miércoles, 23 de septiembre de 2026

“RETRATOS LITERARIOS”, POR JESÚS MARCHAMALO, ILUSTRADO POR ANTONIO SANTOSY EDITADO POR NÓRDICA


Un volumen que reúne las diez biografías de escritoras y escritores creadas por Marchamalo y Santos en esta década. Con prólogo de Luis Landero.

J.S.A.

23/9/26.- Madrid. «Jesús Marchamalo los escribe, Antonio Santos los ilustra y Diego Moreno los edita. De esa confabulación salen a la luz desde hace ya diez años unos mínimos e ingeniosos libritos que, en unas pocas páginas y grabados, cuentan la biografía antológica de algún escritor célebre, y lo hacen con tanta gracia y significación que, leídos y vistos en un vuelo, nos dejan la impresión de conocer de cerca, y de un modo de lo más original y humano, al escritor de turno. Es más, al término de la lectura, nos sentimos amigos suyos: así de cordial y revelador es el retrato que estos libritos hacen de cada autor». Del prólogo de Luis Landero
Jesús Marchamalo (Madrid, 1960).- Ha trabajado en diversos medios de comunicación y se le conoce especialmente por su trayectoria en RTVE, donde ha destacado en la elaboración de guiones, así como por su labor como director y presentador.
    Marchamalo ha recibido premios como el Premio Internacional de Radio en 1990, el Ícaro o el Miguel Delibes de 1999. En lo literario ha escrito tanto ensayo sobre la lengua y la literatura como biografías y narrativa. Entre sus memorias se cuentan las de José Hierro, Pío Baroja, Franz Kafka o Miguel Delibes.


MANUEL ALBERCA, AUTOR DE “LOS DIARIOS ÍNTIMOS DE LA GENTE CORRIENTE : UNA ESCRITURA INVISIBLE”


Manuel Alberca, profesor y escritor.


J.S.A.

    23/9/26.- Madrid.- El profesor Manuel Alberca es el autor de “Los diarios íntimos de la gente corriente. Una escritura invisible”, publicado por la editorial del Consejo Superior de Investigaciones Científicos.
    Sinopsis .- ¿Ha llevado usted diario? ¿Lo lleva tal vez ahora? Este libro le muestra que forma parte de un grupo insospechadamente numeroso. No debe extrañarle, porque, por secreta y personal, la escritura del diario es invisible y no suele trascender el ámbito privado. La lectura de Los diarios íntimos de la gente corriente le permitirá comparar su diario con el de otras personas y encontrará suficientes motivos de afirmación y reconocimiento con los diarios de las personas que dan testimonio del suyo.
            Si, por el contrario, nunca ha llevado diario, descubrirá un territorio íntimo e inaccesible, merecedor de respeto y conocimiento, porque es importantísimo para muchas personas y un apoyo fundamental en sus vidas.
    Este libro, pionero en su género, descubre un continente de textos enterrados, que nunca verán la luz, y no por eso son menos importantes. El autor los estudia y los reivindica con procedimientos objetivos, descubriendo de manera rigurosa y empática la dimensión sociológica, antropológica y literaria de esta desconocida práctica cultural. Su trabajo investiga la identidad de los diaristas, la causa y finalidad de sus diarios, el modo y las circunstancias, así como los aspectos más curiosos de su escritura.
    Manuel Alberca Serrano (Arenales de San Gregorio, Ciudad Real, 1951) es profesor universitario, crítico literario y biógrafo español. Catedrático de Literatura Española de la Universidad de Málaga, es biógrafo de Valle-Inclán. Se doctoró en Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid (1981), con la tesis titulada Estructuras narrativas en las novelas de Severo Sarduy, dirigida por el profesor Benito Varela Jácome. Es catedrático de Literatura Española en la Universidad de Málaga y miembro de la Unidad de Estudios Biográficos de la Universidad de Barcelona. Ha sido, asimismo, profesor invitado en las universidades de Toulouse, París, Tours, Berna, Bruselas, Passau, la Benemérita Universidad de Puebla (México) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
    Sus últimas obras: El pacto ambiguo. De la novela autobiográfica a la autoficción (segunda edición revisada y ampliada), "La Zambrana", El Toro Celeste, 2024 o Mírame. Enigma y razón de los autorretratos, "Hispaniola", Confluencias Editorial, 2025.



