sábado, 7 de enero de 2023

MARRUECOS, ESTRELLA DEPORTIVA



Víctor Morales Lezcano

La última celebración del campeonato mundial de futbol, que ha tenido lugar en el emirato árabe de Qatar, ha sido ocasión −justificada y subrayable− de lucimiento para los catorce jugadores que integraron la selección de Marruecos. 

Sabido es que la selección marroquí salió airosa en los encuentros con otros equipos nacionales como el de Canadá, Bélgica, Países Bajos y España; con todos ellos hubo de competir en el torneo qatarí del pasado mes de diciembre de 2022, resultando ganador. Por el contrario, el encuentro entre Francia y Marruecos vino a sellar finalmente la victoria del once francés; aunque el equipo marroquí fue un tenaz contrincante del once francés, al que alentó con su presencia el presidente Macron. O sea, de una Francia que impuso, junto con España, la etapa colonial del Protectorado hispano-francés en territorio marroquí desde 1912 hasta la independencia del reino alauí en 1956.

El “match” entre Marruecos y España fue seguido tanto en directo como a través de los “mass media” por algo más de trece millones de espectadores, exponentes del fervor no solo del mundo árabe, sino parece que también se sumaron a ellos algunos millones de adictos procedentes de continentes que hace ya algún tiempo llamábamos en Occidente países y pueblos del Tercer Mundo: una invención terminológica no desacertada, pero sí demasiado enfática en su mensaje, cuando no supremacista.

Recuérdese que entre el 10 y el 15 de diciembre del pasado año no faltaron menciones esporádicas, cuando no artículos y columnas breves, con epígrafes como el siguiente: “Marruecos, el fenómeno (deportivo) que sienta al continente africano y al mundo árabe en la mesa chica del Mundial de Qatar” (Clarín Deportes, 11 de diciembre de 2022). Por su parte, Gianni Infantino (presidente de la FIFA), afirmaría ante algunos resultados imprevisibles del último campeonato mundial de fútbol: “Este deporte está siendo realmente cada día más global”. Por tanto, yendo más allá de la polémica inclinación de algunos medios, que subrayaban, con no muy buena fe, la procedencia inmigratoria del tronco familiar de destacados jugadores de la selección marroquí como el guardameta Yassine Bounou, alias Bono, y el aplaudido delantero Hakim Ziyech y, “last but not  least”, Walid Regragui, entrenador competente donde lo haya, cabe aceptar con deportividad que Marruecos fue, en esta ocasión, una estrella. O sea, sorprendente con el exultante término con que había sido bautizado el equipo conocido como Atlético de Tetuán (dicho en su momento los Leones del Atlas)  en tiempos del Protectorado español en la zona norte y noroeste (Larache-Alcazarquivir) de Marruecos.

Destacados periodistas internacionales de la talla de James M. Dorsey, entre otros cuantos, no titubearon en proclamar: “Contra todo pronóstico, Marruecos emerge como ganador en el campeonato de fútbol mundial” (The Turbulent World of Middle East).    

Quizá, en el próximo mundial, los vencedores del futuro campeonato en 2026 puedan ser de procedencia “tercermundista”. El once marroquí ha sentado ya todo un precedente.


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