martes, 14 de abril de 2020

Carlos Aganzo termina un volumen de (casi) memorias y un libro de poemas

Carlos Aganzo, escritor


Cuestionario por Julia Sáez-Angulo

            Valladolid .- 15/4/20.- Carlos F. Aganzo (Madrid, 1963) es autor de una decena de libros de poemas. Su poesía esencial está reunida en las antologías 'Ícaro en los ojos' (Madrid, 2017) y 'Arde el tiempo' (Sevilla, 2018). Ha publicado, además, diferentes ensayos y libros de viajes, y ha ganado, entre otros, premios como el Jaime Gil de Biedma o el Ciudad de Salamanca. En 2012 recibió el Premio Nacional de las Letras Teresa de Ávila. 

1. ¿Qué reflexión sobre la poesía le ha interesado más?
Entre tantas y tantas reflexiones sobre la poesía me quedo siempre con dos. La de San Juan de la Cruz y su “un no sé qué que quedan balbuciendo”, y la de Jesús Hilario Tundidor: la poesía es un “acontecer”.
2.  ¿Cuándo escribió su primer poema y de qué tema? El primer poema que recuerdo se lo dediqué a Platero, el burrito de Juan Ramón Jiménez.
3.     ¿Qué lecturas poéticas le han influido fundamentalmente? Machado y San Juan de la Cruz. Y todos los poetas del 27. También Tagore y Omar Khayam.
4.     ¿Qué poema le impactó? Decidí ser poeta, siendo muy niño, escuchando a Paco Rabal decir el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, de Federico García Lorca.
5.     ¿Cuáles son los asuntos habituales en sus versos? Por acotar, el ser humano y la naturaleza.
6.     ¿Qué forma métrica prefiere? Verso libre, con preferencia por los endecasílabos y los heptasílabos.
7.     ¿Cómo es su biblioteca poética? ¿Hay autoras en ella? Tendré, quizás, unos cinco mil volúmenes. Entre ellos, hay muchos escritos por mujeres.
8.     ¿Qué libro de poemas está leyendo? Ahora mismo, Las 24 categorías de la poesía, de Si Kongtu.
9.     ¿Qué tres libros de poesía recomendaría? El Cántico espiritual, de San Juan; las últimas Poesías completas, de Antonio Machado, y la Segunda Antología Poética, de Juan Ramón.
10. ¿Qué proyectos literarios se trae entre manos? Termino un primer volumen de (casi) memorias y un libro de poemas sobre la naturaleza interior.
11. ¿Cómo lleva el confinamiento? Con dolor, por las pérdidas. Pero con un inmenso sosiego. Y mucha escritura.

Más información
https://lamiradaactual.blogspot.com/search?q=Carlos+Aganzo

Vuelve #VersionaThyssen en su quinta convocatoria






L.M.A.



      Madrid, 14.04.2020 .-Por quinta vez, dada la favorable acogida de las ediciones anteriores, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, con la colaboración de la Comunidad de Madrid y de Fundación Coca Cola (que se incorpora a esta iniciativa), invita de nuevo a reinterpretar sus cuadros. Se trata de una convocatoria abierta a jóvenes creadores de entre 16 y 35 años para que dejen volar su imaginación y “hagan suyos” seis cuadros de la colección Thyssen-Bornemisza, que podrán ser versionados mediante disciplinas tan variadas como el diseño gráfico, la ilustración, la pintura, el collage o la animación.
El concurso está abierto hasta el 14 de mayo. La participación se articula a través de Instagram, donde al compartir su trabajo bajo el hashtag #VersionaThyssen, los concursantes optarán a tres primeros premios de 700 euros y a tres segundos premios de 300 euros, así como a pases de acceso preferente al museo.
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Lucrecio Pérez Blanco repasa la poesía de Alfonsina Storni, poeta de su tesis doctoral


