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domingo, 31 de mayo de 2026

SEMBLANZA DE VICENTA BENEDITO (PITUS)

En el jardín de la casa de mis abuelos en las Lagunas de Ruidera, Pitus con mi hermano y conmigo. Año 1997.

    Por Carlos Benedito Ramos
    
    31.05.2026.- Madrid.- Estoy convencido de que tanto a mi abuela, Margarita Bruño, como a mi abuelo, José Luis Benedito -tercera generación de taxidermistas de la familia-, les habría hecho una ilusión inmensa escribir estas líneas dedicadas a Pitus porque ambos mantuvieron una relación estrecha y entrañable con Vicenta Benedito, a quien todos conocíamos cariñosamente como Pitus. Gran parte de lo que sé sobre mis raíces se lo debo precisamente a tres personas: a mi abuela, a mi tío José Luis Benedito Bruño -cuarta generación de la saga- y a la propia Pitus. Desgraciadamente mi abuelo, quien fue un padre para mí falleció en 1998, cuando yo solo contaba con 8 años y poco pude aprender de él las historias de mi familia. Sim embargo, tanto mi abuela, como mi tío y Pitus me contagiaron el amor por la familia y me enseñaron a valorar el legado familiar.
    Desde que nací, Pitus siempre estuvo presente en mi casa, no era una figura lejana de la que solo oía hablar, sino alguien a quien veía con frecuencia. Estuvo en la boda de mis padres, en mi bautizo, en mi primera comunión, en muchos cumpleaños y en algunos de los momentos clave de mi juventud. Tanto mi abuela como ella me hablaban a menudo del pintor Manuel Benedito y de mil anécdotas compartidas. Mi abuela solía contarme que, una vez que se casó con mi abuelo el 17 de julio de 1957, tío Manolo los invitaba cada domingo a almorzar a su palacete de la calle Juan Bravo 4 de Madrid, unos encuentros familiares que se mantuvieron fijos hasta la muerte del pintor en 1963 y en los que Pitus siempre estaba presente.         Conviene recordar que como el pintor no tuvo hijos, adoptó a Pitus, quien se convertiría en su ojito derecho y en la persona que se ocupó de él con absoluta dedicación hasta sus últimos días. Tras su fallecimiento en 1963, la unión con nuestra familia se volvió aún más íntima. Pasaba los veranos con nosotros en la casa que mis abuelos construyeron en las Lagunas de Ruidera, donde muchas veces venían también familiares de Valencia, y era una habitual en la casa que mis abuelos tuvieron en la calle Joaquín Bravo de Madrid. La complicidad entre Pitus y mi abuelo José Luis era muy especial e iba más allá de ser primos, lo que también les unía era una profunda amistad y una admiración mutua.
    Una prueba de esa confianza fue el apoyo que le dio a mi abuelo para difundir la obra escultórica de su padre, Luis Benedito (mi bisabuelo y hermano de Manuel). Gracias a la generosidad de Pitus, la Fundación Manuel Benedito acogió una exposición dedicada a su colección de bronces que para mi abuelo fue un orgullo enorme, porque pudo mostrar al público esas piezas en un lugar tan significativo. Con los años, entendí que ese gesto la definía por completo, siempre estaba dispuesta a arrimar el hombro para proteger y dar a conocer la historia de los Benedito.
    Hay cuatro años entre mi abuela y Pitus que quiero resaltar especialmente, entre 2004 y 2008, porque pasaron muchísimo tiempo juntas y se ayudaron una barbaridad. Pitus ya era mayor y necesitaba que estuvieran más por ella, así que mi abuela se volcó por completo. Se pasaban las tardes enteras charlando de sus cosas y, de hecho, en esa época mi abuela era la que echaba una mano enseñando la Fundación a los familiares y amigos que venían de visita. Fue esa etapa la que yo recuerdo con especial cariño. 