HÉCTOR ACEVEDO expone "El último refugio" en el Real Jardín Botánico de Madrid. A partir del 24 de septiembre


La Mezquita-Catedral de Córdoba: piedra, fe y controversia bajo un mismo techo Un recorrido íntimo para descubrir la complicidad religiosa y el milagro arquitectónico







    Texto y fotos:
    Enrique Sancho y Carmen Cespedosa

    23.09.2026.- Hay templos que se visitan y templos que se recorren con el alma en vilo. La Mezquita-Catedral de Córdoba es de los segundos: un bosque de más de ochocientas columnas donde el eco de los rezos musulmanes y el de los cantos gregorianos parecen convivir todavía entre las sombras, como si trece siglos de fe, sangre, arte y disputa no hubieran bastado para que el edificio eligiera un solo nombre, una sola historia o un solo dueño. Pisar sus losas de mármol es entrar en la memoria más disputada —y más hermosa— de España. Hacerlo sobre sus tejados y cúpulas, un privilegio del que solo los bomberos y algunos periodistas podemos presumir.
    Entrar en la Mezquita de Córdoba es como cruzar un umbral hacia otra escala del tiempo y del espacio. Fuera queda el bullicio de la ciudad, la luz directa del sol cordobés; dentro, la penumbra te envuelve de golpe, y los ojos tardan un instante en adaptarse antes de que aparezca ante ti ese bosque de columnas que parece no tener fin.

    Es una sensación de desorientación agradable. Más de ochocientas columnas de mármol, jaspe y granito, ninguna exactamente igual a otra, se repiten en todas direcciones, coronadas por los característicos arcos de herradura en rojo y blanco, superpuestos en dos niveles. Mires hacia donde mires —adelante, atrás, a los lados— el patrón se multiplica, como un efecto óptico infinito. No hay un punto focal claro que te diga "aquí está el centro"; en cambio, el espacio te invita a perderte, a caminar sin rumbo fijo entre los pasillos que se abren como calles de una ciudad subterránea.

Una catedral rodeada de columnas

    Hay algo casi hipnótico en el ritmo: columna, arco, columna, arco, una y otra vez, en una penumbra fresca que contrasta con el calor exterior. El silencio —o el murmullo bajo de otros visitantes— se acolcha entre tanta piedra, y los pasos resuenan suavemente. La luz entra filtrada, tenue, por algunos huecos, creando charcos dorados que interrumpen la sombra uniforme. Uno de los espacios más bellos es la decoración dorada de la fachada del mihrab y de las cúpulas, aunque no es obra local: el califa Alhakén II pidió al emperador de Bizancio que le enviara un maestro mosaiquista, que viajó hasta Córdoba junto con toneladas de teselas de vidrio para ejecutar el trabajo.

    Y luego, caminando entre ese mar de columnas, aparece de pronto la catedral renacentista incrustada en el centro, con su nave luminosa y su bóveda dorada, un contraste abrupto que corta el ritmo hipnótico anterior. Es un choque de estilos y de épocas —casi mil años de historia superpuesta— que desconcierta y fascina a la vez. Hoy es el tercer monumento más visitado de España, por detrás de la Alhambra de Granada y la Sagrada Familia de Barcelona.

    Muchos visitantes describen la experiencia como algo casi espiritual, más allá de cualquier credo concreto: la repetición, la penumbra, la vastedad del espacio genera una sensación de pequeñez y de asombro simultáneos, como estar dentro de un organismo vivo hecho de piedra.

