martes, 20 de octubre de 2009

Hortensia Nuñez Ladeveze interpreta en pintura "El Cantar de los Cantares"





Julia Sáez-Angulo

Nació en Madrid aunque guarda una cadencia particular y suave en el habla por haber vivido en las Islas Canarias largo tiempo. Hortensia Núñez Ladeveze es una de las figuras señeras de la escultura en España. Su nombre figura con honor en la saga femenina de escultoras españolas que arranca su trabajo a principios de la segunda mitad del XX, junto a Elena Laverón, Teresa Eguibar, Emilia Xargay, Pilar de la Vega y otras... después de una escasa nómina anterior –las pioneras- entre las que figuraban la malograda Marga Gil Roësset, Helena Sorolla o Pilar Calvo Rodero, de la primera mitad del mismo siglo.

La obra de Hortensia N. Ladeveze fue seleccionada en la singular exposición Reexistencias. Escultoras del siglo XX, 33 piezas de escultoras españolas que tuvo lugar en el madrileño Complejo Cultural El Águila, para recopilar los nombres de mujer que habían significado en la historia del arte de la tercera dimensión. Hortensia es de los pocos nombres de artistas españolas que figuran en el célebre Museo Internacional de la Mujer en las Artes, que dirige Guilhelmina Holladay en Washington, al frente de cuya filial se encuentra Elisa Mancini. En el 2003 Hortensia Núñez llevó a cabo una poética y singular instalación con luz y sonido en el Museo de Madrid, que mereció la atención crítica. “Cuidar lo material como perfección estética incluye la idea o concepto hermanado con la verdad”, dice la autora.

Núñez Ladeveze ha expuesto en el Centro Cultural de Rumanía y la galería EME-4. Anteriormente lo hizo en la madrileña Annta Gallery, una exposición de escultura y pintura sobre el tema el Cantar de los Cantares, que narra los amores encendidos y místicos del personaje bíblico de Sulamita, nombre femenino que aparece en varios títulos de sus obras. “Siempre hay algo inesperado en la creatividad artística. Un día leyendo el Cantar de los Cantares quise introducir la pintura. De hecho hice primero tres esculturas sobre el tema pero no quedé contenta. Me parecía que la forma no era su auténtico lenguaje. Me pedía a gritos el color y al mismo tiempo me daba miedo”.
Hortensia Núñez reconoce que en esta serie, “la pintura vino después. Yo sabía ver el color. Lo noté cuando hacía Decoración. Me pareció bastante lucha la escultura como para añadir la pintura. Le mostré los bocetos pintados al crítico de arte, poeta y amigo, José Hierro, quien, al día siguiente, me mandó un escrito que decía: “Hortensia Núñez tiene las dos caras de Jano, una a la pintura y otra a la escultura”. Fue un reconocimiento y un buen impulso. Hice entonces la exposición mixta, pintura y escultura sobre el Cantar de los Cantares”.

Forma y color será el título del libro recopilador de la obra y trayectoria artística de Hortensia Núñez Ladeveze, que se publicará en breve. “La forma es la pasión y yo la reflejo en la escultura modelada; el color es la espiritualidad que reflejo en la pintura, sobre todo en la serie del Cantar de los Cantares”. El libro lleva textos de José Marín Medina y Rosa Martínez La Hidalga, entre otros autores.

Concepto escultórico del arte

La escultora pertenece a la fértil saga de artistas que, como Bacon y otros, se formó en el campo de las escuelas de decoración, donde se aprenden bien las disciplinas plásticas del dibujo, el color, la forma... “En la Escuela de Decoración yo me decía: ¿para qué copiar modelos si se pueden inventar? Mi profesor que era escultor me dijo: lo que a ti te pasa es que tienes muy arraigado el concepto escultórico en el arte. Ahí nació la idea de ser escultora, algo que estaba en dentro de mí desde muy pequeña, cuando al dibujar prefería hacerlo libremente a copiar lo que nos ponían delante”. El dibujo ha sido una constante en el trabajo de Núñez Ladeveze, lo considera clave y base de la escultura, por eso “siempre es compatible y paralelo con mi expresión plástica”.

