jueves, 16 de julio de 2020

Juan Alcalde. Autobiografía (IV) LA VUELTA DE PARÍS A MADRID PARA CERRAR EL CÍRCULO




Estocolmo", por Juan Alcalde



por Julia Sáez-Angulo

             17.07.2020 .- Madrid

            Lo más triste de París nos llegó con la noticia del cáncer de mi mujer, Conchita. Yo no pude reaccionar, porque no me lo creía; mi ánimo se resistía a aceptarlo, porque me parecía absurdo que aquella enfermedad me llegara a mí de la manera más dolorosa que podría hacerse, a través mi esposa. Fueron meses de lucha médica y combate científico contra la enfermedad innombrable, pero al final ella, la maldita enfermedad, que se llama cáncer nos ganó la partida.
            Enterramos los restos mortales de Conchita Moreda en el cementerio parisino de Montparnasse. Fue la mejor esposa y compañera de un artista.

            El dibujo y la pintura volvieron de nuevo en mi ayuda, como tabla de salvación para enjugar el llanto y amortizar el luto. Me entregue a pintar de modo desaforado, desesperado, porque sabía que a Conchita le hubiera gustado que lo hiciera. La galería Biosca seguía exponiendo mi obra en Madrid y Dalmau en Barcelona, con resultados excelentes de ventas, pero yo me sentía apagado y triste si no pintaba, por lo que no hacía otra cosa que mover los pinceles para amortiguar el recuerdo y la pena. Hice una serie muy blanca sobre Praga, con sus calles y fachadas, sus iglesias de roleos y torres acebolladas, siempre con depuración de líneas, con trazos escuetos que dejaran tan solo la esencia de las formas, casi dibujísticas. Fue un éxito colosal en Madrid. Un reconocimiento que me animó. Verse reflejado en la aceptación del público y, sobre todo de los coleccionistas que adquirían mi obra, fue el mejor aliento para mi espíritu alicaído.

Invité a cenar a una mujer cercana a la galería Biosca, una muchacha treintañera atenta, despierta e inteligente que leía libros. Me contaba, mientras cenábamos, que su mayor placer estaba en la narrativa. La literatura era su mundo, más allá de la pintura. La juventud y la risa de aquella mujer treintañera me levantó el ánimo durante mi estancia en Madrid, mientras duró la exposición de la serie Praga. Cuando regresé a París, ella y yo seguimos hablando por teléfono, a propósito de cada una de las sucesivas ventas de mis cuadros; ella me lo comunicaba con alborozo. Yo le decía entonces que sería un buen pretexto para volver a celebrarlo juntos con una buena cena en Madrid.
Yo no viajé a la capital de España, pero ella si lo hizo a París. Un día en el mes de junio, la española se presentó de improviso en mi estudio parisino, alegando un viaje a la Ciudad de la luz. La invité a cenar y mi sorpresa fue mayúscula cuando me plantea que le gustaría casarse conmigo, pero vivir en España. A ella le apenaba residir lejos de su familia y además no sabía francés, me explicó. Le dije muy halagado que lo reflexionaría pues no era fácil cambiar de nuevo el país de residencia, el suelo y el techo que me cobijaban por el momento. Me gustaba el anonimato de París, aunque también echaba de menos la algarabía y los amigos con sus reuniones y fiestas en Madrid.
Acabé por responderle que sí, pues la idea de empezar una nueva vida podría ser estimulante. Volver a residir en Madrid no dejaba de ser una vuelta al origen, máxime a la ciudad que me vio nacer.
Nuestra boda fue sencilla, pero entrañable en la capital de España. La celebramos con un buen grupo de amigos pintores y conocidos en la galería Biosca. El traslado de todo mi utillaje no se hizo esperar, a un gran apartamento en el barrio de Chamberí al que yo incorporé el estudio.
Mis viejos amigos y colegas nos invitaban a sus casas madrileñas. Eran los años finales de los 70 y comienzo de los 80, España bullía con deseos de cambio y apertura. Las costumbres se habían desmadrado a extremos que me parecían más audaces, también más ingenuas, que en París. Recuerdo que una noche de verano tórrido nos invitó a cenar un amigo escultor, muy de izquierdas, casado con una alemana y, al llegar a su enorme y lujoso chalet, situado en la sierra madrileña, nos dijo la anfitriona que, si no llevábamos traje de baño podríamos desnudarnos para entrar en la piscina.  La gente en pelota picada se esparcía por el césped y se retiraba a copular en los rincones de la finca sin pudor alguno. 
Resultaba un tanto embarazoso todo aquello para mi esposa y para mí. Esto va a acabar en orgía, me dije. Con el tiempo, este tipo de actitudes en España fueron moderándose, porque los protagonistas se dieron cuenta –a más de uno se le amonestó de una u otra forma- de que la vida no era sólo cuestión de formas sino de pensamiento. En el fondo, los protagonistas de aquella movida madrileña no eran más que simples provocadores o burgueses, que deseaban epatar a otros burgueses o bohemios más que personas comprometidas. Hay un tiempo para todo, decía yo, cuando me ofrecían hierba para fumar. Yo ya he pasado de eso. Nunca la fumé.