    De basílica visigoda a mezquita, y de mezquita a catedral

    El emplazamiento ya era sagrado antes de que existiera la mezquita: allí se alzaba la basílica visigoda de San Vicente. En el año 785, el emir Abderramán I ordenó construir sobre ese solar la gran mezquita aljama de Córdoba, que sus sucesores fueron ampliando durante los dos siglos siguientes hasta convertirla en la mayor mezquita del mundo islámico.

    Tras la conquista cristiana de la ciudad por Fernando III el Santo en 1236, el edificio se consagró como catedral sin apenas modificar su estructura original: se instalaron capillas en los muros, como la de San Felipe y Santiago (1258) o la de San Clemente (antes de 1262), pero el bosque de columnas se mantuvo casi intacto. La transformación más drástica llegó en el siglo XVI, cuando el cabildo catedralicio obtuvo permiso del emperador Carlos V para levantar en pleno centro del edificio un crucero de estilo renacentista. Se mantiene la estructura musulmana, pero se adapta al rito católico.

    Hoy el conjunto está declarado Bien de Interés Cultural y forma parte, desde 1984, del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, uno de los primeros españoles. En 2024 batió su récord histórico de visitantes, con 2,18 millones de personas, lo que lo convierte en uno de los monumentos más visitados de España.

    Una propiedad que no deja de discutirse

    Ahí donde el relato histórico parece asentado, surge la polémica que más titulares ha generado en las últimas dos décadas: ¿de quién es, legalmente, la Mezquita-Catedral?

    En 1998, una reforma de la Ley Hipotecaria impulsada durante el Gobierno de José María Aznar permitió a la Iglesia católica inscribir miles de propiedades mediante un simple certificado del obispado. Amparándose en esa norma, el Cabildo inscribió la Mezquita-Catedral en el Registro de la Propiedad en 2006, bajo la denominación de "Santa Iglesia Catedral de Córdoba", por un coste que diversas fuentes cifran en apenas 30 euros.

    Desde entonces se libra una doble batalla: la de la titularidad, con colectivos como la Plataforma Mezquita de Córdoba reclamando desde 2013 que un bien Patrimonio de la Humanidad pase a manos públicas, y la del nombre, tras la polémica decisión de 2010 de eliminar la palabra "mezquita" de la señalización oficial, revertida después parcialmente con una solución salomónica: el nombre oficial es “mezquita-catedral”. La Iglesia defiende la legalidad de la inmatriculación apoyándose en un informe gubernamental de 2022, y el Gobierno reiteró en noviembre de 2025 que no hay motivos para cuestionar la actual titularidad registral. El debate volvió a primer plano en agosto de 2025, cuando un incendio en el monumento, por un cortocircuito en una máquina limpiadora —que se solucionó en pocas horas y solo afectó a unos 25 metros cuadrados de los 23.000 totales del monumento— reavivó las preguntas sobre su gestión.

    Lo que Carlos V criticó: Un templo cristiano sobre otro musulmán

    Más allá de quién sea el propietario legal, sigue abierta una discusión de fondo: ¿qué se piensa hoy sobre que la catedral se construyera sobre —y dentro de— la antigua mezquita? Las asociaciones musulmanas, como la Cultural Ibn Hazm de Córdoba, vinculada a la Mezquita de los Andaluces, sostienen que la gestión actual del Cabildo mutila la esencia islámica del edificio y perpetúa lo que describen como una ocultación de su pasado musulmán —señalan como ejemplo la prohibición de que los musulmanes recen en su interior—. Proponen fórmulas como el rezo compartido, un patronato plural entre confesiones o, en último caso, la desacralización del espacio para convertirlo en un lugar puramente cultural.

    Desde el ámbito eclesiástico se responde que ese reclamo es incompleto: antes de ser mezquita en el siglo VIII, el solar albergó ya una iglesia cristiana de los siglos IV al VI, en época tardorromana y visigoda. Se argumenta que el edificio ha sido templo cristiano durante unos once siglos frente a cinco como mezquita, y que resulta arbitrario fijar la legitimidad histórica solo en el periodo islámico.

