sábado, 26 de septiembre de 2026

PEDRO SANDOVAL, EL HOMBRE QUE PINTA Y ESCULPE EL CINE


           L.M.A.

    27.09.2026.- Algunos artistas filman el mundo. Pedro Sandoval lo funde. Pinta, esculpe y después obliga a la imagen a caminar. El resultado no es un videoclip ni una exposición en una pared. Es un cine que todavía no tiene nombre oficial y que, sin pedirle permiso a la industria, ya está ocupando la pantalla.

Nacido en Ciudad Bolívar, cruzó un océano a los seis años y ganó el Young Master of the World en Japón. Florencia le entregó el Lorenzo il Magnifico. El Premio Armando Reverón reconoció una carrera que no cabe en una sola disciplina. Euronews lo encontró en Madrid defendiendo la inteligencia artificial como un pintor defiende el pincel. «No se trata de usarla», dijo. «Se trata de refinarla hasta que se convierta en una obra de arte».

Venecia no es decorado. Es el corte. La mejor película hecha con inteligencia artificial ganó el Festival de Cine de Venecia: Premio de la Crítica y Mejor Película. No fue una demostración de laboratorio. Fue cine. Y la hizo un pintor-escultor que se negó a dejar la imagen quieta.

Esa lengua ya tiene casa: Pedro Sandoval Universe. Allí viven dos cines. Uno es el cine de los cuerpos reales —actores, luz, relato—, la película que se sentó en Venecia y ganó. El otro es el cine que está inventando en público: figuras de porcelana facetada, oro que se derrite y vuelve a nacer, animales de plata cromada, ciudades y dioses que no piden que se les crea. Piden que se les mire.

El mapa ya es un cuerpo de obra. Rusia se convirtió en Balalaika. China, en Beautiful Eyes. México, en Wonderful Azteca. India, en Bombay. África, en Lion Heart. París, en una corte blanca de los Luises. Venecia, la ciudad, se volvió luna, góndola, Murano, terciopelo extremo. Grecia, en soledad imperial. Egipto es ahora Dream of Eternity: Ra, Anubis, el Nilo, la barca solar que vuela, casi cuarenta minutos de una sola figura blanca caminando a través del oro. Entre países, los artistas: Klimt en una caja de oro. Basquiat en una caja negra de Nueva York —SAMO como bordado de lujo, oso cromado, corona, metro, Empire State, New York Dreams—. Yayoi Kusama entra en la misma ley: obsesión e infinito traducidos a la gramática de Sandoval —rostro facetado, metal, nada de postal—. No los ilustra. Los viste.

La regla es la firma. Nada de rostro fotográfico. Nada de turista. Nada de rebaño. Un cuerpo. Un dios quieto o una ciudad al fondo. Un animal cromado. Charcos de oro bajo el pie. El vestuario se vuelve arquitectura.

Sandoval no está «haciendo vídeos de IA». Está construyendo un lenguaje visual a través de civilizaciones y autores, y sigue haciendo cine con personas reales: la película que en Venecia se llevó el Premio de la Crítica y Mejor Película. Dos frentes. Una sola mano.

La pregunta para la prensa internacional ya no es si esto cuenta como cine. Venecia ya respondió: Mejor Película. Premio de la Crítica. La mejor película hecha con inteligencia artificial. La pregunta ahora es qué hacemos con un artista que no acepta que la pintura se quede en la pintura, la estatua en el pedestal y el filme dentro del diálogo. Pedro Sandoval pinta. Pedro Sandoval esculpe. Y cuando termina, el cine tiene que aprender a sostener lo que él deja en pie.

Pedro Sandoval Universe. Dream of Eternity. Venecia. Madrid.








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