sábado, 15 de enero de 2011

Boix, Pinturas y Dibujos con la crónica del bullir de nuestro tiempo



Carlos Boix,“Swap”
Exposición de Pintura y Dibujos
Del 26 de enero al 2 de marzo de 2011.Inauguración: 26 de enero; 19,30 a 22,00 horas
Centro Cultural Pérez de la Riba. Sala Maruja Mallo
c/ Principado de Asturias, 28. 28231 Las Rozas (Madrid); Tel 916 376 496
Como llegar: RENFE C-7 y C-10; 621 y 622 desde el intercambiador de Moncloa (Parada Burgocentro): Horario: Lunes a Viernes: De 10 a 14 h. y de 17 a 21 horas. Sábado: De 10 a 14 horas.




L.M.A.


Una veintena de grandes óleos y dibujos, junto a dos videos, constituyen la exposión de Boix en la Sala Maruja Mallo de Las Rozas. Después de su Cuba natal y recalar en Madrid en 2009, el artista ha vivido en Estocolmo, París, Argel, Túnez y Ginebra.

Carlos Boix, cubano/sueco, 1949, es un artista cosmopolita. Fue alumno del pintor cubano René Portocarrero y, durante su juventud en París, estuvo relacionado con el mundo surrealista, en especial con el pintor Roberto Matta, y de críticos y escritores de renombre como José Pierre o Alain Jouffroy.

Boix muestra su último trabajo plástico -Pintura y Dibujo fundamentalmente-, llevado a cabo durante los dos últimos años en sus talleres de Madrid, Ginebra y París. La exposición, bajo el título de “Swap”, se completa con dos videos sobre la trayectoria del artista, realizados por G.P.S. en España.

El catálogo de la exposición cuenta con un prólogo poético del dramaturgo y cineasta español Fernando Arrabal, y texto crítico de Julia Sáez-Angulo en el que se dice:

“Swap, podría traducirse de modo inmediato como Intercambio, una idea que el pintor asume en su pintura hecha de superposición y amalgama de presencias y sugerencias, de imágenes y materias plásticas, en un armónico totum revolutum, claro reflejo de la sociedad en que vivimos. Conceptos que va desarrollando a base de figuras, animales, plantas u objetos cotidianos que se traducen en iconos de nuestros días”, según escribe la crítica de arte Julia Sáez-Angulo en el catálogo.



La ironía y el humor de nuestra sociedad
La pintura de Boix contiene la ironía y el humor que se funde en el smog de nuestra sociedad. Es como un baño o una ducha del paisaje urbano, del paisanaje circundante, del consumismo acumulativo... que va dejando la estela del perfume político y social de nuestro tiempo.


Las telas de este artista poseen mensajes y colores como un camaleón, en un permanente cambio. Su pintura es excéntrica, provocadora y existencial; tiene conexiones con el espacio y el universo que son aparentemente caóticas pero, a la vez, unidas dentro del fascinante mundo del show. Un lenguaje aparentemente lúdico, con muchas cargas de profundidad.

El trabajo de Boix es una traducción plástica del bullir de nuestro tiempo; la visión de un calidoscopio lleno de significados, de hipersensibilidad creativa que une lo divino y lo humano, lo bufón y lo grotesco, con una elegancia espiritual y erótica, al mismo tiempo. Su discurso tiene referencias a lo religioso, al fetichismo, al consumo y al mecanicismo de las nuevas tecnologías.

* Más información: http://www.carlosboix.ch/




viernes, 14 de enero de 2011

Carmen Iglesias recorre su“autobiografía intelectual” en la Fundación Juan March

L.M.A. 
    14.01.11.- Madrid.-  El martes 18 de enero, a las 19,30 horas, la Fundación Juan March ofrece una nueva sesión de Autobiografía intelectual, en la que un creador hace un recorrido por su trayectoria vital a modo de reflexión autobiográfica, solo o en diálogo con una persona próxima a su vida y su obra. En esta ocasión, la historiadora, catedrática y académica Carmen Iglesias, mantiene una conversación con el periodista Manuel Ventero. 
 La historiadora Carmen Iglesias, catedrática de Historia de las Ideas en la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid, académica de número de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia Española, y Premio Nacional de Historia de España en 2000, es especialista en el siglo XVIII europeo y en su intervención hará un recorrido por su carrera investigadora, en la que ha publicado libros sobre Rousseau, Montesquieu, Comte, el germen de los sentimientos nacionalistas o la Ilustración norteamericana, entre ellos El pensamiento de Montesquieu, Ciencia y filosofía en el siglo XVIII, Razón, sentimiento y utopía y No siempre lo peor es cierto. 
Estudios sobre historia de España. 