    Con mi hermano y conmigo Pitus fue siempre generosísima. Entre los muchos detalles que conservo, hay uno que guardo con especial cariño, mi primer Discman. Aquel reproductor portátil, que para los jóvenes de mi generación era casi un tesoro, fue un regalo suyo. Puede parecer una futilidad, pero jamás lo olvidaré, porque reflejaba su afecto. También recuerdo perfectamente las tardes y fines de semana que pasaba en su casa de Juan Bravo acompañando a mi abuela. 
    Aquel piso me impresionaba, porque lo recuerdo muy grande, sus pasillos larguísimos, el salón era un auténtico santuario artístico, un espacio que respiraba la esencia y los recuerdos de Manuel Benedito en cada rincón. Lejos de ser una estancia fría, te envolvía una atmósfera señorial y cálida, dominada por la imponente presencia de sus obras expuestas. Las paredes, decoradas con un gusto exquisito, servían de galería privada donde colgaban óleos magistrales del pintor, retratos familiares y bocetos que revelaban su proceso creativo. Entre el mobiliario clásico y los detalles de época, se entrelazaban objetos personales, paletas, distinciones y recuerdos entrañables de su trayectoria que Pitus custodiaba con absoluto mimo. Y era en ese salón donde Pitus me hablaba de todos esos recuerdos con auténtica pasión, desgranando historias del pintor y de sus propias vivencias. 
    Si por algo se caracterizaba a Pitus era por ser una mujer culta, elegante, siempre impecable y con un gusto exquisito por la moda. Pero, por encima de todo, la recuerdo como una persona profundamente buena, cercana y empática. Si hoy sigo difundiendo la historia de nuestra familia es, en gran parte, como mencionaba anteriormente, gracias a ella. Me transmitió vivencias que, de otro modo, se habrían diluido con el tiempo. Además, me confió algunos objetos que guardo como auténticos tesoros, entre ellos una fotografía histórica en la que aparecen tres de los cuatro hermanos artistas, José María, Luis y Manuel Benedito. Si no es por ella, hoy probablemente no existiría la Fundación Manuel Benedito tal y como la conocemos, ni se habrían conservado muchos de los recuerdos, documentos y testimonios del pintor que permiten comprender la figura del pintor y su entorno profesional y personal.
    Cuando falleció en el año 2008, yo tenía apenas dieciocho años, seguramente era demasiado joven para comprender en toda su dimensión el valor de todo lo que me había transmitido. Con el paso del tiempo he sido cada vez más consciente de la suerte que tuve de formar parte de su vida y ella de la mía, y al mismo tiempo, también he pensado muchas veces en todo lo que me habría gustado seguir aprendiendo de ella. 
    Me habría gustado escuchar más historias sobre Manuel Benedito, conocer mejor sus recuerdos, descubrir detalles de la familia que solo ella conservaba en su memoria y compartir más conversaciones que hoy ya no podrán repetirse. 
 Hoy, cuando pienso en ella, no veo únicamente a la hija adoptiva de Manuel Benedito ni a la persona que dedicó gran parte de su vida a preservar y proteger su legado, veo a una mujer generosa, comprometida y profundamente entregada a los suyos. Por eso, cada vez que hablo de los Benedito, es inevitable que mencione su nombre porque ella forma parte de la historia de la familia. Su recuerdo sigue vivo y seguirá por siempre en mi memoria y en la de toda mi familia. Siempre le estaré siempre muy agradecido por todo lo que nos ayudó, lo que me enseñó y sobre todo, por haberme acercado a una parte de nuestra historia que, sin ella, probablemente nunca habría conocido.



