2011



Julia Sáez-Angulo


Carmen Pinteño (Huércal-Overa, Almería) expone su serie pictórica “Misterios” en el Centro Unicaja de Cultura de Almería. Una relación de veinte grandes cuadros que narran la vida de Cristo en la tierra, siguiendo el ritmo de los misterios del Rosario, tal y como los reza la Iglesia.La muestra viajará seguidamente al Audotorio de Roquetas de Mar.

Pinteño es una pintora muy respetada en los ambientes artísticos, con una trayectoria cuajada de reconocimientos profesionales, que van desde la repetición del primer premio de Bellas Artes Jesús de Perceval o el premio Bayyana, hasta los primeros galardones en el Homenaje a García Góngora o invitada de honor a diversos certámenes.

La pintora almeriense ya había realizado diversas series monográficas en su obra, siempre referidas de uno u otro modo a su tierra de Almería, como son las del poeta Federico García Lorca (1999); Idalecio, personaje almeriense o el Parque de Cabo de Gata (2008). Trabajadora incansable, esta mujer que supera los 60, fue elegida entre los 100 almerienses del siglo XX, después de ser considerada “almeriense del año” en 1979.

En su haber hay más de cien exposiciones individuales en las que ha podido contrastar su obra con la crítica y el público. Se sabe que ha vendido muchos cuadros, pero que guarda a su vez en su estudio casi un millar, con las series que no desea disgregar salvo para un espacio conjunto. Algunas pinturas no las vende mas que por series completas, como sucede en el caso de los “Misterios” (piezas al óleo sobre acrílico de 163 x 163 cm.), cuadros dignos de figurar conjuntamente en una colección particular o museo sacro.

La pintura figurativa de esta pintora, de cierto aire mural, se caracteriza por la figura de personanes cotidianos, sin caer en el costumbrismo, ya que utiliza tipos humanos comunes como personajes bíblicos, que bien pudieran proceder de un ámbito rural o humilde. Rostros de hombres y mujeres contemporáneos, en algún caso trascendidos por la magia e ilusión que confiere la congelación de la pintura.

Esta figuración cotidiana, en principio muy sugerente, puede restar en algún momento sentimiento ascético o místico que se espera de una pintura dedicada a escenas sagradas, máxime cuando la autora, en la mayoría de los casos no ha querido colocar el halo de resplandor o santidad sobre los personajes clave de la historia de Cristo, por eso, algunas escenas se quedan ligeramente cotidianas sin perder el encanto, como sucede en la Visitación de la Virgen y santa Isabel, donde se produce el encuentro de dos jóvenes sin que se adivine sentimiento sagrado alguno.

Una Madre-Virgen galactosa
En otras escenas sin embargo hay una actitud más espiritual como sucede en “El nacimiento”, donde una Madre que amamanta –siguiendo la tradición de Vírgenes galactosas- lo hace en una actitud recogida, al igual que los otros personajes que rodean la escena, si bien cuesta un tanto ver en ese cuadro la Navidad, ya que los tipos masculinos son en exceso cotidianos. Algo similar cabe decir de “La boda de Caná”, con un novio encorbatado.

Sin duda la pintora ha querido trasponer las escenas bíblicas a un parangón de los hombres de hoy, como hicieran los autores clásicos en los cuadros de las escuelas española o italiana a la hora de representar los personajes de la Sagrada Escritura, protagonistas de los denominados “Misterios” gozosos, luminosos –codificados estos últimos por Juan Pablo II-, dolorosos y gloriosos del rosario, sino escenas paralelas contemporáneas.

No ocurre lo mismo con el “Bautismo de Cristo”, uno de los cuadros más logrados en cuanto a sacralidad, ya que el Espíritu Santo en forma de paloma y con rayos luminosos desde el cielo alumbra la escena de un casi nocturno, con dos hermosos personajes masculinos: Cristo y san Juan Bautista. La tonalidad de azules, verdes y negros le confiere un ambiente de recogimiento e intensidad espiritual sumamente interesante.

Bello también el cuadro de “La Asunción”, con una composición magistral en triángulo de la Virgen y los ángeles que la elevan al cielo. El cuerpo de la Mujer tiene una clara solidez, casi escultórica, a la vista del espectador, si bien su rostro es macilento como la muerte, sin atenerse al tránsito o dormición que le atribuye la tradición cristiana.