    Sobre la intervención que sí implicó una demolición física innegable —la inserción del crucero renacentista en el siglo XVI—, la tradición histórica recoge que el propio Carlos V lamentó el resultado al visitarlo terminado. Cuando el emperador visitó la catedral renacentista ya terminada, en pleno centro del bosque de columnas, pronunció una crítica que se ha hecho célebre: dijo a los canónigos que habían destruido algo único en el mundo para edificar algo que puede verse en muchos lugares.

    El Cabildo Catedralicio protagonista

   El Cabildo Catedralicio de Córdoba es el cuerpo de canónigos —sacerdotes con múltiples funciones específicas dentro de la diócesis— que, presidido por un deán, tiene encomendada la gestión espiritual, litúrgica y patrimonial del templo. Está formado por veinte canónigos, cifra fijada por el papa Inocencio IV en 1247 y que se mantiene hasta hoy. Lo preside el Deán-Presidente, actualmente Joaquín Alberto Nieva García, y sus tareas se reparten entre dignidades y oficios con funciones muy concretas: desde el Penitenciario, que atiende la confesión, hasta el Archivero-Bibliotecario o el Chantre, responsable del canto litúrgico. Tienen un papel protagonista Agustín Moreno, responsable de Obras y José Juan Jiménez Güeto, Portavoz y responsable de Prensa.

    Más allá de lo simbólico, la Mezquita-Catedral es también un negocio de considerable envergadura para el Cabildo. Según sus últimas cuentas publicadas, correspondientes a 2024, el monumento generó 22.432.764 euros de ingresos, sostenidos por un récord histórico de 2.186.774 entradas vendidas a lo que se añade los ingresos por la visita nocturna "El Alma de Córdoba" (530.000 euros), el acceso a la Torre Campanario (315.000 euros) y el canon por audioguías. Sorprende un tanto que las múltiples funciones que requiere este negocio millonario sea gestionado por un puñado de curas que, además, deben atender a sus propias parroquias, celebrar funciones litúrgicas, atención pastoral a sus fieles, asesorar al obispo y, desde luego, gestión turística y de visitas, mantenimiento y restauración del edificio, actividad cultural y musical (el Cabildo mantiene, por ejemplo, un Chantre-Maestro de Capilla), gestión de archivo histórico, cuestiones jurídicas y de patrimonio, seguridad del monumento, y comunicación institucional. El Cabildo Catedralicio es, hoy por hoy, quien sostiene el día a día del monumento: quien paga sus restauraciones, quien forma a los guías, quien decide qué luces se encienden por la noche y quien celebra misa cada mañana entre columnas que un día miraron hacia Damasco.

Curiosidades que no suelen saberse

    Como todo gran monumento, la Mezquita de Córdoba tiene sus secretos que pocos conocen y curiosidades que la hacen más humana. El mihrab no apunta exactamente hacia La Meca, como en todas las mezquitas, sino hacia el sur, un desajuste que los historiadores atribuyen a que Abderramán I quiso imitar la orientación de la Gran Mezquita de Damasco, su tierra de origen. El campanario actual, obra de Hernán Ruiz III de finales del siglo XVI, se levantó envolviendo los restos del antiguo alminar de Abderramán III del siglo X, todavía visibles en su interior. Y las curiosas losas de jaspe azulado del Patio de los Naranjos, que generaciones de cordobeses creyeron que ocultaban un pasadizo secreto, resultaron ser simplemente un depósito de agua.

    Una de las leyendas más célebres es la de la Columna del Cautivo: se cuenta que un joven cristiano, esclavizado durante las ampliaciones de Almanzor en el siglo X, arañó con la uña una cruz en una columna de mármol, y que al no poder borrarla acabó ahorcado. Hoy la columna, con su pequeña cruz protegida por una reja, sigue señalizada dentro del recorrido.