viernes, 29 de mayo de 2026

VICENTA BENEDITO, PIONERA EN QUÍMICAS, APOYO EN LA PINTURA Y CREADORA DE LA FUNDACIÓN MANUEL BENEDITO

Retrato de Vicenta Benedito, por su tío Manuel Benedito
Vicenta Benedito, Pitus para la familia, junto a Margarita Bruño Guijosa. Foto del archivo de  Carlos Benedito Ramos.


Julia Sáez-Angulo

29/5/26.- Madrid .- Vicenta Benedito (1941-2011) nació en Castellón, donde su padre era juez desde 1913. Fue una de las mujeres españolas pioneras en obtener un título universitario y ella ejerció su licenciatura en Químicas, en ayudar a su tío el pintor valenciano Manuel Benedito (1875-1963) creándole, entre otras cosas, la célebre “aguarrasela”, un óleo muy diluido con aguarrás, con el que el artista pintó la mayoría de sus cuadros. 

    Sobrina, heredera universal e hija adoptiva del destacado pintor español, su figura es fundamental para la conservación y difusión del legado del artista. Supo custodiarlo en vida y tras el fallecimiento del pintor, Vicenta asumió la tarea de conservar intactas las obras, muebles, cartas y objetos personales que su tío había mantenido en vida, en un impecable archivo, que ha servido para investigar la obra del artista y para llevar a cabo el catálogo razonado de su obra por Pascual Masiá, presentado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, RABASF.

    Vicenta impulsó y fundó la Fundación Manuel Benedito, así como el museo adjunto, al transformar la antigua casa-estudio del pintor —ubicada en la calle Juan Bravo, 4, en Madrid— en un espacio museístico abierto al público para que investigadores y amantes del arte puedan conocer su obra y entorno. 

    La Fundación Manuel Benedito se creó en el 2002 y se abrió como museo en el 2009, para abrirse al  público ya en el 2011. Dos años más tarde, en el 2013, la RABASF. organizó una exposición monográfica sobre la figura de Manuel Benedito, pintor  que cuenta con obras en el Museo del Prado, el Casino de Madrid, la RABASF, el Museo Nacional de Chile o el de Argentina, entre numereosas colecciones públicas y privadas. 

    En el vestíbulo del Museo se puede observar un cuadro, "Primavera en el jardín" (1938), donde se aprecia lo amplia y ajardinada que era la vivienda y taller del pintor antes de que lo demolieran y construyeran apartamentos. Vicenta Benedito se reservó uno de los pisos construidos en el solar, así como el bajo a ras de calle, de unos 400 metros cuadrados, para mostrar la obra de su tío.

    Cherchez la femme dicen los franceses ante un gran hombre. Buscad a la mujer que está detrás o a su lado. En el caso del pintor Manuel Benedito, esa mujer fue su sobrina Vicenta Benedito, Pitus se la llamaba en familia, una persona culta elegante y sociable, que hablaba de su tío el pintor como “persona afable, bromista, cariñosa y familiar. Gran conversador, del que aprendió mucho sobre la historia familiar”. 

    “Vicenta era una mujer delgada y elegante. Le gustaba vestir con diseños de Adolfo Domínguez. Como mujer sociable, tenía entre otras amigas, a Blanca Pons Sorolla y a la hermana del conocido arquitecto Barbero Rebolledo”, cuenta la periodista María José Arnaiz, que la trató e hizo una entrevista para “ABC”. 

    “Cuando Manuel Benedito fue galardonado en París, con una Medalla de Oro y un premio millonario, Vicenta llevó a restaura el baúl de la firma Louis Vuitton, de su tío, y se compró para ella, un anillo con un brillante”, añade la periodista.

    “Vicenta pudo vender la obra de Manuel Benedito y conservar el palacio de la calle Juan Bravo, pero prefirió vender el palacio y conservar la obra de su tío. Incluso llegó a adquirir más obras del mismo”, concluye la periodista.

    Vicenta Benedito nunca se casó.

     El retrato de Vicenta, por su tío Manuel, figura en la citada Fundación, junto a los de la bailaora María Albaicín o la señora Poveda, entre otras figuras de la sociedad de su tiempo que el pintor retrató con verdadera maestría, como fueron Cocha Piquer – que alguna vez trabajó también como modelo del artista, los hermanos Quintero, el general Weyler, y, por supuesto, distintos miembros de la Familia Real de Alfonso XIII. Benedito ha sido uno de los mejores retratistas del XX, en su estilo realista, siguiendo la tradición española.