Manuel Ventero. Una apuesta por el futuro Ha transcurrido prácticamente un siglo de la España de los años 20, caracterizada, al decir de Ortega, por los fantasmas del “particularismo” y la “desintegración”, y aún más: por “la ausencia de los mejores”. El diagnóstico resultó preciso para la España de principios del siglo XX. Dejo a los lectores la compleja tarea de comparar ambos períodos de la historia y aventurarse a dibujar un catálogo, por breve que resulte, de analogías y diferencias, siempre tamizadas por el tiempo. Me atrevo, sin embargo, a adelantar que esta España, acaso hoy, todavía, “invertebrada”, precisa la atención urgente y comprometida de intelectuales de la talla de Carmen Iglesias. “No siempre lo peor es cierto”, afirma la profesora Iglesias. Pero la frase de Calderón, que da título a uno de sus libros, no encierra poso alguno de ingenuidad, sino una confianza imperturbable en los españoles. Carmen no es una persona cándida, ni tampoco inocente. 
    En su obra más reciente –y más valiente– advierte de los riesgos del pesimismo y de la parálisis que su ejercicio conlleva, pero cree en el hombre. Apuesta decididamente por el futuro y confía en la fuerza transformadora de la realidad que caracteriza al ser humano. Carmen conoce como pocos la historia y avisa de las consecuencias pérfidas de las utopías, que todo lo remueven en una búsqueda egoísta y despiadada del “hombre nuevo”; y sugiere que sólo la bondad es la verdadera utopía; y nos previene porque, aún hoy, pese a la vigencia de los recuerdos, las ideologías intentan “salvar” al hombre; y evoca a Ágnes Heller, aseverando que no existe combinación más espantosa que la alianza de la utopía con la redención. Pero nos tranquiliza afirmando con Primo Levi que sólo la persona buena es la “utopía encarnada”, que -matizando- es siempre individual. De ahí el interés por las “gentes sencillas”, por los hombres y mujeres concretos. 
    Carmen Iglesias cree decididamente en la inteligencia y en la bondad, en la “fe helleriana”: la fe de Ágnes Heller. Carmen, académica (también) de la Historia, reconoce la dificultad de gestionar conceptos como la memoria y el olvido, la búsqueda sinuosa de un equilibrio casi imposible. Cree que “hay que recordar siempre para evitar que cosas tremendas se repitan”, pero está persuadida de que “tampoco podemos convertirnos en guardianes del resentimiento”. 
    Sirvan estas letras de adelanto y señal de lo que se anuncia como una conversación rica, erudita, y antes que nada, humana, entrañable y ejemplar, con Carmen Iglesias. 
 Manuel Ventero, periodista de profesión, es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Salamanca y doctor en Derecho por la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid), donde ejerce como profesor de periodismo. Su carrera profesional se ha desarrollado en Radio Televisión Española. Ha sido director de los Servicios Informativos de RNE y, con anterioridad, director territorial en Andalucía. 
    En la actualidad, dirige y presenta en la emisora pública el programa de entrevistas Siluetas. Es autor de los libros Testimonios en torno a la seguridad y la salud en el trabajo (1997) y El sonido de la Constitución. 25 años de historia (2005), y coautor de, entre otros, El periodismo audiovisual frente al terrorismo (2004) y Los comunicadores ante el terrorismo (2004). Más información www.march.es, también en Facebook

José López Martínez, Conferencia sobre Francisco Pino y las contradicciones históricas de la generación del 36.




L.M.A.


"Francisco Pino y las contradicciones históricas de la generación del 36" ha sido el tema impartido por José López Martínez, presidente de la Asociación Española de Escritores Artistas, en la conferencia que ha pronunciado en Ámbito Cultural de Madrid. El conferenciante dijo:

“Sabido es que la generación del 36 fue y es una de las más controvertidas de cuantas surgieron a lo largo del siglo veinte; siglo de grandes convulsiones bélicas, de revoluciones que cambiaron la realidad social del mundo, lo cual influyo de una manera clara y directa en los movimientos intelectuales y artísticos más significativos de la época: el surrealismo, el futurismo y tantas otras novedades como incendiaron la imaginación de escritores y artistas”.

