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viernes, 13 de febrero de 2026

MANUEL ALBERCA, autor del libro “MÍRAME. Enigma y razón de los autorretratos”




Julia Sáez-Angulo

Fotos: Ioana Zlotescu

13/2/26.- Madrid.-  El catedrático de Literatura  Manuel Alberca es el autor del libro “MÍRAME. Enigma y razón de los autorretratos”, publicado por la editorial Confluencias. La autorreferencia de los autores, en la escritura y las artes visuales es materia de su estudio e investigación. Próximamente publicará el libro “Los diarios íntimos de la gente corriente. Una escritura invisible”, un campo en el que lleva investigando más de veinte años. 

    Nuestra reunión tuvo lugar en casa de la hispanistas rumano/española Ioana Zlotescu, experta en la obra de Ramón Gómez de la Serna.

    ¿Por qué y para qué se retratan los pintores? ¿Por qué interesan sus autorretratos a los espectadores? Este libro trata de responder estas preguntas y muchas más. El autorretrato es un ejercicio obsesivo, pasional y creativo. Al espectador puede provocarle atracción, rechazo o indiferencia, pero al observar el rostro representado le surgen interrogantes, porque detrás hay siempre una historia que desvelar. 

    Además de informar de las claves de este enigmático género y de sus principales maestros, como Dürero, Anguissola, Rembrandt, Courbet, Goya, Ensor, Munch, Schiele o Kahlo, entre otros, Manuel Alberca hace una declaración de amor y de gratitud a estos por el regalo generoso de sus obras. Al mostrarse, no como son, sino como se ven, los artistas aceptan el desafío más arriesgado. 

    El resultado deviene en un gesto frívolo, narcisista o megalómano, si se ven con presuntuosa perfección. Si se muestran frágiles, el resultado es de modestia, humillación o penitencia. Estas obras no «hablan» solo de sus autores, sino que «hablan» también a los espectadores. Sirven de espejo oblicuo en el que mirarse y reconocerse. “Mírame. Enigma y razón de los autorretratos” es un ensayo pionero en su género.

    Manuel Alberca (Arenales, Ciudad Real, 1951) es doctor en filología española por la Universidad Complutense de Madrid y catedrático de literatura española en la Universidad de Málaga. Ha sido profesor invitado en diversas universidades europeas y es miembro de la Unidad de Estudios Biográficos de la Universidad de Barcelona. Entre sus numerosos trabajos sobre la literatura auto/biográfica destacan los títulos Maestras de vida. Biografías y bioficciones, La máscara o la vida. De la autoficción a la antificción, La escritura invisible. Testimonios sobre el diario íntimo, La espada y la palabra. Vida de Valle Inclán, y El pacto ambiguo.

Manuel Alberca, escritor

Manuel Alberca y Julia Sáez-Angulo


martes, 14 de agosto de 2018

AUTORRETRATO: Julia Sáez-Angulo, crítica de arte, escritora, maniática y alérgica a ciertos elementos


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 Julia Sáez-Angulo


Julia Sáez-Angulo


            15/08/18 . – MADRID .- Como crítica de arte, siempre le fascinó el personaje del poema Peregrín cazador de figuras, del peruano José María Eguren y de la misma manera ella busca historias que contar, por lo que está atenta a la narrativa oral de la gente. Necesita escribir cada día, siguiendo el aforismo latino Nulla dies sine línea, ningún día sin línea. Si nos adentramos un poco, vemos que escribe más que el Tostado –Alonso Fernández de Madrigal, ese personaje abulense del siglo XV, de quien se dice que escribía al menos una hoja de pergamino al día. Su efigie está esculpida en el trascoro de la catedral de Ávila.

            Julia Sáez-Angulo (La Rioja, 1946) presume de su buen  bachillerato que le enseñó los clásicos, interna en un colegio de la Compañía de María de Santa Juana de Lestonac (sobrina de Montaigne), colegio que fundara en La Rioja una tía suya, la madre Marijuán. El convento fue incendiado por un pobre diablo que se hizo una foto con la lata de gasolina al lado, antes de comenzar la proeza durante la guerra civil de 1936. El colegio fue reconstruido y allí ella tradujo a Julio Cesar, a Homero y a Virgilio. El latín le pareció, por encima del griego, la lengua más concisa y hermosa que se haya hablado en el planeta. Hoy es solo lengua viva en la Santa Sede, pero nutre lenguas romances como el español.

            En Filosofía sacaba matrícula de honor, le llamaban en clase "la filósofa", pero, cobarde, no se atrevió a estudiar Filosofía pura, por temor a que le patinase la mente. A los 16 años no se fiaba de sí misma. Durante el bachillerato la chica era lista, apuntaba maneras y prometía, pero se quedó en una aurea mediocritas (término medio), al decir de Horacio, que es una forma confortable de estar en el mundo. Su marido se lo reprochaba: “No te haces valer” ("no te sabes vender" eran sus palabras textuales). La curiosidad universal, quizás, la dispersó. No lo lamenta.

