Julia Sáez-Angulo
26/7/26.- Madrid. En estos días de fuego devorador, vientos implacables, toneladas de agua y hectáreas de tierra calcinada, viene a la memoria la teoría de los cuatro elementos clásicos de la naturaleza: agua, aire, fuego y tierra, que fueron propuestos por la filosofía antigua para explicar de qué está hecha toda la materia del mundo. Aristóteles añadió el quinto elemento, el éter, denominado quintaesencia en la alquimia medieval europea.
El significado de cada elemento iba así: Aire: el viento y el aliento que nos da vida; Agua: el líquido vital que forma los mares y nuestros cuerpos; Fuego: la energía que da calor, luz y transformación, y Tierra: el suelo firme que sostiene a las plantas, animales y rocas
El sistema de los cuatro elementos de Empédocles (s. V a. C.) fue adjetivado con palabras del sabio Isidoro de Sevilla: acutus (afilado) contra obtusus (romo), tenuis (ligero) contra crassus (pesado), y mobilis (cambiante) contra immobilis (estable).
El modelo estuvo vigente hasta que la ciencia moderna empezó a desentrañar los elementos y reacciones químicas y puso en cuestión hasta al mismísimo Aristóteles, algo a lo que no se atrevían las primeras universidades europeas, porque hubiera sido algo así como un sacrilegio. Los estados de la materia, según la ciencia moderna y, en menor grado, también la tabla periódica de los elementos y el concepto de combustión (fuego) pueden considerarse sucesores de aquellos primeros modelos.
Eduard Jan Dijksterhuis, historiador holandés de la ciencia, dice que la teoría de los elementos clásicos "tenía que ejercer una influencia realmente dañina. Aristóteles, al adoptar esta teoría como base de su interpretación de la naturaleza y al no perder la fe en ella, tomó un rumbo que prometía pocas oportunidades y muchos riesgos para la ciencia".
El arte los representa con alegorías
La literatura renacentista, y sobre todo la barroca, alude con frecuencia a estos cuatro elementos. Shakespeare y Calderón serían ejemplos de ellos.
en La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca:
- En quien un mapa se dibuja atento,
- pues el cuerpo es la tierra,
- el fuego, el alma que en el pecho encierra,
- la espuma el mar, y el aire es el suspiro,
- en cuya confusión un caos admiro;
- pues en el alma, espuma, cuerpo, aliento,
- monstruo es de fuego, tierra, mar y viento
El arte también ha representado a los cuatro elementos con sensibilidades y estéticas muy diferentes. Las alegorías han dado su do de pecho en este campo. Los paisajes y los celajes cobraron un protagonismo clave al interpretar el fuego, el aire, el agua y la tierra. La pintura holandesa e italiana fueron bandera en su representación con nombres como Jacopo Zucchi, Paul Kreutzberger , Marten de Vos, Paolo Flammingo, Brueghel el Joven, Kessel el Viejo, Mattia Pretti, Mauro Soderini…
Grabado medieval de una edición de 1472 de la obra de Lucrecio, De rerum natura. Representa el sistema de los cuatro elementos de Empédocles. Los elementos son definidos según las palabras de Isidoro de Sevilla: acutus (afilado) contra obtusus (romo), tenuis (ligero) contra crassus (pesado), y mobilis (cambiante) contra immobilis (estable).
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