domingo, 18 de octubre de 2009

Pablo Carnero, el realismo que atrapa como un imán





Julia Sáez-Angulo


        Necesita crear en soledad y en silencio. Se abstrae de tal manera en su trabajo que no admite interferencia alguna, por eso eligió vivir en Cenicientos, un pueblo madrileño tranquilo, limítrofe con Toledo, en la sierra suroeste de la región. Allí cuenta con una bonita casa y un taller cómodo y bien instalado para su trabajo artístico que se despliega en dibujo, pintura, escultura, grabado y fotografía. Pablo Carnero (Zamora, 1972) está considerado como el pintor realista más preciso y poético del circuito artístico; el gran continuador de Antonio López. Su obra la hemos visto recientemente en la Fundación Mapfre y en el Hotel Ritz entre otros sitios. Recientemente expuso una restrospectiva en la galería Anagma-Tokyo de Madrid hasta mediados de junio y prepara su gran retrospectiva de dibujo en el Museo del Dibujo del Castillo de Larrés, en Huesca. La muestra fue visitada por artistas como el realista Antonio López y el muralista Manuel Ortega, entre otros.

No recuerda cuando comenzó su afición al arte: “A estas alturas de la vida, creo que no comenzó en ningún momento preciso, sino que debí nacer con ella. Muchas veces he tratado de precisar cuando decidí dedicarme profesionalmente a la pintura y creo que no existe un momento concreto, sino que se ha ido gestando con el tiempo. Incluso a veces comento la posibilidad de que haya sido la pintura la que me ha elegido a mí y no al revés. La verdad es que no estoy seguro si una vocación como la artística se puede escoger o te viene dada desde el principio y eres tú el que tiene que hacer el esfuerzo por descubrirla, y tomar la decisión de despertarla o dejarla dormida durante toda tu vida, con todo lo que ambas decisiones suponen por igual: angustia, desasosiego, sufrimiento, alegría, serenidad, libertad. Es necesario un esfuerzo muy grande tanto para desarrollarla como para arrinconarla. Si optamos por desarrollarla surge la angustia por crear, por vivir de ello, por saber si es correcto lo que estás haciendo, y a la vez la alegría de sentirte lleno con lo que haces. Si la enterramos aparece la angustia por pensar que has dejado de hacer algo que quizás deberías haber hecho porque para eso te han regalado ese don, y a la vez la alegría de sentir que te has quitado un peso de encima”.

Seducido por el mundo que le rodea



Le pregunto por qué se inclinó por el realismo y asegura que “lo de menos es cómo es este camino que estoy recorriendo, que en mi caso es realista. Desde que comencé a dibujar, que según mis padres fue muy pronto, me he dejado invadir por el mundo que me rodea y eso es lo que he plasmado una y otra vez. Nunca he sentido la necesidad de expresarme de otra forma, llámese abstracta o como se quiera. Siento que lo que veo tiene tanto que decirme que no me hace falta añadir nada por mi cuenta, excepto captarlo y plasmarlo de la forma más verdadera y lo mejor que sepa, esforzándome cada día en hacerlo mejor”.

“Esto es lo que realmente me interesa y no si soy original, moderno o vendible. La pintura realista es tan antigua como las primeras manifestaciones artísticas y en ningún periodo histórico ha dejado de existir. Creo que esta manifestación continuada de la realidad obedece a una necesidad manifiesta tanto por parte del artista como del espectador de contemplar y disfrutar con este tipo de arte. Al igual que todos mis antecesores, me dejo deslumbrar por lo que veo e intento plasmar lo que siento, simplemente porque lo necesito. Si a esto le unimos el disfrute de algún espectador concreto que siente lo mismo que yo al contemplar una obra mía, entonces habrá surgido la magia del arte, el milagro de encuentro entre dos personas a través de una obra, y aunque escaso y breve, es un encuentro intenso y que dura toda la vida”.


Reconocimiento del realismo




Estudió Bellas Artes en la Universidad de Salamanca e hizo un taller con su admirado Antonio López. “De mi paso por la Facultad, recuerdo a tres profesores que me iniciaron en los procedimientos de sus materias a la vez que me fueron dando pautas acerca de lo que era el mundo del arte: José Luis Coomonte, escultor; José Fuentes, grabador y Victor Steimberg, fotógrafo. A estos tengo que añadir a Ricardo Flecha, un gran imaginero zamorano, que fue quien me preparó para el ingreso en la Facultad de Bellas Artes de Salamanca y con el que todavía guardo una buena amistad”.
Le pregunto qué opina de que un cuadro de Antonio López haya alcanzado el record de precio en España y responde: “Me alegra y mucho, puesto que considero a Antonio López una persona y un artista merecedor de la situación profesional actual en la que se encuentra. Quiero siempre agradecerle todo lo que durante los últimos años me ha estado enseñando; a él le debo gran parte de lo que hago y de lo que sé”.

