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martes, 23 de abril de 2019

Ida Vitale: Discurso tras recibir el Premio Cervantes


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Discurso tras recibir el Premio Cervantes 2019

Ida Vitale, Premio 2018




23.04.19 .- Alcalá de Henares .- 

Majestades, autoridades, señores y señoras del jurado, señores míos en general que con su presencia me aceptan y agasajan

Debí pensar y escribir lo requerido para una ocasión que habiéndome llegado tarde, realmente me sorprendió: pudieron sobrar oportunidades de imaginarla, pero muchas cosas obvias y muy poco concebibles requisitos me hubieran llamado a un sensato equilibrio.

Pero lo inconcebible llegó en un momento en el que la opacidad del descenso imprime en mi vida una geometría ilógica e imprevistos recaudos. Acepto que el azar o un orden regido por una mágica fusión de benévolos caprichos me han señalado, como en una época, aceptábamos algún suceso generoso, con alguien muy querido que ya no está a mi lado, suponiéndolo   así decíamos-  manifestación de un eón bien dispuesto.

Ahora seres benévolos y palpables movieron las piezas de un superior ajedrez, situándolas en posición favorable y acá estoy, agradecida, emocionada. Recuerdo mis inquietudes en un camino  de montaña alto y estrecho por el que me llevaban en auto  a una velocidad que pensaba inadecuada. No era un sueño. Esto, claro, tampoco lo es. Por eso mismo, prefiero ser consciente y agradecer, claro, en español, cosa que, además, es un valor añadido a la felicidad de este instante.

Busco una más cómoda aceptación interior de lo nada esperado, ya que suelo ser escéptica o descreo con familiaridad de tantas cosas, pero a la vez tengo una fabulada confianza, sin duda de origen infantil, en los pequeños desajustes con lo racionalmente ordenado, en las coincidencias, sin siquiera razonarlo mucho. Estos días, casual y repentinamente me tocó oír dos veces Pompa y circunstancia, pese a que Elgar no es un músico que integre mi parnaso musical establecido, frecuentado. También, ya de regreso definitivo a Montevideo, ordenando y reordenando la biblioteca, no dejé de detenerme en la sección cervantina, en las diversas ediciones repetidas de don Quijote, conservadas por distintos motivos todas, cuando las reiteraciones de otros autores suelen ser rápidamente corregidas, siempre en busca del espacio que tanta falta me hace. 

Pero este tema de las coincidencias,  casualidades o registros orientados u obsesivos, integran  el capitulito poco analizado y compartido,  en general reservado,  de las manías personales.

Los libros que integraron una biblioteca “mía”, forrada y presuntuosamente numerada, eran libros para niños, algunos pronto relegados.  En virtud de un proyecto claramente pedagógico, me correspondía limpiar un pequeño librero abierto del escritorio los sábados por la mañana. Mucho de su contenido no estaba en español. Sobre la casa planeaba, no diré la sombra sino la luz de mi abuelo italiano, abogado y culto, que en su viaje desde el Palermo natal hasta el Uruguay había sido acompañado por Homero, en edición bilingüe greco-latina, junto con el espíritu garibaldino que un día yo sentiría presente en la familia, constituyéndose en un héroe casi doméstico.

Es, pues, normal que entre mis primeros embelesos en el campo de los libros adultos aparezca Ariosto, - cuando ya la imborrable profesora  de italiano, me hubiese permitido tantear, por mi cuenta, con abuso del diccionario, sus fantasías gratísimas. Le donne,  i cavalier, l’armi, l’amore formaban ese escenario, para mí novedoso, donde encontraría anillos con poderes, caballos alados, magas que evocan las sombras de futuros descendientes de Bradamante, aquí el hipogrifo, más allá una sirena, luego un mirto que habla y es en realidad Astolfo, paladín de Francia convertido en planta. En fin, que este mundo de transformaciones que a cada paso surgen, irreales, me encanta pero no me prepara ni siquiera para la Galatea.
Mi devoción cervantina carece de todo misterio. Mis lecturas del Quijote, con excepción de la determinada por los programas del liceo, fueron libres y tardías. En realidad, supe de él por una gran pileta que, sin duda regalo de España, lucía en el primer patio de mi escuela. Allí nos amontonábamos en el recreo en busca de agua, y día tras día, me familiarizaba con las relucientes baldositas que contaban, sobre inolvidables cielos azules, la policróma historia que, según supe luego, era la de aquellos desparejos jinetes. No faltan claro, los molinos, los muchos episodios en que don Quijote terminaba por los suelos. Ya adolescente, me regalarían el volumen ilustrado y muy cuidado, que todavía prefiero a la menos infantil edición de Clásicos Castellanos, cuyos ocho volúmenes son menos traslaticios.

