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sábado, 24 de septiembre de 2016

Ángel Antonio Herrera, autor del poemario “El piano del pirómano”, publicado por editorial Calambur




 Ángel Antonio Herrera


Julia Sáez-Angulo

            El periodista y poeta Ángel Antonio Herrera es el autor del poemario El piano del pirómano, publicado por editorial Calambur. Ejerciente del periodismo literario en agudas y bellas columnas de periódicos y revistas, la escritura de Herrera rezuma poesía por su visión profunda y capacidad de metáfora, no exentas de ironía.

            “Acabé por encontrar sagrado el desorden de mi espíritu”. Con esta cita de Arthur Rimbaud, se abre el libro de Ángel Antonio Herrera (Albacete, 1965) –residente en Madrid-, que añade el verso de Vicente Huidobro: “los verdaderos poemas son incendiarios” y el de Federico García Lorca que dice: “Qué serafín de llamas busco y soy”.

            “Sé que lo mejor duerme en desvanes, hablo a la lluvia de las cosas incontables que no saben que no existes”, dice en uno de sus poemas (…) me sucede la intuición del desconsuelo y la molienda de la melancolía”.

            El poemario El piano del pirómano fue galardonado con el primer premio de XXIX certamen internacional de Poesía Barcarola, donde el jurado estuvo presidido por Félix Grande y compuesto por Luis Alberto de Cuenca, Marcos Ricardo Barnatán, Javier del Prado, Antonio Lucas y José Manuel Martínez Cano.

            “Estoy violentamente a favor de un susto de un xilofón, sépalo claro el anhelo, rotundo sépalo también la ciega cordura./
            Aquí lo firmo, porque tuve tanto alterne con el demonio del daño como con las bujerías del júbilo escritas o de otra atmósfera”, son algunos de sus poemas”.

            Belleza de palabra y de pensamiento. Belleza de poesía. El poemario El piano del pirómano es un buen gran libro.

           


viernes, 12 de marzo de 2010

Javier Villán y su poemario “Aquelarre de sombras”


"Aquelarre de sombras”
Poemario
Javier Villán
Editorial Calambur
Madrid, 2010 (47 pags)




Julia Sáez-Angulo

        12.03.10 .- Madrid .- Periodista inteligente en la crítica de teatro y de los toros en el diario “El Mundo”, Javier Villán cultiva la poesía de modo continuo y libre sin adscripción a grupo alguno, de ahí su singularidad. Actualmente ha publicado “Aquelarre de sombras” en la editorial Calambur, una poesía elegíaca sobre el paso del tiempo, la vida, su sombría expectativa y el cuerpo como decadencia inexorable.

“La frente contra el muro” fue el primer título poético de Javier Villán (Torre de los Molinos. Palencia, 1942), al que siguieron otros libros. Su poesía esencial se encuentra recogida en “El corazón de la ceniza (Antología poética, 1975-2006)”, igualmente editada por Calambur.

El libro se abre con un texto curioso, significativo para el autor: la entrada de un murciélago en la estancia doméstica en la madrugada de un frío final de agosto, sin que el siniestro animal acertara a salir y chocara una y otra vez contra los cristales. Como un presagio negro lo interpreta el poeta y las páginas siguientes abundan en el desconcierto de insomnios, fantasmas y sombras.

La portada del libro es un diseño gráfico a partir del grabado “Las resultas” de la serie “Los desastres de la guerra” de Francisco de Goya, el mismo artista que tituló una de sus obras como “El sueño de la razón produce monstruos”.

Coloquio del Cuerpo y las Sombras

Los poemas se recrean en las Sombras y el Cuerpo como protagonistas intensos de un coloquio de incertidumbre, dolor y desesperanza. “Sombra sabia: Vengo desde remotos tiempos y lugares. No hay planicie ni cóncava espesura que no haya recorrido. Cuerpo amado, siempre me diste cobijo, eras selva fresca y umbría”.

El poemario va dedicado a “Ana, que intentaba ahuyentar las sombras y le nacían estrellas en las manos”.

“Cuerpo solo: ¿Sólo el silencio es mío ¿Sólo la niebla? ¿Sólo un fantasma que no tiene humana consistencia?”

El poeta termina diciendo en un cerrado paréntesis: “(Y el cuerpo definitivamente calamitoso se negó a toda controversia. Logró dormirse al fin y, al despertarse otra vez, eligió seguir viviendo; …)”