sábado, 30 de agosto de 2025

EL FAVOR Y LA FLAUTA DE IBÉRICO. Relato



Carmen Valero Espinosa

Mi hermana Pili está pasando por un mal momento, su marido está muy enfermo tras un ictus y, en uno de sus muchos ingresos de urgencia en el hospital, dejó el coche aparcado en un lugar que, al día siguiente, debía presentar tique de estacionamiento en espacio público. 
“Su marido se está muriendo”, le dijo el médico. Angustiada, llamó a su hijo para decirle que, al día siguiente, no podría asistir a la primera comunión de su niña.
Cuando a la mañana siguiente, dejó un momento solo a su marido en la habitación y bajó a desayunar, se encontró con una soberbia multa municipal en el parabrisas de su coche, que la dejó más desconsolada. Así la encontré yo, cuando fui a visitar a mi cuñado.
Ni corta, ni perezosa, me acerqué a la controladora del parquímetro y le conté la tragedia personal y familiar de un enfermo, de urgencias, de su esposa cuidadora, ambos jubilados y con escasa pensión… La mujer, humana, seguramente comprensiva de la situación, anuló la multa.
Cerca había un establecimiento de bocadillos gigantes de jamón ibérico, donde yo compro habitualmente “una flauta de jamón” que dicen los castizos. Invité a pasar a la revisora y pedí a Marcos, el dependiente que me conocía, dos “flautas”, una para mí y otra para “esta señora que me acaba de hacer un gran favor”. Marcos se esmeró y puso más jamón que de costumbre en los bocadillos. Sabe que soy generosa en las propinas.
La controladora, que se llama Esther, y yo nos sonreímos, un poco cómplices, cada vez que coincidimos por el barrio. Pepe me dice que la mujer , desde entonces, le ha enviado numerosos clientes a comprar su “flauta de jamón ibérico”.
Lástima que el Ayuntamiento cambia de barrio a las controladoras del parquímetro, como el Estado cambia de país a los diplomáticos cada cuatro años, para evitar complicidades amistosas. Dios bendiga a Esther que hizo aquel noble favor a mi y a mi hermana.


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