El ambular del Quijote lleva consigo la convicción  de que hay un mago enemigo que transforma “a la sin par Dulcinea en una aldeana fea y olorosa”, y está detrás de los numerosos percances que sus  obsesiones le deparan al pobre don Quijote.

Pero, ¡qué  discreción, qué respeto muestra Cervantes por su personaje! En vez de rodearlo de magia y hechizos auxiliares, de poner a su héroe a disposición de tortuosos espíritus malignos hace que, una y otra vez, todos sus tropiezos nazcan de él mismo, de esos deslices de sus nítidas construcciones mentales, del adquirido delirio causado por peligrosas lecturas, deslices, que tanto pasman, fascinan y encabritan a Sancho, y lo llevan a someterse una y otra vez a la voluntad de quien lo arrastra a aventuras del todo ajenas.
Se suele aceptar como buena la motivación dada por Cervantes para su Quijote, de desprestigiar las novelas de caballerías. Pero no hay que olvidar la cuna desdichada que su obra tuvo: “Argel, Sevilla, fantasía, desengaño” es decir preso, pobre, enfermo, sin la protección que dedicatorias a altos señores podrían haberle guardado, como José Echeverría singulariza el período de su escritura. La concepción de un personaje que va, libre, por el mundo, fraguando su vivir, aunque de error en error, (donde otro personaje, el Cautivo dice: “jamás me desamparó la esperanza de tener libertad”) debería ser un respiro, aunque al fin para él todo concluya en la verdad innegable: “Y al fin paráis en sombra, en humo, en sueño”, como concluye uno de los sonetos que cierran la primera parte. Pocos personajes han sido, como Quijote, habitados -más que obsedidos- por lo real. Porque aun lo que es astuta malquerencia vestida de supuestas precipitaciones mágicas, tiene detrás acciones de criaturas humanas, que pueden ser malignas y burlonas, pero siempre comprensibles, terrestres y sin inexplicables auxilios divinos.
Muchas veces lo que llamamos locura del Quijote, podría ser visto como irrupción de un frenesí poético, no subrayado como tal por Cervantes, un novelista que tuvo a la poesía por su principal respeto. Pero podríamos poner en la boca del por lo general descalabrado personaje, unos versos muy posteriores de Beaudelaire: “J’ai gardé la forme et l’essence divine de mes amours décomposés”.
Cervantes, como precisa José Miguel Marinas, es “el primer alegorista de la ética moderna” y va sobreviviendo a las menguantes transformaciones de ésta.
Mis lecturas del Quijote, con excepción de la primera, dispuesta por lo programado por la enseñanza o, bien pudiera ser, por el paciente tío Pericles, al que recuerdo bien dispuesto a traducirme Goldoni y soportar mis protestas cuando demoraba algún pasaje por surgirle alguna duda lexical o por estar organizando cómo sortear un pasaje considerado “no apto” para mi edad. Pero no me gustaba que se me leyera, cosa a la que me veía reducida porque muchos de los libros de los que podía disponer no estaban en español. Crecí a, no diré la sombra sino la luz de mi abuelo italiano, al que no llegué a conocer, abogado, culto, que había acompañado su viaje al Uruguay desde el Palermo natal con Homero en edición bilingüe greco-latina. Mis primeros embelesos los debí a Ariosto. Más tarde llegaría un Dante ya obligatorio, cuyo humor, para mí inexistente, se reducía al “Pape Satán, Pape Satán, alepe”, además incomprensible. Ya entenderán mi entusiasmo, mi devoción total cuando intimé con aquella pareja española tan tiernamente compatible, entre sí y con una lectora inocente y deseosa de amistades literarias a su alcance, ese Quijote y ese Sancho que hablaban de “otra” manera, que acepté de inmediato, como un lenguaje que me integraba a un mundo en el que, sola, me sentía acompañada,  capaz de manejarme en él como si fuese el mío propio.
En el Persiles y Sigismunda dirá Periandro: “La salsa de los cuentos es la propiedad del lenguaje en cualquier cosa que se diga”. Todavía me felicito por haberme interesado más que en las aventuras, en el lenguaje en que me eran contadas.
Virtud siempre lograda de Cervantes ha sido no echar mano de milagros de los usuales en las novelas que no se privaban de gigantes y monstruos, cuando un argumento descontrolado las requería. Uno de los pasajes de Persiles y Sigismunda trae “una mujer voladora” que aparece bajando del cielo. Pero enseguida se aclara “que era una mujer hermosísima, que habiendo sido arrojada desde lo alto de una torre, le sirvieron de campana y de alas sus mismos vestidos”. “Cosa posible sin ser milagro”.
“Los encantadores pueden quitarme la aventura, pero  el entusiasmo y el valor nunca”. Había dejado dicho Garcilaso: “No me podrán quitar el dolorido sentir. Lo que se ha llamado perspectivismo lingüístico alude al hecho de que cada personaje sea visto a través de su lenguaje, por el que está pintado, completado, dentro del acabado empaste que fluye por una obra de pasmosa unidad.
Toda la gracia proviene de que el Quijote haga de las suyas “cuando ya no se usan los caballeros andantes”. Radica en ello su razón de ser, el más sutil de los méritos de la obra.  Nos reclama la inacabable virtud del libro: exigirnos la fidelidad atemporal a lo que, lector tras lector y época tras época, se ha ido consagrando, como un  venerable sostén de la herencia humana.
Luego de las primeras lecturas del Quijote, las hubo reiteradas, más difíciles de determinar porque, parciales, se aplicaban, aquí y allá en el texto, con una determinación vagamente Zen o simplemente mágica: la elección del capítulo podía deberse al azar o a un vago recuerdo que podría suponer que allí encontraría una aprovechable aplicación a un tema importante en ese momento para mí, en busca de alguna iluminación necesaria o por recordar con suma precisión la felicidad de primer encuentro con aquellas páginas. No sé por qué atribuí a ese libro la capacidad de precipitar hacia mí la buena voluntad del azar. Quizás simplemente buscaba una ocasión de dicha dispersiva, de claridad sin reserva, cuando el disfrute viene sin proponérselo a veces, acompañado de una sensación de penuria de gracias en la vida diaria y necesidad de gusto satisfecho, que depararán siempre las aventuras por las que ando tan a gusto cuando me reintegro al maravilloso mundo cervantino.
Pero considerarlo  maravilloso me obliga a hacer distingos. Cervantes, que en la Galatea buscó someterse o simplemente aceptar la novela pastoril –que implicó tantas veces unir realidad e irrealidad o fantasía- se movía con castiza normalidad en lo real.  “Ellos fueron santos y pelearon a lo divino y yo soy pecador y peleo a lo humano” dice don Quijote, que tantas veces  se acepta perseguido o gobernado  por malignos poderes, pero sin nunca encumbrarse ni claudicar.
Con todo lo que las afirmaciones de don Quijote, prudente y aun sabio, me reclaman de acatamiento, para terminar debo disculparle una afirmación que como suya, podría  ser aceptada sin más “que no hay poeta que no sea arrogante y piense de sí que es el mayor poeta del mundo”. No es mi caso, puedo asegurarlo. Sin duda, don Quijote no imaginó jamás que ese género femenino al que se consideraba por oficio llamado a honrar y defender, pudiera caer en tan osada pretensión. Y en eso, estoy segura que acertó. 


