miércoles, 5 de agosto de 2026
AMANECER EN MADRID Y REFLEJO EN LA VENTANA. Cuatro Torres Busines Area.Fotos: Jaime Barrientos
martes, 4 de agosto de 2026
Diario Escurialense XIII. JUAN MORAL, ESCULTOR EN EL ZENIT DE SU CARRERA. Su objetivo: plasmar la música en piedra.
Juan Moral, escultor, junto a una de sus obras.
Juan Moral a la entrada de su casa, bajo un litospacio, un tondo, con el signo del tetrasquel.
Julia Sáez-Angulo
Fotos: J. S. A.
4/8/26 .- Madrid.- Juan Moral, escultor afincado en Torrelodones nacido en Torredelcampo y formado en Torredonjimeno, parece haber alcanzado el zenit de su trayectoria artística. Después de una vida entregada por entero a la creación, su obra transmite la serenidad y la madurez de quien ha encontrado un lenguaje propio, reconocible e inconfundible.
De su obra hemos disfrutado, hoy, sus invitados, los arquitectos Mercedes y Javier, marqueses de Santa Cruz de Ynguanzo, la pintora Gloria Vázquez y yo.
Arquitecto técnico de formación, muy pronto, Juan Moral comprendió que su verdadera vocación era la escultura. Desde entonces ha levantado una obra sólida y coherente, presente en numerosas ciudades españolas y en colecciones internacionales. Jaén, su provincia natal, le rinde homenaje a través de la Fundación Juan Moral, que lleva su nombre. El próximo mes de noviembre celebrará una jornada de puertas abiertas con la presencia del artista y un concierto, uniendo así las dos grandes pasiones que siempre han acompañado su vida: la escultura y la música.
La Universidad de Jaén también está atenta a su trabajo y cuenta con varias esculturas de Juan Moral en su campus.
Su trabajo más reciente busca un desafío tan sugerente como complejo: plasmar la música en la piedra y el metal. Algunas de sus esculturas nacen inspiradas por las composiciones de Erik Satie, otras por la música de Pablo Peláez e incluso por piezas creadas por el propio escultor. Juan Moral siempre ha sentido una profunda devoción por el arte musical y recuerda con especial gratitud a quien despertó en él esa sensibilidad, su profesora Inmaculada La Torre.
Su casa-estudio de Torrelodones (Madrid) es un permanente lugar de encuentro. Por ella desfilan escritores, artistas, músicos y amigos que contemplan la evolución de unas obras realizadas con calizas fragmentadas, mármoles, cuarzos, malaquitas y las singulares rosas del desierto, materiales que el escultor combina con una sorprendente armonía. Sus libros de visitas son una secuencia de grandes autores.
En sus esculturas monumentales destinadas al espacio público emplea grandes estructuras metálicas en diálogo con neones y el agua, creando composiciones donde la materia parece adquirir movimiento. Excelente dibujante y pintor, transforma los grandes bloques de piedra procedentes de las canteras de Macael, de Jadraque o de diversos países de América Latina en formas llenas de fuerza y equilibrio.
Sus esculturas monumentales se exhiben en diversas ciudades, municipios e instituciones. Además de Jaén , en Torrelodones, Torredelcampo, Coslada… y en algunas residencias privadas.
Recientemente, el escritor Manuel Moral Roca ha publicado un libro dedicado a su trayectoria, "Entre esculturas y acordes", donde se entrelazan la biografía del artista y su estrecha relación con la música. TeleMadrid también le ha dedicado un amplio reportaje, que ha emitido en distintos horarios.
En Juan Moral las ideas nunca permanecen quietas. Vienen y van, regresan, envuelven al creador, se repiten hasta convertirse en una obsesión y, finalmente, encuentran su forma definitiva en la tercera dimensión. Así funciona la mente del artista: nunca descansa.
