lunes, 20 de julio de 2015

San Benito, patrón de Europa, artífice y protector de la Cristiandad






L.M.A.

En 1964, San Benito de Nursia (480-547) fue proclamado por Pablo VI patrono de Europa. Se reconocía así el extraordinario influjo que ejercieron en la formación de la Europa cristiana tanto su persona como el grupo de discípulos que se reunieron en torno a él, y los monjes que, a lo largo de siglos siguieron la Regla Benedictina.

San Benito vivió en una época en la que corrían peligro no solamente la Iglesia sino también la sociedad y la cultura. “Mundo revuelto y confuso”, como lo califica Luis Suárez en una caracterización que resumimos aquí.

La idea de que el Imperio romano desapareció como consecuencia de la invasión de los bárbaros resulta incompleta y distorsionada a no ser que se ponga en relación con otras dos cuestiones: solamente desapareció la mitad occidental de dicho Imperio porque en torno a Constantinopla se mantenía su otro brazo oriental, helenístico y, en realidad lo que ocurrió en Occidente no fue tanto el punto final del mundo romano cuanto su transformación: de la unidad a la pluralidad, del Imperio a las naciones.

Desde el siglo VII se comenzó a designar con un término geográfico nuevo (Europa) a este conjunto que se prefería llamar como “Christianitas” o “Universitas Christiana”. En este mundo en que los nuevos reyes de estirpe bárbara ejercían su oscilante autoridad en medio de un panorama confuso y violento, los obispos asumieron en sus ciudades las cargas propias de las demandas del bien común que antaño habían sido ejercidas por las desaparecidas instancias políticas así como responsabilidades nuevas como la ayuda y la beneficencia nacidas de la identidad cristiana y que nadie atendía en la Antigüedad.

Pero, al tiempo que los nacientes reinos hacían suyo el contenido dogmático y moral propio de la religión cristiana se daba un fenómeno curioso y era que los católicos más conscientes y coherentes llegaron al convencimiento de que era imposible vivir una vida plenamente cristiana en el seno del mundo y en las ocupaciones habituales. Y a pesar de vivir en un contexto histórico en el que los mandamientos de la ley de Dios y las prescripciones de la Iglesia habían empezado a ser principios constituyentes y nadie podía legislar en contra de las normas morales, los cristianos concluyeron que no se puede vivir con plenitud la fe en el corazón del mundo.

El monacato, reconocido de manera unánime como una de las raíces de la Europa cristiana se convirtió en lo que estaba llamado a ser cuando a la tendencia ascética se incorporó el “contemptus mundi”, término que define una de las aportaciones más relevantes y originales e irrenunciables de la espiritualidad cristiana, difícilmente expresable en nuestro lenguaje porque no es simple “desprecio del mundo” sino poner en su lugar a un mundo que vale muy poco en relación con las realidades sobrenaturales que están en juego. Precisamente por eso, y por paradójico que pueda parecer, aquellos monasterios tenían también una impresionante fecundidad temporal: los monasterios se introducían como un fermento en la sociedad a la que transformaban mostrando a los fieles que su propio ritmo de vida: oración, trabajo y descanso era aplicable a todos con las debidas adaptaciones y reivindicando virtudes como la laboriosidad, el cumplimiento del deber y el cultivo de la sabiduría.

Hoy se dice que la vida monástica está en crisis. Como lo está la Europa que un día fue cristiana. No puede ser de otra manera cuando se vive zascandileando en torno al mundo, profesando una admiración simplista por la vida moderna, sin cansarse de insistir en la necesidad de vivir el catolicismo en medio de un mundo sobrevalorado.