SS.MM. los Reyes de España entregan el Premio Cervantes 2018 a Ida Vitale


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En el Paraninfo de la Universidad de Alcalá

Foto familia: Reyes con Ida Vitale


L.M.A.


23-abril-2019.- Sus Majestades los Reyes de España han entregado hoy el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes 2018 a la poeta y ensayista uruguaya Ida Vitale. Al acto, que se ha celebrado en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá, han asistido la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo; el ministro de Cultura y Deporte, José Guirao; y numerosas personalidades de la política y la cultura.

El Ministerio de Cultura y Deporte concede el Premio Miguel de Cervantes a los escritores que contribuyen con obras de notable calidad a enriquecer el legado literario hispánico. Se otorgó por primera vez en 1976 a Jorge Guillén y desde entonces han sido 42 los autores galardonados. En 1979 el Premio se concedió ex aequo a Jorge Luis Borges y Gerardo Diego. Desde entonces, la orden de convocatoria contempla que el Premio no puede ser dividido, declarado desierto, o concedido a título póstumo.

Mediante la concesión de este premio, dotado con 125.000 euros, se rinde anualmente público testimonio de admiración a la figura de un escritor que, con el conjunto de su obra, haya contribuido a enriquecer el legado literario hispánico.

Puede ser galardonado con el Premio Cervantes cualquier autor cuya obra literaria esté escrita totalmente, o en parte esencial, en castellano. Los candidatos al Premio los pueden presentar las Academias de la Lengua Española, los autores premiados en anteriores convocatorias, las instituciones que, por su naturaleza, fines o contenidos, estén vinculadas a la literatura en lengua castellana y los miembros del Jurado.