Sus últimos litospacios -obras bidimensionales- revelan una delicadeza extrema. Entre ellas destaca Montañas castellanas, junto a otra inspirada en Las cuatro estaciones, donde el otoño adquiere un especial protagonismo. Precisamente este año, el escultor ha recorrido los hayedos de Riaza, en la provincia de Segovia, buscando interpretar en piedra y metal la belleza del otoño 2026, demostrando una vez más que la naturaleza continúa siendo una de sus grandes maestras e inspiraciones.
Más información
https://lamiradaactual.blogspot.com/search?q=Juan+Moral+Moral
"Otoño"
selfie: Juan, Julia y Gloria.
lunes, 3 de agosto de 2026
LUISA PALMA, AUTORA DEL LIBRO "La pasajera del Leisan", editado por Límbica
JORDI AMAT, AUTOR DEL LIBRO “Las batallas de Barcelona. Imaginarios culturales de una ciudad en disputa (1975-2025)”
Jordi Amat, escritor
J.S.A.
El Escorial.- 4/8/26.- Las batallas de Barcelona. Imaginarios culturales de una ciudad en disputa (1975-2025).es el libro de Jordi Amat publicado por Tusquets Editores en junio de 2026, dentro de la colección Tiempo de Memoria.
Sinopsis: ¿Es democrática una ciudad en la que no pueden vivir quienes han nacido en ella? «Qué rebelde es el pequeñoburgués Amat: un corresponsal de guerra en la gran batalla de la ciudad moderna.» Paco Cerdà
«El cronista que la ciudad estaba esperando.» Neus Tomàs
«Apasionante historia cultural.» Pere Rusiñol
«Todas las ciudades tendrían que tener un libro sobre sus batallas.» Jorge Dioni
«Amat tiene la lucidez de atravesar el libro con la pregunta más incómoda posible: ¿podemos decir que Barcelona es, hoy, una ciudad democrática?» Eduard Voltas
«Un buen libro para entender que quien tiene los medios para invertir en Barcelona ha de nutrirse de las ideas de quienes la han de vivir.» Maria Sisternas, Diari Ara
¿Es democrática una ciudad donde no pueden vivir quienes han nacido en ella? Esa pregunta atraviesa la vida en las urbes globales, y Barcelona es un caso prototípico de esta dinámica que provoca un malestar contemporáneo: la experiencia de la desposesión. Tras medio siglo de profunda transformación, Barcelona pasó de ciudad provinciana a refundada capital democrática durante los Juegos Olímpicos, y de admirado proyecto de urbanismo socialdemócrata a marca reconvertida en mercancía que explota el neoliberalismo y expulsa cada vez a más ciudadanos. ¿De quién es hoy Barcelona?
Jordi Amat reflexiona sobre estas cuestiones en un ejercicio fascinante de crítica cultural en primera persona que analiza las disputas sobre el imaginario de la ciudad. El recorrido arranca en la Transición con la contracultura o las canciones de Joan Manuel Serrat y culmina con las novelas del malestar de Llucia Ramis o Andrea Genovart, tras haber pasado por el trauma del Procés independentista o las películas de Almodóvar, Woody Allen o El 47. Detecta con ello los malestares del presente y quién saca provecho de ellos. Porque la identidad urbana está en juego: esta es la gran batalla de Barcelona.
Jordi Amat (Barcelona, 1978) es filólogo y escritor. En 2007 ganó el Premio Casa de América de Ensayo con Las voces del diálogo. Poesía y política en el medio siglo y en 2016 obtuvo el Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias con La primavera de Múnich. Esperanza y fracaso de una transición democrática. Su polémico Largo proceso, amargo sueño ha sido saludado como una obra fundamental para entender la Cataluña del siglo xx. El hijo del chófer, una esclarecedora y lúcida radiografía de la historia política catalana (y por extensión, española), obtuvo un enorme y merecido éxito de crítica y ventas. Y en vencer el miedo, Jordi Amat propuso llegar al fondo del poeta Gabriel Ferrater en una biografía narrativa que aporta documentación inédita y que retrata con precisión, sin ocultar los claroscuros, una de las personalidades más brillantes de la cultura catalana.