“Los enamorados del pasado —concedía Paul Souday, crítico de “Le Temps”, en polémica con el modernista Fogarazzo— pueden caer en algún exceso” pero “sus prevenciones, por lo menos, se apoyan en una cultura seria, una imaginación vivaz y un sentido crítico aguzado que les ha permitido juzgar su siglo en contra de su instinto. Llegan a pensar que lo que es característico de un siglo, moderno o antiguo, tiene poco valor y que lo importante es lo que dura. El catolicismo tiene la superioridad de sus mil novecientos años de existencia sobre las ideas de las que Fogarazzo está tan satisfecho por ser modernas y que acaso mañana habrán pasado. Lejos de querer modificarlo para ponerlo a la moda, se puede pensar que su principal atractivo reside, por el contrario, en una inmutable perennidad. Lejos de subordinarlo al siglo, se tiene el derecho de amarlo por contraste y como refugio contra el siglo”[1].

La historia de la Iglesia es el relato de una larga confrontación con el mundo.
Como recordaba Romano Amerio:

“Frente al Paganismo, el Cristianismo sacó a relucir una virtud opuesta, rechazando el politeísmo, la idolatría, la esclavitud de los sentidos, o la pasión de gloria y de grandeza: en suma, sublimando todo lo terrestre bajo una mirada teotrópica, ni tan siquiera barruntada por los antiguos […]
De modo similar, ante los bárbaros la Iglesia no asumió la barbarie, sino que se revistió de civilización; y en el siglo XIII, contra el espíritu de violencia y de avaricia, asumió el espíritu de mansedumbre y de pobreza con el gran movimiento franciscano; y no aceptó el renaciente aristotelismo, sino que rechazó con energía la mortalidad del alma, la eternidad del mundo, la creatividad de la criatura y la negación de la Providencia, contraponiéndose así a todo lo esencial de los errores de los Gentiles […]
Y más tarde no se acomodó al subjetivismo luterano subjetivizando la Escritura y la religión, sino reformando, es decir, dando nueva forma, a su principio de autoridad. Finalmente, no se amilanó ante la tempestad racionalista y cientificista del siglo XIX diluyendo o cercenando el dato de fe, sino que, al contrario, condenó el principio de la independencia de la razón. Tampoco acogió el impulso subjetivista renacido en el modernismo, antes bien lo contuvo y lo castigó” [2].

Hoy, por el contrario, concluye el mismo filósofo y teólogo citando un texto publicado en “L’Osservatore Romano” (25 julio 1974) la Iglesia contemporánea “va buscando algunos puntos de convergencia entre el pensamiento de la Iglesia y la mentalidad característica de nuestro tiempo”.

San Benito y sus hijos espirituales resolvieron satisfactoriamente el conflicto sin traicionar a la verdad bajo el señuelo de una caridad que deja de serlo si se falta a la primera porque el servicio de veracidad propio de la Iglesia radica en su misión de caridad hacia el género humano.

Durante siglos, los benedictinos se acercaron a la humanidad no para secundar su movimiento sino para invertirlo, para reconducirlo hacia Dios. No parece tan seguro que el actual discurso oficialmente católico sea capaz de alcanzar este objetivo cuando se instala en el fin último propio de la visión antropológica y humanista: el triunfo y endiosamiento del hombre.

“Omnipotente y eterno Dios, que en este día [3], libre de las ataduras de la carne, llevaste al cielo a tu santísimo confesor Benito: concédenos a todos los que celebramos esta fiesta el perdón de nuestros pecados; para que cuantos nos congratulamos de su gloria, mediante su poderosa intercesión, logremos también asociarnos a sus méritos. Por nuestro Señor Jesucristo…” [4].

Padre Ángel David Martín Rubio

[1] Cit. por J. Ploncard d’Assac, La Iglesia ocupada, 1974

[2] Iota unum, cap 1, 5

[3] En el rito romano tradicional se celebra la fiesta de San Benito Abad el 21 de marzo, día de su muerte y entrada al cielo (así como en otros monasterios benedictinos). En el novus ordo fue fijada el 11 de julio, día que recuerda la Traslación de las reliquias de San Benito desde Montecassino hasta el monasterio de Fleury, en Francia.

