miércoles, 24 de junio de 2026

VISITA AL “MUSEO LA NEOMUDÉJAR”

Museo La Neomudejar. Madrid.


        24.06.2026.- Madrid

    Preludio del nuevo programa de visitas AMCA JOVEN que la Asociación  desarrollará a partir del mes de septiembre, el pasado sábado día 13  se convocó una visita de plurales intenciones al Museo La Neomudéjar.  

Plurales porque, de una parte, se configuraba como una visita a las  exposiciones que el centro tiene actualmente en cartel: “Orbital” de  Diego Moya y “Bancales” de Andrés Delgado. De otra, la visita tuvo  también el imprescindible soporte explicativo de ese espacio  excepcional, ejemplo de resignificación arquitectónica y actividad  artística que es el museo.  

Con una trayectoria consolidada de más de una década, el proyecto  global del centro hibrida un pasado fabril ferroviario decimonónico con  una intención, imbuida de la más absoluta contemporaneidad, de  activismo artístico crítico, muestra palpable de ello ha sido la poliédrica  programación del centro a lo largo de estos años, que no sólo ha  acogido proyectos pictóricos de particular personalidad, fueran estos  fruto de trabajos de investigación estética ya de autores emergentes  ya de recorrido consolidado, si no que este eje central expositivo se  ha mostrado abierto frecuentemente a otras propuestas que utilizan  sin ambages todo tipo de medios entre los que han destacado muestras  de fotografía, videoarte, o instalación, con especial atención a las  intervenciones espaciales.  

La premisa de, desde una perspectiva museística, utilizar un contexto  pleno de memoria como lugar de desarrollo artístico es recurso  ampliamente utilizado, los procesos de búsqueda de nueva identidad y  restauración arquitectónica para almacén y exhibición artísticos son  habituales, lo que resulta más singular es que la restauración sea  entendida y abordada únicamente por la propia intervención artística y  que la conservación del lugar no pretenda despojarle de la melancolía  inherente a su ruindad y desuso, lo que podríamos llamar una reacción  alérgica ante la higiénica capacidad de muchos espacios para mostrar  las piezas en entornos cuasi hospitalarios que no permiten  habitualmente la oportunidad del diálogo entre contenedor y pieza.  

En esa línea de diálogo, Diego Moya (Jaén, 1943) nos mostró en la  visita un recorrido por su magna exposición en la Neomudéjar,  retrospectiva que aborda una producción de incisivo interés, mantenido  a lo largo de décadas, por la exploración del ejercicio activo del tiempo  expresado en las transformaciones de la materia y en las posibilidades  de nuestra percepción. 

Su mirada, expuesta aquí lo largo de series que no guardan un discurrir  cronológico, pues se muestran recurrentes en la fijación del artista a lo  largo de los años, deambula desde lo atávico a lo digital siempre en el  territorio de la convergencia entre un pensamiento netamente  científico y una aspiración a la imagen poética y espiritual del mundo.  

De tal modo, para Moya metal, tela, polímeros como el metacrilato,  fotografía, pigmentos o tierra son soportes válidos que vertebran  transparencias, erosiones, huellas o juegos de luz reflexionando sobre  nuestra relación con el universo.  

Ya sea desde la abstracción, ya desde la nitidez de la impresión de la  morfología geológica de la tierra, Moya evidencia la memoria del  tiempo transformador, igualmente detectable en cuerpos humanos  cuyas pieles grabaron esta memoria poblándose de montañas y  depresiones; Paralelismos que hablan de movimiento constante, un  concepto físico que permea en piezas como las que componen la serie  de Cajas Luminosas, poemas visuales que dejan leer caligrafías  lumínicas necesariamente unidas a la experiencia de la posición y  tránsito del espectador. Toda una investigación de procesos que aspira  a mostrar la relación intrínseca entre el humano y una naturaleza  térrea trascendida por el incesante fluir cósmico.  

La obra del tinerfeño Andrés Delgado (1953) completó la visita y nos  sumergió en una voluntad artística de tinte antropológico y paisajístico  a través de la huella de los Bancales agrícolas de la isla, recursos  económicos tradicionales que han dotado de idiosincrasia espacial un  entorno, hoy en vías de extinción. Su pintura habla de estas estampas  del paisaje, y se recrea en el desgaste y la erosión como metáfora de  aquellas señales de identidad construidas en la piel de la tierra.  

La visita, en la que participaron una veintena de personas entre  miembros de AMCA y público interesado, se completó con el amable y  apasionado recorrido qua nos detalló Néstor Prieto a través de los  diferentes espacios del centro, a cada cual más auténtico,  trasladándonos sin solución de continuidad a las postrimerías del s. XIX  en el descubrimiento de un patrimonio ferroviario e industrial  madrileño acertadamente rescatado y puesto en valor por un proyecto  basado en la construcción artística. 

La Neomudéjar es una apuesta por la oportunidad de la exploración,  un laboratorio abierto que, como tal, se obliga a asumir experimentos  exitosos, también quizá fallidos, algo que es propio del juego artístico,  un riesgo sí, ¡¡pero que gozo!! todo un lujo frente a la abundante línea  plana en lo artístico institucional.  

Esther Plaza  

Junio 2026 


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