Julia Sáez-Angulo
Fotos: Patricia Larrea
19/9/26.- Toledo.- Una venta es un tipo de mesón, hostal o casa de comidas tradicional situada históricamente junto a caminos, carreteras o zonas rurales. Lugares a las afueras, azotados por el viento, resaltan algunos. Las ventas nacieron en la Edad Media para ofrecer refugio, comida y cuadras para los carruajes y caballos de los viajeros. Don Quijote de la Mancha y su escudero las visitaban con frecuencia. Gustavo Adolfo Bécquer, situó en ellas alguna de sus mejores leyendas, como “La venta de los gatos”, la más autobiográfica…
Hoy, las ventas gozan del prestigio de la tradición y oportunamente restauradas, ofrecen la mejor cocina a sus comensales. Muchas de las ventas ofrecen nombres sugerentes, literarios… Venta del Alma, Venta del Diablo, Venta de los Gatos… En Toledo está la Venta de Aires, está dirigida con acierto por una mujer, Cuca Díaz, que ha alcanzado el prestigio máximo en el presente.
Cuca (María del Carmen) Díaz de la Cuerda acaba de recibir uno de los reconocimientos Armando Reverón, que otorga la asociación Valija Iberoamericana, galardón que la restauradora agradeció en la cena de gala ofrecida por la institución que dirige Marcos Salazar.
Fundada en 1891 por Modesta García-Ochoa y Dionisio Aires, la Venta de Aires es hoy una belleza de edificio restaurado, a las afueras del casco histórico de Toledo, pero no lejos del mismo, que ofrece al visitante una experiencia singular y al comensal una satisfacción por sus buenos fogones, con especialidades de la cocina manchega.
Por las mesas de la Venta de Aires, distribuidas en distintos espacios, han pasado personajes históricos de distinto campo y procedencia, desde los autores de la Generación del 27 (Dalí, Buñuel, García Lorca y Alberti) hasta Franco y el General Mola, amén de José Bono, Florentino Fernández, Maribel Verdú, Karra Elejalde, Annibale Vasile, María del Monte, Pepe Rodríguez, Joaquín Díaz…
La Venta de Aires es hoy un referente gastronómico de no perderse, con recomendaciones como la perdiz estofada, el cochinillo o la paletilla de cordero, el rabo de toro, el cocido de la Sagra, las croquetas de carabineros… ¡Hum…!
Vajilla y cristalería en estilo clásico renovado, para bien entonarse. La decoración abundosa, con objetos evocadores por doquier, algunos de origen familiar, según me confiesa el físico Antonio de la Cuerda, que señala un brasero de cobre con sabor añejo. Las escaleras bajan a la bodega, lugar de reunión de los autores del 27, o suben a las oficinas. Los azulejos de cerámica, con el diseño del tradicional árbol de la vida, pone ritmo en los escalones.
No falta el arte contemporáneo en la Venta de Aires, con numerosos cuadros de pinores actuales, que representan los singulares paisajes de Toledo con sus diversas puertas: desde la de Bisagra -siglo XVI- a la mudéjar Puerta del Sol, del XIV, pasando por la visigoda del Cambrón; la de Alfonso VI , siglo X; la de Alcántara o la de Doce Cantos… Toledo es mucho Toledo para conocer, aprender y disfrutar.
Un buen retrato de Dalí, con sus enhiestos bigotes, cuelga junto a la vieja barra de la Venta de Aires, que la conserva por su solidez y referencia. Y no falta el retrato oval de sus antiguos fundadores.
La escultura está presente también en la ornamentación de la Venta. A la entrada destaca una buena pieza de la escultora hispano ecuatoriana, Patricia Larrea, que se desdobla en espejos.
Nadie que se precie de visitar Toledo puede dejar de conocer la Venta de Aires, como experiencia gastronómica y evocación histórica de más de un siglo, que completa la visita de la ciudad imperial.
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https://www.ventadeaires.com/