Diario Escurialense XII. "MI SOBRINA MARIVÍ ". Relato
Julia Sáez-Angulo
9 de junio de 2026
En todas las familias hay personajes que parecen haber sido enviados al mundo para poner a prueba la paciencia de los demás y, al mismo tiempo, para despertar una inesperada ternura. En la nuestra, aquel papel le correspondió durante años a Mariví.
Todo empezó cuando mi sobrino Felín dejó embarazada a aquella muchacha guapa, de ojos vivos y sonrisa fácil, pero con unos modales que habrían hecho desmayarse a cualquier profesora de urbanidad. Cuando la noticia llegó a oídos de su madre, mi prima Lucy, sufrió un auténtico soponcio.
—En esta familia no caben bastardos —declaró cuando recuperó el habla—. Así que te casas.
Y Felín se casó.
A los seis meses nació un niño hermoso y saludable que, para no complicarse mucho la vida, recibió también el nombre de Felín. Aquello provocó algunos comentarios maliciosos sobre la duración del embarazo, pero nadie insistió demasiado. En las familias hay verdades que todo el mundo conoce y que nadie se toma la molestia de discutir.
Mariví llegó oficialmente a la familia y pronto descubrió que no todas las incorporaciones son fáciles. Sus dos cuñadas no podían soportarla. Ella representaba exactamente todo aquello que ellas no querían parecer.
Mientras ellas cuidaban cada detalle de su aspecto, Mariví aparecía con pantalones vistosos, camisetas estridentes y accesorios que parecían adquiridos en una liquidación masiva de bisutería. Cuando hablaba, además, lo hacía con una potencia vocal capaz de atravesar varias habitaciones.
Las cuñadas la observaban con una mezcla de horror y superioridad.
—Es ridícula. Nos hace quedar mal —decían.
Yo, en cambio, sentía cierta compasión por aquella muchacha. No era mala persona. Todo lo contrario. Había en ella una sinceridad tan absoluta que resultaba imposible no tomarle cariño.
Por eso decidí emprender una misión que hoy reconozco imposible: pulir a Mariví.
Comencé por lo más sencillo.
—Esa expresión no queda bien —le decía cuando soltaba alguna de sus frases más pintorescas.
Ella me miraba con buena voluntad.
—¿Y cómo se dice entonces?
Yo se lo explicaba.
Al día siguiente volvía a escuchar la expresión original.
Pero insistí.
Cuando gritaba, la corregía.
—Mariví, baja la voz.
—¿Estoy gritando?
—Toda la urbanización sabe lo que estás diciendo.
En la piscina era un espectáculo.
—¡¡¡FELÍÍÍN!!!
El eco rebotaba entre las sombrillas.
—No grites —le decía—. Levántate y ve a buscar al niño.
Ella me miraba como si yo hubiera perdido el juicio.
—¿Y hasta allí tengo que ir?
—Pues sí.
—No pienso hacerlo.
Lo decía con una naturalidad tan perfecta que era imposible enfadarse.
Su mayor problema llegaba cuando intentaba parecer distinguida.
Hay personas elegantes sin proponérselo y otras que, cuando intentan ser elegantes, producen el efecto contrario. Mariví pertenecía claramente al segundo grupo.
Recuerdo especialmente una boda familiar.
Todos esperábamos en la iglesia cuando apareció ella.
Llevaba adornos en el cabello.
Adornos en las orejas. Adornos en el cuello. Adornos en los brazos. Adornos en los dedos. Probablemente también en lugares que la ropa impedía comprobar.
Era como si hubiera confundido la ceremonia con un escaparate ambulante.
Una cuñada me susurró:
—Parece un árbol de Navidad.
Yo, para ser justa, respondí:
—Un árbol de Navidad muy simpático.
Mariví llegó sonriente, convencida de estar deslumbrante. Y lo estaba, aunque no exactamente del modo que ella imaginaba.
Con los años, mi labor educativa continuó. Corregía palabras, sugería lecturas, recomendaba maneras más discretas de vestir.
Ella escuchaba siempre. Y luego hacía exactamente lo que le daba la gana. Sin embargo, algo fue cambiando entre nosotras. La corrección constante se convirtió en conversación. Las conversaciones en confianza. Y la confianza en afecto.
