miércoles, 21 de octubre de 2009

Florencio de la Fuente, creador de tres museos en España

Retrato de Florencio de la Fuente por Gomila


Julia Sáez-Angulo


      Era pastorcillo de un pueblo en la Castilla profunda, pero Florencio de la Fuente (Villanueva de Gudamejud. Cuenca, 1926) intuyó que la gran ciudad tenía más posibilidades de alcanzar sus sueños que su terruño en la Alcarria y cambió los campos por el asfalto, donde más adelante coleccionó varios centenares de obras de arte que, más tarde, ha donado a dos museos: el de la Fundación Florencio de la Fuente en Huete (Cuenca) y el Museo de Arte Contemporáneo de Requena (Valencia). Prepara un tercero, en su pueblo y quizás uno en El Salvador con la colección que tiene de su padrino Pedro de Matheu..

      No ha lamentado nunca la decisión de desplazarse a la capital de España. Muy pronto, en la OEI, conoció al pintor salvadoreño, afincado en Madrid, Pedro de Matheu, que le empleó en su casa y le inició en el gusto y amor por la pintura. Más de una vez posó de modelo para el artista como peón o banderillero de torero en cuadros de gran formato. Su tipo enjuto y cetrino era el adecuado al tema. Junto a Matéu, auténtico padrino, visitó con frecuencia galerías y museos madrileños, sobre todo el Museo del Prado, escuchó sus sabias explicaciones, conoció el mundo del arte y los artistas, supo de su grandeza y miserias, de la exaltación de la obra maestra, del color y la forma, de la composición y de la proporción áurea...

      De ahí le vino más tarde el deseo de poseer cuadros para rodearse de obras de arte y, aparte de las que le regaló Pedro de Matheu, comenzó con trabajos de los artistas que exponían en las galerías que visitaba. No disponía de gran fortuna pero era capaz de sacrificarse y pagar a plazos la obra elegida. Los galerista lo respetaban y los artistas que lo conocían comenzaron a tener atenciones con él. Su pequeña colección gozaba de prestigio y, con el tiempo, más de una firma quería estar en ella.




Vanguardias históricas y contemporáneos



      Florencio de la Fuente sostuvo una amistad entrañable con diversos galeristas y artistas. Algunos, como Angel Muriel o Aragón, le hicieron dignos retratos. Fue buen amigo de Carmen Bores y su entonces marido, Henri Dechanet, artista francés residente en España. Adquirió media docena de obras de Bores y otras tantas de Dechanet para su colección, en la que lucía en primer plano el gran cuadro “Dama”, un óleo de gran formato de Pedro de Matheu.

       Su colección se fue haciendo a golpe de gusto y pulsión personal, sin seguir una articulación precisa en torno a un período, grupo pictórico, estilo o movimiento artístico. El gusto de Florencio de la Fuente es ecléctico y centrado fundamentalmente en las obras de autores españoles que le interesaban No desaprovechó la ocasión en que se le ofrecía una gran pieza a precio conveniente, pero también buscó los nombres de los vanguardistas históricos como Picasso, Miró o Dalí, aunque fuera en obras sobre papel.

         En suma, una colección que acoge obras del grupo de Cuenca y El Paso, como “El cura” de Antonio Saura; el collage de madera “Newton” de Gerardo Rueda; “De Vesalio, el cielo, las geometrías y el mar” de Gustavo Torner, y de Lucio Muñoz; un singular Benjamín Palencia titulado “Surrealista”; dos paisajes castellanos de Vaquero Palacios; obras de los catalanes como la “Suite Berlín” de Antoni Tapies; “Simetría de Joan Ponç; varias abstracciones geométricas de José María Labra; otra de Ramón Canet en “San Jene”; la figuración onírica de Cristóbal Toral o Carlos Mensa; las fantasías de Oscar Estruga en “Una batalla particular”... Unas piezas de los latinoamericanos Wilfredo Lam y Osvaldo Guayasamín.

Pedro Castro ortega, Carmen Zulueta, Oyonarte

      Luego adquirió la figuración de los 80, con dos títulos de Luis Gordillo; grandes cuadros de Pedro Castrortega o de Antonio Villa-Toro –artistas favoritos- ; piezas pop de Eduardo Arroyo, Eduardo Úrculo, Solbes, Juan Gomila... Un hermoso cuadro del canario Cristino de Vera titulado “Retrato de Van Gogh basado en sus autorretratos”; tres obras de Francisco Coello; litografías de Matías Quetglas o de Paloma Picasso. Impresionante el cuadro de José Luis Cuevas, un aguafuerte titulado “Viaje”. Más recientemente obras de Juan Manuel Velasco, Carmen Zulueta, Berkane, Oyonarte, Estartús o de Virginia de Felipe.

       Una colección abundante y dispersa de contenidos, pero generosa y espléndida para dar idea a los visitantes de lo que ha generado el arte el arte español del siglo XX y principios del XXI. Una colección particular, modelo en su esfuerzo y amor al arte; por último, generosa a la hora de buscar destino para disfrute de los ciudadanos a través de dos museos de diverso porte, en dos municipios ricos muy visitados por gentes de alrededor y de paso.

Florencio de la Fuente, al igual que lo fuera el célebre conserje del Museo del Hermitage en San Petersburgo, supo percibir el humus valioso del arte para transmitir las esencias y anhelos de la creatividad humana. La pasión de un coleccionista alcarreño bien merece el reconocimiento institucional. En un país como España, donde el coleccionismo particular de gente sencilla era una rareza poco menos que impensable, él surgió como excepción que confirma la regla. Un hombre pequeño y diminuto, con grandeza de alma y de miras, capaz de atesorar una serie de piezas dignas de exponerse en dos museos hermosos que bien merecen una visita.

       José de Jesús-María, director del Museo de Requena reconoce que la colección de Florencio de la Fuente ha sido el núcleo de un museo que ha despertado el gusto por el arte contemporáneo en una gran ciudad. Hoy, el museo de Requena es una institución viva con citas puntuales de exposiciones temporales del arte de nuestros días.




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