    En el Patio de los Naranjos, la Fuente de Santa María —conocida como "la fuente del olivo"— arrastra la tradición de que las mujeres solteras que beben de su caño más cercano al olivo encontrarán pareja. Hoy, cada día, decenas de mujeres siguen bebiendo de ese caño. Otra leyenda muy extendida habla de un túnel subterráneo que uniría la Mezquita con la ciudad palaciega de Medina Azahara, a 8 kilómetros, para que el califa pudiera acudir a rezar sin exponerse entre la multitud. Y sobre el origen mismo del edificio circula la llamada "leyenda del Ángel", según la cual Abderramán I decidió construirlo tras soñar que un ángel le reprochaba no haber correspondido a la ayuda divina recibida durante su exilio desde Damasco.

    Un sistema de cubiertas casi milenario

    Pocos visitantes levantan la vista hacia lo que sostiene todo el conjunto. Las cubiertas exteriores de la sala de oración están formadas por 19 tejados independientes a dos aguas, cada uno vertiendo el agua hacia un canalón sostenido por los propios arcos del edificio: tejado y bosque de columnas forman, en realidad, un solo sistema constructivo integrado.

    La techumbre original musulmana se hizo con madera de alerce traída por mar desde el norte de África. Hoy conviven en el tejado hasta tres modelos distintos de teja —dos musulmanas originales y otra posterior de época cristiana— y estructuras que van de las techumbres de madera reconstruidas a bóvedas góticas del siglo XVI y encamonadas del XVII.


Un privilegio, cerca del cielo


Subir a los tejados de la Mezquita-Catedral, a más de 30 metros sobre el suelo, es entrar en un territorio casi secreto, reservado a muy pocos: canteros, restauradores, arquitectos del propio Cabildo, algún periodista con permiso especial (como ha sido el caso de una decena de miembros de FIJET) y, claro, los bomberos que la noche del incendio tuvieron que moverse por ese mismo laberinto de cubiertas para contener las llamas. Es un privilegio que muy pocos cordobeses —y casi ningún turista— llegan a experimentar jamás.


Desde abajo, entre las columnas, el edificio se percibe como un espacio horizontal, casi infinito en su repetición de arcos. Pero arriba, todo cambia: de pronto aparece la verdadera topografía del monumento, 14.000 metros cuadrados de tejados a distintas alturas, cúpulas, contrafuertes y torreones que ondulan como un paisaje propio, casi una segunda ciudad construida sobre la primera. Se entiende, de golpe, la estratificación de casi 1.300 años de historia: las techumbres omeyas conviven con añadidos cristianos posteriores, capiteles renacentistas asoman entre cubiertas mudéjares. Es arqueología vertical.


Ahí arriba el ruido de los visitantes desaparece por completo. Solo queda el viento —a menudo fuerte, porque Córdoba en las alturas se siente más expuesta— y, si el momento lo permite, las campanas de la Torre Campanario resonando a escasos metros, con una intensidad física que abajo nunca se percibe igual. Es un silencio cargado, casi solemne, donde uno se siente diminuto ante la masa de piedra que sostiene. También uno se olvida del arnés que ha debido ponerse, del casco, del cable que te une a lo que con poco tranquilizador nombre se denomina, “cable de vida” que separa el estrecho pasillo de la mortal caída. Saber que el fuego de hace un año pudo extenderse por ese entramado de madera antigua, y que fueron los bomberos quienes se movieron entre esas mismas cubiertas para contenerlo, añade una capa de gravedad a la experiencia: no es solo un mirador espectacular, es también el punto más vulnerable del monumento, el lugar donde su fragilidad se hace más evidente.


Un inmenso espacio luminoso


A diferencia de la penumbra fresca del interior, aquí la luz cordobesa golpea sin filtro. El contraste con el bosque de columnas en sombra es total: pasar de un espacio introspectivo y contenido a uno abierto, luminoso y vertiginoso, produce una especie de desorientación sensorial, casi como emerger de una cueva.