Biografía
Nacida en Montevideo (Uruguay) en 1923. Vitale es una de las grandes poetas latinoamericanas y la última sobreviviente de la excepcional Generación del 45, de la que formaron parte intelectuales destacados como Emir Rodríguez Monegal, Ángel Rama (su primer marido), Mario Benedetti, Carlos Maggi, Manuel Claps o María Inés Silva, entre otros.

Poeta, ensayista, crítica literaria y traductora, tiene numerosos reconocimientos, entre los que se encuentran el Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo (compartido con Ramón Xirau) en 2009; el Premio al Mérito Cultural de la Ciudad de México Carlos Monsivais y el Premio Internacional Alfonso Reyes, ambos en 2014; el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, en 2015; el Premio Federico García Lorca en 2016; el Premio Max Jacobs (París) en 2017; y el Premio de la Feria del Libro de Guadalajara, en 2018.

Autora de obras como 'La luz de esta memoria' y 'Procura de lo imposible', la obra de Ida Vitale muestra un lenguaje preciso, maleable, cargado de ironías y sutilezas, inteligente y con un fuerte influjo de Juan Ramón Jiménez, a quien la propia escritora considera su maestro en la poesía.


A lo largo de su vida Ida Vitale colaboró con numerosas publicaciones periódicas, como el diario El País, el semanario Marcha, la revista Clinamen (de la que fue codirectora), el semanario Jaque (del que fue después directora de sus páginas culturales), las revistas Plural y Vuelta, o el diario El Sol y Diorama en la Cultura (suplemento cultural del Excelsior).

En su vida echó raíces en varios países. Empujada por la dictadura, emigró a México (donde desarrolló una intensa actividad literaria y fue docente de literatura del prestigioso El Colegio de México); también vivió un tiempo en París (Francia) cursando una beca de estudios y, aunque regresa de forma periódica a Uruguay y México, desde 1990 vive en Estados Unidos.

Jurado
El jurado que ha concedido el Premio Cervantes 2018 a Ida Vitale ha estado formado por Carme Riera, representante de la Real Academia Española; Rafael Ángel Rivas, por la Academia Venezolana de la Lengua; Aurora Egido, por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE); Francisco Pérez-Arce, por la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL); Martín López-Vega, por el Instituto Cervantes; José Manuel Blecua, a propuesta del ministro de Cultura y Deporte; Concha Barrigós, por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE); por la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), Norma Valle y  por la Asociación Internacional de Hispanistas, Christoph Strosetzki. Los dos últimos autores galardonados Eduardo Mendoza (2016) y Sergio Ramírez (2017) también han formado parte del jurado.



jueves, 15 de noviembre de 2018

Ida Vitale, poeta uruguaya, Premio Cervantes 2018


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El más destacado galardón de las letras en castellano


·    El jurado ha motivado el premio a Vitale “por su lenguaje, uno de los más destacados y reconocidos de la poesía hodierna en español”. “Un referente fundamental para poetas de todas las generaciones y en todos los rincones del español”.

L.M.A.

15-noviembre-2018.- La poeta uruguaya Ida Vitale ha sido galardonada hoy con el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes 2018, concedido por el Ministerio de Cultura y Deporte y dotado con 125.000 euros.

El fallo del Jurado ha sido anunciado por el ministro de Cultura y Deporte, José Guirao, en un acto celebrado en la sede del Ministerio, acompañado por la presidenta del Jurado, Carme Riera y el Premio Cervantes 2017, Sergio Ramírez.

El jurado le ha otorgado el premio a Vitale “por su lenguaje, uno de los más destacados y reconocidos de la poesía hodierna en español, que es al mismo tiempo intelectual y popular, universal y personal, transparente y honda. Convertida desde hace un tiempo en un referente fundamental para poetas de todas las generaciones y en todos los rincones del español”.

“Este Premio reconoce una trayectoria poética e intelectual (crítica y traductora) de primer orden”, concluye el fallo.

Jurado
Ha estado formado por Carme Riera, representante de la Real Academia Española; Rafael Ángel Rivas, por la Academia Venezolana de la Lengua; Aurora Egido, por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE); Francisco Pérez-Arce, por la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL); Martín López-Vega, por el Instituto Cervantes; José Manuel Blecua, a propuesta del ministro de Cultura y Deporte; Concha Barrigós, por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE); por la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), Norma Valle y  por la Asociación Internacional de Hispanistas, Christoph Strosetzki.

