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lunes, 24 de enero de 2011

José Javier Aleixandre publica el poemario “Últimos pasos” y asegura que es su último libro



“Últimos pasos”
José Javier Aleixandre
Grupo Literario Tintaviva
Madrid, 2010 (89 pags)




Julia Sáez-Angulo

Asegura que se trata de su último libro, que pese a su fecundidad, no piensa volver a publicar otro volumen, aunque no se atreve a decir que no seguirá escribiendo porque esto forma parte de su ser, de su espíritu, como la sangre que corre por su cuerpo. El poeta José Javier Aleixandre (Irán. Guipúzcoa, 1924) ha llevado a cabo diversos recitales poéticos de su obra en Madrid y, muy pronto, un aula poética llevará su nombre.

Desde que falleció su esposa, José Javier Aleixandre entré en un proceso paulatino de tristeza, al tiempo que asume la edad como otra etapa vital más que hay que pasar. El poeta, que reside en Madrid desde 1939 ha publicado 24 poemarios y tres libros de narraciones, además de tres novelas llevadas a seriales de TV. Ha sido presidente de la Asociación Española de Artistas y Escritores (AEAE) y es hijo adoptivo de Fontiveros, localidad natal del primer vate de la lengua española, San Juan de la Cruz.

“Cada noche mirando a las estrellas/ para seguir andando hasta el final,/ donde sólo se llega/ si se enciende la luz cuando la luz se apaga./ Con mis últimos pasos,/ pero debo seguir andando todavía”, dice un poema inicial a modo de introducción.

El libro va dedicado a tres mujeres: Julia Gallo, Rosa María Manzanares y Encarnita Prieto, a las que considera “fieles seguidoras” y “en representación de cuantos alguna vez aplaudieron versos míos desde hace más de sesenta años”.

Las distintas partes del libro de JJ Aleixandre, sobrino del poeta premio Nobel Vicente Aleixandre, se denominan: Caminando; Por el camino muertes que no mueren; También octosílabos en mi despedida; A la llegada, y Punto final.


Un soneto espléndido en el punto final


“Desde aquí abajo” fue el poemario anterior que JJ Aleixandre presentó en el Hogar de Ávila de Madrid y en la AEAE. En el libro actual escribe: “durante un libro entero debo seguir andando,/ hasta que logre un último soneto/ como punto final”.

La nostalgia del origen aparece en estos versos: “A pocos pasos de mi cuna,/ con su lengua constante/ de perro fiel, el mar lamía/ los primeros paisajes que mis ojos/ recién nacidos encontraban”. En el soneto final, una composición soberbia concluye: “el final de mi larga travesía,/ cuando el total silencio de mi muerte/ ya cualquier día me podrállegar”.

La nostalgia se traduce en: “¿A quien decir amor si no está ella,/ si huyeron las caricias de sus manos,/ si turban sus cenizas mis miradas/ y sus pasos no guían ya mis pasos? La idea de pasos como caminar lento y pausado se repite en el último poemario de JJ Aleixandre, un hombre generoso que comparte su poesía con todos y que recientemente ha recitado sus versos ante un público entusiasta de la tercera edad, presentado por Rosa M. Manzanares.

lunes, 17 de enero de 2011

Alberto Infante recita “Los Poemas de Massachussets” en Madrid



“Los poemas de Massachussets”
Alberto Infante
Ediciones Vitrubio
Madrid, 2009 (75 pags) 10 Euros




Pertenece a la fecunda saga de médicos literatos con don Gregorio Marañón a la cabeza. Alberto Infante ha llevado a cabo un recital de su último libro “Los poemas de Massachussets” en el aula de Poesía “Orillas de Ávila” en Madrid. El autor ha sido presentado por el poeta –a su vez farmacéutico- José Félix Olalla y por María Anunciación Guil Redondo, vicepresidenta del Hogar de Ávila en la capital de España.

Alberto Infante Campos (Madrid, 1979) es doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense Actualmente trabaja como profesor de la Escuela Nacional de Salud Pública en Madrid. Su amor por la creatividad literaria se traduce en los poemarios “La sal de la vida” y “Diario de ruta” (2006), igualmente publicados por Vitrubio.

