lunes, 27 de septiembre de 2021

Charo Crespo y Ana Muñoz y la escultura de María Maluenda en el Centro Cultural de la Arganzuela. Madrid




        27/9/21.- Madrid.- Toda exposición colectiva traza un encuentro para el espectador que se acerca a la sala dispuesto a dejarse inundar de las diversas sensibilidades que los artistas expositores trasladan en esa efímera reunión de sus piezas. La labor del comisario se asemeja entonces a la del chef en la cocina, un arte del que sabemos mucho en nuestro país. Se trata de proponer el sabor, encontrar el lugar adecuado para cada ingrediente, macerar lo necesario, conducir la cocción entre fuerte o suave, dependiendo de la dirección que desee darse, sazonar el guiso, y añadir las especias que aportarán el toque definitivo al plato.

Manoli Ruiz, comisaria de espíritu inquieto y fabril, experiencia, buen hacer y voluntad donde las haya, nos plantea en esta ocasión un encuentro con ingredientes de calidad contrastada, sólo hace falta reparar en los currículums de las artistas que ha aglutinado en este menú con predominio de pintura: Charo Crespo y Ana Muñoz y donde encuentra también su lugar la escultura de María Maluenda y los collages de Paloma González Muñoz, la mezcla de estas artistas está macerada dulcemente, encontrando su lugar de lectura cada pieza y se ha salpimentado con la dicotomía que Ruiz presenta en su título de la cual llevamos hablando casi un siglo, ese perpetuo debate Abstracción/Figuración.

Pudieran parecer abstractos los líricos y coloridos trabajos de Charo Crespo pero cuánto hay de representativo en esos poemas ambientales que desde la perspectiva de la pared descarnada de la tabla nos traen a la memoria los ecos de lejanos paisajes no es algo fácilmente determinable. Es el mismo regusto onírico que Ana Muñoz nos muestra en sus piezas, pinturas que introducen la posición de la contemplación de lo representado pero con observadores que siempre desbordan el espacio enmarcado y se dejan fluir en colores mezclándose en impresiones de opacidad/transparencia que recuerdan místicas rothkianas. Por su parte, los pequeños collages  de  Paloma   González   Muñoz  traen,     desde el espacio de lo íntimo, representaciones fragmentarias de la memoria en mosaicos amalgamados de fotografía y naturaleza cuyo resultado son piezas simbólicas que destilan poesía visual, idiosincrasia de lo abstracto en suma.

Como contrapunto a lo pictórico en la escultura de María Maluenda hay tanto nítidas referencias figurativas como conceptos simbólicos a partes iguales, piezas donde la materialidad que impone el uso de las tres dimensiones se determina en un tratamiento maleable, gustoso de la arcilla, que incorpora trazos pictóricos y ofrece superficies de ecos expresionistas, ese expresionismo que fue el paradigma de la abstracción.

Diversos colores, diversos sabores, diversos olores, platos que se engarzan en un menú bien elaborado que aúna diversidad y contraste con la armonía de entender el Arte desde la pasión, desde la honestidad de lo creativo, queda para cada espectador la posibilidad de adjudicar una etiqueta u otra de las que propone la comisaria, Figuración/Abstracción, los límites son a veces… muy muy tenues


Esther Plaza Llorente

Presidenta Asociación Madrileña de Críticos de Arte

Septiembre 2021






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