martes, 23 de enero de 2024

JUAN CARLOS LÁZARO expone su reciente Pintura en la Galería Gurriarán de Madrid


Argensola, 25, 1º C

Enero-febrero 2024

Juan Carlos Lázaro, pintor
Bodegón de Juan Carlos Lázaro


    24-01-2024.- Madrid

La emoción de sentir

Muchas veces la obra de un artista es un espejo de su modo de ser, de trabajar. Reflejo representado en su temática e incluso en la forma en la que es expresada, ofreciéndonos luego la obra acabada. Conocer a Juan Carlos Lázaro, observar su mirada, escuchar su voz pausada, oír su comentario acerca de un pintor que admira, o simplemente detenernos en su modesto estudio donde reposan cuadros y libros en anaqueles, en orden impoluto, es una manera sencilla de conocer a la persona y entender un trabajo cuyas cualidades plásticas no nos dejan indiferente, dejándonos una impresión de difícil olvido.

Desde hace varias décadas el bodegón y el paisaje constituyen los géneros temáticos preferentes en su quehacer. Géneros tradicionales que son solo excusa para interpretar y transmitir una manera de concebir y un modo de aprehender enseres sencillos y cercanos —cuencos, tazas, floreros, platos, tarros, junto a limones, granadas, manzanas, etc.— pintados fuera de todo simbolismo trascendente y mostrados como testigos de una vida quieta, inanimada... naturalezas silenciosas. Objetos en ocasiones ingrávidos en un espacio iridiscente, ubicados en una atmósfera velada y sin embargo luminosa y brillante que convierte al cuadro en auténticas ventanas de luz. No existen contrastes, solo un cauce donde la vista transita atraída por una belleza silente, evocadora, que suscita en nosotros la emoción de ver y no solo de mirar. La obra de Juan Carlos Lázaro solicita una percepción lenta, atenta y curiosa ante esos recipientes que gusta de acompañar con frutos en un grácil juego de volúmenes, donde la luz es protagonista. Las superficies se cubren de trazos casi imperceptibles, de pinceladas leves en un espacio diáfano, donde la configuración de formas, tonos, veladuras y colores crean una obra singular que se aparta de lo habitual. Me atrevería a decir que el trabajo del artista frexnense es excepcional en su concepción del género dentro del panorama pictórico español. Cierto es que algunas de sus composiciones están emparentadas con

¿Pero dónde está el cuadro?

Exclamación de Théophile Gautier a propósito de Las Meninas

Hacer visible lo invisible

Paul Klee


artistas como Juan José Aquerreta, Xavier Valls o Carmen Laffón, por citar tres referentes indiscutibles de la iconografía del bodegón, teniendo en común ese carácter íntimo, atemporal, discreto, de captación de la vida dormida; sin olvidar a Giorgio Morandi, no en su lenguaje, sino en la reiterada dedicación a una temática siempre igual pero distinta.

Notable cualidad de Juan Carlos Lázaro es el juego dual entre la esencialidad de lo pictórico en su reflexiva materialidad y la evocación poética de una figuración sutil, que simultanea lo artificial de una vasija doméstica y lo natural de una fruta. Fusión ajena a la intención primigenia del bodegón de despertar los sentidos, configurando en su lugar una realidad objetual de factura exquisita, difuminada, casi transparente en su claridad deslumbrante. Complemento a esta suerte de díptico temático son sus paisajes, presentes a lo largo de su trayectoria como ejercicio de profundización y búsqueda en un afán de mostrar una visión subjetiva de la realidad natural. Visión escondida y representada a modo de rememoración tal vez de una experiencia, o como metáfora materializada a modo de paisaje. Vistas dibujadas en forma de panorámica que se reducen a dos franjas cromáticas horizontales, elaboradas en gradaciones tonales y gamas de color en supremas matizaciones de carácter abstracto. Otras veces el paisaje se hace más explícito, con pequeños árboles apenas sugeridos por minúsculas manchas perdidas en la lejanía de la composición. Así mismo el paisaje, esta vez pintado, cobra un significado más trascendente con la presencia de camposantos, largos muros blancos en la mitad de la nada, que dotan al paisaje de un especial simbolismo alusivo a la ausencia, a lo perecedero, a la soledad, a la incertidumbre... Todo expresado en una coherencia estilística que define y distingue al autor. Es interesante reparar en el hecho de que la mayoría de sus cuadros no tienen titulación, gesto liberador del condicionante dialéctico entre lo que se ve y lo representado. Un modo de indicar al contemplador que es su mirada la que hace al cuadro. Pero también, esta obra que he definido silente habla a los ojos y al pensamiento. Solo hace falta escrutar, pues es una obra lenitiva para el espíritu. Consideración con la que estaría conforme Cristino de Vera, amigo y trabajador “desde la luz”, como Juan Carlos Lázaro.