[4] Misal Romano, ed. 1962, Missae pro aliquibus locis, 21-marzo.


Sobre Padre Ángel David Martín Rubio


Nacido en Castuera (1969). Ordenado sacerdote en Cáceres (1997). Además de los Estudios Eclesiásticos, es licenciado en Geografía e Historia, en Historia de la Iglesia y en Derecho Canónico y Doctor por la Universidad San Pablo-CEU, en la que fue profesor. Actualmente es Párroco de Cañaveral, Canónigo Archivero de la Catedral de Coria, Vicario Judicial y Profesor en el Seminario Diocesano de Cáceres y en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas Virgen de Guadalupe. Autor de varios libros y numerosos artículos, buena parte de ellos dedicados a la pérdida de vidas humanas como consecuencia de la Guerra Civil española y de la persecución religiosa. Interviene en jornadas de estudio y medios de comunicación. Coordina las actividades del "Foro Historia en Libertad" y del portal "Desde mi campanario".



PRIMERA RETROSPECTIVA DEL ARTISTA SUIZO MAX BILL (1908-1994) EN ESPAÑA EN LA FUNDACIÓN JUAN MARCH



CON MUESTRAS DE SU POLIFACÉTICA OBRA: PINTURA, OBRA GRÁFICA, ESCULTURA, ARQUITECTURA, DISEÑO DE LIBROS Y REVISTAS, DISEÑO INDUSTRIAL Y DE MOBILIARIO Y GRAFISMO PUBLICITARIO




 L.M.A.

Entre el 16 de octubre y el 17 de enero de 2016 se presenta en la Fundación Juan March (www.march.es, Facebook, @fundacionmarch; +fundacionmarch) la primera retrospectiva completa de Max Bill (Winterthur, 1908 – Berlín, 1994) en nuestro país.

Esta exposición responde al concepto de “retrospectiva concentrada”, en el sentido de que intenta cubrir los variados aspectos de la polifacética obra de Max Bill: la pintura, la obra gráfica, la escultura, la arquitectura, el diseño de libros y revistas, el diseño industrial y de mobiliario, el grafismo publicitario y el diseño de espacios expositivos, con una cuidada selección de obra procedente de colecciones e instituciones públicas y privadas europeas y americanas, acompañada de diversa documentación.

La obra de Max Bill ha podido verse antes en España formando parte de exposiciones colectivas y, sobre todo, en la exposición individual que le dedicaron el Museo Español de Arte Contemporáneo de Madrid y la Fundación Miró de Barcelona en 1980, en una muestra que fue la primera dedicada al artista suizo en nuestro país, y que presentó fundamentalmente pinturas, esculturas y obra gráfica.

Su arquitectura, a la que se le han dedicado estudios y algunas publicaciones, también ha despertado interés en nuestro país, como también su vinculación con la Escuela Superior de Diseño de Ulm (Hochschule für Gestaltung). Hoy -tras una serie de significativas exposiciones celebradas en 2008 en el Kunstmuseum Winterthur, en el Gewerbemuseum de la misma ciudad y en la Haus Konstruktiv (Zúrich), con motivo de la celebración del centenario del nacimiento de Max Bill, así como en el Kunstmuseum de Stuttgart en 2005-, la exposición Max Bill (1908-1994) quiere presentar una versión actualizada de la obra de Max Bill y de su significado para las artes plásticas, la arquitectura y el diseño.

Esta exposición de la Fundación Juan March ha sido concebida y organizada en estrecha colaboración con la max, binia & jakob bill stiftung y cuenta con el asesoramiento principal de Jakob Bill, hijo de Max Bill, gran conocedor de su obra y él mismo reconocido artista concreto al que la Haus Konstruktiv, de Zúrich, ha dedicado hace un año una completa retrospectiva.

