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martes, 18 de agosto de 2026

Diario Escurialense XXII. MI AHIJADA AINHOA Y EL GATO TORPÓN. Pérdidas lacrimosas. Un susto morrocotudo


Ainhoa Julia Sáez, empresaria.

Torres gemelas de la catedral de Santa María la Real de la Redonda (Logroño).    


Julia Sáez-Angulo 

18.08.2026 .- El Escorial

    Ainhoa es mi ahijada y también la hija de mi hermano Luis. Es, sin duda, la muchacha de la familia con la sonrisa más dulce y la cara más bonita. Madrileña, riojana de origen, vino a Madrid para estudiar y se alojó en mi casa de la colonia de casas unifamiliares en la Guindalera.

    Ainhoa Julia Sáez Velasco adoraba los gatos, de modo que no tardó en presentarse con una gatita a la que había puesto el curioso nombre de Calamares. Era un animalito tierno y gris que encontraba refugio en las piernas o en los brazos de su dueña. A mí aquella presencia me gustaba. Ainhoa era dulce y cariñosa y el gato parecía completar su carácter. Calamares era popular entre los amigos de Ainhoa.

    También le vino muy bien a mi hija Cristina, que por entonces estudiaba Medicina. En Navidad venía a casa Gema Piñana, desde París, para pasar un mes con nosotras, y se encontraba feliz al ver la casa con un gato. Gema adoraba también a estos animales y, según decía, por eso, su personaje favorito había sido siempre Benedicto XVI: le constaba que, cuando era cardenal, alimentaba a los gatos de su barrio romano y les llevaba comida todos los días.

    Como a Ainhoa le gustaban tanto los gatos, un día apareció con otro. Lo llamó Gordito. Era, efectivamente, un gato blanco y negro, redondo y rellenito. Pero además de gordito era torpe. Tan torpe que yo acabé llamándolo Torpón.

    Torpón se subía a los muebles y tiraba cuanto encontraba a su paso. No respetaba nada. Cuando instalábamos el belén de Navidad, tuvo la osadía de tirar al suelo la figura del Niño Jesús, cosa que me pareció de muy mal gusto. Y, para afilarse las uñas, había elegido mis escaleras, las que comunicaban el salón del principal con los dormitorios de arriba. Las utilizaba como si fueran un gigantesco rascador, dejando las marcas de sus uñas por todas partes.

    A veces Torpón desaparecía y las lágrimas de Ainhoa eran inconsolables. En una ocasión llegamos a empapelar toda la Guindalera con fotografías del gato, reclamando su rescate y ofreciendo una recompensa. Pero nadie nos lo devolvió. Fue él mismo quien decidió regresar, porque una mañana apareció tranquilamente en casa, para alivio de todos y, sobre todo, de Ainhoa.

    Mi hija Cristina y Ainhoa se llevaban de maravilla. Las dos eran dos bombones de veinte años que pasaban los fines de semana inclinadas sobre los libros, estudiando para salir adelante en la vida. Mientras tanto, yo, ya entrada en años, aprovechaba los sábados y domingos para salir: cine, teatro, comidas, cenas con amigos... ¡Qué injusta es a veces la vida! Ellas, jóvenes, estudiando y yo, divirtiéndome.

    En las épocas de celo de los gatos, la colonia de la Guindalera es una gatomaquia tremenda, y me río yo de las berreas. No hay quien duerma.

*****

    Cuando Ainhoa terminó sus estudios de diseñadora de joyas, regresó a La Rioja y empezó a trabajar en una relojería. Las monjas del convento que había junto al establecimiento la adoraban. Ainhoa tenía siempre una sonrisa preparada y una paciencia infinita para ponerles los relojes en hora, sobre todo cuando había que cambiar la hora oficial. Un día, una de las religiosas le preguntó:

—¿Cuánto le debo?

—Nada —contestó Ainhoa.

    Aquello fue su perdición. Desde entonces, las monjas fueron desfilando por la relojería para que Ainhoa les pusiera los relojes en hora sin cobrarles un céntimo. Ella lo hacía encantada.

    Muy pronto, Ainhoa dejó la joyería  y se dedicó, a instancias de su padre, a empresaria inmobiliaria. En la amplia casa de mis padres, huerta y jardín, estableció cuatro viviendas rurales de alquiler. Si mis padres levantaran la cabeza, quedarían perplejos.