Fernando Martín Martín

(Catálogo de la exposición

ANTONIO ARIAS y DIEGO CRESPO: Recital de flauta y órgano en Madrid, el sábado 27 de enero

 


Toda época ha tenido un chivo expiatorio (hasta la antigua Roma)

Matrona en el baño, termas de Sidi Ghrib, Museo Nacional de Cartago. Fabien Dany/Wikimedia CommonsCC BY-SA




por Alicia Valmaña Ochaíta
Profesora Titular de Derecho Romano, Universidad de Castilla-La Mancha

        23.01.2023.- Madrid.- La naturaleza humana tiende a reproducir ciertos comportamientos. Algunos se repiten a lo largo de la historia y nacen cuando no se encuentra explicación ante un acontecimiento.
    Con motivo de la pandemia de la covid-19, las teorías conspiratorias han intentado calmar en algunas mentes el miedo que produce lo desconocido.
    Durante 2020, desde ciertos sectores de la población se culpó a la República Popular China de haber creado y extendido el virus –voluntaria o accidentalmente–. También a los EE. UU. y a las compañías farmacéuticas. La acusación no resolvía el problema, pero tener a alguien a quien cargar con la responsabilidad saciaba, en cierto modo, la incertidumbre de muchos ciudadanos.
    En realidad, la historia está llena de estas escapatorias mentales. Encontrar un chivo expiatorio, a veces con resultados sangrientos, da tranquilidad. Al menos temporalmente.
        El envenenamiento romano del 331 a. e. c.
Un ejemplo lo encontramos en Roma, en unos sucesos que sucedieron en el 331 a. e. c. y que han llegado hasta nosotros relatados por distintas fuentes antiguas, fundamentalmente Livio y Valerio Máximo. En ese año varios hombres notables de la ciudad murieron. Todos ellos presentaban los mismos síntomas.