Según declaraciones del autor: “Los poemas de Massachussets” es mi libro de poemas más ambicioso hasta el momento. Escrito entre 2005 y 2006, arranca con una Oración a modo de conjuro para limpiarle al lector los malos humos y el polvo del camino. Le sigue Retrato en sepia con poemas antiguos que han resistido (me parece) los efectos del tiempo y la distancia; una suerte de paso atrás para tomar impulso y entrar en materia explorando lo absurdo e irónico de la vida en la tercera parte, No hay Godot en Becket, cuyos poemas suponen una evolución, hasta cierto punto lógica, del estado de ánimo, más optimista y vital, de mis dos libros anteriores (La sal de la vida y Diario de Ruta). Ironía y desaliento de los que ayuda a reponerse el retorno a los poetas preferidos que, como reza el título de la siguiente sección, Siempre están. Mi deuda con ellos es, y seguirá siendo, impagable”.


“Reconfortado, el poeta puede reemprender el viaje (¡siempre el viaje!), cruzar el Atlántico y recorrer bajo la dulce luz de agosto las colinas de Massachusetts: desde Salem, la cuna de Nathaniel Hawthorne, a las Berkshires, donde Melville escribió Moby Dick, pasando por Amherst y la casa de donde prácticamente no salió Emily Dickinson. El libro concluye con un largo poema en prosa para cuyo hilo conductor, a medio camino entre la esperanza y la desesperación, y modalidad expresiva, coloquial y dialogada a ratos, reconozco mi deuda con Ashbery. Su título es más que una mera declaración de intenciones: Sostenido destello en busca de algo”.

Un excelente recital


Infante es un excelente rapsoda. Lee, recita, declama y gesticula como un buen actor que sabe dar vida al verso. Reflexiona sobre la poesía y en el poema “Preceptiva” da una serie de consejos con sabor irónico para un poeta novel que termina diciendo: “Tembloroso, acércate a lo que queda”.


Para el autor, la poesía habla del amor (“comercio sentimental profundo”, lo definió con cierto humor), la vida y la muerte, al decir de Rilke y Juan Rulfo entre otros muchos poetas. Escritor culto, cosmopolita y viajero, los lugares le incitan al poema, como París, India, Massachussets...

Le gustan las variaciones sobre poemas de otros vates como “sobre un tema de Franz Wirgh” o de una cita de García Montero. También dedica sus particulares homenajes a poetas como Vicente Aleixandre o Lao Tse.


“La poesía tiene componentes de exploración y búsqueda, de revelación de algún secreto y de experimentación”, concluyó.

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viernes, 25 de junio de 2010

Octavio Uña, poesía viajera, exultante y reflexiva en el libro “Cierta es la tarde”


“Cierta es la tarde”
Octavio Uña
Prólogo de Manuel Quiroga
Visión Libros (121 pags)
Madrid, 2010



Julia Sáez-Angulo

        25.06.10 .- MADRID .- Profesor de Sociología en la madrileña Universidad Complutense, Octavio Uña (Brime de Sog, Zamora, 1945) es un poeta conspicuo, que acaba de publicar su último libro de versos titulado “Cierta es la tarde”, editada por Visión Libros.

Ligado siempre a la docencia y a la poesía, Octavio Uña cuenta en su haber con libros reconocidos como Escritura en el agua, Edades de la tierra, Antemural, Castilla, plaza mayor de soledades –célebre título por su cuarta edición-, Usura es la memoria, Mediodía de Angélica, Ciudad del ave, Labrantíos del mar y otros poemas, Cantos de El Escorial, Cuando suena el Merlú, Crónicas del océano, Estaciones de abril o Puerta de salvación.

“Cierta es la tarde” es un ramillete de un centenar de poemas dividido en varios apartados: Escribanías, Malaventuras, Célica y Decadencias. El escritor Manuel Quiroga dice en el prólogo: “Cerca queda el poeta, Octavio Uña, el viajero, el hombre, quien recuerda los mundos que alguna vez pisara, que habitó fortalezas, catedrales, ensalmos. O que sigue inventando leyendas de paisajes, la bruma del silencio y la historia de siempre, o sea los terrenos presentes de líricas esencias”.

Hermoso el poema “Mercado de Funchal” con la metáfora del pescado que un día fue pez. Versos que se abren con la cita de Vicente Aleixandre: “...las palabras muere. Bellas son al sonar, más nunca duran”. Uña dice: Compré nombres, pronombres, adjetivos,/ compré sílabas largas o brevísimas,/ compré verbos y adverbios, partes todas /de la grave sintaxis de la mar y lea/ texto en rodaja al polisíndeton”

Una escritura radiante que expresa y sugiere

“Que hoy como ayer decían de la noria/ del tiempo y disputaban: “distancia de los hechos al presente”, “presencia de los hechos al pasado,/ Tiembla la ensoñación. Círculos ojos/ contra largos de olvido”, dice el vate en otro poema titulado “Lejos”.

