domingo, 4 de octubre de 2015

Manuela Picó expone la serie “América” en el Centro Sanchinarro



Manuela Picó



L.M.A.


         La pintora Manuela Picó presenta su serie América en el Centro Sanchinarro de Madrid. En esta exposición presenta 31 obras en lienzo, donde se representan ocho países latinoamericanos. 

         Las culturas de los Mayas, Paracas, Mochicas y otras están presentes en los cuadros a través de objetos que se encuentran en el Museo de América de Madrid

         Vicente Verdú escribe en la presentación de la exposición: “Un verdadero artista hoy no es ya un acróbata, un malabarista ni un simple artesano habilidoso. Sobre todas las cosas, aquello que decide la condición de artista, sea un compositor  o un poeta, es su capacidad de convicción. Un buen político persuade con no importa qué cosa  pero un artista convence  sólo si previamente ha asumido la importancia de su oficio y su honesto vínculo con él. De ahí se genera su especial capacidad de convicción cuyo efecto se mide siempre por el grado de  su seducción. Quien vacila nos angustia, mientras que quien cree enteramente en lo que hace nos exalta. O, de otro modo: nos refuerza y nos ofrece salud.

         De esa salud redonda y genuina se cuecen las cerámicas pintadas de Manuela Picó. Una pintura que si de una parte es tan humilde como para dar cuenta minuciosa de lo que ha visto ya hecho, de otra nos hace ver que la visión no acaba nunca o sólo culmina cuando se salda con un plus de verdad y amor. En este carácter de la visión, visión más honda y sosegada, se habita como en una vaguada de paz.

         Los objetos que esta honrada pintora elige para pintar no son una reproducción exacta de lo preexistente sino una comunicación de lo que ofrece la trascendencia de su primera relación. Relación  amorosa de un lado y  devota del otro. O lo mismo da. El objeto que terminará siendo cuadro no es el objeto sin más sino su gemelo provisto de un alma imprevisible y nueva.  Allí se encuentra, en este neuma casi místico,  Manuela Picó sintiendo, palpitando, convenciéndonos. Convencida ella de su labor ancilar que nos convierte en felices devotos de sus resultados.


         No hay pues, ni por asomo, fotoshop,  filigrana, ni amaneramiento en toda su obra. Tampoco amejoramiento o estetización de cara al público circunstancial. Lo expuesto es justamente todo lo que hay en el objeto pero, decisivamente,  una vez que pasa  por el sujeto. Un sujeto noble que lejos de pretender sujetarlo (o sojuzgarlo) a su antojo, lo entrega liberado de su primaria condición. Ahora no será ya una cosa, un ánfora o un vaso,  sino su nueva imagen especular. Ahora, plasmado en el cuadro, no será un útil  más o menos valioso como herramienta, sino una encantación del modelo de utilidad”.



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