Alfonsina Storni, poeta argentina

Lucrecio Pérez Blanco

Cuestionario por Julia Sáez-Angulo

Ciudad Real, 14.04.2020 .-   Lucrecio-Silvino Pérez Blanco (Mayorga. Valladolid, 1936), residente en Madrid .- Profesor Numerario de la Universidad Complutense de Madrid, Premio extraordinario de Licenciatura y Premio extraordinario de Doctorado, Colaborador en la prensa de Ciudad Real -La Tribuna, Lanza, El día de Ciudad real- autor de varios libros y numerosos artículos de crítica literaria. Varios libros de poemas - Romancero del niño, Lenguaje del corazón, Tiempo retenido, Compañera de sueños, El Quijote: Cordura desmayada (sonetos),Espacios de luz 1 (sonetos), y Espacios de luz 2 (sonetos), Nanas de María para felicitar a mis amigos (villancicos). Poemas en varias revistas...Hombre sencillo y desprendido. 


1.     ¿Qué reflexión sobre la poesía le ha interesado más?
                 LA DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
2.     ¿Cuándo escribió su primer poema y de qué tema?
A MIS 16 AÑOS PARA UN CERTAMEN SOBRE LA VIRGEN  ME DIERON EL PRIMER ACCESIT, Y NO EL PRIMER PREMIO, PORQUE NO ESTABA ESCRITO EN CATALÁN Y ESO NO CONSTABA EN LAS BASES.
3.     ¿Qué lecturas poéticas le han influido fundamentalmente?
FRAY LUIS, SAN JUAN DE LA CRUZ, JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
4.     ¿Qué poema le impactó?
A LA ASCENSIÓN, DE FRAY LUIS.
5.     ¿Cuáles son los asuntos habituales en sus versos?
NO TENGO PREFERENCIAS.
6.     ¿Qué forma métrica prefiere?
LA DE LOS MEJORES CÁSICOS: EL ENDECASÍLABO Y EL OCTOSÍLABO EN ESTROFAS CON  RIMA.
7.    ¿Cómo es su biblioteca poética? ¿Hay autoras en ella? SÍ HAY AUTORAS EN ELLA. DOY LO QUE HAY EN MI BIBLIOTECA: OBRA DE BERCEO, FRAY LUIS, SAN JUAN DE LA CRUZ, GÓNGORA, ESPRONCEDA, ZORRILLA, BECQUER, LUGONES, HERRERA Y REISSIG, RUBEN DARÍO, A. MACHADO, M. MACHADO, JUAN RAMÓN JIMÉNEZ,NERUDA, LORCA, MIGUEL HERNÁNDEZ, Y DE ESCRITORAS: G. MISTRAL, JUANA IBARBOURU, ALFONSINA STORNI.
8.     ¿Qué libro de poemas está leyendo?
REPASO LA OBRA SOBRE LA QUE HICE MI TESIS DOCTORAL CON SOBRESALIENTE CUM LAUDE Y PREMIO EXTRAORDINARIO DE DOCTORADO: LA POESÍA DE ALFONSINA STORNI.
9.     ¿Qué tres libros de poesía recomendaría?
OBRA DE FRAY LUIS, SAN JUAN DE LA CRUZ  Y JUAN RAMÓN JIMÉNEZ.
10. ¿Qué proyectos literarios se trae entre manos?
REPASO MI OBRA POÉTICA.
11. ¿Cómo lleva el confinamiento? 
COMO TODO ESPAÑOL CON SESO : CON RESIGNACIÓN Y MAL

 A MIS VERSOS  

En manos del tiempo os dejo
Sin madrastra, ni padrino.
Propicio os sea el destino
Y mano de sabio viejo
Os ponga en eterno espejo.
Si así no fuere, vivid
Como viven los sarmientos:
Guardando el vino en la vid,
Y, amasando pensamientos,
 Floreciendo y no morir.

