Ignacio Amestoy, autor
Julia, Ainhoa Amestoy, directora de la obra, Águeda y Adriana.
Fotos: Adriana Zapisek
19/1/26.- Madrid.- Ha tenido lugar el homenaje a toda la trayectoria teatral de Ignacio Amestoy (78), con la publicación de un libro “Ignacio Amestoy, una pasión española”, escrito por sus compañeros de vida, en la Fundación Universitaria, con la coordinación de su director Javier Huerta y su hija Amaya Amestoy. Desde la mesa presidencial pronunciaron además palabras de elogio al dramaturgo: Fernando Domenech, estudioso de la obra de Amestoy y el catedrático Julio Vélez.
Varios actores, que actuaron, en su día, en sus obras, interpretaron fragmentos de las mismas. El aforo del salón de actos estuvo al completo, con la presencia de periodistas como Pedro J. Ramírez, escritores como Lourdes Ortiz, o actores como Ernesto Trías, Luis D´Ors, Arancha... y la misma Esperanza D´Ors, esposa del homenajeado, que fue actriz y hoy, cotizada escultora, así como sus nietos Olaya y Darío.
Se glosaron los aspectos de Ignacio Amestoy como periodista, dramaturgo, docente y gestor cultural. Hombre trabajador y en perpetua creatividad. Un autor en busca de la verdad y la belleza.
Ignacio Amestoy (Bilbao, 1947) se formó en el Teatro Estudio de Madrid y se ha dedicado a la escritura teatral, la enseñanza, la gestión cultural y el periodismo. Como dramaturgo, pertenece a la promoción de autores que se han encuadrado en la Generación de la Transición, también llamada del 82. Ad. mirador de Buero Vallejo.
Con más de una veintena de obras dramáticas, destacan Mañana aquí, a la misma hora, que fue la primera (1979) y con la que recibió el Premio Aguilar de Teatro (1980) en su sexta edición, compartido con José Luis Alonso de Santos con la obra El combate de don Carnal y doña Cuaresma; al año siguiente recibió el Premio Lope de Vega por su obra Ederra, con la misma que ganó el Premio Espinosa Cortina de la Real Academia Española a la mejor obra del período 1982-1987.
En 1986 fue galardonado por dos veces: en el Festival de Teatro de Sitges con el Premio Especial 'Cau Ferrat' y el Premio Ercilla por Doña Elvira, imagínate Euskadi. Repitió en 2001 el Premio Lope de Vega con Chocolate para desayunar y obtuvo el Premio Nacional de Literatura Dramática de 2002 con Cierra bien la puerta, primera parte de la trilogía que completan la premiada también Chocolate para desayunar y El demonio de los ángeles.
Recientemente trabaja en una tetralogía de los Borbones, y el próximo mes de junio se inaugurará la obra sobre Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona.
Ignacio Amestoy, que comentó todas las dramatizaciones de su obra llevadas a cabo en el acto, agradeció al final a todos los presentes. Dijo con humor “Malos son los atenienses y más aún si llegan con regalos”. Habló de aquello como “resplandor cálido” Recordó que la esencia del teatro es el conflicto, como Democracia sin conflicto no es democracia. Hizo referencias a su teatro sobre ETA (la banda terrorista). Celebró que al País Vasco haya llegado la paz, “pero tienen que producirse algunos perdones”. Reconoció que en la docencia ha aprendido mucho de sus alumnos, algunos de ellos presentes, que su tesis doctoral fue sobre la tragedia griega, que tiene dos obras teatrales en marcha y concluyó con una cita del dramaturgo irlandés Sean O Casey: “La vida es un teatro, solo que algunos hemos ensayado muy poco”
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Julia Sáez-Angulo
Fotos: Adriana Zapisek
15/10/21.- Madrid.- El escritor vasco, residente en Madrid, Ignacio Amestoy Eguguiren, ha ingresado en la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, RSBAP en un acto presidido por Íñigo López de Uralde, que ha tenido lugar en la Sociedad Matritense, sita en la Torre de los Lujanes de la capital de España, donde el nuevo socio ha pronunciado su discurso de ingreso bajo el título de “Vascos y Teatro: Loyola, Samaniego, Arana y Unamuno. Las palabras de recepción corrieron a cargo de Íñigo de Yrizar Velasco.
El discurso ha sido publicado en un libro.
El dramaturgo Amestoy, -que recordó en su inicio al creador vasco Luis de Pablo y a Tirso de Molina en su obra “La prudencia en la mujer” sobre pretendientes castellanos y vascos ante doña María de Molina, con el correspondiente elogio a la mujer vasca- fue haciendo un recorrido por los cuatro autores citados, todos ellos, desde el fundador de la Compañía, con formación o relación en los jesuitas, como él mismo.
Habló de la importancia que Ignacio de Loyola (1491-1556) daba al teatro, como concepción del universo, tanto en el fondo como en la forma, clave para la representación y la elocuencia en la cátedra, el púlpito y los foros. Su papel fue decisivo en el teatro del Barroco.