“La generación del 36 estuvo formada por autores nacidos alrededor de 1910, el año en que Juan Ramón Jiménez publica Laberinto, Gabriel Miró Las cerezas del cementerio y Ramón Gómez de la Serna inventa las Greguerías, con las que se supera un modo de entender la literatura tan arraigado en nuestros escritores y lectores. La Greguería, se ha dicho, comporta, de entrada, un focalizador que capta lo latente y lateral, a la vez que modifica nuestra visión habitual de las cosas.

“Algunos miembros de ese grupo, escribió Luís Jiménez Martos, ya se habían manifestado antes de la guerra civil a través de la revista Cruz y Raya, dirigida por José Bergamín, y en la posguerra vinieron a coincidir en su mayor parte en la revista Escorial, pasando luego varios de estos nombres a Cuadernos Hispanoamericanos. Tiempos de alta tensión creativa.

“Entre aquellos grandes poetas y escritores, todos ellos comprometidos con sus respetables y hondas convicciones, se encontraban, entre otros, Leopoldo y Juan Panero, Luís Rosales, Gabriel Celaya, Blas de Otero, Carmen Conde, José Antonio Muñoz Rojas, Federico Muelas y Leopoldo de Luís, este nacido en 1918. Referente a los intelectuales cabe citar, sobre todo a Julián Marías, Pedro Laín Entralgo, Eugenio d’Ors y José Luís López Aranguren, importantes figuras del ensayo, y en lo que se refiere a los autores teatrales imposible dejar en el olvido a Antonio Buero Vallejo, Miguel Mihura y Alejandro Casona, sobre todo al primero, surgido en el más desolador vacío de sus propias circunstancias sociales y políticas, que no eran otras que las de aquella España herrumbrosa y marginada.”.

Inquietudes literarias y artísticas


“Y es por estas fechas, por este resurgimiento de las inquietudes literarias y artísticas cuando aparece en el panorama poético español Francisco Pino, nacido en Valladolid el 18 de enero de 1910, el mismo año en que también nacieron Luís Rosales, Miguel Hernández, Federico Muelas y Juan Alcaide, cuatro voces distintas y personalísimas que dejaron honda huella en la poesía española. Cada uno de ellos fue hijo de su sus propias circunstancias familiares y personales, pero coincidiendo en lo fundamental, en que la poesía debe ir más allá de los versitos de la novia y de los cantos bucólicos de José María Gabriel y Galán, dicho sea reconociendo también los méritos del poeta salmantino.

“Se ha comentado que al finalizar la guerra civil, durante la cual sufrió dramáticas experiencias, vivió una especie de activo exilio interior en su casa modernista del Pinar de Antequera, cerca de Valladolid. Allí, en compañía de su esposa, se centra en la escritura poética, en la elaboración de uno de los periodos más significativos y determinantes de su obra, fiel a las nuevas maneras de entender la poesía y alejado de garcilasismos y de los brotes de una juventud creadora enmarcados en poéticas y narrativas que él entendía ya superadas. A Francisco Pino le llegaban con mayor proximidad y vibración los ecos de Blas de Otero, de Gabriel Celaya o de Victoriano Crémer, entre otros, y de revistas como Espadaña y Proel”.

“Efectivamente, le poesía de Francisco Pino se mantuvo fiel a las vanguardias: poesía gráfica que incluye poemas fotográficos y tipográficos, cartelas y mosaicos. Recuérdese que por aquellos años aparece el movimiento postista, tan rompedor y convulsivo, creado por Carlos Edmundo de Ory y Eduardo Sernesi. Poetas de la más diversa condición literaria e incluso ideológica. Se barruntaba un tiempo nuevo, un ensanchamiento de las libertades intelectuales, de acercamiento a los derechos humanos. Todos ellos convivieron en el escenario de un mundo literario que emergía con pasión y brío. Influencias de Pablo Neruda, de César Vallejo, de Antonio Machado, del propio Vicente Aleixandre"·.



jueves, 13 de enero de 2011

Antonio Escobar, pintor de paisajes al óleo en la galería Durán



Antonio Escobar
Pintura de Paisajes
Galería Durán
Villanueva, 19. Madrid
Del 13 de enero al 5 de febrero de 2011



Julia Sáez Angulo


El paisaje como género pictórico independiente de la figura humana tardó mucho en llegar. Los manuales de Historia del Arte citan a Salvator Rosa (1615 – 1673), como el primero que lo independizó y aisló del hombre, cobrando así un protagonismo claro. El pintor Antonio Escobar ha querido dedicar sus últimos trabajos, llevados a cabo durante seis meses, a celebrar el género del paisaje en la galería Durán.

