viernes, 23 de octubre de 2009

Fernando Schwarts publica la novela "El príncipe de los desiertos"

El Príncipe de los Oasis
Fernando Schwartz
Editorial Espasa;
Madrid 2009






Julia Sáez-Angulo


El diplomático español Fernando Schwartz (Ginebra, 1937) se topó un día con un personaje histórico, Hassanein Bey, que le mostró un amigo egipcio comerciante de bienes culturales. La vida errante de explorador, diplomático, hombre de negocios y arribista, del personaje le atrajo de tal modo, que decidió fabular su trayectoria vital en el libro publicado por Espasa bajo el título de “El príncipe de los oasis”.

Después de escribir algunos ensayos sobre la internacionalización de la guerra civil española de 1936 y sobre la caída del Palacio de Invierno, Fernando Schwartz apostó por la narrativa, tras un periodo como periodista en televisión. No lo ha lamentado. Sus doce novelas se han vendido muy bien, principalmente la última, “El cuenco de laca”, que el califica de sentimental.

Con estilo personal y elegante, el autor se documenta ampliamente antes de abordar el tema. Para “El príncipe de los oasis” viajó por el desierto y atravesó centenares de dunas, al tiempo que retrocedía cien años para imaginar a su personaje en la época que le tocó vivir. El personaje tuvo varios hijos pero el autor le ha inventado uno que no existió Ya´kub para seguir la trama.
Un periodo revolucionario en el mundo

“Se pueden decir muchas cosas y explicar una realidad a través de los personajes y esto lleva al lector a entender el período prerrevolucionario de la sociedad en que se mueven. La novela permite contar así la intrahistoria de un pueblo o un país”, explica.

Hassanein Bey fue preceptor del rey Faruk, marido de la reina madre viuda Nazli, aventurero y descubridor de las célebres pintura rupestres de los oasis perdidos en el desierto líbico. “Era un hombre que vive, padece, encuentra, descubre, crea la primera línea aérea El Cairo-Londres… Y llegó al tratamiento de Pasha, después del de Bey, una escala señorial al estilo inglés”.

A la hora de escribir, a Schwartz le preocupan dos cosas: “el lenguaje adecuado al personaje y su tiempo, así como la documentación clave y decisiva para que sea exacta y ambiente la historia”. El autor confiesa que su fuentes para el libro de Hassanein Bey parte de la abundante documentación de publicaciones de la Universidad Americana en El Cairo.

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