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sábado, 7 de septiembre de 2024

AURELIO GUTIÉRREZ, LYDIA GALASOVA y ELIZAVIETA JASZAUTY, concierto en la Basílica de la Santa Cruz en Cuelgamuros

Aurelio Gutiérrez, la soprano Lydia Galasova y la pianista Elizavieta Jaszauty
Cúpula neobizantina de Santiago Padrós


Carmen Valero
Fotos: Mercedes Marcos

7/9/24.- El Escorial .- Ha sido emocionante volver a contemplar la gran cúpula con el Pantocrator, la Virgen María y la Santa Cruz, en la Basílica de la Santa Cruz. Fue mi maestro Santiago Padrós (1918-1971), el que la llevó a cabo en estilo neobizantino a base de numerosas teselas cromáticas con fondo dorado. De él aprendí yo esta técnica en mi juventud, durante mi estancia en Molíns de Rei y en su casa de Comarruga, situada en El Vendrell de Tarragona. 
Debajo de esta soberbia cúpula ha tenido lugar el concierto benéfico de órgano (con teclado), en el que intervinieron el tenor Aurelio Gutiérrez, la soprano Lydia Galasova y la pianista Elizavieta Jaszauty. La basílica estaba a rebosar de asistentes, que, a la salida del concierto depositaron sus donativos para ayudar a la Escolanía y otras necesidades de la Basílica, dado que el Gobierno actual ha retirado la subvención a la Fundación de la Santa Cruz, o más bien los ingresos mínimos para su mantenimiento, ya que su objetivo es que los Padres Benedictinos abandonen la abadía.
El Gobierno, que practica la damnatio memoriae (la condena de la memoria de lo que sucedió) -como señala Julia-, hará muy mal si llega a desalojar a los monjes. Francia los llamó para que habitaran y celebrasen culto en lugares sacros como la abadía del Mont Saint Michel, porque sin ellos se perdía la atmósfera sacra, y, con ellos, se atraía además a un público creyente y peregrino.
Volvamos al concierto, en el que los cantantes líricos interpretaron música sacra de Bach, Händel, Rossini, Frack, Schubert o Gounod. El Ave María de estos dos últimos compositores, interpretada respectivamente por Lydia y Aurelio fueron el final apoteósico de un concierto inolvidable.
Un padre benedictino, después de misa, dio las gracias a los asistentes y recordó su aportación libre para la Fundación a la salida, al tiempo que recordó el deseo de la comunidad benedictina de permanecer en la abadía y la basílica, desde donde rezan todos los días por la paz y concordia de los españoles. Hay 125 mártires -muertos por la fe- y treinta mil enterrados. Es una iglesia, no un monumento. Y es muy triste que se hayan producido algunas profanaciones. Rezamos como expiación, explicó el benedictino.
Después de la misa y el concierto paseamos e hicimos fotos por el lugar. Es magnífico, faraónico, impresionante. Los extranjeros que lo conocen se quedan admirados. Recuerdos dos ellos a los que acompañé y quedaron boquiabiertos de la grandeza del lugar: la periodista inglesa Bridget Hadaway y el sacerdote libanés François Nasr. Es un lugar magnificente. Mercedes Marcos no cesa de enfocar su buena cámara fotográfica.
    Un monumento colosal, aunque el benedictino recalque que es una iglesia-basílica, que también. Las esculturas del extremeño Juan de Ávalos (1911- 2006) son miguelangelescas. La Cruz, la más elevada de Europa: 152 x 46 cm. Las rocas que la circundan alcanzan una morfología impresionante. Es un lugar muy especial donde naturaleza y espíritu se dan la mano.
    La edificación de la Basílica del Valle de los Caídos tuvo lugar entre 1940 y 1958, bajo la dirección de dos arquitectos: Pedro Muguruza hasta 1950 y Diego Méndez a partir de esa fecha, por enfermedad del primero. 
    El historiador Paul Preston declaró «El Valle de los Caídos no debe desaparecer. El Valle de los Caídos pasó a llamarse Valle de Cuelgamuros, por la Ley de Memoria Democrática. 
    