"Ciudad", por Juan Alcalde

En la nueva vida matrimonial comencé a sentir una extraña soledad que no conocía: la soledad del que se encuentra en compañía. Con mi primera mujer no había tenido aquella sensación, pero ahora se hacía más evidente y profunda. Comencé a sentir una apatía grande, con escasas o nulas grandes de pintar. Ni yo mismo me reconocía en Madrid. Caí en una terrible depresión de la que no parecía salvarme ni el acto de pintar, panacea hasta entonces de todos mis males. La vida se me antojó de pronto absurda y sin sentido. ¿Qué hacía yo allí en aquel espacio y en esta vida viviendo con alguien que parecía estorbarme para pintar?  Yo necesitaba estar solo de nuevo para poder llevar una vida ajustada a la pintura y a nadie más. La culpa o la responsabilidad de la nueva situación era toda mía. No debí haberme casado

Ella, mi segunda esposa y yo decidimos separarnos amigablemente como pareja y seguimos hablando de vez en cuando entre nosotros con naturalidad. Como antes. Mi espacio para vivir y pintar sigue en un amplio ático en el barrio de Chamberí desde el que se divisan las torres de la Moncloa y la sierra de Guadarrama. Alcanzo a ver las cimas blancas de la sierra velazqueña cuando nieva en los días de invierno. Es una casa-estudio donde trabajo a solas y me alojo con comodidad. Yo pensaba morir en París con aguacero, como decía el poeta Cesar Vallejo, pero ya no lo creo así; lo haré, si todo sigue igual, en Madrid para cerrar el círculo de mi vida. Una ciudad de nueve meses de invierno y tres de infierno, según reza el dicterio sobre Madrid. Una ciudad grata. Sería bonito morir en el otoño madrileño, cayendo de pronto al suelo como una hoja más de los plátanos del boulevard donde resido.
No sé que será de mí en el futuro, pero de momento me las arreglo perfectamente a solas. Quiero dejar las cosas bien atadas, lo cual quiere decir que las cosas irán a su aire, como quieran hacerlo, sin que yo lo pueda ya remediar. He dispuesto incluso mi funeral: que me quemen y que las cenizas las arrojen inmediatamente en el W.C. más cercano. Yo no tengo un sentido sacral del cuerpo cuando ya está muerto y tampoco creo en el más allá, así que será lo mejor que se puede hacer con un cadáver, para que no estorbe demasiado ni ocupe espacio. Algunos amigos me dicen que esa decisión es una extravagancia más de mi vida. Será de mi muerte, les corrijo, pero ellos insisten en que la decisión ha sido tomada en vida. ¡Qué más da!
            Continuará mañana con el capítulo V y último


“Entremeses” de Miguel de Cervantes, en edición de Adriám J. Sáez, publicado por Cátedra





