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viernes, 3 de julio de 2026

LIBROS PARA ENTENDER MEJOR LOS ESTADOS UNIDOS EN SU 250 ANIVERSARIO. En su fiesta nacional

Estatua de la Libertad. USA


ACEPRENSA

         04.07.2026.- Madrid

 CC Óscar Fernando Gómez     Estados Unidos

La nación que en el siglo XX llegó a ser la potencia hegemónica ha sido a menudo admirada, temida o detestada. Cuando se cumplen 250 años de su fundación, la necesidad más urgente es comprenderla. Las siguientes obras, que ofrecen diversas perspectivas de su historia y de su espíritu, constituyen lecturas apropiadas para este aniversario.


El Federalista (The Federalist Papers)

Alexander Hamilton, James Madison, John Jay

Akal. Madrid (2015

Edición de Ramón Maiz

640 págs. 19 € (papel) / 9,99 € (digital)

Muchos de los elementos doctrinales del sistema político estadounidense surgieron en medio de la agitación social y la polarización. Pocos recuerdan que el primer sistema político surgido de la independencia de las Trece Colonias, de carácter confederal, resultó un verdadero fracaso. Hubo de ser sustituido por una Constitución confeccionada en 1787, que dividió a la población entre partidarios –los así llamados federalistas– y detractores del nuevo documento.

Cuando llegó la hora de ratificarlo en el estado de Nueva York, uno de los más reacios, tres de los llamados “padres fundadores” escribieron una serie de 85 opúsculos en defensa del articulado constitucional, que se publicaron entre septiembre de 1787 y abril de 1788. El resultado fue uno de los textos fundacionales no sólo del sistema norteamericano, sino de la ciencia política moderna. Los ensayos desgranaban uno a uno los distintos flecos de la que se convirtió en la primera constitución escrita de la época contemporánea, llamada a influir en los sistemas liberales a lo largo y ancho del mundo.

Su carácter universal lo entrevió el propio Alexander Hamilton en el primero de los textos, al afirmar que “parece haber sido reservada al pueblo de este país (…) la resolución de una importante cuestión: si las sociedades humanas son realmente capaces o no de establecer un buen gobierno a partir de la reflexión y la elección”. 

Por ello mismo, estos papeles federalistas sirven tanto para comprender con mayor profundidad los entresijos de nuestros propios sistemas democráticos, como para adentrarnos en muchos de los debates constitucionales que todavía hoy apasionan –y fracturan– a la sociedad de Estados Unidos. De hecho, la agrupación de jueces que defiende una interpretación más historicista de la Constitución de 1787 se llama a sí misma la Sociedad Federalista, y muchos de quienes hoy se alinean con el bando republicano lo hacen poniéndose la misma etiqueta. 

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La democracia en América (De la démocratie en Amérique)

Alexis de Tocqueville, Edición crítica y traducción de Eduardo Noll

Trotta, Madrid (2015) 1.360 págs. 49 € (papel) / 26,99 € (digital)

Cuando en 1913, el escritor Ramón Pérez de Ayala se subió a un barco para conocer la nación de origen de su esposa, la norteamericana Mabel Rick, lo hizo dispuesto a conocer “El país del futuro”, como tituló el primero de los artículos en que narró su experiencia. 

La idea de que los Estados Unidos constituyen algo así como una avanzadilla del devenir que aguarda al mundo occidental tenía ya entonces un largo recorrido, que cabe retrotraer al viaje que el intelectual y político francés Alexis de Tocqueville (1805-1859) realizó a aquel país entre 1831 y 1832, en teoría para estudiar el sistema de prisiones. Sin embargo, el verdadero propósito de este aristócrata reconvertido en prohombre del liberalismo consistía en validar una intuición: “Me pareció que la misma democracia que reinaba sobre las sociedades americanas avanzaba rápidamente en Europa”. El resultado de sus observaciones fueron los dos volúmenes de La democracia en América, publicados respectivamente en 1835 y 1840.