Más de una veintena de obras en las que se aprecia el gusto por la pintura, por el aplique de la pincelada para dar cuerpo a una serie de paisajes en las que Antonio Escobar (Madrid, 1952) crea, por representación o invención unas “vedutte” en las que predominan las casas de pueblos y aldeas, resueltas en un cromatismo muy variado para acoger diversos tipos de luz en el día o diversas estaciones del año.

En la obra expuesta podemos contemplar paisajes de luz matinal, cenital, nocturnos... todos ellos resueltos con economía de trazos de pincel que evita el metalismo excesivo para no conferir a la pintura un tono realista. La sensualidad del óleo, como crema jugosa aplicada, se aprecia y agradece en todos los cuadros, que asumen formatos medianos, pequeños o alargados.

La exposición no muestra los títulos y resulta difícil identificar algunos cuadros que convendría citar en la crítica o reseña informativa. Soberbio el cuadro nevado de pequeño formato, en el que las distancias de los elementos formales que lo componen le otorgan una excelente espacialidad a la obra.


Influencia y maestros del pasado
Licenciado en Bellas Artes, en los paisajes de Antonio Escobar se atisban conocimientos e influencias de escuelas y maestros, no en balde las escuelas de Vallecas y de Madrid han dejado una huella importante en la pintura de paisaje en la capital de España. Junto a estas referencias están el precubista francés Cezanne y Cirilo Martínez Novillo, del que aprendió directamente o los ecos de Juan Caneja para plasmar los ocres y amarillos de Castilla.

Antonio Escobar rechaza la cárcel del estilo y según propia confesión, quiere y “necesita investigar a la hora de pintar un paisaje tras otro”. Esto produce cierta perplejidad en principio, cuando se busca las señas de identidad o la dicción propia del artista. Pero en suma, se trata de un pintor inquieto, de un excelente autor seguro de sí mismo, que sabe lo quiere y lo que hace y lo confronta sin más contemplaciones al espectador.

En la inauguración pudo verse a pintores como Ricardo Zamorano y su esposa Isabel Hierro; a la poetisa Julia Escobar, hermana del pintor, así como Silvia y a Joaquín Puig de la Bella Casa, entre otros nombres del mundo de la cultura.


CRISTINA DELGADO LINACERO E INGRES


DOLORES GALLARDO LÓPEZ


En la tarde del 12 de enero, en el marco del XVIII Seminario de Iconografía Clásica - que en la tarde de los miércoles tiene lugar en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid, bajo la dirección de la Profesora Dña Isabel Rodríguez- Dña Cristina Delgado Linacero, miembro del Departamento de Filología Griega y Lingüística Indoeuropea de la Facultad de Filología de la misma Universidad, dio una magnifica conferencia sobre

La pintura mitológica de Jean Auguste Dominique Ingres

En su cuidada exposición no sólo hablo y mostró algunas de las más interesantes obras del pintor, sino que en un alarde de investigación y estudio, muy poco común, nos ilustró:

1. Sobre los textos clásicos que habían dado origen a cada obra.
2. Sobre el origen y procedencia de los más importantes motivos iconográficos que aparecen en los cuadrod que eligió, abriendo de esta forma nuestros ojos una nueva y más completa visión de las pinturas.

El resumen de su intervención sería:

Ingres nació en Montauban, localidad del sur de Francia, en 1780. Dio sus primeros pasos artísticos en el taller de su padre, quien le supo inculcar su pasión por la música y por la pintura. Dadas sus excelentes facultades, su progenitor le llevó a la Academia de Bellas Artes de Toulouse, donde descubrió al gran pintor Rafael, ingresando unos años después en el taller parisino de Jacques Louis David. Fue allí donde se ejercitó en el dibujo y comprendió la importancia de las fuentes greco-romanas en la inspiración pictórica y la superioridad de la pintura de Historia sobre otros géneros artísticos.

En 1801 se independizó de su maestro, creando su propio taller y comenzando una andadura personal, siempre marcada por la lectura de los autores clásicos y por la analítica contemplación de las colecciones arqueológicas exhibidas en lugares públicos o en recintos privados. Esta afición por la Antigüedad heleno-itálica se vio sumamente acrecentada y plenamente satisfecha cuando en 1806 marchó a Roma con una beca concedida por la Real Academia Francesa. Allí permaneció durante 18 años. En 1824 regresó a París, estableciéndose en la capital francesa hasta su muerte en 1867, tras un breve período de 6 años (1834 – 1840) como director de dicha institución en Roma.