Julia Sáez-Angulo

            16/7/2020.- Madrid.- Entremeses de Miguel de Cervantes, en edición de Adrián J. Sáez, es el libro publicado por la editorial Cátedra.
            Los ocho entremeses llevan por título: Juez de los divorcios; Rufián viudo llamado Trampagos; la reelección de los alcaldes de Daganzo; La guarda cuidadosa; Vizcaino fingido; Retablo de las maravillas; La cueva de Salamanca, y Viejo celoso. Ocho joyas ciertamente que han sido representadas con frecuencia.
Teatro breve del príncipe de las Letras, don Miguel de Cervantes (1547-1616), que junto a las obras Numancia o Pedro de Urdemalas constituyen su mejor obra dramática.
“El teatro cervantino es una “mesa de trucos” a juego con las Novelas ejemplares que despliega todo un abanico de ideas y motivos, recursos y temas”, dice el estudio de Adrián J. Sáez. En los entremeses se atacan de cerca “las lacras del sistema y la sociedad (…) no se escapan la milicia ni los malos religiosos, con el plus que da el conocimiento de primera mano -pero sin necesidad de autobiografismo alguno-, añade.
Cada lector o espectador puede tener sus preferencias ante estos entremeses excelentes de Cervantes. Yo me inclino por El retablo de las maravillas, en el que el autor pone de manifiesto la importancia de la exclusión por el origen y la religión en la España del XVI-XVII -los dos siglos de Oro al decir de algunos historiadores-.

Fonoteca de Poesía Contemporánea, un registro de la voz de los poetas en español y otras lenguas



 M. Carmen Gascón Vaquero, con el poeta Mario Campanar


L.M.A.

            16/7/2020 .- Zaragoza.- La Fonoteca Española de Poesía es la asociación cultural no lucrativa creada en 2014 para promover la obra poética, contribuyendo a su difusión. En sus actividades, la Fonoteca atiende fundamentalmente a la recopilación y exposición del patrimonio sonoro creado por poetas contemporáneos.
Sus objetivos y funciones son:
§  Crear y gestionar el mayor fondo sonoro de poesía contemporánea española.
§  Organizar y convocar sesiones de grabación con poetas en las diferentes lenguas españolas.
§  Organizar y colaborar con centros de otros países para la Traducción de obra poética en lengua española a otros idiomas.
§  Edición sonora de Colecciones de Poesía Clásica en lenguas española, inglesa y francesa, con lectura a cargo de magistrales rapsodas.
§  Edición en papel de libros con voz de la Colección conSentido.
§  Creación y gestión de la PlayList de Poesía Recitada para móvil.
§  Participar en programas de difusión de poesía española.
§  Realizar actividades de difusión cultural en colaboración con otros organismos españoles e hispanoamericanos.
§  Publicar numerosos recursos digitales y ponerlos a disposición del público interesado.

El equipo directivo está formado por José Roberto Rodes Gracia, director; María Luisa López Sánchez, directora de Comunicación, y Mari Carmen Gascón Baquero, directora literaria.
Entre los poetas que han dejado grabada su voz se encuentran, entre otros, Ángeles Mora, Antonio Colinas, Jaime Siles, Antón Castro, Luis Alberto de Cuenca, Jenaro Talens, Guillermo Carnero, Olvido García Valdés, Clara Janés, Antonio Gamoneda, Rogelio Sánchez Molero, Beatriz Villacañas, Julia Sáez-Angulo, Jesús Hilario Tundidor, Miguel Veyrat, Juan Vicente Piqueras, Manuel Quiroga, Antonio Hernández… además del equipo directivo. También hay recitales de poetas en otras lenguas diferentes a la española.
Elena Gallego, profesora de la Universidad Sofía de Tokio recuerda que:
Recitar es escuchar
y esa es la esencia
del Namu Amida Butsu
"


Más información
https://wp.me/p7ApxA-2yb

miércoles, 15 de julio de 2020

Juan Alcalde (Autobiografía III) LA AMISTAD CON MARCEL MARCEAU

Marcel Marceau (1923-2007)


Juan Alcalde, primer plano


por Julia Sáez-Angulo

16.0.2020.- Mafrid

Un día en Paris, vino a verme el compositor español Carlos Palacio, celebre por haber compuesto el Himno de las Brigadas Internacionales, con letra del poeta alemán Erich Weinert, y que antes se titulaba Himno a Luís Carlos Prestes. Palacio era un tipo simpático, nacido en Alcoy en 1911, que había compuesto buena parte de himnos para los combatientes republicados durante la Guerra Civil, a petición del Gobierno de la II República. Había estado en Moscú, pero como muchos otros, no gustaron de lo que vieron y prefirieron otro ambiente más abierto y libre. Se instaló en París hasta su muerte en 1997.
Yo tuve con Palacio una cierta amistad y, gracias a él, conocí a Marcel Marceau, el gran actor del mimo francés, con el que llegué a entablar una hermosa amistad de admiración mutua y de comprensión como artistas. Él había coqueteado con los comunistas en su juventud, llevado por un idealismo igualitario, pero más adelante dejó de participar en aquella utopía, que intuyó no llegaba a nada bueno. No quería recordar ese pasado suyo de simpatía comunista, porque viajaba con periodicidad a los Estados Unidos de América, donde era reconocido y muy aplaudido. Sus veleidades comunistas de juventud no le hubieran favorecido en absoluto entre el público americano, celoso de su libertad. Como buen judío Marceau quería el bien de la humanidad, sin perder de vista el beneficio propio. Marcel Marceau era un tipo muy inteligente. Su padre fue deportado y asesinado en Auschwitz en 1944. Para sobrevivir en plena guerra mundial, Marcel y sus hermanos se cambiaron el apellido judío Mangel, por el de Marceau.
Conectar o no con una persona sabia es un don de la vida. Marcel Marceau y yo conectamos muy bien desde el lado humano y como artistas en diversos campos. Nos visitábamos en nuestros respectivos estudios o paseábamos. Los primeros dibujos que le hice fueron después de que nos presentara Carlos Palacio y yo pidiera permiso al actor para hacerlo. Me coloqué de manera discreta entre bambalinas, junto al bombero de seguridad y, mientras actuaba, le hice numerosos apuntes rápidos de sus graciosas y dramáticas muecas o poses. ¡Qué artista! ¡Qué actor! ¡Qué clown!

pintura por Juan Alcalde

Hemos paseado juntos por las calles de París conversando sin parar; le gustaba sentarse en el bordillo de la acera, desde donde se ponía a mirar a la gente, al género humano, decía él. Le gustaba observar la vida de los hombres y, sobre todo, al ser humano en la vida cotidiana. En sus espectáculos mostraba los laberintos del hombre sobre la tierra. Se reía con su gran boca roja perfilada de negro, donde parecía encajar la dentadura en medio de su cara blanca, blanqueada. Reía con la boca y lloraba con la espalda al representar a un pobre tipo, un pobre hombre perdido en la vida. Su personaje, casi un alter ego, era Bip, con su peculiar chistera y la flor que nacía de ella.
            -Has estado muy bien Marcel- le dije yo tras una función, como lo hacía en muchas otras. La gente te ha aplaudido a rabiar.
            -¡Hoy he estado muy mal!- me respondió enfadado en esa ocasión. –La gente aplaude, porque no sabe, porque no entiende, porque se queda en lo superficial. ¡Yo sí sé cuando he estado bien o mal!, concluía contrariado. Y tú, que eres artista, debieras haberlo visto como yo lo he visto y sentido.
            Yo entonces guardaba silencio; es lo que hay que hacer cuando la gente no está de buen humor. Dejar que se desahogue.
            Marcel Marceau era un artista muy exigente consigo mismo. Ensayaba sin parar en su estudio de espejos, donde trataba de controlar cada uno de los ángulos de su figura y cada apariencia mínima de sus movimientos. Era de una exigencia brutal. Contemplaba las poses por arriba y por abajo, por los cuatro costados. Estudiaba las luces y las sombras con una precisión de miniaturista. Buscaba el espíritu y la transparencia, en las formas en que se manifestaba. Medía las distancias y los espacios del lugar en el que iba a actuar, para reproducirlos en su estudio. Uno comprendía, al verlo, aquello de que el genio es fruto del trabajo. ¡Era un espectáculo verlo en los ensayos ante el espejo! Su experiencia en el teatro me enseñó muchísimo sobre coreografía y atrezzo.  No hay que olvidar que Marcel Marceau era un pintor fracasado, por su propio bien y en beneficio de la humanidad; su arte era muy otro: el mimo que el sabía interpretar como nadie. Llegó a la altura de Charles Chaplin a quien admiraba, pero fue muy distinto a él. Era muy refinado. Muy diferente también al catalán Charlie Rivel,que cultivó más el género de payaso más tradicional, aunque renovado.
            Marcel Marceau creó a su personaje Bip, vestido con un jersey de rayas y un gastado sombrero de copa del que nacía una flor. Emanaba cierta melancolía del esprit francés. Era la representación personal de su espíritu de poeta, con la pantomima como lenguaje. Sabía encarnar en su silueta desde el viento, a una mariposa y todo ello, con el silencio cómo fondo. La palabra hubiera sido una profanación. 

