domingo, 18 de octubre de 2009

María Antonia Román Prado, Escultura abstracta en piedra




Julia Sáez-Angulo

Lleva treinta años en España consagrada a la escultura en piedra, mármoles fundamentalmente. Los artistas de su generación, como el escultor Francisco Leiro, recuerdan a la puertorriqueña María Antonia Román Prado trabajando concienzudamente en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense. La abstracción es el mundo de la escultora, una abstracción con vagas alusiones figurativas o simbolistas.

Román Prado bebe en las fuentes de los maestros Henri Moore o Jean Arp dando una vuelta de tuerca al arte de la tercera dimensión expuesta en su día en el Centro Washington Irwing de Madrid, en una espléndida muestra antológica de su creación plástica.

Su estudio está situado junto al frondoso parque de la Fuente del Berro y allí se la puede ver metida en su escafandra gris cortando y limando el duro material de sus piezas en piedra de Calatorao, mármol de Carrara o de Macael, travertino de Almería, etc. Cuando sale de su “burka” profesional podemos contemplar su melena rubia y sus uñas largas y pintadas de rojo.

Raíces étnicas en Puerto Rico

El dibujo y el grabado han ocupado igualmente su actividad plástica. Su temática se inspira con frecuencia en el arte de los taínos, en un deseo de retomar las raíces éticas de su país. Román Prado prepara su tesis doctoral precisamente sobre la escultura taína. El Museo de América en Madrid ha expuesto recientemente una gran exposición de arte taíno que ha recorrido toda Europa.

Para esta escultora la investigación formal en el arte es un capítulo fundamental. “No se puede repetir lo que otros hicieron, hay que avanzar en los conceptos y en las formas”. Su obra, de una exquisitez y pureza supremas, gustan del acabado y el pulido majestuoso. “En el arte, la belleza nunca está de más. Los hombres de hoy están necesitados de belleza, aunque ese no sea el único objetivo del arte”, declara.


La obra de Román Prado ha participado recientemente en el “Libro de Oro de la Unesco” y el mayor deseo de la escultora es llevar a cabo una gran exposición retrospectiva en su ciudad natal San Juan, pero para ello necesita un patrocinador que lleve las esculturas al otro lado del océano.

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