Lucrecio Pérez Blanco

lunes, 13 de abril de 2020

Mayte Spínola. Poema retrato como pintora, por Rogelio Sánchez Molero




Mayte Spinola junto a su cuadro "Tres rosas"


Madrid .- 14.04.2020


GÉNESIS (MAYTE SPÍNOLA)

“Al principio, el espíritu de Dios aleteaba por encima de las aguas, y dijo Dios: Haya Luz”
                            Génesis, 1: 2-3

Luz que brota a borbotones. Resbala en leve escorzo
y se hace en tus pinceles inseparable esencia,
lírica abstracción, liturgia del color, rito cromático.
Luminosidad que traspasa el inconsciente
en la sutil armonía de cielos escapados,
dándole vigor al sol declinante del ocaso;
y forma primordial al caos originario.
Sustancia espiritual. Color que insufla vida
y fluye por las concéntricas esferas del espacio.
Tiempo abstraído cuando creas
pensamientos más allá de lo tangible,
buscando en lo absoluto lo que la realidad esconde.
Euritmia. Plácido equilibrio. Lenguaje onírico
que asume la quietud de los silencios.
Deslizas los volúmenes volátiles
sobre sutiles alas de ingrávidas gaviotas
o en etéreas ondas de estrellas y corales.
Poesía latente en la materia prístina
con que trazas tus mundos:
Arenas que transmutan en orquídeas emergentes.
Cosmos transfigurado en vuelo de amapolas
que ciñen sus pétalos sutiles,
su evanescente aura,
donde nadie siquiera lo imagina.
Ventanas que se abren a otros firmamentos;
sublimas los azules y los blancos.
Desnudas tauromaquias exentas de liturgia;
cosos imaginarios en que el hombre y la bestia
pugnan; atávicos combates entre razón y fuerza.
Corazones de fuego palpitan en tus lienzos.
Lenguaje sugerente, sagrada redención;
ascética expresión de lo inefable.
Silencio creador, soplo primigenio.
Alma intangible que, en su giro infinito,
aparta la quietud de los espacios misteriosos.
Y abre, de parte a parte, el universo.


Rogelio Sánchez Molero

 Mayte Spínola





El Instituto Cervantes en Nueva Delhi ha acogido en dos semanas a casi un centenar de turistas españoles varados en la India


 
 
  • A partir del 14 de abril el centro cerrará para cumplir con las órdenes decretadas por las autoridades locales para combatir el coronavirus
 
 
 
 
13 de abril de 2020

El Instituto Cervantes de Nueva Delhi, que desde el 28 de marzo, y en estrecha colaboración con la Embajada de España, ha acogido a 96 turistas españoles varados en la India, cerrará definitivamente sus instalaciones a partir del 14 de abril para cumplir con las órdenes de las autoridades indias. El pasado 4 de abril, con la salida de los últimos 64 turistas, se culminó con éxito la operación de dar refugio a los turistas más necesitados. Posteriormente, el centro cerró sus instalaciones para proceder a la limpieza y una primera desinfección del edificio, y ahora abre temporalmente para acoger a un último grupo de rezagados que esperan partir de la India el 14 de abril en un vuelo especial.

A partir de ese momento, y una vez cumplido el servicio de dar refugio al grueso de turistas españoles, el centro cerrará definitivamente sus dependencias en cumplimiento de las instrucciones de las autoridades locales indias, que ordenan la paralización de todos los centros educativos y culturales del país para evitar las aglomeraciones de personas y contribuir a la lucha contra el coronavirus.

Además, el Cervantes de Nueva Delhi asegura así que su personal de plantilla cumpla escrupulosamente las órdenes de confinamiento absoluto decretado por el Gobierno local y no tenga que desplazarse al centro. Una vez sea derogado el periodo de confinamiento, el centro procederá a la desinfección a fondo de todas sus instalaciones y al desmantelamiento de las camas, duchas y espacios de comedor que han dado servicio a los turistas españoles. El objetivo es que las aulas, la sala de exposiciones y el resto de dependencias recuperen su condición natural y estén listos para su reapertura cuando se levanten las prohibiciones.