Quienes hemos tenido ese privilegio, de la mano del Canónigo Obrero del Cabildo, describimos un efecto duradero: bajar de nuevo entre las columnas ya no es lo mismo. Se sabe lo que hay encima, la complejidad oculta, el peso literal de la historia que sostienen esos arcos. La experiencia transforma la Mezquita de un objeto que se contempla en un organismo que se entiende —con su piel, su esqueleto, sus heridas y sus reparaciones— desde dentro y desde arriba a la vez.


Quizás ahí resida el verdadero misterio de la Mezquita-Catedral: no en sus túneles legendarios ni en sus columnas talladas con la uña, sino en su asombrosa capacidad de sobrevivir a todo —a incendios, a reformas, a litigios, a siglos de manos distintas que la rezaron, la construyeron, la disputaron y la amaron— sin dejar nunca de ser, ante los ojos de quien la pisa por primera vez, un lugar donde el tiempo parece haberse detenido entre columnas rojas y blancas. Mientras la ciudad discute a quién pertenece sobre el papel, el edificio sigue perteneciendo, cada mañana, a quien cruza su umbral y se queda en silencio, sin saber muy bien si está entrando en una mezquita, en una catedral, o simplemente en la historia entera de España.


martes, 22 de septiembre de 2026

MUJERES EN EL ATENEO DE MADRID. Los retratos de las socias ilustres aparecen se exponen en el vestíbulo


María Zambrano


Julia Sáez-Angulo

23/9/26.- Madrid.- El Ateneo de Madrid abrió gradualmente sus puertas a las mujeres a finales del siglo XIX y principios del XX, convirtiéndose en un referente intelectual gracias a pioneras como Emilia Pardo Bazán, la primera socia numérica en 1905, y Clara Campoamor, quien en 1930 logró ser la primera mujer en formar parte de una Junta de Gobierno. 

Un panel con sus nombres y retratos se expone actualmente en el Ateneo madrileño, bajo el rótulo "Las mujeres en su sitio". Después de cien años, doña Emilia ya no está sola en la Galería de retratos.

    Rosario de Acuña: En abril de 1884, fue la primera mujer en alzar la voz y ocupar la cátedra del Ateneo para leer sus obras. Emilia Pardo Bazán: Ingresó como socia con el número 7.925 el 9 de febrero de 1905, abriendo el camino para la incorporación masiva de otras intelectuales.

    Hoy los rostros femeninos empiezan a figurar en la galería de retratos ilustres, entre los varones y pueden verse las pinturas con las efigies de Carmen Martín Gaite, Carmen Laforet, Victoria Kent, María Zambrano, María Lejárraga, Margarita Nelken, Madama Anselma, Hildegart Rodríguez, Almudena Grandes, Ana Mariscal, Blanca de los Ríos, Carmen de Burgos, Carmen Llorca, Clara Campoamor y Elena Fortún. 

El proceso de incorporación y visibilidad de las mujeres en la estructura asociativa y gestión del Ateneo de Madrid fue gradual y se consolidó en el primer tercio del siglo XX, cuando empezaron a participar activamente como socias como en la vida cultural de la institución. 

Pioneras como la pintora madame Anselma, la escritora Emilia Pardo Bazán o la abogada Clara Campoamor desafiaron las normas de una entidad cultural predominantemente masculina. Aunque la presencia de mujeres artistas fue limitada, algunas lograron exponer sus obras en las salas de exposiciones del Ateneo, obteniendo reconocimiento tanto de sus colegas masculinos como de la crítica. Sin embargo, lamentablemente, otras artistas fueron inexplicablemente invisibilizadas.