Porque debajo de toda aquella apariencia aparatosa había una mujer sencilla, trabajadora y bastante más inteligente de lo que muchos suponían.
Un día me sorprendió contándome que había encontrado empleo.
—¿Dónde?
—En la cocina de un hotel.
Yo quise animarla.
—Magnífico. Hoy los chefs de cocina están muy valorados. Algunos ganan más que los futbolistas.
Mariví soltó una carcajada.
—¿Qué te has creído tú? Yo estoy allí para fregar ollas.
Aquella respuesta resumía perfectamente quién era ella.
Mientras otros habrían adornado la realidad, Mariví la servía sin salsa y sin decoración. Era incapaz de fingir.
Lamentablemente, el matrimonio con Felín no prosperó. Tuvieron una segunda hija, una niña preciosa que completó la familia durante un tiempo. Pero los desacuerdos crecieron. Lo que al principio parecían diferencias menores terminó convirtiéndose en una distancia imposible de salvar.
Finalmente llegó la separación. No fue una sorpresa para nadie. Quizá ni siquiera para ellos.
La vida siguió su curso. Los niños crecieron. Felín rehízo parte de su camino. Mariví continuó con el suyo.
Y yo fui dejando atrás mi ambicioso proyecto de convertirla en una señora refinada. La verdad es que nunca tuve la menor posibilidad de éxito.
Mariví era Mariví. Tan incapaz de transformarse como una golondrina de convertirse en águila. Y, pensándolo bien, tampoco tenía por qué hacerlo.
Hoy, cuando a veces nos encontramos por casualidad, nos saludamos con verdadero cariño. Nos damos dos besos. Nos preguntamos por la familia.
Nos reímos recordando viejas historias.
—¿Te acuerdas cuando me regañabas por todo? —me dice.
—Porque eras incorregible.
—Y sigo siéndolo.
—Eso ya lo veo.
Entonces ambas nos reímos.
Al final comprendí algo que no había entendido cuando intentaba educarla. Las personas no siempre necesitan ser corregidas. A veces basta con quererlas.
Mariví nunca aprendió a hablar bajo. Nunca consiguió vestir con discreción. Jamás renunció a sus expresiones imposibles. Pero conservó algo mucho más valioso: una autenticidad que muy pocas personas poseen.
Y aunque no logré convertirla en una señorita elegante, sí conseguí algo mejor. Gané una amiga inesperada dentro de la familia. Una amiga que sigue siendo exactamente la misma mujer que llegó un día de la mano de mi sobrino Felín: escandalosa, entrañable, sincera y completamente imposible de pulir. Y quizá ahí reside precisamente todo su encanto.
IGNACIO PURAS. Gran dibujante realista con el grafito
03.08.2026.- Madrid.- Ignacio Puras Trimiño (Burgos, 1959). Se formó en la Escuela de Artes aplicadas de La Bourse en Bruselas (Bélgica) y en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Licenciado en las especialidades de Teoría de las Artes y de Pintura en las Universidades de Venecia (Italia) y Bruselas (Bélgica). Desde 1976 ha participado en multitud de exposiciones colectivas y algunos concursos en diversos países de Europa, América y Asia. Coordina el Grupo "Por Amor al Arte".
Diario Escurialense XI.- MICHI MUELA Y LA COLECCIÓN DE ELEFANTES
Julia Sáez-Angulo
Fotos: J.S.A.
El Escorial, 2 de agosto de 2026.- Las vidas que no se miden por los años, sino por los objetos que han ido recogiendo el paso del tiempo. Basta entrar en una casa para descubrir quién ha vivido en ella. Un libro abierto, una escultura, un cuadro, una porcelana… Todo habla en voz baja. La casa de Michi (Ana María Muela) ha sido, durante muchos años, un pequeño museo de afectos.