    José Luis Benedito, padre del pintor, y su esposa Teresa tuvieron siete hijos y de Valencia, viajaron a Madrid, donde se instalaron, en el número 1 de la calle Juan Bravo, no lejos del estudio del pintor. Luis, uno de ellos, al igual que el padre, fueron célebres taxidermistas y escultores, de los que se encuentran obras y amplia documentación en el Museo Nacional de Ciencias Naturales en Madrid, que les dedicó una exposición en 2019. 

    José Luis Benedito era la tercera generación de taxidermistas en familia, artífice de los dioramas del Museo de la Caza del Palacio de Riofrío.

    El Catálogo Razonado (2026) de Manuel Benedito cuenta con dos mil obras, pero van saliendo muchas más, que habrán de añadirse a una nueva edición. El artista realizó, además de óleos y temples, numerosas acuarelas y dibujos.


miércoles, 27 de mayo de 2026

MANUEL BENEDITO, CATÁLOGO RAZONADO DE OBRA DE REFERENCIA PARA MUSEOS, COLECCIONISTAS E INVESTIGADORES. Presentado por Pascual Masiá y la directora, en la Fundación que lleva su nombre

 La publicación en dos volúmenes sistematiza por primera vez la vasta producción del pintor valenciano, con casi dos mil referencias, y supone el colofón a las actividades del 150 aniversario de su nacimiento

Autorretrato con "La vuelta del trabajo" (1905)
Pascual Masiá y la directora de la Fundación Manuel Benedito.


Julia Sáez-Angulo

Fotos: Adriana Zapisek

 

    Madrid, 27 de mayo de 2026.- La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando ha sido el escenario elegido para la presentación del Catálogo Razonado de Manuel Benedito (1875-1963), una ambiciosa publicación en dos volúmenes que sistematiza, por primera vez, la vasta y dispersa producción del pintor valenciano, sumando desde hoy una herramienta de consulta imprescindible en la historiografía del arte español contemporáneo.

    La edición de este corpus documental supone un avance sustancial en el estudio de la pintura figurativa de la primera mitad del siglo XX. Un trabajo, dirigido por Pascual Masiá, vicepresidente del patronato de la Fundación Manuel Benedito, que se asienta sobre el estudio sistemático y minucioso del archivo personal del artista. Este fondo, conservado intacto gracias a su sobrina Vicenta Benedito, ha proporcionado la correspondencia, los registros de clientes y las fotografías de época necesarios para trazar la trazabilidad completa de cientos de obras.

    "La elaboración de este catálogo se ha fundamentado en el análisis riguroso de las fuentes documentales”, detalla Pascual Masiá. "El contraste continuo con el archivo ha permitido fijar cronologías y atribuciones, aportando nuevos matices a la comprensión global de su trayectoria. El catálogo seguirá vivo, susceptible de futuras ampliaciones, pero ya hay un importante punto de partida para estudiar su obra. De hecho, hace una semana, justo antes de terminarlo, salió en Gijón un cuadro, “Del Albaicín” (1914), expuesto en 1915 en la Nacional de Bellas Artes, que fue reproducido en revistas y portada de ‘La Esfera’, pero que no habíamos tenido la oportunidad de ver más allá de sus reproducciones".

Un catálogo en dos tiempos

La estructura de la publicación responde a criterios estrictamente metodológicos. El primer volumen, en el que se registran 964 referencias, inventaría la producción al óleo, prestando especial atención a la evolución de su paleta —desde el luminismo inicial de herencia sorollista hasta la sobriedad cromática de su madurez— y documentando aquellas obras en paradero desconocido de las que existe registro fotográfico histórico. El segundo tomo, con 996 referencias, se reserva para la obra sobre papel (acuarela, gouache, pastel y dibujo), un apartado fundamental para entender sus procesos compositivos y su destreza técnica.