Panel mural de retratos
Carmen Martín Gaite
Almudena Grandes

MARTA GALATAS PRESENTA SU NOVELA “MÉDIUM” EN EL ATENEO DE MADRID. Intelectuales y jet-set colmaron pronto el aforo

Marta Galata, escritora


Julia Sáez-Angulo

Fotos: Luis Magán

22/9/26,. Madrid.- Fue un tarde de éxito memorable para la autora Marta Galatas en el Ateneo de Madrid, al presentar su libro “Médium”, en el salón Ramón y Cajal, que muy pronto se vio completo su aforo con personas y personajes del mundo de la cultura y sociedad. Fueron muchos los que no pudieron entrar y la esperaron para un brindis posterior en la cafetería de la institución. 

El guionista, director de cine y productor Norberto López López Amado intervino en el acto de presentación. No se descarta la posibilidad de llevar la novela al cine o la televisión.

El libro, que ha sido publicado por la editorial Barroco Ediciones, se puede adquirir también en Amazon y en las principales librerías del país.

Marta Galatas es licenciada en arte y traductora por la Universidad Católica de París. Trabajó para la Cámara de Comercio Francesa como intérprete y para Christian Dior en el departamento de Relaciones con la Prensa. Más tarde estudió anticuariado y tasación de obras de arte en la Escuela de Arte y Antigüedades y trabajó unos años para Castellana Subastas. 

En 2004 montó su propia empresa dedicada al diseño de muebles que cerró en el 2011 para comenzar su formación como escritora en el curso para novelistas de la Escuela de Escritores. En 2015 publicó su primera novela, "La princesa que cambió la historia", mezcla de ficción histórica, thriller psicológico y crónica intimista y “Dejé mi corazón en Manila” (2021). Ahora reaparece con “Médium”.

Sinopsis.- ¿Existe un orden cronológico entre pasado, presente y futuro? ¿O esa es solo nuestra percepción y pudieran estar los tres tiempos ocurriendo a la vez?

Es una de las cuestiones a las que se enfrenta Olivia, una joven con intuición extrasensorial que colabora con la policía en la resolución del secuestro de la hija de un importante empresario, una agónica lucha contrareloj para salvar la vida de la niña.



HablArte 2026. Ciclo de conferencias en el Museo de Historia de Madrid



        23.09.2026.- Madrid.-

El próximo 29 de septiembre comenzaremos en el Museo de Historia de Madrid un nuevo ciclo de cinco conferencias que se prolongará hasta el 17 de noviembre y en el que artistas, críticos, investigadores y docentes abordarán diferentes perspectivas sobre arte, naturaleza, tecnología e Inteligencia Artificial.

Pero nos gustaría que esta edición de HablArte fuese también algo más: una oportunidad para volver a encontrarnos como Asociación.

AMCA reúne más de un centenar de socios y, sin embargo, muchas veces nuestros encuentros se producen únicamente de forma puntual, especialmente alrededor de la Asamblea General. HablArte nos ofrece un marco excelente para recuperar la conversación entre compañeros, contrastar opiniones, compartir experiencias y fortalecer las relaciones personales y profesionales que dan verdadero sentido a nuestra Asociación.

Durante los últimos años AMCA ha ido incrementando de forma sostenida su actividad y su presencia. El Congreso, los Premios AMCA a la Crítica de Arte Joven, los ciclos HablArte, y un programa cada vez más amplio de actividades, encuentros y visitas forman parte de una misma apuesta por la calidad y la excelencia de nuestros programas, congresos y actividades.

Ese esfuerzo empieza también a traducirse en un mayor reconocimiento institucional. La continuidad y calidad alcanzadas por HablArte y el trabajo desarrollado por la Junta Directiva han hecho posible conseguir, este año, una importante ayuda del Ayuntamiento de Madrid para el desarrollo del ciclo de 2026 y su continuidad en 2027.

Para nuestra Asociación supone un verdadero hito: un apoyo público directamente vinculado al cumplimiento de nuestros fines y un reconocimiento al trabajo que venimos realizando. Es, en definitiva, un logro que pertenece a toda AMCA y, por tanto, también a ti como socio.

