En torno a Jesús y la samaritana en el pozo (hacia 1640–1641), obra maestra de Guercino en la colección Thyssen-Bornemisza, se reúne un conjunto de cinco pinturas clave que permite analizar cómo aborda el artista la imagen de la mujer en los temas bíblicos, procedentes del Museo del Prado, la Dulwich Picture Gallery de Londres, el Musée des Beaux-Arts de Estrasburgo, la Pinacoteca di Brera de Milán y el Musée du Louvre, en depósito en el Musée des Beaux-Arts de Rennes. En estas obras se refleja, además, su capacidad narrativa y su dominio del lenguaje gestual, evidenciando al mismo tiempo su evolución estilística.
16/3/26.- Madrid.- El museo Thyssen-Bornemisza acoge una pequeña muestra con un selecto grupo de obras de Giovanni Francesco Barbieri (Cento, 1591–Bolonia, 1666), más conocido como Il Guercino, figura clave en el desarrollo de la pintura barroca del norte de Italia. En torno a la obra maestra que el museo Thyssen posee de este artista, titulada Jesús y la samaritana en el pozo (hacia 1640–1641), se reúne una serie de pinturas clave para estudiar y mostrar al público cómo aborda el pintor la imagen de la mujer en los temas bíblicos, para lo que se cuenta, además, con préstamos de otras instituciones.
La exposición permite profundizar en la importancia de la representación de la figura femenina en la producción de temática religiosa del artista a través de obras en las que recrea determinados pasajes bíblicos en los que desempeña el papel protagonista, como Susana y los viejos (Madrid, Museo Nacional del Prado), La mujer adúltera (Londres, Dulwich Gallery) y Sansón y Dalila (Estrasburgo, Musée des Beaux Arts).
Esta selección de seis lienzos muestra su capacidad narrativa y su dominio del lenguaje gestual en composiciones donde la mujer encarna a distintas figuras bíblicas bajo la mirada personalísima del pintor. Mujeres anónimas del Nuevo Testamento como la mujer de Samaria y la adúltera personifican en estas pinturas el modelo de mujer pecadora arrepentida. Comparten la sala las escenas de Susana y los viejos, y Abraham repudia a Agar e Ismael en las que el pintor ha querido transmitir la inocencia de dos víctimas de situaciones injustas descritas en el Antiguo Testamento.
El último capítulo está dedicado a las consideradas femme fatale por la iconografía cristiana tradicional, y que Guercino rescata ahora para conferirles un nuevo papel. Dalila empuña las tijeras para cortar ella misma los cabellos de Sansón y su imagen es la de una heroína clásica mientras que, Salomé con la cabeza inclinada, no encarna aquí a la joven seductora, sino a una víctima sometida a los deseos de su madre según el relato bíblico.
Abrahán repudia a Agar e Ismael
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