Los últimos turistas que puedan quedar en la India y que no hayan optado por la convocatoria de evacuación de la Embajada española, tendrán la opción de alojarse en los hoteles asequibles que ha localizado la embajada, o la posibilidad de inscribirse en el programa “Aloja” que ha puesto a disposición el Ministerio de Asuntos Exteriores.

domingo, 12 de abril de 2020

Javier Villán y Manuel Quiroga: Poemas en tiempos de extraña primavera

                                                 


L.M.A.
lunes, 13 de abril de 2020



DUELE LA PESTE

Duele la peste y duele
El dolor de las gentes.
Sinrazón de la muerte
Muchos vuelven a Dios
La vista y la esperanza.
Rezan algunos lo que nunca rezaron
Y aman lo que jamás amaron.
Y otros siguen odiando
Y España dividida
Como siempre
Una de las dos Españas
Nos helará el corazón
O acaso las dos nos congelarán
La sangre
Ni siquiera este horror
Anulará el instinto
De guerra y destrucción..
España aparta de mí este cáliz
Vuelven  los heraldos negros
Los que anuncian la muerte.

Javier Villán Zapatero



ARRESTO DOMICILIARIO

La enfermedad es faro del último destino,
memoria de la vida débil y frágil,
de la condición caduca y mortal de la materia.

Alguien abrió la espita del mal y del dolor,
que se esparció entre los hijos de los hombres
como  plaga cruel y bíblica invisible.

Un jinete del Apocalipsis llamado peste,
hoy, epidemia, pandemia, corona-virus,
despierta a nuestro aletargado orgullo.

La naturaleza muta y agrede sin piedad,
ataca impía a la ignorancia de la ciencia.
Solo el arresto domiciliario nos salva.


DÍAS DE MIEDO Y ESPERA

Días de miedo y espera en los hombres,
mujeres y niños asustados,
paralizados por el dolor y la pérdida,
por la espada de Damocles de la muerte
que serpea y amenaza en calles y plazas.

Los muertos desfilan en ataúdes cerrados,
la morgue los depositan en palacios de hielo,
se incineran sin que doblen las campanas,
en silencio, sin responso y funeral,
sin sacramentos ni sufragios ante Dios.

Solo existen dudas, titubeos, impotencias,
la providencia invoca  a la paciencia.
Hay que esperar al día siguiente,
aunque llegue cargado de apremios,
porque pasado mañana puede clarear
con atisbos de luz y de ansiada salud.

Paralizados en el miedo y la espera,
aguardamos a Godot sin esperanza;
nos cansamos de soñar despiertos.
La larga incertidumbre de los trabajos
y los días ocultos abruma con su lento pasar,
agazapados entre muros sin salida.

Nuevas noticias de dolor y de pérdida;
seguir, avanzar, no al desespero...
Hay que aguardar incólumes, con resiliencia,
ser supervivientes en la extraña cadena
de la vida, donde se impone la ley de la selva.
Ser testigos de la Historia amoral e impávida.

                       La oscuridad y la muerte no tienen
                       la última palabra

Julia Sáez-Angulo


EN LOS DÍAS DE ALARMA

                   En recuerdo de Genarín, ¡oh abandonado!.