Las obras de tema mitológico o clásico

Los embajadores de Agamenón en la tienda de Aquiles (1801), Edipo y la Esfinge (1808), Júpiter y Tetis (1811), o Antioco y Estratonice (1840) son obras de temática clásica.

Los héroes de La Ilíada están presentes en las figuras de Aquiles y Patroclo, Ayax, Ulises y Fénix plasmadas en el primer lienzo según la narración de Homero y siguiendo modelos escultóricos de piezas conservadas en los museo romanos.

Lo mismo puede decirse del gran dios del Olimpo, trasunto de la imagen del Zeus de Olimpia, y de la hermosa nereida que le suplica a sus pies, basada en mujeres implorantes de la cerámica griega, recogidas por el propio pintor en dibujos y bocetos.

Por otro lado, bajo el pincel del autor, Edipo representa, como antaño, el triunfo de la inteligencia sobre la barbarie encarnada por la monstruosa Esfinge, y la reina Estratonice, bañada en un haz de blanca luz, revive su romántica historia con el postrado Antioco, enfermo de amor por ella como relatan Plutarco o Luciano en los primeros siglos de la Era Cristiana.

Los retratos

Ingres pintó numerosos retratos concebidos bajo la influencia del mundo clásico:

Napoleón I en su trono (1806) refleja de nuevo la estatua del Zeus de Olimpia, conocida a través de la obra de Pausanias y tomada por el pintor de un grabado de Antoine Crisóstomo de Quatremere.

La Condesa de Haussonville (1845) remite a la estatua de la diosa Pudicitia romana, de pose recatada y pensativa.

Madame de Moitessier (1856), con su exuberante vestido floral, podría ser referencia de las diosas Flora o Juno, ejemplo esta última, de esposa que con sus bellos atavíos seduce a su divino marido.

Los desnudos

Sin duda en los desnudos es donde Ingres mejor representa la belleza femenina como ideal estético.

La Venus Anadiomena (1807 – 1848) o La Fuente (1856) constituyen una visión de la pureza e inocencia de la diosa Afrodita, personaje favorito del pintor tras leer el Himno Homérico dedicado a ella.

En La Gran Odalisca (1814), la modelo no es otra que la misma diosa rodeada de joyas y de telas preciosas quien, como narra el poeta griego, espera a su amado Anquises en la habitación de un moderno serrallo.

Clara Janés publica su reciente poemario “Variables ocultas” en la editorial Vaso Roto



“Variables ocultas”
Clara Janés
Con dos cartas de Antonio Gamoneda
Vaso Roto Ediciones. Poesía
Madrid, 2010


Clara Janés

Julia Sáez-Angulo


Es una de nuestras escritoras más conspicuas. Clara Janés, barcelonesa residente en Madrid, ha publicado los poemas de su última producción en el libro “Variables ocultas” por la exquisita editorial Vaso Roto, que ya publicó el pasado año otro libro de la autora: “Poesía erótica y amorosa”, para reunir tres de sus libros clave.

Dos cartas del poeta Antonio Gamoneda, en correspondencia con la autora, enriquecen la publicación; las cartas se editan en facsímil y trascritas. Una colección de diez postales, collages de imágenes y alfabetos de Clara Janés, que ilustran el poemario, completan este libro singular.

En la correspondencia entre los citados poetas, Janés confiesa que en los poemas de “Variables ocultas” se ha entregado a “lo más irracional que he escrito”, por lo que su libro es un reto ante el lector, un reto de palabras, lenguaje, metáforas y otros tropos poéticos.

“Variables ocultas” acoge tres apartados: El Caballo de Hielo; Los Astros Subterráneos, y Visión del Rojo, a los que se suman las “Cartas Cruzadas” entre Janés y Gamoneda. Este último escribe tras leer el poemario de la autora: “Quiero decirte que me ha procurado la aparición de un cosmos transustanciado en pensamiento y letra”.

“Todos son escombros, tierra revuelta, árboles desnudos, niebla, pero florece el almendro./
En la niebla interior, aridez, espinas, abandono... Y ese caballo de hielo que duerme”, dice el primer poema de Janés del libro que se abre con una cita de Georges Steiner sobre la imposibilidad del lenguaje oral para “transmitir la prueba sensorial y autónoma de la flor, el rayo de luz o el canto del pájaro al amanecer”.