Años después, cuando Francia se asomaba a la revolución de febrero de 1848, Tocqueville advirtió a sus compañeros diputados de que dormían sobre un volcán. Porque había llegado a esta orilla del Atlántico la misma tensión que diecisiete años antes había percibido en Estados Unidos: en un extremo de la cuerda estaban la ley, los derechos individuales e incluso la cultura; en el otro se encontraban las pasiones de una ciudadanía que no admitía jerarquía alguna y reclamaba su derecho a imponer la voluntad a fuerza de mayorías. Tocqueville nos legó así otra obra cumbre del pensamiento político occidental, que es tan válida para entender el populismo de hoy como lo era para comprender el que se estaba desatando en los Estados Unidos cuando los visitó, de la mano del presidente Andrew Jackson, cuyo retrato ha vuelto a colocar Donald Trump en un lugar prominente del despacho oval.

La democracia en América se sigue estudiando hoy en cursos monográficos impartidos en las principales universidades estadounidenses. Sus capítulos iluminan e incomodan unas conciencias que creen ver en la actualidad la misma vulgarización que Tocqueville percibió hace casi dos siglos.

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 Todos los hombres del rey  ( All the King’s Men ) 

Robert Penn Warren

Anagrama, Barcelona (2006) 776 págs. 25 €

Se atribuye a Mark Twain el aforismo de que “la historia no se repite, pero rima”, y no son escasos los ejemplos en que la literatura americana ha logrado captar las fuerzas históricas con una profundidad mayor que los propios historiadores. El mismo Twain es también ejemplo –aunque quizás no paradigmático– de un género que los norteamericanos han cultivado de forma magistral: la novela política. El autor de Tom Sawyer dio también nombre a toda una era caracterizada por la corrupción y las desigualdades al titular un libro escrito junto a Charles Dudley Warner como La edad dorada. El mismo período inspiró también la denuncia que Henry Adams hizo del sistema político en Democracia. Ahí, el ambiente recordaba en cierta medida al descrito por Ethan Canin en América, América, donde reflejaba otro de los momentos caracterizados por la desconfianza en el gobierno y las instituciones: la década de los setenta.

Pero quizás la época más fructífera para la novela social y política ha sido la Gran Depresión, que vio resquebrajarse la confianza en el sistema y sucumbir al populismo a figuras tan consagradas como Franklin Roosevelt. John Dos Passos repasó todo el período de entreguerras con su trilogía USA, para luego dedicar una de sus novelas más desencantadas, El número uno (1943), a pintar un trasunto ficticio del gobernador de Luisiana y antiguo senador Huey Long, que fue asesinado en la escalinata del parlamento de su estado cuando preparaba su candidatura presidencial, y que ha pasado a la memoria como la esencia del demagogo popular.

Pero la historia de Dos Passos es sólo el preludio de Todos los hombres del rey (1946), donde Robert Penn Warren (1905-1989) vuelve a utilizar el recuerdo de Long para pergeñar a un político bautizado como Willie Stark (Willie Talos según la elección original del autor, recuperada en la edición de 2006). Proveniente de una familia humilde, líder de masas y hombre sin escrúpulos, Stark sube hasta lo más alto para desmoronarse repentinamente en la cima de su carrera. Lo más interesante es que, durante la novela, lo vemos a través de los ojos de uno de sus asesores, Jack Burden, arquetipo de la fascinación –mezclada con mala conciencia y cierta repulsa– que un político populachero, pero aparentemente efectivo, puede generar entre las élites tradicionales. La novela ganó merecidamente un Premio Pulitzer, y todavía hoy nos ayuda a entender cómo el fenómeno Trump ha podido llegar a convertirse en realidad.

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Breve historia de Estados Unidos

Carlos Sanz Díaz

Catarata, Madrid (2022)  272 págs. 19 € (papel) / 11,99 € (digital)

Otro novelista, en este caso británico, escribió acertadamente en 1953 que “el pasado es un país extranjero”. Podemos pensar que no es el caso de Estados Unidos, cuya preponderancia estratégica y cultural nos ha acostumbrado a sentirlo cercano. Pero estamos muy poco familiarizados con los criterios que han servido a los norteamericanos para entenderse tanto a sí mismos como a su propia Historia. Por ejemplo, desde Europa tendemos a proyectar nuestros alineamientos políticos en el sistema de partidos imperante en Estados Unidos, donde las categorías tradicionales de izquierda y derecha, progresista o conservador, no han terminado de actuar como limitadores partidistas. 