Han estado presentes los dos últimos autores galardonados Eduardo Mendoza (2016) y Sergio Ramírez (2017). Como secretaria (con voz pero sin voto), ha actuado la directora general del Libro y Fomento de la Lectura, Olvido García Valdés y como secretaria de Actas (con voz pero sin voto), la subdirectora general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, Begoña Cerro.

Biografía
Nacida en Montevideo (Uruguay) en 1923. Vitale es una de las grandes poetas latinoamericanas y la última sobreviviente de la excepcional Generación del 45, de la que formaron parte intelectuales destacados como Emir Rodríguez Monegal, Ángel Rama (su primer marido), Mario Benedetti, Carlos Maggi, Manuel Claps o María Inés Silva, entre otros.

Poeta, ensayista, crítica literaria y traductora, tiene numerosos reconocimientos, entre los que se encuentran el Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo (compartido con Ramón Xirau) en 2009; el Premio al Mérito Cultural de la Ciudad de México Carlos Monsivais y el Premio Internacional Alfonso Reyes, ambos en 2014; el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, en 2015; el Premio Federico García Lorca en 2016; el Premio Max Jacobs (París) en 2017; y el Premio de la Feria del Libro de Guadalajara, en 2018.

Autora de obras como 'La luz de esta memoria' y 'Procura de lo imposible', la obra de Ida Vitale muestra un lenguaje preciso, maleable, cargado de ironías y sutilezas, inteligente y con un fuerte influjo de Juan Ramón Jiménez, a quien la propia escritora considera su maestro en la poesía.


A lo largo de su vida Ida Vitale colaboró con numerosas publicaciones periódicas, como el diario El País, el semanario Marcha, la revista Clinamen (de la que fue codirectora), el semanario Jaque (del que fue después directora de sus páginas culturales), las revistas Plural y Vuelta, o el diario El Sol y Diorama en la Cultura (suplemento cultural del Excelsior).

En su vida echó raíces en varios países. Empujada por la dictadura, emigró a México (donde desarrolló una intensa actividad literaria y fue docente de literatura del prestigioso El Colegio de México); también vivió un tiempo en París (Francia) cursando una beca de estudios y, aunque regresa de forma periódica a Uruguay y México, desde 1990 vive en Estados Unidos.

Historia del premio
Mediante la concesión de este premio, dotado con 125.000 euros, se rinde anualmente público testimonio de admiración a la figura de un escritor que, con el conjunto de su obra, haya contribuido a enriquecer el legado literario hispánico.

Puede ser galardonado con el Premio Cervantes cualquier autor cuya obra literaria esté escrita totalmente, o en parte esencial, en castellano. Los candidatos al Premio los pueden presentar las Academias de la Lengua Española, los autores premiados en anteriores convocatorias, las instituciones que, por su naturaleza, fines o contenidos, estén vinculadas a la literatura en lengua castellana y los miembros del Jurado.

La relación de los galardonados constituye una clara evidencia de la significación del Premio para la cultura en lengua castellana:
1976               Jorge Guillén
1977              Alejo Carpentier
1978              Dámaso Alonso
1979              Jorge Luis Borges y Gerardo Diego
1980              Juan Carlos Onetti
1981              Octavio Paz
1982              Luis Rosales
1983              Rafael Alberti
1984              Ernesto Sábato
1985              Gonzalo Torrente Ballester
1986                      Antonio Buero Vallejo
1987                      Carlos Fuentes
1988                      Maria Zambrano
1989                      Augusto Roa Bastos
1990                      Adolfo Bioy Casares
1991                      Francisco Ayala
1992                      Dulce María Loynaz
1993                      Miguel Delibes
1994                      Mario Vargas Llosa
1995                      Camilo José Cela
1996                      José García Nieto
1997                      Guillermo Cabrera Infante
1998                      José Hierro
1999                      Jorge Edwards
2000                      Francisco Umbral
2001                      Álvaro Mutis
2002                      José Jiménez Lozano
2003                      Gonzalo Rojas
2004                      Rafael Sánchez Ferlosio
2005                      Sergio Pitol
2006                      Antonio Gamoneda
2007                      Juan Gelman
2008                      Juan Marsé
2009                      José Emilio Pacheco
2010                      Ana María Matute
2011                      Nicanor Parra
2012                      José Manuel Caballero Bonald
2013                      Elena Poniatowska
2014                      Juan Goytisolo Gay
2015                      Fernando del Paso
2016                      Eduardo Mendoza
2017                      Sergio Ramírez