jueves, 15 de mayo de 2014

Helena Paz Garro, Obituario de una digna escritora, un personaje dramático







Julia Sáez-Angulo

            La conocí en Madrid en uno de sus periódicos viajes y la traté sobre todo en París durante dos meses durante un verano de los 80, cuando ella trabajaba en la embajada de México en la capital francesa. Helena Paz Garro, hija del premio Nobel de Literatura 1990, Octavio Paz y de la escritora Elena Garro, vivía entonces con su madre y un primo en un piso bajo –no sótano- del elegante París XVI.

            Helena Paz (México, 12 de diciembre de 1939 - 30 de marzo de 2014) murió un día antes del centenario del nacimiento de su padre, el gran Octavio Paz, para el que se ha proyectado un sinfín de actos culturales para celebrarlo, sobre todo en México y España. Ella es autora de dos libros notales: el poemario La rueda de la fortuna (2007), que le prologara Ernst Jünger y sus Memorias (Planeta, 2003), magníficamente escritas, que dan cuenta de su infancia y  ambiente que la fueron conformando. Clara Janés hizo una primera edición manual en 1991.
  Escritora tardía en cuanto a libros, pero colaboradora habitúan en periódicos. “Helena Paz amaba por encima de todo la belleza”, dice Clara Janés al hablar de ella.

            La escritora y poeta española Clara Janés estuvo muy cerca y detrás de la publicación de ambos libros de la escritora mexicana, ya que sostuvo una permanente amistad con Helena Paz. De hecho fue ella la que logró el prólogo de Jünger para la autora.

Madre e hija se fueron al exilio neoyorquino primero y parisino después, hasta la década de los 90, después de los acontecimientos revolucionarios de 1968, en que ambas fueron acusadas de organizar los movimientos estudiantiles. Entremedias de Nueva York y París, en Madrid, donde ambas pasaron grandes necesidades económicas hasta que el padre, enterado de la situación logró un trabajo para su hija en la embajada mexicana en París.

 “Niña” es el poema que Octavio Paz dedicó a su hija y que Clara leyó en la Residencia de Estudiantes durante los actos del centenario del Nobel.
Nombras el árbol, niña. 
Y el árbol crece, lento y pleno, 
anegando los aires, 
verde deslumbramiento, 
hasta volvernos verde la mirada. 
Nombras el cielo, niña. 
Y el cielo azul, la nube blanca, 
la luz de la mañana, 
se meten en el pecho 
hasta volverlo cielo y transparencia. 
Nombras el agua, niña. 
Y el agua brota, no sé dónde, 
baña la tierra negra, 
reverdece la flor, brilla en las hojas 
y en húmedos vapores nos convierte. 
No dices nada, niña. 
Y nace del silencio 
la vida en una ola 
de música amarilla; 
su dorada marea 
nos alza a plenitudes, 
nos vuelve a ser nosotros, extraviados. 
¡Niña que me levanta y resucita! 
¡Ola sin fin, sin límites, eterna!

La separación y divorcio de sus padres la marcó notablemente en la amargura y ella lo refleja con verismo en su libro. Durante algún tiempo Helena Paz reprochó a Octavio Paz el abandono como padre, pero él no se desentendió de ella. Me consta que en cierta ocasión, después de hablar con Clara y Janés, Octavio Paz invitó a su hija a viajar con él a Londres y a Estocolmo, viaje que la hizo inmensamente feliz. Helena Paz tenía hambre y necesidad de padre.

            La hija del premio Nobel, fallecida a los 74 años, pasó los últimos años de su vida en una casa de reposo y en algunos momentos estuvo algo desequilibrada. Ha dejado inconclusa la segunda parte de sus memorias.




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