También estamos reforzando nuestro compromiso con el futuro de la crítica. Este año hemos incrementado significativamente la dotación de los Premios AMCA a la Crítica de Arte Joven, ampliando las oportunidades de reconocimiento, publicación y desarrollo profesional de sus ganadores.

Al mismo tiempo, AMCA sigue creciendo con la incorporación de nuevos talentos a través de AMCA Joven. Esta renovación generacional representa una oportunidad especialmente valiosa para nuestra vida asociativa: que quienes cuentan con una trayectoria más consolidada puedan conocer, escuchar e intercambiar experiencias con quienes comienzan ahora su recorrido profesional.

Como socio, tienes también la oportunidad —y, en cierto modo, la responsabilidad asociativa— de contribuir a que esa relación entre generaciones sea cada vez más cercana y natural. Los ciclos, las visitas y los encuentros presenciales son probablemente el mejor lugar para que ese intercambio se produzca.

Programa HablArte 2026

    29 sept. · Amalia García Rubí — Lda. Historia del Arte UAM · AMCA

Origen y transformación digital en el Arte Contemporáneo


6 oct. · Salim Malla — Artista, Dr. BBAA UCM, Ingeniero topógrafo UPV-EHU y docente USAL

Del territorio a la pantalla. Derivas contemporáneas del dibujo desde los entornos físicos hacia los digitales


27 oct. · Ignacio Asenjo — Dr. BBAA UCM, docente UCM y Catedrático ESDM

Arte, naturaleza y el tiempo de la Inteligencia Artificial: una reflexión estética sobre la transformación de la experiencia contemporánea

10 nov. · Antonio Vigo — Dr. BBAA UCM, docente URJC y artista

Sincronía matérica en la era post-digital: reivindicación del valor ontológico en la manipulación directa sobre la obra artística

17 nov. · Jorge Varas — Dr. BBAA UCM, escultor y docente UCM

Pensar la escultura, en el tiempo de la IA

Las conferencias se celebrarán a las 18:00 h en el Museo de Historia de Madrid, C/ Fuencarral, 78, con entrada gratuita hasta completar aforo.

Nos gustaría especialmente verte allí

Sabemos que para algunos socios el desplazamiento o la asistencia presencial no siempre resultan sencillos. Pensando especialmente en ellos, todas las conferencias serán retransmitidas en directo a través del canal de YouTube de AMCA, para que nadie tenga que quedar al margen del ciclo por razones de distancia o movilidad.

La retransmisión quiere ser precisamente eso: una cortesía y una forma de acercar AMCA a quien no pueda acercarse físicamente.

Pero, siempre que te sea posible, nos gustaría contar contigo presencialmente. Vernos, conversar, discrepar, intercambiar opiniones y compartir el coloquio con los ponentes nos une y nos hace más fuertes como Asociación.

Por ello, el turno final de preguntas, comentarios y debate dará preferencia al público presente en la sala, aunque quienes sigan la conferencia en directo podrán también enviar sus preguntas a través del chat para su posible incorporación al coloquio.

Información y preinscripción:

https://amca-criticosartemadrid.org/ciclo-de-conferencias-2026/

Retransmisión en directo:

https://www.youtube.com/@AMCA-CriticosArteMadrid

Nos gustaría que sintieras HablArte como una actividad propia de AMCA y, por tanto, también tuya. La Asociación está creciendo en actividad, reconocimiento, visibilidad y nuevas incorporaciones; pero ese crecimiento adquiere verdadero valor cuando consigue también reforzar los vínculos entre quienes la formamos.

Te agradeceremos igualmente que hagas llegar la programación a aquellas personas de tu entorno que puedan compartir nuestro interés por el arte y la reflexión crítica.

Esperamos especialmente contar contigo y volver a encontrarnos en el Museo de Historia de Madrid.

Junta Directiva de AMCA

Equipo de Comunicación de AMCA

AMCA - Asociación Madrileña de Críticos de Arte

www.amca-criticosartemadrid.org