miércoles, 15 de febrero de 2017

Galería Fernández Braso: Arcomadrid 2017, stand 7D03 Gustavo Torner / Pablo Palazuelo / Rosa Brun










L.M.A.

En la próxima edición de Arcomadrid, la galería de arte Fernández-Braso quiere rendir tributo a un artista capital en la historia del arte contemporáneo español: Gustavo Torner (Cuenca, 1925), impulsor del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca y persona clave en la modernización del arte en nuestro país. Junto con Torner, y siguiendo la estela de los artistas que trabajan en torno al desarrollo del arte normativo, hemos seleccionado a Pablo Palazuelo (Madrid, 1915-2007) y Rosa Brun (Madrid, 1955).

El stand de la galería Fernández-Braso se centrará en el trabajo de un artista fundamental en la asimilación de las corrientes plásticas internacionales de los años 60, especialmente las relacionadas con aquellas que confluían en el arte abstracto de raíz analítico, conceptual y geométrico. Recordemos que Torner participó en 1961 en la VI Bienal de Sao Paulo y en 1962 en la XXXI Bienal de Venecia. Y que una obra suya es adquirida en 1962 por la Tate Gallery de Londres. Desde entonces su labor en torno al arte contemporáneo no ha cesado, y no sólo como artista, también como asesor, urbanista, escenógrafo, museógrafo y diseñador. Torner cumplirá en 2017, año de la próxima edición de Arcomadrid, noventa y dos años. Pero este año de 2016 también es importante para él porque se celebra el cincuenta aniversario de la apertura del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca y la reapertura del Espacio Torner en la misma ciudad.


En diálogo con la obra de Torner estarán dos artistas que se han nutrido de los mismos intereses por el lenguaje abstracto y por el arte geométrico de raíz constructivista, pero que a la vez son reconocidos por haber configurado un lenguaje personal y original. Se trata de Pablo Palazuelo, artista diez años mayor que Torner y referencia internacional por sus crípticas y misteriosas abstracciones geométricas; y Rosa Brun, creadora contemporánea de una obra más objetual y espacialista, cuyos campos de color remiten a la pintura contemplativa y nos conectan con lo sublime romántico.