Los "Juanelos"

    En el recorrido el visitante se encuentra con cuatro grandes monolitos cilíndricos (dos a cada lado de la calzada sobre pedestal escalonado) a modo de pórtico: se trata de los llamados «Juanelos», tallados en granito y de 11.50 metros de altura y 1.50 metros de diámetro cada uno. Proceden de las canteras de Sonseca y Nambroca en la provincia de Toledo, y fueron labrados en el siglo XVI, durante el reinado de Felipe II, para ser utilizados por el ingeniero italiano afincado en Toledo Juanelo Turriano, en el ingenio conocido como Artificio de Juanelo, para elevar agua del río Tajo a la ciudad de Toledo, y que nunca se llevaron a su destino. Sobre ellos había una canción popular que decía (Los cantos de Juanelo ya van andando, llegarán a Toledo, sabe Dios cuando).

En la hospedería era imposible encontrar un sitio para comer. Tuvimos que picotear algunas raciones en el bar. 
La entrada y salida están bien controladas. Se pide el Documento Nacional de Identidad. El recorrido a través del gran camino flanqueado por pinos rojizos de Valsaín es muy bello.
    El concierto fue para no olvidar y repetir.
    Mas información

https://gaceta.es/espana/el-tsjm-obliga-al-gobierno-de-ayuso-a-razonar-su-negativa-a-declarar-bien-de-interes-cultural-el-valle-de-los-caidos-20240109-1602/

Elizavieta Jaszauty, pianista, residente en San Lorenzo de El Escorial
Cruz del Valle de la Basílica de la Santa Cruz en Cuelgamuros
Escultura de Ávalos
Basílica de la Santa Cruz
Galería de acceso a la basílica de la Sta. Cruz
Julia, Elizavieta, Lydia y Carmen
Carmen Valero en Cuelgamuros

Cuelgamuros. Valle de los Caidos

martes, 27 de agosto de 2024

RETORNO A EL ESCORIAL XXXII. Valle de Cuelgamuros, la basílica, la hospedería y la Cruz del Valle de los Caídos

 Cruz de la basílica del Valle de los Caídos. Cuelgamuros (nocturno)



Julia Sáez-Angulo

27/8/24 .- El Escorial .- “Nulla diez sine línea” (ningún día sin una línea) La frase tiene su origen en Plinio el Viejo  (Historia natural, XXXV, 84), donde se atribuye la sentencia al pintor griego Apeles de Colofón, de quien se dice que no pasaba ningún día sin pintar al menos una línea. La frase aparece citada como proverbio por primera vez en la compilación Proverbiorum libellus del humanista italiano Polidoro Virgilio, en 1498.
Hoy escribiremos del Valle de Cuelgamuros y Cruz del Valle de los Caídos
El Real Sitio de El Escorial es un poliedro muy facetado, y el cercano valle de Cuelgamuros con la Cruz del Valle de los Caídos es un lugar vecino en la sierra, que pertenece al municipio de San Lorenzo de El Escorial y ha sido actualidad informativa reciente, por sacar de la basílica los restos del dictador Francisco Franco. “Por eso pasaré a la Historia”, dijo el jefe del Gobierno Pedro Sánchez y nos desternillamos todos de risa.  Sacar un cadáver de su tumba al cabo de casi 50 años no es precisamente algo heroico, sino patético. Muchos jóvenes ni recuerdan quien era Franco, un chicle argumentario de políticos fronterizos. Las leyes de memoria sectaria y fanática están para ello.
La cristianofobia quiere ir ahora contra la gran Cruz allí erigida, como los talibanes destruyeron los rostros de los budas en Afganistán hace 20 años, pero no se atreverán a hacer nada que vaya contra los talibanes islámicos, porque esto les puede costar caro. La tolerancia y el perdón de los cristianos les sirve para dar “más leña al mono” elegido para golpear, como la revista recién publicada por los ministerios de Exteriores e Igualdad, que es toda una mofa de la iconografía cristiana. Me río yo de la última cena sacada en las Olimpiadas de París, al lado de estos arrebatacapas, quiero decir, fanáticos arrebata-símbolos religiosos, a falta de argumentos sólidos. ¿O están todos de acuerdo, por aquello de que, en política, nunca hay casualidades?
Cabe recordar que Italia ha respetado la arquitectura mussoliniana, prototipo histórico de un quehacer dictatorial de los años 30, modelo seguido en España por algunos proyectos, entre otros la gran plaza del municipio toledano de Noblejas, que lleva el nombre del socialista José Bono, a la sazón presidente de Castilla-La Mancha. ¿Como se puede aceptar que una obra pública o una calle lleve el nombre de un político vivo? Manca fineza! que dirían los italianos. Yo sentí vergüenza ajena cuando lo vi y leí. La normativa del Ayuntamiento de Madrid, por ejemplo, impide poner el nombre de una calle a una persona en vida, porque todos nos podemos dar la vuelta en ejemplaridad a lo largo de los años. Casos los ha habido.