    En un primer momento, se creyó que la causa de las muertes se debía a una epidemia. Sin embargo, una esclava denunció ante las autoridades que la culpa era de unas mujeres que habían preparado unos venenos. Tras encontrar a algunas matronas elaborando medicamentos, unas veinte mujeres fueron apresadas. Conducidas ante las autoridades, dos de ellas afirmaron que los brebajes eran saludables. La esclava les pidió entonces que los bebiesen y así probasen que ella estaba mintiendo. Las matronas hablaron entre ellas y decidieron beberlos, muriendo a continuación.
    A partir de ahí, fueron juzgadas unas 170 mujeres más, consideradas cómplices, llegando Orosio a hablar en sus escritos de 370 mujeres implicadas.
El relato de Livio ofrece algunas dudas. Por ejemplo, la participación de la esclava. A lo largo de la obra histórica de Tito Livio, en varios casos los denunciantes son esclavos. ¿Puede ser verdad? Puede. Pero también pueden ser casos de concentración histórica, es decir, soluciones que se dan, siempre las mismas, para casos que se repiten en la historia. Así sucede en el intento de restauración de la monarquía en el que estaban implicados los hijos del cónsul Bruto o en el episodio de la represión de las Bacanales. Los esclavos van a aparecer en muchos relatos delatando a sus amos y obteniendo, con ello, importantes beneficios. Son el precedente de los testigos protegidos o los más recientes whistleblowers. Otra cosa es que su participación fuera real.
La explicación
    Pero el relato principal es fiable en los datos básicos y de él podemos extraer varias conclusiones:
En primer lugar, las propias fuentes dudaron que fueran envenenamientos. El número de casos era suficiente para pensar en una epidemia y los fallecidos presentaban todos los mismos síntomas. Las epidemias eran muy frecuentes en Roma y el mismo Livio llega a narrar un número considerable. Las condiciones atmosféricas en determinadas estaciones del año, así como cuestiones relacionadas con la salubridad, hacen pensar a los científicos que el paludismo llegó a ser una cuestión endémica en Roma.
En segundo lugar, las mujeres tenían conocimientos de medicina natural, fueran correctos o no, por lo que no sería extraño que, ante una epidemia, buscaran soluciones de este tipo. Después de todo, se dedicaban a la elaboración de venenos/medicamentos (en latín ambas palabras son “neutras”; veneno, por sí sola, no es una palabra con un sentido negativo).
    De hecho, algunos cultos femeninos habrían favorecido una actividad en torno al uso y fabricación de soluciones destinadas a la curación de enfermedades. Así, Macrobio relata en un conocido texto la existencia de una farmacopea en el entorno del templo a la Bona Dea, diosa a cuyo culto estaban llamadas las matronas.
En tercer lugar, el hecho de que las mujeres murieran al tomar sus brebajes llevó a la detención de muchas más. La muerte de las veinte primeras se entendió como una prueba de culpabilidad. Pero no tenemos fuentes que confirmen esta prueba. Pudo, efectivamente, deberse a que los preparados fueran verdadero veneno. Pero también a que lo que se elaboraba como remedio realmente fuera nocivo para la salud, aunque no hubiera conocimiento de ello ni, mucho menos, intención de causar la muerte.
    Algunos autores entienden que el hacer beber a las detenidas sus medicamentos fue una ordalía, una especie de juicio de Dios que existía en otros pueblos primitivos y que se mantuvo durante la Edad Media en la civilización occidental.
    Proceso penal y religioso
Es cierto que se procesó penalmente a las nuevas detenidas. De hecho, fue el primer procedimiento “por envenenamiento” que tuvo lugar en Roma (después hubo más y también contra mujeres), aunque no sabemos cómo se llevó a cabo.
    De ahí que se haya deducido que el relato de Livio estaba describiendo una ordalía: el envenenamiento se consideró un hecho tan extraordinario que, además de la represión penal, fueron necesarias medidas de naturaleza religiosa para purgar lo que se consideró un prodigio. Es decir, un acontecimiento asombroso que podía significar un aviso de los dioses por algo que podría ocurrir, o una señal de su enfado con los hombres por algo que habría ocurrido. Se nombró entonces a un dictador para que llevase a cabo el acto de expiación.
    Las muertes se consideraron un acto de locura más que de maldad. Por eso se buscó una solución que sirviera para devolver la cordura y mantuviera intacta la paz con los dioses.
    Sin embargo, no sabemos qué pasó en realidad. Probablemente fue una epidemia más de tantas que asolaron Roma. En la fecha en la que se sitúan los hechos no es imaginable una acción organizada de 170 mujeres (que fueron las finalmente condenadas, según Livio), ni hay ningún dato acerca de lo que se habría pretendido conseguir con las muertes, en el caso de que estuviéramos hablando de una acción dolosa. No se vuelve a ver otro “macroproceso” por envenenamiento hasta bastante tiempo después.
    Pero encontrar alguien a quien culpabilizar debió tener un efecto placebo en la sociedad romana del momento. En Atenas tenían sus propios chivos expiatorios, los pharmakoi, utilizados como víctimas de sacrificios para purificar la ciudad y preservarla de cualquier mal. La palabra la encontramos prácticamente igual en español en el término fármaco, que presenta la dualidad entre la enfermedad y el remedio.
    Este caso coincide con la forma que tenía el pueblo romano de “calmar” lo que consideraban una ofensa a los dioses en el s. IV a. e. c.. Las mujeres del relato, como chivos expiatorios, fueron las culpables y, a su vez, con su condena, la solución. La explicación de que habían perdido la razón devolvió la tranquilidad a la ciudad.

domingo, 21 de enero de 2024

LA COFRADÍA INTERNACIONAL DE INVESTIGADORES DE TOLEDO CELEBRA SAN SEBASTIÁN.