¡Ay, Genarín, de nuevo/vuelven las vacas flacas,
las horas de la angustia,/la vida sin milagros!.
Estos jardines mustios,/los cuervos que avizoran,
las ambulancias negras,/los féretros brillantes,
nubarrones sin luna,/los bosques irredentos,
los ministros llorando,/la oscurecida tarde
nos hablan de la muerte,/los universos raros,
los pájaros sin vuelo,/las calles desoladas
son parte de estos días/de la oscura pandemia
llegada de algún sitio/de ciénagas, venenos.
Seguimos encerrados/en húmedos desvanes
donde aún permanecen/esas fotos felices,
infantiles recuerdos/de los siglos de plata,
los años de la siega,/la ternura nocturna,
el vino refrescante/de los bares abiertos,
los labios musitando/versos de enamorados.
¡Ay, Genarín; ay, mundo/globalizado y triste
ya somos genarines/de agonía imperfecta,
los nulos estrategas/de esperanzas caducas!.
¿Volverán nuevamente/los paseos ociosos,
antiguas compañías/viviendo en los abrazos,
los amantes de cobre/al calor de los parques?.
¡Qué envidia aquellos siglos/de vagabundos nobles,
de viajeros escuetos/por catedrales blancas,
niños alborotados/en las playas de agosto,
mascotas incesantes/comiéndose las rosas,
paisajes inocentes/donde los mirlos cantan!.
La polución, la prisa,/la suciedad, la histeria
crearon horizontes/para agonías crueles;
no creíamos siquiera/que algo se rompiera,
que nobles pellejeros/sucumbieran de noche.
Queríamos entonces/atrapar arco iris,
morder las nubes blancas,/merendar con los ángeles,
edificar palacios/para banquetes blancos,
es decir, la locura/de la gente sin nada.
Y siempre andaban cerca/los cuatro evangelistas,
el orujo y el queso,/los búhos sin alero,
las dormidas murallas,/algún alcohol que cura,
ese candil que alumbra,/los miedosos gorriones,
el Jueves Santo limpio/sin obispos ni caspa,
la luna que ennoblece/a los borrachos castos.
Te tocó una epidemia,/de incomprensión, de hambre,
esa torpe avalancha/de tormenta y de muerte:
no fue “La Bonifacia”/quien te llevó a la morgue,
había luciferes/viviendo en sus mansiones,
políticos azules/siendo dueños de todo.
Llegará, siempre llega/el verano de espumas,
y algunos genarines/tendrán  su recompensa:
el laurel que se ofrece/a poetas y héroes,
la toga de doctores/de la vida en secreto,
el agradecimiento/de quienes te conocen,
el pilar soleado/en la antigua muralla.
¡Ay, Genarín, ay vida/arrancada a la vida,
Baudelaire contagiado/de sonetos de arsénico,
ese Dante Alighieri/de una tan cruel Comedia,
Pasolini sufriendo/una brutal masacre,
las bacterias del odio/derrumbando las torres,
la barca de Caronte/remontando el Bernesga!.
Genarín, te decimos:/espéranos que pronto
volveremos a orillas/de Botines y el Húmedo:
está la primavera/tan sólo prorrogada.                                                               

Manuel Quiroga Clérigo

ENTRE DOS MUJERES. Relato sobre tiempos de pandemia




Julia Sáez-Angulo
12.04.2020

            Águeda Ahíllas había leído novelas sobre médicos en su adolescencia, sobre todo las del escritor y médico británico A. J. Cronin; las historias del Dr. Finley basadas en su propia vida eran emocionantes. También leyó la novela Doctor Zhivago, de Boris Pasternak premio Nobel de Literatura 1958, y la titulada MASH, de Richard Hooker. Después vio la serie televisiva Centro Médico, de la que era protagonista el Doctor Joe Gannon... ¡Apasionante! La profesión de médico le sedujo hasta el punto estudiar en la Universidad y obtener el título de Doctora en Medicina.
            A su padre le parecía un tanto atrevido que su hija estudiara aquella carrera tan dura y larga, pero ella tuvo la ayuda de su tío, el doctor Manuel Ahillas, que ejercía de médico en otra ciudad distinta a la suya y que le había hablado a su padre: Convéncete, la Medicina es cosa de mujeres, porque ellas nacieron para cuidar y curar, es lo que hacen con sus hijos desde que los engendran en su seno y ya para toda la vida. No hay más que verlas en los hospitales lo listas y diligentes que son.  Lo que de verdad es de hombres es la cocina, añadió el Dr. Ahíllas, fíjate como los grandes cocineros son hombres. Ellas solo saben hacer la comida sencilla de cada día.   
           El padre de Águeda se quedó pensativo.