El papel público de la religión ha sido también muy distinto, mezclando el laicismo estatal con constantes referencias públicas a la divinidad. La libertad religiosa se desarrolló en Europa como un mecanismo de protección del Estado frente a las Iglesias establecidas, mientras que en Estados Unidos actuó como garante de la diversidad religiosa. 

La ausencia en Estados Unidos de movimientos culturales equiparables a los europeos tampoco ha significado un desprecio hacia la alta cultura, cuanto una relación diferente con los testimonios más excelsos del genio humano. Y todavía hoy, hablamos en España de la Guerra de Secesión, lo que de alguna manera descafeína el carácter del conflicto como una Guerra Civil, que es como la conocieron sus coetáneos. 

Comprender la Historia de los Estados Unidos requiere no sólo estar familiarizados con los hitos principales de su devenir, sino enmarcarlos en una concepción y en unas preocupaciones que a los norteamericanos les son propias, pero a nosotros nos resultan claramente ajenas. Esas coordenadas son las que trata de explorar, desde nuestro propio contexto, el libro de Carlos Sanz Díaz, que actúa maravillosamente de puente entre nuestra perspectiva y la de los norteamericanos, utilizando para ello fuentes de información procedentes de ambas orillas del océano.

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LA HUELLA DE ESPAÑA EN LA HISTORIA DE LOS ESTADOS UNIDOS


(Recordando hoy la celebración del 250º Aniversario de su fundación)


El legado de España en los Estados Unidos abarca más de tres siglos de historia y se extiende por más de la mitad del territorio norteamericano actual (incluyendo estados como Florida, Texas, California y Nuevo México). Esta profunda influencia abarca la arquitectura, las artes, la toponimia y las raíces culturales de la identidad estadounidense.  Destacan la fundación de ciudades como Los Ángeles o San Antonio y el apoyo logístico y militar de Bernardo de Gálvez para ganar la Independencia. Existen excelentes estudios monográficos y artículos académicos en formato PDF que detallan esta rica herencia.

España en la independencia de Estados Unidos


Ángel Luis Cervera Fantoni


La huella hispánica en los Estados Unidos de América  Atilana Guerrero


Historia de las misiones en Texas


Byron Browne


La huella española en los Estados Unidos. Aproximaciones a una historia común.


El legado de España en los Estados Unidos


La herencia española en el Capitolio de Estados Unidos


La memoria recobrada (Huellas de España en USA)


Explorando el Legado de España en los Estados Unidos


LA HUELLA HISPÁNICA EN EEUU


El legado de España en Norteamérica


El paralelismo entre la Escuela de Salamanca y la declaración de la Independencia de EE.UU.


ESPAÑA EN ESTADOS UNIDOS: LO DESCONOCIDO  


La construcción de la América Hispánica


El fin del Imperio de España en América


El Desastre del 98 y el fin del Imperio español


sábado, 29 de noviembre de 2025

“MIRÓ y los Estados Unidos” Fundació Joan Miró –Centre d´Estudis d´art Contemporari




Exposición: “MIRÓ y los Estados Unidos” 

Fundació Joan Miró –Centre d´Estudis d´art Contemporari

Parc de Montjuic-Barcelona

Del 10/10/2025 al 22/02/2026

 

Mayca NÖIS

 

28/11/2025.- Desde este enclave de la Fundación que es un esplendido mirador sobre la ciudad confluyen  dos temáticas que nos introducen y conducen sobre las actividades de la figura tan importante y señera de Joan Miró.