Toledo 20 de enero de 2024

Rogelio Sánchez Molero

Fotos Carmen Palomero y Teresa Santa María

Allá por el año 256 d.e.c. nació en la actual Narbona, Sebastianus, quien, con el tiempo y el amparo de los emperadores Diocleciano y Maximiano, llegó a alcanzar el grado de centurión de los ejércitos romanos. No obstante Sebastián, que profesaba la fe cristiana, predicaba entre sus compañeros y visitaba y consolaba a los cristianos presos. Como fuera descubierto, Maximiano lo condenó a muerte. Sebastián fue atado a un poste y asaeteado. Pero no murió. Y recuperado de sus heridas regresó a Roma para denunciar la persecución de los cristianos. Nuevamente apresado, fue azotado hasta morir y su cuerpo fue arrojado a un lodazal. De allí fue recogido por los cristianos y depositado en una catacumba de Via Apia que actualmente lleva su nombre. Corría el año 288 cuando Sebastián fue torturado hasta la muerte.

 Bajo la advocación de este santo se ampara la Cofradía Internacional de Investigadores de Toledo. Cada año, conmemoran este patronazgo en su sede canónica, la Iglesia de San Sebastián, ubicada en el antiguo barrio de los curtidores de Toledo. El sábado 20 de enero,  más de una treintena de cofrades, portando nuestras medallas, revestidos de veste gola y birrete y otros tantos acompañantes, nos dimos cita para la conmemoración.

El acto se inició con unas palabras del Prioste, don Santiago Sánchez-Mariscal Lozano. Glosó una breve reseña histórica del templo y sobre la figura del santo patrón. A continuación, el cofrade y consiliario, Dr. D. Francisco María Fernández Jiménez, ofició la misa “pro defunctis” en recuerdo de nuestra fundadora, Dª. Esperanza Pedraza y de todos los cofrades fallecidos; pronunció una entrañable homilía apelando al espíritu cofrade que nos debe guiar en nuestro actuar. La misa fue acompañada de los cantos litúrgicos interpretados por Carmen Palomero y Rogelio Sánchez Molero.

Después de la misa, el joven cofrade Francisco Javier González Navarro, al violonchelo barroco, y Violeta Casado, tañendo la guitarra barroca española, nos deleitaron con un magnífico concierto con obras de Geminiani, Barrière y Boccherini.

Tras disfrutar la música, se repartieron las tradicionales “caridades” (molletes elaborados por las monjas Comendadores de Santiago) entre todos los asistentes. Y degustamos un caldo de carne y migas manchegas de pastor bajo el agradable sol de la mañana sabatina y al amor de animadas conversaciones.

Nuestro próximo evento nos convocará el miércoles 29 de mayo (víspera del jueves de Corpus Christi) en el solemne acto de investidura de nuevos cofrades en el Real Monasterio de San Juan de los Reyes. Y a principios del mismo mes de mayo tendrá lugar la XVIII jornada de reflexión teológica


sábado, 20 de enero de 2024

Isabel Moreno, “Alosete”, expone sus acuarelas en AEPE, bajo el título de “La Memoria”


C/ Infantas, 30, 2º dcha. Madrid

Lunes a viernes, de 10 a 14h. y de 17 a 20h





L.M.A.

21/1/24.- Madrid.- La pintora acuarelista Isabel Moreno, Alosete”, expone sus acuarelas en AEPE, bajo el título de “La Memoria”. La exposición permanecerá abierta hasta el 31 de enero de 2024.

Más información

https://mail.google.com/mail/u/0/?tab=rm&ogbl#search/isabelalosete%40gmail.com/FMfcgzGwJmJxWhJgwHgrVpsPPPVBxGCL?projector=1

Agrupación de Acuarelistas de España: Exposición YSMER y demostración VERA CALLEJO




 

AEDA

Calle de Benito Castro,12 


            Mayca NÖIS 

    19/01/2024.-  Es un día especial con una ocasión histórica. Reunir en la Agrupación a dos grandes Maestros. José María Ysmer (93) quien ofrece hasta el día 24 de enero una fastuosa exhibición de lo que ha denominado “70 años, pintando acuarelas”. Y en la tarde de este día Mari Carmen Vera Callejo (83)  nos inunda, ante una sala desbordante de público una demostración in situ. Lo que ya es un reto para todo profesional. 

La ejecución en cuaderno en papel Guarro, al que confiesa Vera Callejo es adicta porque va a desarrollar un paisaje nevado y la blancura que ofrece dicho papel es facilitadora, viene preparado con un dibujo previo.  

La pintora comienza por el cielo con aguadas en zigzag siguiendo los recursos técnicos que ya le enseñó el gran Maestro que fue su esposo Manuel LaMadrid (durante toda la elaboración de su trabajo le ha ido citando). Todo artista que se entrega a la práctica de la acuarela y concretamente al paisaje sabe que la ejecución del cielo es primordial para seguir con el desarrollo de la obra. 

Quienes son seguidores de los maravillosos trabajos de Vera Callejo conocen que sus pinceladas son inconfundibles por preciosismo en pureza, sutilidad, tonalidad en su gama de color, una limpieza impecable…datos que contribuyen a que el resultado siempre es una obra que queda impregnada en la retina no solo por la elección del tema, ya sea paisaje, retrato, flores…., sino porque desprende un cariño especial por el gran amor y seguimiento que siempre ha impuesto a la dedicación desde muy joven a la técnica de la Acuarela.  

Son incontables y extensísimos los Premios, participaciones en concursos y Simposiums internacionales. La larga lista de exposiciones. Su dedicación a los alumnos, labor que compartió durante años con LaMadrid y muy especial ahora, en su bella edad, a su adscripción a la Agrupación de Acuarelistas. 

La importancia de lo que su figura supone para la Institución quedó perfectamente reflejada por el respeto y silencio que acompañó a la elaboración presencial de su trabajo Un bello y silenciosos paisaje nevado muy en consonancia con el mes. 

Pasar a continuación a la retrospectiva exposición de YSMER es tener constancia en seguimiento de lo que es capaz de realizar la mano de un acuarelista cuando, como es este el caso, elabora durante un tiempo tan extenso y continuado  una “pasión” que motiva una vida. 

Nacido en Palencia en 1931, comienza  con su padre el dibujo litográfico, que compagina en aprendizaje en la Escuela de Artes y Oficios y dibujo artístico con el profesor Joaquín Capulino pintor .Todo este desarrollo en Granda donde vive con su familia. Y es en esta ciudad donde empiezan sus logros y éxitos formando un grupo denominado “Los liberitanos” en recuerdo de liberis como era conocida la ciudad en tiempos de los griegos. Así obtiene su primer premio en 1953 por el Ayuntamiento de Granada. 

Estas circunstancias le impulsan a trasladarse a Francia y reside en París en 1959.  Lo que supuso influencia y trabajo para su desarrollo posterior. 

Desde 1960 figura su adscripción a la Agrupación de Acuarelistas. En la institución su entrega y participación es total. En Junta directiva con Jaime Galdeano. Veinte años como profesor. Sus 82 Revistas  mensuales (con el gran logro personal de que la imprenta hacia la regalía). Revistas que eran recibidas puntualmente  por correo. En la actualidad figura con el lógico nombramiento de Socio de Honor. 

Es un trabajador infatigable. Quienes le conocemos sabemos que en los viajes cuando los compañeros están empezando su jornada José María ya ha realizado dos acuarelas por lo menos. También es cierto que esa primera luz es fundamental para una buena aguada que refleje los contrastes. Porque la “lucha” con la luz, que no puede perderse en una acuarela sobre todo de paisaje, es primario en el trabajo. 

Será imposible saber el número de acuarelas realizadas. Se le pide en la conversación mantenida una aproximación. ¿Quizás 3.000?. Seguramente más. 

Solamente en la Sala actual de exposición figuran. En España: La Coruña, Almuñécar, Cuenca, Granada, Madrid, Santillana del Mar, Barcelona, Aranjuez, Segovia, Vigo, Palma de Mallorca, Cantabria……. Y del extranjero: Venecia, Estonia, Amsterdam,Liverpool, Polonia….. 

Así los Premios, Menciones, participaciones en Simposiums, exposiciones …….. son largas y exitosas. 

Ningún paisaje se le ha quedado atrás en cualquiera de sus viajes y recorridos y siempre con el acierto en color y técnica, partiendo de un dibujo fundamental perfectamente encuadrado. Suele trabajar en papel Arches de 50 x 70 cm.. 

Su precisión en un trabajo tan bien facturado en lo que es una escuela clásica tiene la aceptación de público, en todas las edades, que saben apreciar lo que es una buena Acuarela. 

La confluencia de estos dos grandes Maestros, ambos en la mejor edad de plenitud con tanto para enseñar, son un recuerdo y acierto de la Agrupación de Acuarelistas.