    Ya instalada en La Rioja y acompañada por sus dos gatos, Calamares y Torpón, Ainhoa vivía feliz en su bonito apartamento desde el que se veían perfectamente las torres gemelas de la catedral Santa María la Real de la Redonda. Hasta que un día decidió acuchillar el parqué de su casa.

    Los operarios llegaron con sus máquinas. Y aquellas máquinas eran tan ruidosas que el pobre Torpón se volvió loco. Saltaba de un sitio a otro, tiraba más adornos que nunca y buscaba desesperadamente una salida de aquel espacio lleno de chirridos infernales. Parecía que una máquina del demonio hubiera entrado en la casa.

    La terraza fue su escapatoria.

*****

    De pronto, sonó el teléfono de mi hermano Luis, periodista, en su despacho del diario “La Rioja”. Él, adjunto a la dirección.

    Era su hija Ainhoa, llorando y fuera de sí:

—¡Ay, madre! ¡Que se   ha matado! ¡Ay, madre, que se ha suicidado! ¡Que se ha tirado a la calle desde la terraza!¡Ay madre, que se ha matado! Papá, por favor, ven.

    El padre salió disparado hacia la casa de su hija. Por lo que le había contado, entendía que la madre de Ainhoa se había suicidado y acudió con el corazón encogido, dispuesto a enfrentarse a la peor noticia de su vida.

    Cuando llegó a la calle, vio a dos policías del cuartel próximo, situado frente de la casa de Ainhoa en la calle Calvo Sotelo. Los agentes y algunos vecinos rodeaban un bulto y trataban de consolar a Ainhoa.

    Luis se acercó con palpitaciones en el pecho. Entonces descubrió la verdad. El bulto era Torpón. El pobre gato yacía despanzurrado en medio de la calle.

    Al comprender el equívoco, Luis soltó una carcajada. Una de esas carcajadas terribles que nacen del alivio después de haber imaginado una desgracia infinitamente mayor.

    Ainhoa lo miró con una mezcla de indignación y dolor.

—Papá...

    Él sacó inmediatamente el móvil y llamó a la redacción del periódico para aclarar la noticia:

    —No se ha suicidado nadie. Ha sido el gato. Se ha caído de la terraza.

    La explicación entre sollozos de Ainhoa, a todos los que le escuchaban, era  que los chirridos de las máquinas de los operarios habían vuelto loco a Torpón. En su desesperación, el animal habría intentado saltar desde la propia terraza a la de al lado. Y, como era torpe —eso nadie podía discutirlo—, calculó mal el salto y cayó desde el sexto piso.

    No fue, ciertamente, un final feliz para Torpón, ni para Ainhoa.

    Pero al menos el susto morrocotudo de Luis había pasado. Y aquella historia, que durante unos minutos había parecido una tragedia familiar, terminó convertida en una de esas historias absurdas y dolorosas que, con el tiempo, solo pueden recordarse entre sonrisas y lágrimas.

    Más información

https://lamiradaactual.blogspot.com/2025/08/encuentros-amigables.html

Ainhoa Sáez, empresaria.
Ainhoa Sáez Velasco


viernes, 13 de marzo de 2015

Gatos, dioses egipcios adorados y cuidados por una “secta”







Julia Sáez-Angulo
Fotos: Gema Piñana

         14.03.15.- Madrid.- Los gatos, animales felinos e independientes donde los haya, cuentan siempre con una serie de adoradores, que vienen a constituir una “secta” muy particular que los admira cuida y alimenta.

         Entre los personajes que quieren y miman a los gatos se pueden citar al papa emérito Benedicto XVI, el escritor Fernando Sánchez Dragó, la diseñadora Ainhoa Sáez Velasco, la pintora Pilar Carpio, la periodista Gema Piñana, la doctora Cristina Lisbona, la poeta María Montes, la acuarelista y fotógrafa Maica Noïs, la escultora Amparo Ayllón, la pintora Rosa Moreno de Castro…

         Son muchos los ciudadanos de Madrid, a los que curiosamente llaman “gatos”, los que preparan comida y bebida para colocar debajo de los automóviles durante la noche, para atender a los gatos, animales profilácticos donde los haya, que limpian de hurones, ratones e insectos, por lo que muchos hospitales los tienen y alimentan en derredor.

         Se dice que los que tienen perro buscan amor y los que tienen gato, lo entregan, pues el gato es un animal orgulloso e independiente que resulta más fiel al lugar y a la comida que a sus dueños.