"Hombre solitario", por Juan Alcalde

Además de apuntes de sus actuaciones, le hice varios retratos. Sorprendentemente los dibujos que hice de Marcel Marceau se vendieron muy bien por todo el mundo. La gente quería tener alguno de aquellos momentos inefables, que él representaba en el escenario, lugar en el que ciertamente se transformaba. No me quedan más que tres o cuatro dibujos sobre Marceau de los que no pienso desprenderme mientras viva. La amistad de este cómico francés es uno de los orgullos de mi vida.
Marcel y yo íbamos a almorzar juntos; él comía muy poco, yo tampoco mucho. Se cuidaba la figura. Le gustaba que yo le contara mis andanzas durante la guerra civil española, en el exilio en el campo de internamiento de Le Barcarés, o mis audacias en Venezuela y Santo Domingo. Se interesaba mucho por España, donde actuó en diversas ocasiones y donde llegó a representar a su manera a Don Juan Tenorio.  Sostenía una compañía de actuación costosísima de mantenimiento, por lo perfeccionista que era. Tenía un ballet magistral. ¡Traedme gente al espectáculo! nos pidió a Palacio y a mí el día que nos conocimos.
                 Continuará mañana, cap. IV

ALEJANDRA ALLOZA, PRESENTACIÓN VIRTUAL DE “ATRAPA A UNA TREPA”


Alejandra Alloza, escritora


Asistieron 316 personas  a través de Zoom y Facebook Live



Jorge Llopis Planas , Critico de Arte (AECA)

       15-07.2020 .- Madrid.- La pandemia, encierro y sus limitaciones, ofrecen (o fuerzan) soluciones a los creadores que quieren presentan sus obras al público. Por un lado los artistas plásticos están recurriendo a la exposición virtual y los autores literarios a la videoconferencia múltiple abierta al  potencial lector.

Estamos hablando de la aplicación tecnológica en la literatura por partida doble ya que nos referimos a un AUDIO LIBRO para escucharlo allá donde fueres o digas que fueres. En realidad, una nueva fórmula de LIBRO DIGITAL presentado a través de plataformas de MULTI VIDEO CONFERENCIA. En este caso el ensayo “Atrapa a una Trepa” de la periodista y criminóloga Alejandra Alloza y publicado por BuBok.

El AUDIO LIBRO como formato literario está implementándose con fuerza entre el lector ya que presenta interesantes ventajas: Precio, disponibilidad inmediata, no se agotan las ediciones ni se descataloga y es versátil ya que puede escucharse a través del dispositivo móvil que se desee y donde se desee: Conduciendo, viajando, haciendo ejercicio, en la compra o en soporíferas juntas de accionistas, reuniones de empresa, funerales, colas de acceso y espera.

El éxito de la presentación fue total, ya que asistieron virtualmente y por supuesto contabilizadas de manera higiénica y civilizada 316 personas en riguroso directo. Personalmente no he asistido a ninguna presentación de libro con semejante audiencia, a no ser la de ”!Levantaos. Vamos!” (Ed. Espasa, 2004) de San Juan Pablo II. La Ciber Cita/Presentación que nos ocupa ha sido menos trascendente y sin el cardenalicio y barroco catering servido en el Villa Magna y que todavía se recuerda en las coplas de la Villa. Ya que eso si, en una presentación virtual, el vino español o la caña se la sirve uno en casa o allá donde esté conectado. Tampoco el autor puede firmar ejemplares, aviso.