Fue corredora de seguros cuando aquella profesión exigía recorrer oficinas, llamar a muchas puertas y convencer con la palabra. Eran los años ochenta y noventa. Ella recuerda aquel tiempo con una serenidad desprovista de nostalgia. Confiesa, sin rodeos, que ganó mucho dinero. «Tenía poder de convicción», dice. Pero enseguida explica que la convicción nacía del entusiasmo. Nunca vendía con artificios; hablaba con fe en aquello que ofrecía.
Su aspecto acompañaba siempre esa manera de ser. Vestía traje sastre de impecable corte, zapatos discretos y un pequeño sombrero sujeto sobre el cabello. Sin ostentación. Sin joyas llamativas. Con esa elegancia silenciosa que no busca llamar la atención y, precisamente por eso, la consigue.
El sombrero la caracterizaba. Tiene una buena variedad de ellos.
Nunca olvidó el comentario que un día hizo el director de una importante empresa constructora. La condujo hasta la sala donde trabajaban todos sus empleados y, señalándola con cordialidad, dijo:
—Así debe venir una persona a trabajar. Tomen nota.
No era un elogio a la moda. Era un homenaje al respeto por el trabajo bien hecho.
Con los años Michi fue comprando cuadros, esculturas, grabados y libros de artista. Decía que adquirir una obra era también una forma de ayudar a quien la había creado. Las paredes comenzaron a llenarse, los rincones desaparecieron bajo nuevas piezas y terminó comprando un chalet en la sierra oeste de Madrid, donde el arte encontró por fin espacio para respirar.
Pero había otra colección mucho más entrañable.
Desde muy joven comenzó a reunir elefantes. Llegó a juntar 500.
No fue un capricho. Ella misma cuenta que descubrió en la India la extraordinaria nobleza de ese animal. Le impresionó verlo ayudar al ser humano, transportar personas y cargas con una paciencia inmensa y una fuerza siempre obediente. Comprendió entonces que la grandeza puede ir unida a la mansedumbre.
Había además un recuerdo de infancia. En los circos, cuando aparecía el elefante, los niños olvidaban todo lo demás. Su inmensa presencia despertaba admiración y ternura al mismo tiempo. Era el gigante bueno, el animal capaz de llenar por sí solo toda la pista con su caminar pausado.
Quizá por eso comenzó una colección que la acompañaría durante toda la vida.
Elefantes de porcelana, bronce, ónice, obsidiana, metal, cristal, papel maché… Grandes y diminutos. Familias enteras con padre, madre e hijo en fila india. Colgantes, pendientes, pequeñas figuras traídas de viajes y otras regaladas por amigos que conocían aquella pasión.
Hoy, cuando frisa los ochenta años, contempla aquella inmensa manada con una sonrisa tranquila. Ya no siente deseo de conservarla. Al contrario. Quiere que cada elefante encuentre un nuevo hogar. Muchos los entrega a mercadillos solidarios de la Iglesia para que, al venderse, continúen haciendo el bien de otra manera.
He almorzado hoy con ella es su chalet de Las Matas. Al despedirnos, abrió una vitrina y dijo con toda sencillez:
—Escoge un elefante. Quiero que lo tengas como recuerdo mío.
Recorrí lentamente la mirada por aquella multitud de elefantes y me detuve en uno de bronce, pequeño, sobrio, con la trompa levantada hacia el cielo. Descubrí que en aquella trompa podía colgar mis anillos cuando llegara a casa.
Ahora permanece sobre una cómoda. Algunas tardes la luz se posa sobre el bronce y parece devolverle vida. Entonces comprendo que aquel elefante no es solamente un recuerdo. Es el símbolo de una amistad, de una mujer que supo trabajar con entusiasmo, vivir con elegancia, apoyar a los artistas y desprenderse de sus tesoros con la misma alegría con la que los reunió.
Tal vez esa sea la más hermosa de todas las colecciones: la de las personas que dejan huella sin hacer ruido, igual que los elefantes, cuyo paso parece lento, pero permanece para siempre en la memoria de quienes los han visto pasar.
Más información
https://lamiradaactual.blogspot.com/search?q=Ana+Mar%C3%ADa+Muela
Michi Muela, corredora de Seguros y coleccionista.