En suma, los “Misterios” de Carmen Pinteño constituyen una serie audaz, interesante, bien dibujada y pintada, muy sugerente ante los espectadores que visitaban la muestra. Las objeciones que puedan oponerse a sus cuadros son meramente subjetivas, de tono menor y están en el ánimo de quien las mira, pero ciertamente no en la voluntad de su autora, una gran artista que sin duda logró lo que buscó: reservar los colores y las luces para los personajes sagrados.

Mención aparte merecen su “Pentecostés”, un soberbio estallido en rojos o su “Crucifixión”, compuesta en diagonal para una mayor ocupación del espacio pictórico. Al pie de la cruz están los pecados de los hombres con una sutil y singular presencia del collage.

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martes, 23 de febrero de 2010

Medardo Fraile, memorias personales y literarias en “El cuento de siempre acabar”

Medardo Fraile, escritor



Julia Sáez-Angulo

       23.02.2010 .- Madrid .- “Aún hay sol en las bardas”. Con esta cita cervantina el escritor Medardo Fraile abre sus memorias tituladas “El cuento de siempre acabar”, publicado por la editorial Pre-Textos. Casado con una escocesa, el escritor reside en Glasgow, si bien ha mantenido siempre una casa en su ciudad natal, Madrid. Tiene una hija.

Pertenece a la llamada Generación del Medio Siglo con nombres célebres como Ana María Matute, Carmiña Martín Gaite, Ignacio Aldecoa, Rafael Sánchez Ferlosio, Fernández Santos y otros.

Medardo Fraile (Madrid, 1925) está considerado por la crítica como uno de los mejores narradores de cuento. Cuenta con los mejores galardones del género, aunque sus comienzos estuvieron principalmente en el teatro. Fundó “Arte Nuevo” junto a Alfonso Paso. Escribió una veintena de obras y tuvo gran éxito durante los años 40 y 50. También ha escrito novelas y artículos.

Las memorias han sido escritas con mesura cervantina, no exentas de cierta ironía pero sin caer nunca en el sarcasmo o la sal gruesa. Narradas con sinceridad reposada y sin tremendismos, lo que se agradece en un país enfermo de guerra-civilismo. Medardo Fraile ha vivido largo tiempo en Gran Bretaña, un país de gran tradición en el género memorialístico.

Amplio Índice Onomástico

Su libro “El cuento de siempre acabar” cuenta con un amplio índice onomástico que indica la amplia nómina de escritores principalmente, con los que el autor ha tenido relación a lo largo de su trayectoria literaria: Vicente Aleixandre, Buero Vallejo, José Caballero, José María Pemán, Menéndez Pidal, Laín Entralgo, José Amillo, Blas de Otero, Leopoldo Panero, Díaz-Cañabate, José García Nieto, José Hierro, Dámaso Alonso, Pilar Palomo, Regino Sáinz de la Maza, Angelina Gatell, Víctor Ruiz Iriarte, Juan Antonio de Zunzunegui, Rafael Zabaleta, Ángel Zapata, Angelina Lamelas, María Asunción Mateo…

Los apartados de las memorias llevan con subtítulos: La vida y otros encuentros; Mujeres en movimiento continuo; La pieza de recambio; Interludio. Llega una carta; Guerra Civil; Guerra en la paz; En Rosales, pintor, frente a Rosales, poeta; Arte Nuevo; Pregustismo, cada cual a su juego y algo más de teatro; Viaje a París y vuelta; El interminable capítulo de Adán y Eva; Actividades docentes y Cuadernos de Ágora; Más prensa, algunos trenes y un barco y, finalmente Cierre.

Interesante entre otras historias y opiniones, la de la reconocida novela “El Jarama” de Sánchez Ferlosio frente a la de Lorenzo Villalonga “Bearn” muy superior. Medardo Fraile es un escritor riguroso, cuidados con la gramática y el estilo. Pule y perfila cada frase y cada párrafo con la exigencia de un perfeccionista que ama por encima de todo la literatura.

"El cuento de siempre acabar"
Medardo Fraile
Editorial Pre-Textos
Valencia (610 pags)