El escritor y periodista Eduardo La Fuente y la coordinadora de la editorial BuBok, Isabel Merino apadrinaron el virtual evento junto con la autora. Los Emojis y tuits de los asistentes animaron la charla. Vamos, como en una presentación convencional, pero que en este caso tuvo una repercusión mundial ya que varios asistentes eran extranjeros gracias al medio de difusión empleado.

“Atrapa a una Trepa” es un ensayo sociopatológico. Un manual escrito en primera persona para descubrir y protegerse de una especie antigua como el mundo pero muy en boga últimamente, sobretodo en los sectores del periodismo y la política: El trepa o la trepa, sin distinción de género como mandan los cánones del Politically Correct imperante.

El trepa es una especie invasora que se carga todos los ecosistemas: La familia, los grupos de amigos, los entornos laborales. Contamina, divide y vuelve tóxica cualquier atmósfera. En “Atrapa a una trepa”, la autora nos demuestra que todos hemos padecido los caprichos y envites de estos seres pero que lo asumimos con naturalidad, como si fuese inevitable.

 “Atrapa a una trepa” muestra con humor como la envidia es la enemiga directa de la lealtad y como la ambición destruye la verdadera felicidad. El relato transcurre por muchos ambientes por donde deambula la protagonista: Hoteles de lujo, centros comerciales, gimnasios y demás entornos donde los egos y la vanidad ayudan a que la armonía sea difícil.

Este audio libro tiene dos narraciones que confluyen. Por un lado, la narración en primera persona de Gloria, una joven ávida de atención, narcisista y que nos demuestra como ve el mundo. Ella es la protagonista y los demás, figuración con frase. Por otro lado, una voz nos enseña detrás de cada capítulo que artimañas ha puesto en práctica la trepa para salirse con la suya. Después de la ficción, viene la lección. Una manera práctica de entender como los arribistas tejen sus trampas y de que manera podemos detectarlos y combatirlos. Escúchelo y sorpréndase. Son más próximos y familiares de lo que se cree…

“Atrapa a una Trepa” está relatado por la propia autora Alejandra Alloza, una experimentada presentadora, reportera de televisión y locutora de radio. Una voz que seguro les resultará familiar.

En 2019 Alejandra Alloza presentó el Libro Objeto “Sara Puro Mito” también con BuBok y del que es coautora con el artista Antonio Laguna. Así mismo es autora y directora de la obraReciclando a un famoso” que se está representado en varias capitales y en la Escena Off de Madrid.


¡Pásenlo!, es un Clic.

Raúl Lavalle, profesor argentino, escritor, traductor de textos griegos y latinos


Raúl Lavalle, profesor




L.M.A.

15/7/2020 .- Buenos Aires. Argentina.- El escritor y profesor Raúl Lavalle  se describe a sí mismo como: "Soy egresado de la carrera de Letras, en Buenos Aires, Argentina. Soy jubilado, pero todavía continúo ejerciendo la docencia. Escribo sobre todo a través de mi blog (www.litterulae.blogspot.com). He escrito algunos artículos de estudios literarios a lo largo de mi carrera. Mis escritos literarios son muy breves y, con alguna rara excepción, no han sido publicados en papel. He traducido algunos textos griegos y latinos".
            Ha traducido al latín el Martín Fierro del escritor argentino José Hernández

1.- ¿Qué reflexión sobre la literatura le ha interesado más?
Quizás, que la literatura es una compañía para toda la vida.
2.- ¿Qué lecturas le han influido fundamentalmente?
Los clásicos griegos y latinos.

3.- ¿Qué libro le impactó? ¿Se sabe algún fragmento o estrofa de memoria?
La Odisea tiene en germen mucho de la literatura humana, creo yo. No soy tan memorioso ahora, en la vejez. Por poner un ejemplo, “Buscas en Roma a Roma, oh peregrino”, el soneto de Quevedo a Roma sepultada en sus ruinas.
4.- ¿Cuáles son los asuntos habituales en su obra?
Soy un escritor insignificante, pero escribo poemas brevísimos a las bellas mujeres de este mundo.