Conjunto monumental y abadía 
benedictina en peligro
    El conjunto monumental del Valle de los Caídos, o de Cuelgamuros, está formado por una basílica católica (la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos), una abadía benedictina y una cruz de 152 metros de altura, la mayor del mundo, según el record Guiness, asentada sobre el Risco de la Nava, que domina todo el valle, con la particularidad de que la basílica, con 260 metros de largo, es subterránea en su totalidad. Los arquitectos Pedro Muguruza y Diego Méndez fueron los autores de planos y proyecto. Juan de Ávalos, de carnet socialista, fue el autor de las esculturas, verdaderas obras maestras.  
    Más adelante se llevaron a Cuelgamuros los famosos postes de Juanelo (Giovanni Torriani, 1500?-1585) , el sabio renacentista que trabajo para el Emperador Carlos V y su hijo Felipe II, y que se perdieron en los campos de Sonseca y Nambroca desde su traslado de Toledo, hasta el olvido. Los postes miden 11 metros de altura; 1,45 metros de diámetro y 54 toneladas de peso cada uno. Todo un espectáculo en la subida a la Basílica benedictina. Toda la vertiente norte del monte Abantos pertenece a Cuelgamuros. La altitud mínima de Cuelgamuros es de 985 m. 
        El conjunto monumental de Cuelgamuros se encuentra a nueve km al norte del Real Monasterio de San Lorenzo. Fue construido entre 1940 y 1958 principalmente con mano de obra de presos políticos republicanos, que cobraban sueldo y redimían penas. También se contrató a otros trabajadores al mismo tiempo. El conjunto pertenece a Patrimonio Nacional del Estado, desde su apertura al público el 1 de abril de 1959.
    La flora del bosque de Cuelgamuros es fundamentalmente de pinos negrales, silvestres y rodenos. También hay hayas, pinos y abedules, además de chopos, sauces y fresnos a medida que se acerca uno a las riberas de los arroyos Guatel, Tejos y Boquerón, afluentes del río Guadarrama. La fauna cuenta con zorros, jabalíes, corzos, garduñas, liebres, ardillas, petirrojos, águilas, azores y halcones.
    El Valle de los Caídos llegó a ser el tercer monumento más visitado de Patrimonio Nacional (318.000 personas en 2019 y 378.000 en 2018), sólo por detrás del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y del Palacio Real de Madrid. 
    Hoy el conjunto monumental se encuentra “voluntariamente” abandonado, en cuanto al cuidado de entrada, lonja, entornos… Los hierbajos se lo comen, a la espera de su destrucción o poco menos. Es la “damnatio memoriae” de hablaban los romanos del Imperio, maestro de exterminar la historia de otras culturas y pueblos. Conducta muy seguida por los políticos hasta la actualidad.
Hoy es la Basílica, la que ha quedado varada, y los benedictinos necesitan presencias y apoyo para su continuidad en Cuelgamuros. Han sido muchos los visitantes que se acogían a su hospedería y los opositores a concursos públicos del Estado, los que se han refugiado en ella, lugar ideal para buscar silencio y tranquilidad. Los amigos de esta abadía reclaman, de continuo, acudir a la hospedería para alojarse o almorzar en ella.
        Más información

Conjunto Monumental. El Valle de los Caídos pasa a llamarse oficialmente Valle de Cuelgamuros tras entrar en vigor la Ley de Memoria Democrátrica


Postes de Juanelo, a la subida de la Basílica de la Santa Cruz
Cúpula de la basílica benedictina de la Santa Cruz. Cuelgamuros

Uno de los altares de la basílica benedictina
Nocturnos de Cuelgamuros (San Lorenzo de El Escorial)
Cruz del Valle de los Caídos (Foto J. Mosteiro)


Plaza José Bono. Noblejas (Toledo)