         Recientemente el Jardín Botánico de Valencia celebró una gran exposición de dibujos, pinturas y poemas para ayudar al sostenimiento de los gatos abandonados en la ciudad y que se recogen en el recinto del Botánico. En la muestra, comisariada por Pilar Carpio se vendieron todas las piezas. El Jardín Botánico de Madrid lleva a cabo una tarea similar.

         Roma, la ciudad imperial y eterna también tiene un gran recinto ajardinado en Torre Argentina para acoger a los gatos abandonados o sin dueño. El número de ciudadanos que ayuda a sostenerlo es muy numerosos.

       El Museo Reina Sofía de Madrid fe recinto de gatos durante los años que estuvo abandonado, antes de la función museística que hoy tiene. Los gatos fueron entregados a la Sociedad Protectora de Animales.


         Moscú cuenta con un célebre Teatro de Gatos, al que resulta difícil asistir porque sus entradas están vendidas con mucha antelación. Sánchez Dragó cuenta que allí se topó y conoció a Luis Roldán, ex director de la Guardia Civil, encausado y condenado por evasión de fondos, sobre el que ha escrito una novela basada en su vida, publicada por la editorial Planeta.

         El escritor argentino Julio Cortázar escribió uno de los cuentos más hermosos sobre un gato siamés.

Gata de la periodista Gema Piñana

Gema Piñana Alfonso 2025

martes, 27 de mayo de 2014

"El Hogar Ideal", tienda de decoración on line, dirigida por Ainhoa Sáez

Centrada en el amplio mundo de la decoración y los pequeños accesorios de tus espacios más personales, 'El hogar ideal' ha abierto sus puertas a la venta online.
     
Se trata de un proyecto empresarial impulsado desde La Rioja con la intención de satisfacer las necesidades de un público que es cada vez más exigente.
   
El color será una de las banderas de esta nueva iniciativa, que compaginará las nuevas tendencias con las propuestas más clásicas y que tendrá en el diseñador el centro de la apuesta.
     
'El hogar ideal' nace con 11 colecciones con las que arranca un selecto catálogo que será ampliado en los próximos meses para completar la esencia de los diferentes estilos decorativos.
     
Para una mayor relación con sus clientes y seguidores, 'El hogar ideal' dispone de una amplia y eficaz cobertura en las redes sociales. De este modo será más sencilla la difusión de sus productos y ofertas únicas.

Puede visitarnos en www.elhogarideal.com o en los enlaces a nuestras redes sociales.
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lunes, 18 de junio de 2012




Ainhoa Sáez: Desfile de pamelas y tocados en una boda en la catedral de Oviedo




Julia Sáez-Angulo


         Antigua ciudad universitaria y levítica, Oviedo capital de Asturias se vio radiante de color ante la catedral el sábado ante la boda de Raquel Álvarez y Pablo Pérez Angulo. Un mundo de imaginación y color se desplegaba sobre las cabezas de los asistentes a la ceremonia: pamelas, sombreros y tocados de Ainhoa Sáez, la diseñadora de la firma El jardín de Papá. Un desfile muy particular en una boda de postín en la capital norteña.
         Las formas orgánicas de la naturaleza inspiran a Aihnoa Sáez Velasco (Madrid, 1984) “porque me permiten cierta asimetría, dentro de la simetría formal a la que tiendo”, declara la directora creativa madrileña.
         “Alexander McQueen me pareció siempre un genio y lo admiré siempre”, declara la diseñadora. “También el español Josep Font –ahora director creativo a Jesús del Pozo-- me ha llamado la atención en ocasiones. Él trabajó antes en París. En realidad, más que diseñadores particulares me interesan las colecciones concretas en la que se acierta o no con una idea o una línea”, explica.

         “Para la última colección que he diseñado en pamelas, sombreros y tocados me he inspirado, como habitualmente, en el jardín de papá que veo desde mi ventana, pero a ello se añaden múltiples impresiones visuales que cualquier diseñador atento tiene a lo largo de los días”, explica la autora creativa.

         Materiales y tejidos naturales predominan en la colección de Ainhoa Sáez: gasas, sedas, sinamays, algodones, tules y velos dan forma a pamelas, casquetes, sobreros, tocados, flores… Un toque singular y acertado en la cabeza realza un buen traje, le añade glamour a la indumentaria de fiesta o ceremonia.

         Para Ainhoa Sáez, toda prenda de moda crece o decae en la persona que la luce. La personalidad de cada  cual imprime su acento particular a la creación de una pieza de indumentaria.

         Más información: