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sábado, 2 de octubre de 2010

Singular Museo de las Escuelas en el pueblo histórico de Luzón




Julia Sáez-Angulo


Una entrada insólita a las escuelas de niños de los años 40 y 50, después de la guerra civil española, es lo que viene a contemplarse, entre otras cosas en el singular Museo de las Escuelas en el pueblo histórico de Luzón, situado en la provincia de Guadalajara.

Una visita muy especial y evocadora a una escuela genuina de las décadas citadas con pupitres alargados de madera envejecida, huecos para los viejos tinteros, cartillas de escolaridad, antiguas enciclopedias y fotos de niños con moda y sabor añejo delante del mapa de España o todos juntos delante de a fachada de la vieja escuela, hoy museo.

La efigie de Franco o los libros de José Antonio, el fundador de la Falange Española, merodean por distintos estantes o la pequeña biblioteca de armario, para informar los tiempos en que planeaba la llamada formación del espíritu nacional.
Es un milagro que se conserve algo así en un país que quema y destruye todo y sistemáticamente su pasado.

Javier López Herguido, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Luzón nos muestra el museo en el que, además de las viejas escuelas franquistas, se muestra una serie de objetos y piezas etnológicas ya en desuso, que hablan de un pasado inmediato. “Hay que hablar del pasado porque no podemos negarlo”, explica López Herguido.

“La historia es la historia y no cabe negarla”, añade este concejal de izquierdas, al que algunos, por ignorancia reprochan que mantenga una escuela franquista, que no es una precisamente una recreación sino un testimonio real y rotundo de lo que fue.

Luzón es un bello pueblo histórico citado en el Cantar del Mío Cid: "Otro día de mañana cavalgaba/con doszientos cavalleros escurrir los mandó/ hiban hacia los montes los que dicen de Luzón".

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Pequeño museo de Antropología

Desde la máquina de Singer, situada a la entrada, hasta los aperos de labranza o utensilios de corta y poda en la agricultura, hay un despliegue antropológico interesante, que se enriquece paulatinamente con las aportaciones de los vecinos del pueblo o visitantes. La memoria del pasado que se condensa poéticamente en las cosas utilizadas por los hombres.

En otra sala se muestran los célebres desfiles de diablos y mascaritas de Luzón, que salen en carnaval tiznados de hollín y aceite, con grandes cornamentas de toro, dientes de patata y enormes cencerros metálicos atados a la cintura. Persiguen y tiznan a todos aquellos que no van disfrazados o cubiertos de mascaritas blancas, estos últimos cubiertos con un paño blanco de diminutos agujeros para ojos, nariz y boca. Un audiovisual da vida al evento.

Por último, una espléndida sala de exposiciones de arte en la que actualmente se muestra la obra abstracta titulada “De aire y de luz”, de Laura Buente, pintora argentina afincada en Madrid; y las esculturas de la serie “Expresiones análogas” de Somo en hierro o acero cortén, de una gran elegancia formal y rítmica. Un cuadro de la pintora Concha Márquez figura igualmente a la entrada del museo.

En torno al pueblo, las esculturas del conjunto denominado “Hitos del Rodenal”, sobre los cerros que estuvieron cubiertos de pinos, antes del terrible incendio de 2007, que asoló la zona y en el que murieron once personas entre ellas Blanca, la única mujer, a la que Linda de Sousa, escultora de origen portugués, dedicó una emocionante escultura en piedra y hierro a modo de túmulo, titulada “Branca/Blanca”.

Entre el Museo de las escuelas y la bonita iglesia de la Virgen de la Peña de Luzón, Linda de Sousa tiene otra escultura de piedra blanca de Sintra y hierro, igualmente dedicada a la mujer, frente al valle que se divisa de lo alto del pueblo.

Los alumnos escultores de la Escuela de Bellas Artes de Murcia y Altea, han colaborado en este ambicioso proyecto de “Hitos del Rodenal”. Un homenaje artístico a la memoria de las víctimas y un recordatorio a los vivos de una ausencia de vidas malogradas y de la naturaleza boscosa de lustros, perdida para siempre en un atroz incendio.

En la visita particular al museo se encontraban el artista Juan Jiménez, la estudiosa de arte sacro Elisa Sáez de Slöcker y la comisaria barcelonesa de eventos artísticos, Julia Herrera.