El poeta viajero se emociona en Canarias y escribe: “Calle La Gloria, por la Orotawa. Y era cierto:/ perla la mar y púrpuras el aire, Teide a la mano, tan sagrados fuegos,/ gloria/ gloria cercana.” Uña recorre la geografía con los ojos abiertos, con la sensibilidad de quien transmuta la mirada y el sentimiento en verso. El mundo está para ser absorbido y cantado porque ene. Relato genesiaco se dice que “Y vio Dios que era bueno”.

Quiroga lo expresa así: “Come estos higos en sazón, viajero...”. El verso es aquí campana, regocijo, mesura; es, digo, fortaleza, mirar hacia lo alto Escorial no nombrado pero de recia piedra, sonidos de otros años; es deshacer quimeras, orientar los espejos a todos los futuros, rememorar infancias, relatar madrugadas”. En suma una escritura radiante que sugiere al lector a la par que se expresa el autor.




martes, 23 de febrero de 2010

Medardo Fraile, memorias personales y literarias en “El cuento de siempre acabar”

Medardo Fraile, escritor



Julia Sáez-Angulo

       23.02.2010 .- Madrid .- “Aún hay sol en las bardas”. Con esta cita cervantina el escritor Medardo Fraile abre sus memorias tituladas “El cuento de siempre acabar”, publicado por la editorial Pre-Textos. Casado con una escocesa, el escritor reside en Glasgow, si bien ha mantenido siempre una casa en su ciudad natal, Madrid. Tiene una hija.

Pertenece a la llamada Generación del Medio Siglo con nombres célebres como Ana María Matute, Carmiña Martín Gaite, Ignacio Aldecoa, Rafael Sánchez Ferlosio, Fernández Santos y otros.

Medardo Fraile (Madrid, 1925) está considerado por la crítica como uno de los mejores narradores de cuento. Cuenta con los mejores galardones del género, aunque sus comienzos estuvieron principalmente en el teatro. Fundó “Arte Nuevo” junto a Alfonso Paso. Escribió una veintena de obras y tuvo gran éxito durante los años 40 y 50. También ha escrito novelas y artículos.

Las memorias han sido escritas con mesura cervantina, no exentas de cierta ironía pero sin caer nunca en el sarcasmo o la sal gruesa. Narradas con sinceridad reposada y sin tremendismos, lo que se agradece en un país enfermo de guerra-civilismo. Medardo Fraile ha vivido largo tiempo en Gran Bretaña, un país de gran tradición en el género memorialístico.

Amplio Índice Onomástico

Su libro “El cuento de siempre acabar” cuenta con un amplio índice onomástico que indica la amplia nómina de escritores principalmente, con los que el autor ha tenido relación a lo largo de su trayectoria literaria: Vicente Aleixandre, Buero Vallejo, José Caballero, José María Pemán, Menéndez Pidal, Laín Entralgo, José Amillo, Blas de Otero, Leopoldo Panero, Díaz-Cañabate, José García Nieto, José Hierro, Dámaso Alonso, Pilar Palomo, Regino Sáinz de la Maza, Angelina Gatell, Víctor Ruiz Iriarte, Juan Antonio de Zunzunegui, Rafael Zabaleta, Ángel Zapata, Angelina Lamelas, María Asunción Mateo…

Los apartados de las memorias llevan con subtítulos: La vida y otros encuentros; Mujeres en movimiento continuo; La pieza de recambio; Interludio. Llega una carta; Guerra Civil; Guerra en la paz; En Rosales, pintor, frente a Rosales, poeta; Arte Nuevo; Pregustismo, cada cual a su juego y algo más de teatro; Viaje a París y vuelta; El interminable capítulo de Adán y Eva; Actividades docentes y Cuadernos de Ágora; Más prensa, algunos trenes y un barco y, finalmente Cierre.

Interesante entre otras historias y opiniones, la de la reconocida novela “El Jarama” de Sánchez Ferlosio frente a la de Lorenzo Villalonga “Bearn” muy superior. Medardo Fraile es un escritor riguroso, cuidados con la gramática y el estilo. Pule y perfila cada frase y cada párrafo con la exigencia de un perfeccionista que ama por encima de todo la literatura.

"El cuento de siempre acabar"
Medardo Fraile
Editorial Pre-Textos
Valencia (610 pags)