 Comisariada por Dolors Rodriguez Roig, Elsa Smithgall, Marko Daniel y Matthew Gale “Miró y los Estados Unidos”se ilustra sobre el reconocimiento internacional valorando el interés y entusiasmo que la obra del gran creador inspiró en los Estados Unidos al que acompañaron con su motivación personal artistas y coleccionistas sobre todo en la década de 1920. Una “motivación” que se extendió a lo largo de sesenta años haciéndole partícipe de importante encargos públicos.

La gran capacidad de Miró para reinventarse se vió impulsada durante este periodo con encuentros con otros artistas que a su vez le “comunicaban” y trazaban nuevos caminos. Varios momentos de inflexión durante este periodo contribuyen a esta situación. Entre estos la retrospectiva organizada por el Museum of Modern Art que en 1941 le hizo una itinerancia por varios puntos de Estados Unidos. Muestra que contribuía a derribar todas las reticencias y controversias iníciales sobre su obra.

Son artistas como Jackson Pollock quienes sitúan a Miró junto a Picasso y el crítico Clement Greenberg como “un acontecimiento de una importancia incalculable para el mundo del arte americano” con motivo de la exposición en la Galeria Pierre Matisse.

El refrendo de esta situación se encuentra en la exposición con obras de más de cuarenta artistas que han sido seleccionadas, como se destaca en el precioso catalogo de la exposición, con sus apartados: Imaginar América por Marko Daniel, Cómo entró Miró en las colecciones neoyorquinas de las décadas de 1020 y 1930 por DawnAdes,Joan Miró está aquí por  Mathew Gales,Es un triunfo en toda regla el papel de la Pierre Matissre Gallery por Elisa Selaunick, Miró en Nueva York en 1947.El impacto de los intercambios artísticos por Dolors Rodriguez Roig, Miró en el MoMa: las retrospectivas de 1941 y 1959 por Anne Umland, El arte procede del arte por Elsa Smithgall, Mas allá de Nueva York: las primeras exposiciones de Miró en Chicago y California por Beatriz Cordero Martín, El deseo de un arte colectivo y anónimo: Tres murales para los Estados Unidos por Teresa Montaner. Miró en 1959: las grietas en las políticas culturales europeas y estadounidenses por Robert Lubar Messeri, Ahora veo las obras en grande: escultura monumental de Miró en los Estados Unidos por Patricia Juncosa.

En la edición del catalogo Carlos Torres Vila, presidente de la Fundación BBVA explicita “El carácter de la propia muestra pone en dialogo la obra de uno de nuestros artistas más universales con la de destacados creadores norteamericanos. La exposición amplia el foco que habitualmente se pone sobre Miró hacia un contexto geográfico distinto, destacando la relación entre el artista y los Estados Unidos.  La presencia de Miró en el panorama artístico comenzó a consolidarse a partir de la década de 1930. Aunque él no viajó al país hasta 1947, sus creaciones fueron recibidas con gran interés y ejerció una influencia significativa, tanto en artistas ya establecidos como en otros emergentes. Además de haber sido objeto de dos retrospectivas en el MoMa de Nueva York en 1941 y 1959, visitó este país en siete ocasiones entre 1947 y 1968, viajes que marcaron un hito en su obra y en su evolución artística. La exposición con sus más de 160 obras refleja el dialogo, tanto en las temáticas abordadas como en las técnicas y materiales- con grandes artistas norteamericanos del siglo XX como Louise Bourgeois, Helen Frankenthaler, Lee Krasner, Arshile Gorky, Alice Trumbull Mason, Jackson Pollock y Mark Rothko………….Esta ocasión es muy especial ya que celebramos el 50º aniversario de la Fundación Joan Miró, una conmemoración en la que tiene especial relevancia esta muestra ….”

En el recorrido expositivo se va describiendo este periplo. Desde París Pierre Matisse hijo del pintor Henry Matisse organizó la primera exposición individual de Miró en Nueva York en la Valentine Gallery a finales de 1930 y el Museum of Modern Art de Nueva York adquiere “Personaje lanzando una piedra a un pájaro” en 1937 en la que un comentarista describió “como una llamada de imaginación a la pintura”. En 1959 hace su segunda retrospectiva en el Museum of Modern Art de Nueva York con el que Miró  define  se iniciaba “un plan de acción muy serio que requeriría casi todo el resto de mi vida”.