Para la muestra se han seleccionado obras fundamentales y representativas del artista suizo, que fue alumno de la Bauhaus entre 1927 y 1928, arquitecto y co-fundador de la Hochschule für Gestaltung Ulm (Escuela de Ulm) en 1951, además de precursor y máximo exponente del llamado konkrete kunst, el tipo de arte “concreto” que ha marcado la creación suiza contemporánea. Max Bill destaca además por sus brillantes ensayos y por su dedicación a la enseñanza, un aspecto al que atenderá especialmente el catálogo de la muestra.

La exposición va acompañada de la publicación de un catálogo profusamente ilustrado en dos ediciones, española e inglesa, que incluirá ensayos de especialistas de distintos ámbitos como Jakob Bill, Karin Gimmi, María Amalia García, Gillermo Zuaznabar, Neus Moyano y Fernando Marzá. Se publica igualmente una selección de textos inéditos en su mayoría de Max Bill, traducidos y anotados, seleccionados y editados por Neus Moyano, Gillermo Zuaznabar, Manuel Fontán del Junco y María Toledo.

Esta publicación se va a ocupar, igualmente, del significado crucial de Max Bill en el panorama artístico español y, sobre todo, en el latinoamericano -una pista que la Fundación Juan March tuvo ocasión de tematizar en la exposición América Fría. La abstracción geométrica en Latinoamérica (1934-1973)-. En este sentido, se va a revisar la influencia de Max Bill en el horizonte del arte concreto argentino-brasileño, el diálogo que entabló con muchos de sus protagonistas y la intensa interrelación que sostuvo con los ámbitos artísticos paulista, carioca y porteño desde 1950, especialmente desde que en 1951 ganara el gran premio de escultura en la I Bienal de São Paulo, realizara su primera exposición retrospectiva en el Museu de Arte de São Paulo (MASP) y desde que la revista Nueva Visión dedicara su primer número al artista suizo. Lo mismo cabe decir respecto a la recepción de su arquitectura en España.

La exposición Max Bill (1908-1994) viene precedida por una pequeña exposición sobre la obra gráfica de Max Bill que la Fundación Juan March presentó en el Museu Fundación Juan March, en Palma (25 de febrero - 30 de mayo de 2015) y que actualmente se exhibe en el Museo de Arte Abstracto Español, en Cuenca (24 de junio – 18 de septiembre de 2015).


El ministro de Educación, Cultura y Deporte se reúne con la Asociación Amigos de la Seu Vella de Lleida




L.M.A.

20-julio-2015.- El ministro de Educación, Cultura y Deporte, Iñigo Méndez de Vigo, se ha reunido esta mañana con representantes de la Asociación Amigos de la Seu Vella de Lleida en la que se ha tratado, entre otros asuntos, de la campaña de recaudación de fondos que lleva a cabo la Asociación para financiar la restauración y recolocación de las campanas del campanario de la Seu Vella.

Esta iniciativa es posterior a la intervención realizada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, a través del Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), en la restauración del campanario de la Seu Vella, que supuso una inversión de 722.923 €.

En el encuentro se ha tratado también el estado de situación de los trámites previos para la inclusión de la Seu Vella en la Lista Indicativa de Patrimonio Mundial de la UNESCO. Esta candidatura, que surge a iniciativa de la Asociación de Amigos, cuenta con 13.000 firmas recogidas y autentificadas ante notario.

La Seu Vella de Lleida es una catedral de transición del románico al gótico. Se levanta sobre la loma que domina la ciudad y cuenta con un magnífico claustro. Posee un especial interés histórico, ya que es uno de los pocos ejemplos de conjunto catedralicio integrado en la estructura defensiva de la ciudad. Convertida en cuartel en el siglo XVIII y abandonada posteriormente, actualmente está gestionada por un consorcio.



