domingo, 22 de marzo de 2026

MIQUEL BARCELÓ, EXCELENTE AFICIONADO Y PINTOR DE PLAZAS DE TOROS, EN LA LÍNEA DE GOYA, CARNICERO Y PICASSO

Cuadros taurinos de Miquel Barceló (Galería Elvira González)
Corrida de Toros. La muerte de la mujer torera", Pablo Picasso



Julia Sáez-Angulo

23/3/26.- Madrid. Con una arriesgada puerta gayola del torero Pepe Moral se abre la nueva temporada taurina en la plaza de Las Ventas, corrida que he tenido la suerte de ver junto al buen aficionado taurino y catedrático de Historia del Arte, Juan Vicente Rubio Sánchez (1951). La corrida resultó un tanto decepcionante por los toros de Cuatri, pero “ya lo dice el pintor Miquel Barceló, en los toros como en la pintura te puedes tirar 15 días sin ver o hacer nada interesante y, de pronto, aparece el arte y vale la pena”. 

Los toreros Damián Castaño y Gómez Escorial siguen a Pepe Moral en el toreo. Los tres se atienen al protocolo de aparición en la plaza -el más joven en la plaza, en el centro de los que tomaron la alternativa en Madrid, antes que él- y saludos al presidente.

El profesor Rubio es un habitual conferenciante en distintas peñas y clubs taurinos sobre la arquitectura, la escultura y la pintura en los toros. 

“El mundo del torero tiende a la geometría, el círculo es clave en el arte taurino, desde la plaza hasta los movimientos del toro y el torero, me hizo notal Barceló, que había observado atentamente las corridas, como buen artista plástico”, me cuenta el profesor de Arte, aficionado y riguroso al mismo tiempo con el arte de Cúchares, no en valde nació en Béjar (Salamanca), que cuenta con la primera plaza de toros de 1711.

Pasamos a Picasso y su arte taurino, que el catedrático elogia sin dudar y aplaude la gran afición del pintor malagueño. Su cuadro “La mujer torera” es elocuente de lo que es el drama y la fiesta taurina. Picasso entonces estaba unido a Maya, pero se enamora del Marie Therese Walter, una menor de edad de 17 años, con la que tiene relaciones. El pintor siente el peligro y sufre, lo manifiesta en el caballo, que es el animal que sufre en la plaza y así lo refleja su pintura, junto a la muerte de la mujer…”

Hay otro aspecto de Picasso que trae a colación: “Él quiso ser torero, o más bien, picador. Uno de sus primeros dibujos en una caja de puros, a los diecisiete años fue un picador. Picasso quería construir, junto a Dominguín, la plaza de toros cubista en la Casa de Campo. Quería que todos sus cuadros taurinos se representaran en cerámicas dentro de esa plaza. No cuajó el proyecto. El conde de Mayalde era entonces el alcalde de Madrid”, cuenta Rubio Sánchez.

Hablamos del pintor colombiano Botero, como otro artista interesado por la corrida. Él hizo un año el cartel de la plaza de las Ventas. Cita al pintor actual Diego Ramos, como uno de los mejores, en medio de un panorama manifiestamente mejorable. Cito a Hanoos con sus espléndidas plazas de toros, al acuarelista, también aficionado a los toros, Pablo Reviriego… El mundo taurino sigue interesando a los artistas plásticos, viene a ser la conclusión.

Nos remontamos a los pintores Carnicero y Goya, a los que el catedrático de arte aplaude sin dudar. Sus series de grabados sirvieron para difundir la belleza y plasticidad de las corridas taurinas, del mundo del toro y el toreo, de las suertes taurinas…Luego está Doré. “Goya es increíble de bueno, sus aguafuertes y aguatintas son magníficas a la hora de ilustrar el sol y sombra de la plaza. Al principio tuvo algunos errores por seguir el libro de Moratín, que habla del origen moro de la fiesta, nada más falso. Goya tiene una estampa de “moro alanceando un toro”.

“El origen de los toros en mítico. El toro es un animal sagrado en todo el Mediterráneo, con Egipto a la cabeza, por su fuerza y fecundidad. Un semental puede fecundar a 40 hembras. A algunos muchachos flacuchos y débiles, se les alimentaba con criadillas…” va comentando el profesor. “Con Alfonso X el Sabio se conoce que el toreo era siempre a caballo, como un arte de prepararse contra la guerra. 