            Se decidió a estudiar Derecho en la Universidad Complutense, decisión de lo que no se arrepiente, porque le ordenó un poco el cerebro y le puso los pies en el suelo. Y no patinó. Pero como la cabra tira al monte, volvió a las Humanidades con el Periodismo, estudiando la carrera por la tarde en la primera escuela de Periodismo en España (fundada por Don Ángel Herrera Oria antes de la guerra civil), mientras dejaba las mañanas para el Derecho. Sus padres, viticultores generosos, financiaron ambas matriculaciones; dos licenciaturas –sin master apócrifo alguno. Después vino la Historia del Arte en la Sorbonne y en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander en verano. Mal que bien habla inglés y francés por estancias continuadas en Londres y París. Se desenvuelve en ambos.

            Le gustan los asertos prácticos que le enseñaba el  Derecho, sobre todo el Romano, porque condensan tratados en una sentencia: primus in tempus, potior in iure (el primero en el tiempo es el primero en el Derecho); pacta sunt servanda (los pactos son para ser guardados); cláusula rebus sint stantibus (estando las cosas como están); ius usus inocui (derecho de uso inocuo en propiedad ajena)… También los del Periodismo: “la noticia es materia pronto perecedera; si no se emite de inmediato, huele a fiambre”. También los dichos cínicos como: “No dejes que la verdad te arruine un buen reportaje”. Ceñirse a la veracidad, impedía la imaginación, por lo que Julia Sáez-Angulo acabó como fabuladora de novelas y cuentos, sobre todo con relatos breves que se ciñen en espacio a una buena crónica  y que piratea sobre la marcha por la oreja.

En el Ministerio de Cultura

            Trabajó en la sección de Periodismo internacional –después de un breve paso por Tribunales-, pero el director la nombró pronto jefe de la sección de Cultura y ahí se doctoró a fondo en el campo de la literatura y el arte, donde hoy permanece. Su mayor tiempo laboral transcurrió durante casi 30 años en el Gabinete de Prensa del Ministerio de Cultura.
            Ha publicado siete novelas y once libros de relatos, cuatro de poesía, cuatro biografías… Los artículos, reportajes, entrevistas y editoriales se cuentan por miles. No sabe hacer la "O" con un canuto, por lo que, envidiosa, admira a los artistas visuales capaces de plasmar en líneas y colores la realidad o la imaginación. Quizás por eso se hizo crítica de arte. Ha participado en los congresos de la asociación de críticos en los que ha impartido comunicaciones y conferencias sobre temas como: Nacimiento, muerte y resurrección de la pintura; El retrato; La mujer en las artes visuales; La escultura después de las vanguardias; El coleccionismo de arte; Camilo José Cela coleccionista de dos mil obras de arte; Arquetipos literarios… Actualmente prepara para noviembre una conferencia en Sevilla sobre Arte Naïf y Museo Internacional de Arte Naïf Manuel Moral en el Palacio de Villardompardo.

            En la Tertulia Peñaltar de Artes Plásticas en Madrid, dirigida por Rosa María Manzanares, lleva diez años impartiendo laudatios, a favor de los homenajeados por su trayectoria artística. Por allí han desfilado muchos pintores y escultores, al igual que por la Tertulia Ilustrada, una vez al mes. Mayte Spínola, fundadora del Grupo pro Arte y Cultura la nombró portavoz de dicho Grupo, a mucha honra, además de cronista de las exposiciones y creación de museos o colecciones que el Grupo lleva a cabo. A Julia le hubiera gustado que la llamaran vocera, como se dice en Hispanoamérica, pero no cuajó la idea.

 Alabanzas, mejor por detrás

            Es persona cordial, por convicción íntima, pero también sabe ser cortante. No tiene interés alguno en caer especialmente simpática, para evitar posibles campechanías o abusos, que los hay. Se confunde amabilidad con agencia de servicios. Le gusta cierta distancia y respeto en el trato, más que los cariños, las carantoñas o el estilo campechano. Le ponen nerviosa los elogios, reconocimientos y homenajes, porque le suenan a adulación y se siente incómoda ante ellos; las alabanzas, mejor detrás. Considera que el teléfono es invadente y desconcentrador en su trabajo, prefiere el correo electrónico o el whatssapp. 
    Aunque no se siente escrupulosa, detesta los besos por una cuestión profiláctica, lo mismo que dar la paz en la misa con un apretón de manos (cosa censurable, ¡qué le vamos a hacer! Confío que no se entere el papa Francisco), porque se encuentra con palmas sudorosas o sarmentosas que le producen grima y ha de contenerse para no limpiarse las manos en la ropa, como hizo Pedro Sánchez en campaña electoral. A Mayte Spínola tampoco le gusta el besuqueo, pero no pone freno y lo tolera, ya que es persona generosa; conmigo, nunca tiene ese problema. Julia sueña con el saludo a la japonesa, sin roces, de simple inclinación respetuosa de cabeza, pero ya se sabe que los occidentales, los caucásicos -como dice la policía-, somos todavía bárbaros a ojos de Oriente, que se asombran de nuestro apretón de manos a la romana, que no significa otra cosa que decir: "no voy armado".