La Asociación Amigos de la Seu Vella de Lleida es una entidad cultural sin ánimo de lucro creada en el año 1972 que fue declarada Entidad de Utilidad Pública por el Consejo de Ministros en 1974 y Entidad Colaboradora del Patrimonio Cultural por Orden de la Generalitat de Cataluña en 1982. Sus objetivos se centran en la a promoción y difusión de los valores culturales, artísticos y patrimoniales del conjunto monumental del Turó de la Seu Vella, compuesto por la catedral, claustro y campanario, la Canonja, el castillo del Rey y el baluarte o zona amurallada.


Un Ortega para el gran público. Nuevos volúmenes de la Biblioteca de autor José Ortega y Gasset




“Meditación de Europa” y “¿Qué es filosofía?”


L.M.A.

Madrid, 20 de julio de 2015.- Alianza Editorial publica, dentro de la colección El libro de bolsillo, dos nuevos volúmenes de la Biblioteca de autor José Ortega y Gasset: Meditación de Europa y otros ensayos y ¿Qué es filosofía? y otros ensayos. El objetivo de esta colección es la difusión del pensamiento orteguiano por todo el mundo de habla española. Hasta la fecha se han publicado, además de estos dos volúmenes, La rebelión de las masasEspaña invertebradaMeditaciones del Quijote, y Ensimismamiento y altera-ción. Meditación de la técnica.


Estos libros son herederos de la Colección “El Arquero” de Revista de Occidente, que luego se reconvirtió en la colección Obras de José Ortega y Gasset de Revista de Occidente en Alianza Editorial. Estos manejables volúmenes han acercado la obra del filósofo madrileño a varias generaciones. El mismo propósito persiguen las presentes ediciones, actualizadas tras el notable trabajo filosófico y filológico que ha realizado el Centro de Estudios Orteguianos de la Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón durante la última década para la fijación del corpus textual orteguiano. En la sección de “otros ensayos”, todos los libros ofrecen ensayos hasta hace poco inéditos o desconocidos para el gran público.

El lanzamiento de la Colección coincidió con el centenario de la publicación del primer libro de Ortega y Gasset, Meditaciones del Quijote (1914). La Biblioteca de autor José Ortega y Gasset se irá renovando progresivamente e incorporará nuevos títulos hasta alcanzar la cifra de 40 accesibles tomos en formato bolsillo. El gran pensador universal se dirigió siempre a un amplio espectro de personas no necesariamente especialistas. Al gran público quieren seguir llegando estas obras.

Meditación de Europa y otros ensayos: José Ortega y Gasset es uno de los grandes pensadores de la unidad europea. En sus primeros escritos señaló que España tenía que europeizarse para modernizarse. En La rebelión de las masas propuso, a finales de los años veinte del pasado siglo, la constitución de los Estados Unidos de Europa. Es idea que nunca abandonó y a la que volvió en sus últimos escritos, tras la Segunda Guerra Mundial, como su conferencia De Europa meditatio quaedam y un pequeño librito titulado Cultura europea y pueblos europeos, que hasta hace muy poco sólo se conocía en alemán. Junto a estos textos de madurez y algún otro como su última conferencia, “La Edad Media y la idea de Nación”, se compendian aquí textos juveniles y de su primera madurez que muestran la evolución del pensamiento europeísta y europeizador del filósofo español.


¿Qué es filosofía? y otros ensayos: es la obra que mejor compendia el pensamiento maduro de José Ortega y Gasset, su filosofía de la razón vital, la cual parte del hecho de que la realidad radical es la vida de cada uno. Frente al ser estático, permanente e idéntico a sí mismo que habían buscado tradicionalmente los filósofos, frente a la sustancia, Ortega dice que la vida es un gerundio, un “siendo”, un constante hacerse, un quehacer que da mucho que hacer porque obliga al hombre a ejercer su libertad para ser sí mismo, para cumplir con su vocación. Con este libro, que nació de los cursos de 1929, Ortega se situó en el núcleo del debate filosófico del siglo XX. Se ofrece aquí una nueva versión fiel a los manuscritos que dejó el filósofo.