Vivir en un lugar marca; elegirlo es un destino. Pablo carnero cuenta que “hasta los 26 años viví en Zamora, mi ciudad natal, con mis padres y mi hermano Oscar. Después me trasladé a Madrid con mi mujer Marimar, donde estuvimos tres años, hasta que no mudamos otra vez, y ésta la definitiva por ahora, a Cenicientos, un pueblo de la sierra suroeste de la capital. No nos acostumbrábamos a la gran ciudad, no iba con nuestro estilo de vida, más tranquilo, más familiar. Cenicientos es un lugar que cubre estas necesidades y además está cerca de Madrid, un espacio necesario para la realización de cualquier proyecto artístico”.

No siempre escucha música en su taller, “depende del momento. Para trabajar necesito soledad, me abstraigo tanto que me sería complicado estar con otras personas. Además cuando dibujo preciso silencio absoluto, porque me requiere una concentración tal que no puedo escuchar música. Por el contrario, cuanto pinto suelo tenerla puesta, siempre la que yo escojo según el estado de ánimo en el que me encuentre. La música, el baile, la literatura, el teatro, el cine son artes que están presentes en mi vida.




Retrospectiva de dibujos en el castillo de Larrés

Pablo Carnero es optimista ante el futuro: “Son dos los proyectos artísticos que tengo ahora entre manos. El primero de ellos es una exposición individual en la galería madrileña Anagma-Tokio para la primavera que viene. El otro, que tendrá lugar dentro de un par de años, es una exposición que el Museo del Dibujo “Castillo de Larrés” de Huesca, quiere realizar con mis dibujos. Quiero aprovechar la oportunidad que me brinda esta institución, única en España en este campo, para mostrar la trayectoria de mi obra y así poder reunir en esta exposición todos mis dibujos, tanto los que en ese momento estén en mis manos, como los que ya forman parte de colecciones públicas y privadas”.

La obra gráfica es otra parcela que cultiva y lo explica: “Mi interés por el grabado comenzó cuando lo descubrí en la Facultad, de hecho lo cursé todos los años que me lo ofrecieron. Actualmente trabajo con el Taller del Prado, con el que he realizado mi última obra gráfica, una litografía titulada Bolsa con naranjas, obra basada en un óleo que pinté hace unos años y que he actualizado en esta nueva estampa. Precisamente esta obra es la que se expuso en el stand del Taller del Prado en la próxima edición de Estampa.


Escultura y fotografía




Sobre la escultura comenta: “Me resulta muy agradable modelar con barro. Desde muy pequeño, el modelar surge simultáneamente a dibujar o pintar. No ha existido nunca separación entre estos tres campos, sencillamente los utilizo como el lenguaje más apropiado a la hora de plasmar una u otra cosa. Me surge reflejar con color toda la plenitud de un paisaje; buscar la esencia de algo sencillo con un lápiz para mostrarlo despojado de todo adorno, contundentemente; perpetuar en volumen algo que quiero seguir tocando para siempre, como la cabeza de mi hija María al poco de nacer”.

Cuenta con un buen laboratorio fotográfico en su estudio y explica: “Me interesa la fotografía en blanco y negro tradicional. Me parece íntima, sincera, profunda, cargada de vida. Para mí es otro lenguaje más que me sirve para mostrar aquello a lo que no llego con el dibujo, la pintura o la escultura. Son cuatro lenguajes complementarios y necesarios, para nada excluyentes. Ahora mismo estoy positivando un trabajo sobre Zamora; quizás el llevar tantos años fuera me haya empujado a realizarlo. Reconozco que con la fotografía he sido más reservado a la hora de mostrar mi trabajo que con la pintura, pero espero que poco a poco vaya viendo la luz.

Carnero opina sobre el circuito del arte: “En primer lugar no debemos olvidar que los artistas somos unos trabajadores más de la sociedad, que intentamos vender nuestros productos para poder vivir. Para entrar y permanecer en este mercado, hacen falta dos cosas; la primera estar en el sitio adecuado en el momento oportuno; la segunda, saber mantenerse durante toda la vida en la posición conseguida. Es un mercado muy duro, dónde sólo se mantienen unos pocos. Talento y suerte son necesarios para poder moverse con soltura dentro de este restringido circuito. Si falta alguna de estas dos piezas se multiplican las dificultades que se encuentran en este camino”.


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