La figuración insinuada, abocetada o deshecha, ha sido, junto a la abstracción, el lenguaje formal de esta autora, que ha trabajado con profusión el modelado y el bronce. “Para mí ha sido fácil llegar a la abstracción, puesto que en mi escultura trataba de interpretar ideas o temas igualmente abstractos como lo demuestran la series Apoteosis, Vértigos, Vuelos o Gaudium. Eso mismo me pasa en la pintura, pero el Cantar de los Cantares no es abstracto ni realista. Es diferente. Son figuras de color alegres, con detalles simbólicos... El Cantar de los Cantares me entusiasmó. Al leerlo se reabrió un mundo nuevo en mi interior y en mi arte. Quise plasmar con colorido brillante el amor eros, y agapé, influida por la encíclica de Benedicto XVI”.

La escultora gusta de trabajar por series porque “a veces vuelvo sobre un tema y luego improviso saltando el orden que pretendía tener en un principio. Por temas es como mejor se puede valorar el conjunto de una obra.

La amistad de Hortensia Núñez con el escritor Pepe Hierro fue siempre fecunda, “una amistad familiar, con cariño y respeto a todas sus críticas. Aprendí mucho con él. Iba con su familia a la casa de campo, donde yo procuraba ayudar a su mujer, Angelines, a preparar cosas. Acudían otros muchos artistas como Dimitri Papageorghiu. Durante el café de sobremesa José Hierro recitaba poesías. Empezaba con Lope de Vega y terminaba con las suyas. Declamaba muy bien”. En una ocasión recuerdo que Pepe Hierro dijo: “Hortensia no va a comer paella”. ¿Por qué?, le pregunté yo extrañada. Por que vas a tomar una ensalada de pétalos de flores. Y me mostró un cuenco con pétalos. La escultora no olvida lo que le dijo el poeta, premio Príncipe de Asturias: “Tu arte es una fe de vida”.

Como homenaje a José Hierro, Nuñez Ladeveze hizo una exposición de treinta esculturas, inspirada en sus poemas en la madrileña galería Peironcely y en la Fundación Lázaro Galdiano, el entonces secretario de Estado de Cultura, Luís Alberto de Cuenca hizo entrega a la viuda de Hierro de un busto del poeta realizado por Hortensia Nuñez. “Torso arcaico” es una de las piezas preferidas por la escultora, inspirada en sus versos “Me creía dueño del mundo y no era dueño de mi mismo”. Cuadernos de Nueva York y Cuanto sé de mí, fueron dos libros de Hierro que inspiraron especialmente esta singular serie de la artista.

Trinidad y belenes navideños


El arte sacro ha sido una constante en la obra de Nuñez Ladeveze. Sus interpretaciones estilizadas del Nacimiento de Cristo han venido a renovar la idea del belén navideño en unos originales conjuntos escultóricos sobre el misterio pascual. “Lo sacro ha tenido históricamente un gran esplendor que, por supuesto, le corresponde. En cambio ahora, salvo algunas excepciones, carece de creatividad. Eso me ha llevado a hacer obra sacra actual”, explica la autora. Una de sus obras más singulares es la interpretación de la Trinidad en una especie de pieza circular en la que las tres personas divinas ocupan la misma posición y relevancia formal y estética. Nuñez Ladeveze cree que arquitectos, escultores y pintores debieran de trabajar más al unísono porque “todo depende cómo jueguen los espacios, la luz y la colocación de las piezas”.

Hablamos de obras y museos que más le hayan interesado y señala la escultura Los peines del viento de Eduardo Chillida en San Sebastián o el Museo Georges Pompidou en París. Lamenta que a veces se expone en los museos lo que no es más que el resultado de un buen marketing de artistas o galeristas. “Echo de menos, en ocasiones, la falta de verdad en el arte”.

Le pregunto si le gustaría estar como miembro de número en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, al igual que Carmen Laffont y recuerda que “la mujer empieza a pintar y a esculpir fundamentalmente el siglo XIX y que han sido pocas las mujeres artistas en la historia. Ahora sí que hay más artistas mujeres, pero ser miembro de la Real Academia de Bellas Artes es difícil tanto para hombres como para mujeres. Laffont tuvo la ventaja de que su pintura coincidió con el éxito de Antonio López. Sin ser iguales, hay algo en común”.

La obra de Hortensia Nuñez Ladeveze se encuentra, además de en diversos museos de arte contemporáneo, en el Palacio Elsedo de Santander; el edificio central de Caja Madrid, Universidad de Navarra o en el Hotel Pedralbes.



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