Intensidad de pensamiento poético


Clara es intensa en su pensamiento poético. Abre y, a veces, desgarra con escalpelo el ánimo y el espíritu: “¿Quién distingue el negro en la negrura, cuando en el descenso se confunde? El transparente corazón del caballo ignora las flores venenosas que se sacian del equívoco”.

“El silencio elabora el lenguaje”, con esta cita de Pitágoras, abrimos la segunda parte, en la que Clara Janés escribe: “El ojo devoró las tormentas los eclipses. La luna acompañó el crecimiento a las hierbas”.

La autora finaliza el libro con el poema que dice: “Al que cantó le fue concedido el don de la boca. Había cruzado las siete puertas, conocía todos los nombres y sus sombras y recuperó su corazón.
El caballo que dormía en la barca galopó sobre el río alejándose de la desembocadura”.

Hermoso poemario en suma, con un lenguaje críptico y comprensible al mismo tiempo; lenguaje poético que contiene y rezuma el saber lírico de una autora fecunda, abierta a influencias diversas y exóticas –no en balde es cotizada traductora de poetas- y escritora que sabe destilar su propia voz.







miércoles, 12 de enero de 2011

PLACIDO DOMINGO ES ORESTES

DOLORES GALLARDO LÓPEZ


A punto de cumplir los 70 años, Plácido Domingo vuelve al Teatro Real el papel de Orestes de la ópera Ifigenia en Táuride.

Ifigenia en Tauride relata la última parte de la larga serie de tragedias que ensombrecieron la casa real de Micenas: Agamenón, rey de Micenas y general en jefe del ejército griego que debía dirigirse a Troya para traer de regreso a la adultera Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta y hermano de Agamenón, sacrificó a su hija pequeña, Ifigenia, a la diosa Ártemis a fin de que las naves griegas, detenidas en Aúlide por la falta de viento, pudieran hacerse a la mar.
En el último momento la diosa sustituyó a la joven por un cervatillo y la llevó con ella a Taúride, donde se convirtió en su sacerdotisa.

Tras regresar victorioso de Troya, Agamenón fue asesinado por su esposa Clitemnestra y por su amante, el joven Egisto.

Tiempo después Orestes, hijo de Agamenón y Clitemnestra, instigado por su hermana Electra, asesinó a Clitemnestra y Egisto. Pero las Erinias, vengadoras de la sangre que se derrama, en especial de los parricidios, lo persiguieron y enloquecieron. Finalmente en Atenas, por intercesión de la diosa Atenea, fue perdonado por las Erinias, que a partir de ese momento en la ciudad de Atenas se convirtieron en Eumenides “Bienhechoras”.

Ifigenia en Táuride presenta el viaje que emprendió Orestes, junto con su inseparable amigo Pílades, y que acabo en naufragio en las costas de Táuride.

El rey del lugar quiso matar a ambos jóvenes sin embargo consiguieron salvarse gracias a la sacerdotisa de Ártemis –Ifigenia- que enseguida reconoció a su hermano y a su vez se dio a conocer. Los tres escaparon en el barco que había llevado a Orestes y Pílades y regresaron a Micenas. El poeta trágico griego Eurípides (480 -406 a.C), uno de los tres grandes poetas trágicos griegos, dio forma a esta tragedia.

La ópera que desde hoy hasta el próximo 27 de enero se representa en el Teatro Real de Madrid es de Christoph Willibald Gluck, compositor alemán del siglo XVIII pero que en palabras de P. Domingo "podría ser un compositor de nuestros días".

Esta obra es uno de los jalones decisivos en la reforma de la ópera que llevó a cabo Gluck en su búsqueda de la serena belleza y la sobriedad del teatro clásico y el alejamiento de los excesos de la ópera del Barroco.

Placido Domingo cantará el papel de Orestes. El papel de Ifigenia lo canta la mezzo norteamericana Susan Graham y el de Pílades el tenor, tambien estadounidense, Paul Groves.

El espectáculo está dirigida escénicamente por Robert Carsen y musicalmente por Thomas Hengelbrock, experto en el repertorio del XVIII y que con esta producción debuta en Madrid.

El Teatro Real rendirá un hermoso y merecido homenaje a Plácido Domingo con motivo de su 70 aniversario