El conflicto es siempre esencial en el teatro, señaló Amestoy; para él, la tragedia griega es clave del mismo.
De Félix María Samaniego Zabala (1745-1801), el fabulista de La Guardia (Vitoria). destacó sus años como comisionado en Cortes en Madrid, siempre atento a los salones literarios. Colaboró en “El Censor”, revista crítica del momento.
Del teatro del nacionalista fundador del PNV, Sabino Arana (1865-1903), subrayó su esquematismo didáctico, su simplicidad y escapismo. Autor de la ikurriña y el nombre de Euzcadi, su teatro nacional era medio de propaganda, no un fin en si mismo.
De Miguel de Unamuno (1864-1936) destacó su sentido dramático, tanto en las novelas como en su teatro. También escribió una comedia “La cuestión de la calabaza”. No le gustaban los actores españoles, como a Valle Inclán. Metió un rejón al “teatro adulterino” de Echegaray, basado simplemente en el adulterio. “La gente se aburre y va a los toros”, decía, y también: “no quiero púbico sino pueblo”.
Por último, Ignacio Amestoy informó de que en su día propuso un Teatro Estable Vasco al lendakari Xavier Arzallus, ex jesuita, que era un devoto de Sófocles y, dada su formación alemana, le gustaba el “Fausto” de Goethe.
Ignacio Amestoy, autor de más de 30 obras de teatro, veinte de ellas representadas, concluyó recordando que Esquilo inventó la tragedia del hombre en libertad, una libertad desde las utopías. Un soñador que dice la verdad.
El teatro de Amestoy abarca distintos temas como la mujer en el siglo XXI, la historia y la problemática vasca, como en su obra “La última cena”. Su próximo estreno: “Edipo no mató al padre”
“Te estábamos esperando”, se le dijo a Ignacio Amestoy en las palabras de acogida en la Real Sociedad Bascongada, que se declara ilustrada, social y republicana, al servicio de la humanidad. "Él, Ignacio Amestoy, es un socio activo y productivo", dijo López de Uralde.
Entre los asistentes al acto, diversos autores y actores, además de su esposa, la escultora Esperanza D´Ors y su hija Ainhoa, también consagrada al teatro.
Adriana Zapsek y Esperanza D´ Ors, artistas visualesJulia Sáez-Angulo
13/11/20.- Madrid.- Orden y caos, las dos oscilaciones entre las que se mueve la vida del hombre y que la tragedia griega acoge en su seno como ningún otro género literario. El dramaturgo Ignacio Amestoy es el autor del libro “Siempre la tragedia griega”. Claves de la escritura dramática, publicado por Ediciones Complutense, dentro de la colección Investigación Teatral RESAD.
Javier Huerta, catedrático del Instituto de Teatro de Madrid (UCM) y director del Seminario Menéndez Pelayo, de la Fundación Universitaria Española ha escrito el prólogo del libro, en el que dice que Ignacio Amestoy “lleva lo trágico en su ADN de dramaturgo desde la primera pieza que escribió, “Mañana aquí a la misma hora” (publicada en 1979), hasta una de las que tengo por mejores suyas “La última cena” (estrenada en 2010).
“Ya está bien de reír, muy superiores nosotros en la butaca, de los elementales muñecos, entre grotescos y didácticos, que tanto se prodigan. El teatro debe punzarnos en el pecho y ser espejo inquietador, aunque sea deformante”, decía Antonio Buero Vallejo en su discurso de ingreso en la Real Academia de la lengua, y el prologuista añade:
“Recomendación seguida por Ignacio Amestoy, cuyo teatro ha sido punzante, inquietador, ética y estéticamente comprometido con la tragedia, un bagaje al que ahora suma este ensayo crítico sobre la criatura de sus amores, pues que de verdadera declaración de amor a la tragedia cabe calificarlo, establecida no desde la perspectiva del erudito, sino del creador interesado por los mecanismos que rigen el universo trágico. Con todo, la bibliografía que ha manejado el autor demuestra a las claras el rigor académico con que ha procedido. No en balde fue durante muchos años profesor de Escritura dramática en la RESAD, de la que también fue director”.
La tragedia griega ha conformado la cultura occidental y nos ha conformado a todos. A partir de Esquilo, Sófocles y Eurípides, y observando la configuración del tejido escénico alumbrado por ellos, se observa como su tragedia alimentará a la consecuente comedia aristofanesca y menandrina primero, en una contaminación permanente.
“Siempre la tragedia griega”. Claves de la escritura dramática, de Ignacio Amestoy es un libro clarificador que estudia como la tragedia griega sigue viviendo hoy en la escritura dramática contemporánea en sintonía con lo más profundo del ser humano. Einstein creyó que siempre prevalecería un orden. Para él, Dios no juega a los dados. El Teatro, tampoco. La ilustración griega, que tiene su eje vertebrador en la tragedia, en el conflicto, como la democracia, crece en esa dialéctica.