5.- ¿Qué forma literaria prefiere?
Poesía.
7.- ¿Cómo es su biblioteca? ¿Hay autoras en ella?
Es una biblioteca rara, miscelánea. Tengo muchos clásicos griegos y latinos.

8.- ¿Qué libro está leyendo ahora?
Más de uno, pero, por elegir uno, las poesías del uruguayo Julio Herrera y Reissig.
9.- ¿Qué tres libros de poesía recomendaría?
Rubén Darío, Gustavo Adolfo Bécquer, Paul Verlaine. Toda selección será injusta.

10.- ¿Qué proyectos literarios se trae entre manos?
Como escribo cosas brevísimas (soy un escritor insignificante), no tengo proyectos, sino que escribo todo el tiempo.
11.- ¿Cómo llevó el confinamiento por la pandemia covid-19?
Creo que no tan mal.
12.- Breve fragmento de su escritura
ROMANCE DE SIR WALTER RALEIGH

                        ¡Cielos, que tienes razón!
                        Dicen que eres mi enemigo.
                        Mas te aseguro, Señor,
                        mi compasión te prodigo.
                        Dizque la Reina te amó:
                        ¡raro y funesto destino!
                        Me quisiste bajo tierra;
                        no te digo a ti lo mismo.
                        ¡Dura, la cruz de los hombres!
                        Te apresó violento sino.
                        Muchos hay que te recuerdan,
                        bien o mal… pero conmigo
                        siempre revives un poco:
                        mi capa está por el piso
                        para alabanza de dueñas,
                        las bellas que el mundo ha visto.
                        Ante tu lápida mudo
                        dentro del templo medito.

 Más información

Raúl Lavalle y su esposa

VIAJE A LA SIERRA DE GUADARRAMA. Relato


Sierra de Guadarrama


 por Julia Sáez-Angulo

            Aquel verano de nueva normalidad, tras la pandemia y sin trabajo, Marta y yo decidimos hacer un viaje por la cercana sierra norte de Madrid, a la que antes se la conocía como sierra pobre, por lo escarpado y pelado de su paisaje. Aquel viejo nombre hacía juego con nuestros bolsillos adelgazados, por falta de liquidez, dada la situación devenida y reinante. Contábamos con una vieja moto, bien conservada por mí, que me gustan los motores, capaz de adentrarse por caminos de tierra sin miramiento alguno. La decisión de aquel viaje la tomó Marta que había leído una novela del marqués de Tamarón, en la que se elogia la sierra de Guadarrama, declarada parque nacional en 2013, sierra compartida entre Madrid y Segovia. Está en el Sistema Central de la península, todo un espinazo que divide la meseta castellana en dos partes. Fueron muchos los intelectuales como Ortega, Unamuno o Giner de los Ríos, los que reclamaron su conservación como parque nacional.
            Las rocas y peñascos de La Cabrera y La Pedriza nos tenían fascinados. Nos sentíamos felices en aquel paraje coronado de águilas y buitres negros que planeaban con majestad por los cielos. ¿No creerán que estamos muertos?, preguntó Marta inquieta, un día al atardecer, cuando dos buitres se acercaron osadamente a nuestras cabezas, que reposaban sobre las mochilas cara al cielo.
            A Marta, mujer adorable y caótica, le gusta salir y dejarse sorprender por el camino y la aventura; yo, más previsor, llevaba conmigo una vieja guía Michelin de papel, amén de la consulta periódica en Internet. Adentrarse por pinares o entre melojos era saludable para saborear la soledad y oxigenar los pulmones. De vez en cuando nos cruzábamos con algún montañero solitario, que más parecía un peregrino Camino de Santiago, por su figura ascética.
            En principio nos alojamos en Bustarviejo, tras cenar una buena ración de cabritillo asado con patatas a lo pobre. Al día siguiente, después de una larga sesión de senderismo y disfrutar con el vuelo colorista de los rabilargos, recalamos en un aislado Museo de Esculturas al Aire Libre, que invitaba a la visita. Mientras admirábamos las grandes esculturas talladas en piedra blanca de Colmenar o realizadas en acero cortén, se nos acercó un hombre magro, con barba y cabello blanco. Era el escultor, quien comenzó a explicarnos su obra inspirada en la fauna humana y en la naturaleza. Sus palabras destilaban filosofía de vida, que trasladaba a sus criaturas artísticas. Pese a nuestra economía somera, Marta le compró un dibujo, porque, dijo, la delgadez de aquel hombre se debía al hambre que pasaba.
            El escultor nos contó que vivía feliz en aquel paraje del que se había enamorado desde el primer día, al verlo y pasar la noche al raso, bajo la luna llena con la que sostenía un romance de licántropo. Vivir solitario en la Naturaleza era un privilegio, pese a la dureza del invierno, cuando la nieve posa en capas de hasta medio metro. Estábamos a mil trescientos metros de altitud. Durante el recorrido por el terreno, el escultor nos mostró, sobre grandes rocas, unos petroglifos de origen celta, según le habían documentado los expertos de Bellas Artes. De pronto se levantó una fuerte tormenta de aire, que bajaba del pico de Mondalindo, por lo que suspendimos la conversación y nos alojamos en Valdemanco.
           