          Padece una rinitis alérgica general e indefinida, con causa idiopática (eufemismo médico cuando no tienen ni idea de qué se trata), inespecífica, con rechazo a todo: humo del cigarrillo, polvo, perfume muy fuerte o abundante, corrientes de aire, cambios de temperatura… ¡Una cruz! Esta matraca le hace estornudar, llorar y moquear en los momentos más inoportunos, seguramente por eso se esconde a veces como el pájaro espino.

            Sócrates le enseñó la máxima: ¡Conócete a ti mismo! pero cree que eso es imposible. Los demás tienen siempre la palabra.

             ¡Ah! Julia es nombre de reina española que nunca pisó territorio nacional. Adivinen. También de la esposa de Ciceron, pero ella lo tomó en el bautismo de su abuela materna.

Más información
https://lamiradaactual.blogspot.com/2018/03/cela-el-arte-y-mallorca-conferencia-de.html

 Con su hija Cristina Lisbona y su novio Jose Redondo

             


martes, 3 de marzo de 2015

"Autorretratos El artista y su imagen, en la Fundación Thyssen-Bornemisza en Madrid

Del 2 de marzo al 7 de junio de 2015 Entrada gratuita 



L.M.A.

Ya fuera para dejar constancia de sus diferentes estados de ánimo o del paso del tiempo sobre ellos, reafirmar su papel en la sociedad o dejar una huella para la posteridad, han sido muchos los pintores que se han retratado a sí mismos a lo largo de la historia. 

El Museo ThyssenBornemisza dedica la décima entrega de la serie al autorretrato, un tema que ha interesado a artistas de todos los tiempos y que guarda una relación directa con su propia imagen. Una selección de nueve autorretratos de sus colecciones, de Rembrandt, Steen, Freud, Beckmann o Schiele, entre otros, permite recorrer con pocos ejemplos la evolución de este subgénero del retrato desde el Renacimiento hasta el siglo XX, en un montaje que podrá visitarse con acceso gratuito hasta el 7 de junio. 

Aunque existen precedentes en el arte antiguo, es a partir de la Edad Media cuando los artistas empiezan a incluir sus propios rasgos personales en alguno de los personajes representados en sus obras, convirtiéndose en una forma velada de autorretrato. No obstante, el género no se populariza hasta el siglo XV, en Italia y Flandes en primer lugar, cuando muchos comienzan a pintarse a sí mismos junto a los símbolos de su oficio, una tradición que se ha mantenido sin interrupción hasta nuestros días. 


sábado, 14 de diciembre de 2013

“Retratos y Autorretratos de Artistas” en el Museo de Bellas Artes de Álava











Julia Sáez-Angulo
 

         El artista, el pintor, también desea ser representado y hace su autorretrato; en ocasiones es un ejercicio de estilo para indagar o experimentar en la forma de afrontar el rostro o la figura. En otros casos es el intercambio de retratos recíprocos lo que lleva a los colegas pintores a intercambiar la interpretación del rostro del otro. Sobre estos temas verlas la exposición “Retratos y Autorretratos de Artistas” en el Museo de Bellas Artes de Álava, que despertado gran interés.

         La mirada del artista sobre sí mismo es toda una singularidad. El Louvre des Antiquaires en París también llevó a cabo una exposición similar en la que dominaba el número de artistas franceses. Al retrato se le ha llamado "género nutricio" de los artistas, porque con él han podido mantenerse muchos, pero no ocurre lo mismo con el autorretrato, ya que el resultado es para uno mismo.

         Un total de 38 obras entre pinturas, esculturas, dibujos y grabados, en su mayor parte de autores vascos, con fuerte presencia de artistas alaveses”, señala Iciar Lamarain, diputada vasca.

         “Existen muchas formas de abordar y de interpretar un retrato. Generándose más modernas, a veces, por qué no, una sensación de incertidumbre, a medio camino entre el espejismo y la perplejidad en el espectador. Es indudable que en esta disciplina, más que en otras, persiste todavía, acaso como problema  agobiante, la idea del parecido: la del sometimiento de los rasgos fisonómicos a un realismo veraz. Paradójicamente cuando el retrato es un género muy propenso al subjetivismo por parte del artista. Más que nunca, la complejidad y la pluralidad de identidades es interpretable desde posiciones flexibles. Pero aun así apenas resulta fácil ni tampoco cómodo para el público, cuando se sitúa delante de un retrato, romper con los componentes culturales, con “un modo de ver” heredados sin duda de la tradición académica”, se dice en el catálogo de la exposición, una buena reflexión sobre el arte del retrato, por Santiago Arcediano.

         En la muestra hay imágenes de Ignacio Díaz Olano, Fernando Amárica, Pablo Uranga, Lorenzo Fernández de Viana, Julio Beovide o Antonio de Guezala. Muchos de estos retratos se pueden contrastar con las fotografías de los que han posado, lo que inevitablemente lleva a establecer parecidos. Los distintos discursos estilísticos hablan sobre la manera que los pintores tienen de contemplarse a sí mismos.