Miró estaba impresionado por la energía y vitalidad del panorama artístico en los Estados Unidos. Explora la pintura mural y el grabado y se entusiasma cada vez más por la escultura.

La exposición exhibe y pone de manifiesto el contacto y amistad con artistas como: Alexander Calder, Yves Tanguy, Roberto Matta, Marcel Duchamp, Louise Bourgeois,  Lee Krasner, Jacson Pollock, Anne Ryan, Alice Trmbull Mason, Herbert Ferber, Elaine de Kooning, Esteban Vicente, Michael Corinne West, Grace Hartigan…… Especial mención poder contemplar las denominadas “Constelaciones” 1940-1959, la serie de gouaches que tanto relieve y repercusión tuvieron en Nueva York que fueron expuestas por primera vez por Matisse en 1945 como las primeras obras procedentes de una Europa en guerra . Copias que  hoy en sala se ven la parte anterior y la posterior explicativa del autor.

A una pregunta sobre qué pensaba de los pintores norteamericanos respondió “me gustan especialmente su entusiasmo y su frescura” y añadió  que su “fuerza y vitalidad eran potenciales influencias”.  Lo que coincide con la instalación del mural de cerámica en la Universidad de Harvard en 1960. Miró hace nuevas experimentaciones con lo que reinventa la relación entre signo y fondo por medio de estampaciones de la palma de la mano y experimentar con el goteo de pintura y trabajar con la tela plana en el suelo “decís que he influido en una generación de pintores más jóvenes” dijo en 1961 “tal vez, pero también es cierto que he estado muy influido por mi propio periodo”  con su intención de compartir con sus contemporáneos.

Los nuevos espacios de trabajo abren su intención de llegar a públicos más amplios. Los promotores de Estados Unidos mostaron muy buena disposición a convertir los proyectos de Miró en realidad aunque los procesos eran lentos. El trabajo de ampliación de “Personaje y pájaro” para Houston duró cinco años. Desde su viaje a Chicago en 1965 para plantear un encargo “Luna,sol y una estrella”  no se materializa hasta 1981.

En su retrospectiva de 1959 en Nueva York dijo que se “permitía “una autocritica rigurosa de mi obra”, proceso que se repitió en 1974 cuando contempló su retrospectiva en el Grand Palais de Paris. Algunas de las obras más ambiciosas de Miró se probaron en París. Entre ellas el “Sobreteixim de los ocho paraguas” 1973 y “Manos volando hacia las constelaciones” 1974. El tapiz creado para la National Gallery de Washingtin se vió allí por primera vez igual al que hoy cuelga en la pared de la Fundación que son preparatorios para el tapiz realizado para el World Trade Center de Nueva York que se perdió en 2001.

La relación de Miró entre personas con la escultura, pintura y arquitectura aumenta cuando empieza a trabajar para espacios públicos ya que quería además de llegar a un público amplio, mejorar la vida cotidiana de las personas en lo que la actual Fundación se convirtió en la  potente expresión de su deseo.

Miró daba nuevos usos a objetos cotidianos de lo que Sert contaba en 1976 “iba recogiendo fragmentos de objetos seleccionados, recogidos a las orillas de los caminos…humildes, sencillos… a menudo deteriorados” los que repintaba o fundía  para dotarlos de otra calidad más noble y atemporal. En 1961 el comisario William Seitz trazó el mapa de esta práctica para el Museum of Moderm Art de Nueva York en la exposición “The Art of Assemblage” con una selección que incluía desde Miró hasta escultores más jóvenes como John Chamberlain.

La importante exposición en conexión con Estados Unidos unida a la transversal coetánea en las salas próximas de la Fundación titulada “La poesía acaba de empezar:50 años de la Miró” expresan que la obra de Miró tiene el sentido inspirador de la “alegría” de hacer arte con una finalidad pública.