    Más allá de su valor conmemorativo como colofón a las actividades conmemorativas del 150 aniversario del nacimiento del pintor, este catálogo razonado se erige como el instrumento definitivo para investigadores, conservadores de museos y el mercado del arte, fijando el canon de un artista cuya influencia y magisterio continúa reclamando nuevas lecturas.

Sobre la Fundación Manuel Benedito

    Constituida en 2002 por iniciativa de Vicenta Benedito, sobrina e hija adoptiva del pintor, la Fundación tiene como finalidad principal la difusión y el estudio de la obra de Manuel Benedito. Su sede en Madrid se ubica en el espacio que ocupó la casa-estudio del pintor desde 1927 en la calle Juan Bravo, 4, donde se encuentra el Museo que muestra su colección privada y otras obras depositadas por colecciones particulares.

Manuel Benedito y Vives (1875-1963) pintor español, maestro del retrato y figura clave de la escuela valenciana. Discípulo dilecto de Joaquín Sorolla en Madrid, completó su aprendizaje como pensionado en la Academia Española de Roma y recorrió Europa (Francia, Holanda)

    Aunque famoso por sus retratos de la alta sociedad, destacó por sus obras costumbristas y realistas, como sus famosas escenas de pescadores en la Bretaña francesa y Holanda, de gran belleza y perfección. 

    Fue académico de la Real Academia de San Fernando, donde se presentará su Catálog razonado esta tarde, asesor de la Real Fábrica de Tapices y vocal del Patronato del Museo del Prado.

    NOTA CRÍTICA.- Benedito no acaba de tener unas claves de identidad propia, al estilo de Sorolla o Romero de Torres. Es un buen pintor profesional, que domina los procedimientos y las técnicas, que se enraizó en la tradición de la pintura española, y no siguió los pasos de Sorolla, pero no logró una “dicción propia”. Seguramente se dejó llevar por los intelectuales que aplaudían más la pintura de Zuloaga -a quien trató Benedito- frente a Sorolla. Los retratos de la bailaora María Albaicín reclinada cobran el mismo estilo que la “Condesa de Noailles” de Zuloaga, cuadro sito en el Museo de BB. AA. de Bilbao.

    Benedito fue muy buscado y cotizado en su época. Pinto durante 70 años y vendió numerosas obras en Iberoamérica, principalmente en Argentina y Chile.

    El Museo del Prado adquirió recientemente un  autorretrato cuadro apaisado, de Benedito por cuarenta mil euros en una subasta: Autorretrato con fondo de "Vuelta del trabajo" (1905). El pintor se retrata con un cuadro suyo dentro del cuadro, lo que le otorga una singularidad especial. 

    La obra de Benedito está en diversos museos, como el de Chile, que alberga la mitad de un díptico sobre “El infierno de los avaros”, dentro de la Divina Comedia del Date. La Fundación Benedito expone la otra mitad con las figuras de Dante y Virgilio, en una pieza de gran formato.

    La Fundación Benedito exhibe al público 150 obras de la colección del autor. Otras 150 se encuentran en un almacén de Valencia, ciudad natal del pintor, donde recientemente ha tenido lugar una importante y prolongada exposición de Benedito, en el Museo de la Ciudad, con motivo del 150 aniversario de su nacimiento.

    La colección cuenta con varios e interesantes cartones, bocetos de cuadros de la Familia Real, que merecerían una mejor puesta en valor.

    A la Fundación Benedito y su exposición de obras, constituida en 2002 por su sobrina Vicenta Benedito, hoy dirigida por María Jesús Rodríguez de la Esperanza, requiere una mayor proyección, divulgación y contacto con la ciudadanía, a base de distintas convocatorias, para difundir la obra del pintor valenciano.

Más información

https://fundacionmanuelbenedito.com/manuel-benedito

Boceto para retrato de Alfonso XIII

Cuadro de Benedito galardonado en Bélgica

"El infierno de los avaros"

María Albaicín, retrato por Manuel Benedito