            Águeda, inteligente y obstinada, logró su propósito. La misma dificultad tuvo, por otra parte, su hermana, cuando, al año siguiente, quiso estudiar Bellas Artes y su padre se enteró de que tenía que dibujar y pintar con modelos desnudos de hombres y mujeres. Ella no tuvo un tío pintor y abogado, como tuvo Águeda. Era a principios de los años 80.

            Fue emocionante para Águeda comenzar a trabajar como médico de familia en el ambulatorio de un barrio popular, por el que pasaban desde jóvenes con un catarro brutal –así decían ellos- a mujeres con hipertensión por obesidad, diabetes, hipotiroidismo o dolores de espalda casi crónicos por haber levantado mucho peso con los hijos; también ancianos aburridos que se quejaban continuamente de sus rodillas y de su torpeza al andar. Una Medicina que si no curaba, al menos aliviaba de molestias y dolencias. El juramento hipocrático de salvar vidas se le antojaba a Manuela una hipérbole en aquel lugar.

            Pero Águeda, cuando pasó a trabajar un hospital, no imaginó jamás que le iba a tocar vivir una pandemia como la del Covid-19 en pleno siglo XXI, un neumonía contagiosa y generalizada, como una peste medieval, a extremos de no poder contar con plazas suficientes en el hospital, ni las necesarias plazas en la UCI, ni contar con respiradores para permitir el aliento de todos los enfermos graves, ni mascarillas adecuadas para quirófanos, ni guantes a propósito para auscultar pacientes... Era la locura y la necesidad de calma y control al mismo tiempo. Los médicos eran el baluarte de aquel pandemónium, que arrojaba cifras de muertos hasta acercarse al millar a diario. Se improvisaron hospitales de campaña y hoteles de recuperación de enfermos. La morgue del hospital estaba saturada, las funerarias también; se habilitaron los palacios de hielo para acoger a ristras de ataúdes. Los cementerios establecían turnos; solo una persona podía asistir al sepelio; estaban prohibidos los funerales... Se estableció el confinamiento casi total de la población.
            Las jornadas de catorce o dieciséis horas eran agotadoras para Águeda. Cuando regresaba a casa se tiraba momentáneamente en el sofá y no quería escuchar radio, ni televisión, porque hablaban de lo mismo que ella acababa de ver y dejar. Quería olvidar. Sus hijos la miraban preocupados. Necesitaba silencio y dormir; ni siquiera música. La Doctora Ahíllas recordó el dicho de su padre valenciano: Tú lo quisiste fraile Montén, tú lo quisiste, tú te lo ten. Ella había elegido la Medicina y tenía que apechugar con todas las consecuencias. La vida manda, pero lo hace siempre con dificultades y obstáculos por medio. Tenía tres hijos y estaba separada; eso lo complicaba todo. ¿Qué hacer? Reflexionó: un médico no se improvisa y todos somos pocos para atender esta situación apocalíptica. Habló con su ex marido, pero él no estaba dispuesto a  quedarse con los chicos. Águeda temía no poder atenderlos que lo requerían y, lo que era peor, temía contagiarles el maldito virus. Llamó a su madre viuda, ella sí respondió a su requerimiento: se quedaría con sus hijos, mientras ella se dedicaba a los hijos y padres de los demás. La doctora respiró aliviada. Las mujeres siempre responden, pensó.

            Y vuelta a empezar con el ingreso masivo de pacientes afectados por la fiebre, el malestar de garganta, la tos seca, los ahogos en su respiración, las filas en urgencias... ¡Necesito dos respiradores!, dijo la Doctora Ahíllas para dos pacientes, mujeres de 65 y 67 años respectivamente. No hay más que uno, respondió la enfermera. ¿Qué hacer? ¿A quién se lo pongo? ¿Qué decía en estos casos la asignatura Deontología Médica?, pensó la doctora, todo ello en una fracción de segundo. Y en su leal saber y entender, tomó una determinación y actuó.
            A los cinco minutos escribió en su cuaderno de notas la palabra Exitus, mirando a una de las dos mujeres.