miércoles, 20 de agosto de 2014

Bacø, heterónimo del escritor Esteban Gutiérrez Gómez presenta «Ardimiento», su primer poemario, en #agostoclandestino



VIERNES 22 DE AGOSTO DE 2014 | 20.00 H.

Librería Santos Ochoa (Doctores Castroviejo) | LOGROÑO


 



Esteban Gutiérrez Gómez dice que escribe por necesidad. Al principio escribir era como realizar un exorcismo: aquietaba los demonios que me atormentaban. Ahora soy capaz de mirar más allá de las cosas, y veo un relato donde otros ven un magrebí durmiendo en tres asientos del metro, por ejemplo.

Conducirá el acto el poeta Enrique Cabezón.



L.M.A.

En una reciente reseña de Ardimiento publicada en La tormenta en el vaso, Miguel Baquero decía: «Maldigo la poesía concebida como un lujo...», decía el célebre poema de Celaya, y uno se acuerda de estas palabras desgarradas cuando acaba de leer un libro de poesía como el de Esteban Gutiérrez Gómez, de sobrenombre Bacopara sus incursiones poéticas y cuentistas. Y digo que se acuerda de ellos porque esteArdimiento que ahora nos presenta el poeta, y donde se reúnen los mejores versos que ha ido diseminando a lo largo de su vida («ya sé lo que estás pensado, / que 50 años son muchos / para publicar un primer poemario….»), este Ardimiento, decía, afronta cada poema no con ánimo de provocarnos un sentimiento confortable, una felicitación hacia nosotros mismos por los listos que somos y la poesía tan sofisticada que leemos. Sin llegar a pisotear la estética literaria, porque eso sí que sería de maldecir en todo caso, los poemas de este libro-bloc están escritos con ánimo de conmocionarnos, con espíritu agresivo, con el propósito de dejarnos, al cerrar la ultima página, un gusto a acero en el paladar, como si —por jugar o por quién sabe— nos hubiéramos introducido un arma en la boca…
«…Quizás tengas razón, / pero no te preocupes, / he sabido guardar / todo mi veneno.»
Baco, en los poemas que conformar este Ardimiento, se enfrenta a la vida con una mirada cruda, sin buscar la infelicidad, sin escarbar en lo feo, pero tampoco sin engañarse con impostadas notas líricas. En primer lugar, el poeta se enfrenta a sí mismo, y no pretende, en ningún momento, engañarse respeto a lo que es: «He hecho un pacto con el diablo / y nos hemos repartido mi vida: / él tiene los días, / de lunes a viernes, / de siete a siete. / Me quedo yo las noches, / todas las noches, / hasta las tantas…»; pero sin entregarse a la quejumbre ni presumir de derrota. Son poemas que arrastran ecos de barrio suburbial, de aquellos tiempo en que “todavía teníamos ganas de vivir”, gritos de rabia, a veces, como súbitas pintadas de graffiti, pero poemas que también aportan el asombro ante el descubrimiento de la naturaleza, la bondad del entorno perenne, ese callado paisaje de montañas que el autor ha visto, desde siempre, al fondo de sus días… «He tardado / 50 años / en perder mi sordera».
Y tras esta mirada desnuda sobre sí mismo, sin engaños, ni imposturas, ni falsas atribuciones, el autor se vuelca sobre el mundo, sobre la situación actual, como lugar de donde proviene —siempre por razones económicas— toda esa injusticia que se muestra bajo nuestros pies. Como si la crisis, al recortar todas las capas de retórica, nos permitiera ver ahora la piedra desnuda, dura y agreste sobre la que andamos.
Es curioso que, en los últimos libros de poesía que he leído (ver, por ejemplo, la reseña a Helio, de Ariadna G. Garcia) el autor (la autora) se aparte en un determinado momento del discurso interior y sensible para arremeter contra la realidad que muestra el telediario; algo que, en principio, transgrede la correcta concepción de la poesía…. pero ya digo que no están los tiempos para ser formales y que este Ardimiento de Esteban Gutiérrez deja un sabor acerado en la boca.
«Sobre la repisa de los sueños / he dejado un libro a medio leer. / Sólo quiero que jamás / lo encuentre mi hija».
Hay (creo haberlo dicho ya, pero no importa, lo repito), ahora mismo, se está fraguando, un grupo de poetas que parecen hablar sobre lo mismo, con parecida voz. Son poetas que están mostrando a la vez sus dientes ante esta realidad sin clemencia; y aunque seguramente sus mayores, de leerles, les regañasen por esta pérdida —a veces— de la compostura lírica, la poesía, en cada tiempo, es la que es, y ahora es momento casi de gritar. Con que hay, como digo, un grupo de autores que están tratando de hacerse oír a gritos, porque tienen algo que decir. Hablo de este mismoEsteban Gutiérrez, de Vicente Muñoz Álvarez, de Gsus Bonilla, de David González, del que hablan maravillas (perdón por la cacofonía). Hablo también de Ana Pérez Cañamares y hablo de muchos otros más que invito al lector a descubrir, a que se dejen llevar de un libro de poemas a otro, porque realmente hoy mismo existe una poesía que está hablando a voces y que está viva para quien quiera oírla.


Esteban Gutiérrez Gómez ha publicado las novelas fragmentarias El laberinto de Noé (2008), El colibrí blanco (2009), La enfermedad del lado izquierdo (2011) y13.0.0.0.0 (theREVOLUTIONisNOW) (2012).
Imparte talleres de creación literaria de narrativa breve, fue miembro fundador y asesor literario de la revista Al Otro Lado del Espejo, dedicada en exclusiva al relato, y fue el impulsor del «Manifiesto por el cuento». Ha colaborado en varias antologías como Vinalia Trippers. Plan 9 del Espacio Exterior, Trippers from the Crypt y Spanish Quiqui; Los rincones más oscuros: Antología del miedo, Perversiones. Breve catálogo de parafilias ilustradas, Cuentos para hambrientos, Narrando contracorriente, La ciudad vestida de negro, El descrédito. Viajes narrativos en torno a Louis-Ferdinand Céline y Viscerales.
Junto a Patxi Irurzun ha coordinado el libro Simpatía por el relato. Antología de cuentos escritos por rockeros (2010). Y, posteriormente, de nuevo en solitario el diario de gira de presentación de dicho libro, Gente simpática (2013). 
Ardimiento (Zoográfico, 2014) es su primer libro de poemas. Nadie lo diría.
Al ser un ser disociado publica su poesía bajo el pseudónimo de «Bacø».



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