“Los Borbones, dinastía francesa, estuvieron en contra de la Fiesta. Carlos IV en 1805, decretó la absoluta prohibición de las fiestas de toros en todo el reino y, sin embargo, los Borbones han sido decisivos en la evolución de la misma, ya que, al no gustarles la corrida caballeresca, dejaron el campo libre para que naciera la corrida a pie”, explica Rubio Sánchez. 

“Solo el rey emérito, Juan Carlos, fue aficionado a los toros”, añade. “Y su augusta madre, doña María de las Mercedes y la Infanta doña Elena, también”, le digo yo.

TOROS Y LITERATURA

Como lo sabe todo del mundo taurino pasamos a la literatura: “El mundo del toro es cultura, mito, religión... El lenguaje taurino es metáfora de la vida, insiste el profesor. Véanse las expresiones que él arracimó para explicar su pregón en Almería en 2025: (…) se pone el mundo por montera, me pidió que le echara un capote aceptando ser el pregonero de este año, intenté  darle una larga, argumentando que en Almería había gente mucho más preparada que yo para este menester, y que un verano con mis nietos  me dejaban para el arrastre, pero pinché en hueso, y  supo llevarme, con mano izquierda, sin obligarme, a media altura, a la querencia y yo entré al trapo y con mucho gusto, porque se trataba de lidiar un toro de bandera y no quería pegar un petardo, recibir un revolcón y quedar como Cagancho en Almagro. 

Almería y el Foro obligan mucho y ver este precioso claustro neoclásico lleno hasta la bandera también, por lo que no podía escurrir el bulto, y no tenía más remedio que sacar mi vergüenza torera, coger el toro por los cuernos, dejar de hacer brindis al sol, atarme los machos y bajar a la arena.

 Y por eso hoy estoy aquí, ante ustedes, porque ha llegado la hora de la verdad y ya estoy en capilla; no puedo caerme del cartel; dejo de ver los toros desde la barrera y me dispongo a lidiar este compromiso con la intención de no dar la espantá, asomarme al balcón, rematar la faena, ir siempre por derecho, hacer lo que se pueda, crecerme en el castigo, intentar que no me echen el toro al corral, armar un taco y, si puedo, salir por la Puerta Grande.

Y en una rueda de preguntas rápidas le inquiero al profesor Rubio, por el mejor torero del momento: “Morante de la Puebla, sin dudar. El peruano Roca Rey llena más las plazas y cobra más, pero Morante le supera en el toreo. Rafael de Paula lo fue en su día”. ¿La mejor suerte taurina?: “La verónica, como sostuvo el paño la mujer evangélica delante de Cristo en la Pasión”. ¿La mejor plaza taurina?: “la Maestranza y Las Ventas, que guarda la idea de Plaza Mayor con andanadas y gradas. La de México es la más grande, pero se va escala, parece un embudo”. ¿Los mejores escritores taurinos?: “Joaquín Vidal, ya fallecido. Sus críticas tarinas y literarias eran excepcionales se recogieron en un libro”. También hablamos de Zabala de la Serna. ¿Mujeres toreras?: “El toreo no tiene sexo. Ahí están la primera, Cristina Sánchez; Conchi Ríos, que cortó dos orejas en Las Ventas, y, ahora, Olga Casado”. ¿La mejor afición?: “Yo la encontré en Albacete”.

    Podríamos seguir hablando y lo hicimos, de toros, dehesas, ganaderías, plazas que echan a los aficionados para meter públicos masivos o turísticos, del sectarismo antitaurino de algunos políticos, de los catalanes que pasan a Francia a ver los toros, porque en su tierra se han cancelado de facto, que si en Portugal se mata a los toros de modo innoble, como en un matadero, después de la corrida… Y sobre todo del arte del toreo, cuando este se presenta, aunque sea cada 15 días como dice Barceló y el público se arranca con oles y oles, que se escuchan a varias leguas a la redonda. El mundo taurino conlleva muchas historias humanas y literarias dentro.

Moro lanceando un toro, de Goya

Pablo Reviriego muestra una de sus acuarelas taurinas
Martín Hanoos ante una de sus plazas de toros en la pintura.
Diego Ramos ante uno de sus toros en la pintura




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