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lunes, 2 de agosto de 2010

Esculturas en los Tres Hitos del Rodenal en memoria de los muertos en el incendio de Guadalajara en 2005



Julia Sáez-Angulo

Las esculturas de los Hitos del Rodenal, que comenzaron en 2007, vienen a ser memoriales de las víctimas del gran incendio que tuvo lugar en Guadalajara en 2005. Los artistas han querido dejar constancia de su trabajo en recuerdo de los muertos por el fuego y el lamento de los miles de hectáreas de bosque denso y espeso que se hizo de pronto pavesas por la devastación del fuego y la inoperancia de las autoridades responsables de la zona ante las catástrofes como esta.

En el incendio de Guadalajara ardieron 10.352,57 hectáreas de monte arbolado, en su mayor parte masas de pino resinero, sabina mora y roble, 2.380,16 hectáreas de matorral y pasto y 154,64 hectáreas de superficie no forestal. El incendio devastó 2.400 hectáreas de alto valor ecológico pertenecientes al Parque Natural del Alto Tajo. Hubo medio millar de desalojados, incluyendo poblaciones enteras como Ciruelos del Pinar, Luzón, o Tobillos entre otras.

La idea nació en la Fundación Concha Márquez y las esculturas de todo tipo, concepto y material, pero principalmente de madera, piedra, mármol y bronce, se han instalado entres hitos, en tres localidades: Villarejo de Medina, Ablanque y Luzón, los tres pertenecientes a la Guadalajara herida por el fuego.

Algunas escuelas de Bellas Artes como la de Murcia y Altea han colaborado en el trabajo, dando la ocasión a sus jóvenes alumnos de llevar a cabo una obra de arte en medio de la tierra, emparentando de alguna manera con el land-art.

Entre los artistas presentes se encuentran la portuguesa de nacionalidad española, Linda de Sousa, que ha consagrado una pieza a la única mujer que pereció en el incendio: “Cenotafio para Blanca/Branca” se titula y resulta conmovedora en su forma de túmulo cubierto de piedra y tierra, sobre el que luce una gran interrogante en hierro oxidado. El artista portugués Moisés también tiene otra gran pieza, en este caso de mármol, no lejos de su compatriota.

Otros nombres presentes: Ana Hernando: un gran figura humana titulada “Aire de vida”; Luz Baquedano: “Ángel triste”; Pedro Martínez Mora: “Llama sobre pirámide”; Daniel Tejero: “Un bosque de plantas”; David Trujillo, “Hitos R.G.B.”; Javi Moreno: “Combustión”; Lourdes Tarró y Javier Boluda: “Renacimiento del equilibrio natural”; Milagros Angelini, “La ermita de Phycis”, un hermoso edículo con palos de madera; Neil Callahan: “Como un paseo por el parque”; Miguel Moreno: “Verde sobre negro”; María José Bardi y Victoria Hermida: “Entre hojas, paisaje de foliolos”;

Actualmente la Fundación Concha Márquez ha convocado un premio de fotografía sobre estas esculturas, para seguir perpetuando la memoria de los desaparecidos y de las mismas piezas artísticas.


Exposición de Federico Blanco


Por otra parte, la Fundación Concha Márquez ha inaugurado una exposición sobre el artista español Federico Blanco, un gran dibujante e ilustrador. La muestra se exhibe en las Escuelas de Luzón.

Federico Blanco nació en Madrid, en el Barrio Salamanca, en su querido foro, del que más adelante iniciaría todo un mosaico de maravillosos dibujos en gouache, que ilustrarían la historia del siglo XX en estampas costumbristas llenas de gracia y estilo.

Estudia en la Escuela de Artes y Oficios, posteriormente en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde conoce a algunos de los más ilustres pinceles de la época. Sus comienzos en el estudio de López Rubio, determinan claramente lo que sería su trayectoria.

Del entrañable universo de las historietas han pasado por su pluma; "Peter", "Sandalio", "Marco Polo", "Pinocho", "Apache", "Espartaco", "El Capitán Trueno" en su versión Extra, (algunos entintados por Claudio Tinoco); y al que a su modo de ver era su favorito, Fredy" para Hispanoamericana de Ediciones. Son las aventuras de un niño situado en la América Colonial, reeditado hace poco, casualmente, nombre que lleva uno de sus nietos.

Llega el turno a "Diego Valor" creado por su gran amigo Enrique Jarnés (que firmaba con el seudónimo de "Jaber"), del que solo llegaría a hacer algunos cuadernos y como dice Fernando Bernabón, en su obra sobre el personaje: "fueron realizados por el más que competente Federico Blanco".