            A la mañana siguiente pasamos de nuevo con la moto junto al Museo al Aire libre y vimos al escultor junto a una grúa levantando algunas esculturas derribadas en el suelo. Paramos para saludarle y nos contó que el viento había soplado a más de 156 km por hora, por lo que había arrojado las esculturas al suelo. Tendré que ponerles anclajes para evitar su caída. La Naturaleza nos da siempre lecciones de comportamiento ante las cosas, dijo el escultor con serenidad.

            Avanzamos con nuestra moto hasta el hayedo de La Pedrosa, al subir al puerto de La Quesera. Es uno de los hayedos más meridionales de Europa. Las hayas tienen aura de árboles en los cuentos de hadas, comentó Marta; entre ellas conviven, elfos, brujas, princesas y príncipes encantados. Yo no veía mas que hermoso musgo y verdes líquenes sobre aquellas. Una tormenta, esta vez de agua y granizo descargó al atardecer sobre las hayas A su término, el cielo nos obsequió con un doble arco iris, algo nunca contemplado en nuestras vidas.

            El Real Monasterio de Santa María de El Paular fue el último objetivo de nuestro viaje; allí nos empapamos de historia y naturaleza. Fundado en el siglo XIV por Enrique II de Castilla, había permanecido como cenobio cartujo hasta el siglo XIX, para pasar más tarde, en el XX a priorato benedictino. Hablamos con el padre Ildefonso y escuchamos sus lamentos por la desamortización de Mendizábal que llevó al deterioro de monasterio y sus deseos de que el enclave fuera un gran foco de espiritualidad para peregrinos.
El río Lozoya, que riega el valle de su nombre, ofrece truchas a los pacientes pescadores que se acercan a su orilla. Las montañas que circundan el valle cuentan dos mil metros de altura. Otra vez nos sorprendió una lluvia vespertina, tranquila y silenciosa en esta ocasión. Al terminar esa lluvia bendición de los campos, Marta exclamó gozosa señalando al cielo:
- ¡Mira, un rompimiento de gloria!
Fue entonces cuando contemplé aquellas grandes masas de nubes, algodonosas y blancas, como las de un cuadro del Barroco. Nubes atravesadas por un rayo de sol potente, que reverberaba, como la flecha de Bernini en el corazón de Teresa de Jesús. Rayo de sol pujante que rasgaba las nubes y anunciaba la salida del Padre Eterno con las tablas de la Ley en mano, para entregarlas a Moisés…
Nunca supe si aquel rompimiento de gloria en el cielo fue fruto de la realidad, de mi imaginación infantil, con ecos de la iconografía de estampas religiosas, o memoria de la película Los diez mandamientos de Samuel Broston. Una epifanía única.