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sábado, 13 de mayo de 2017

José Luis Martín, autor de “Cuentos irracionales”, publicados por Liber Factory



 José Luis Martín Sánchez



Julia Sáez-Angulo

            14/05/17 MADRID .- El escritor José Luis Martín es el  autor del libro  Cuentos irracionales, publicado por la editorial Liber Factory. Una treintena de narraciones cortas en las que los animales son protagonistas y cobran el valor representativo de la fábula.

            El prólogo es un largo poema que comienza por: el título de “Monos, perros… cuervos y leones”: El perro que canta, / el mono que escribe, / el cuervo que grazna, / el león que ruge / y así podría continuar con la fauna acuática.

            El final del libro acaba con otro poema titulado “Diálogo de pájaros”, en el que dice: Hay momentos sublimes en la existencia del ser, / poder ver en cada copa del árbol que miramos,/ como los pájaros se posas, / allí, en lo más alto, en la misma cúspide.

            José Luis Martín Sánchez, periodista y escritor, ha dirigido diversos medios de comunicación españoles y es autor de libros como la novela La caricia del murciélago, Cáñamo para un violín, Lanzarote cuento a cuento, El viento que viene del mar, Danzas, botargas y tarascas, Sombras en la obscuridad, o Ánima mea.

            Escritor torrencial, con imaginación desbordante, José Luis Martín no ofrece títulos de relatos memorables como: El cocodrilo giboso y el árbol; El zapatero zoantrópico; El sapo y el guante; Pío Colorín; La pluma de Honorato; El ángel negro, o, El mono y el higo.

            El escritor sabe titular bien los relatos y los libros.




lunes, 14 de febrero de 2011

José Luís Olea, Memoria y Homenaje al desaparecido pintor

"La Nacencia" (poema castúo). Óleo/lienzo de José Luis Olea



Julia Sáez-Angulo

        14.02.11.- Madrid.- Mientras se pronuncie su nombre, la persona sigue existiendo, máxime, si es en la memoria afectiva de sus amigos, decían los clásicos. Este es el caso del pintor José Luis Olea Cerván (Málaga, 1921 – Madrid, 2007), que ha sido objeto de una tertulia de recordatorio y homenaje al artista y al hombre. El acto tuvo lugar a propuesta de la soprano brasileña/española Maristela Mauler Gruber y Julia Sáez Angulo, en el que estuvieron presentes entre otros el doctor José Luís Calvo Martín, buen amigo del desaparecido pintor, el artista Ricardo Mauler Gruber; la profesora Raquel Sanz Antolino, Iván Gruber y Carolina Calvo.

En la tertulia se habló de José Luís Olea como un artista voluntarioso y empeñado en su pintura, por la que se jubiló anticipadamente para dedicarse a ella por entero. Sus dotes de dibujante eran excepcionales y en su trayectoria artística llevó a cabo un sinfín de dibujos de sus apuntes innumerables en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, lugar donde se le veía con frecuencia. Allí plasmó el desnudo femenino en sesiones breves o prolongadas y dejó numerosos dibujos de la Trini, célebre modelo, “capaz de dormirse y no perder la bella compostura” al decir de Olea.

Sus viajes por los castillos del Loira, Egipto, Marruecos y otros países también fueron motivo de sus croquis –siempre viajaban con ellos- y ha dejado hermosos testimonios de fachadas, monumentos y escenas cotidianas de calle o de café.


Un hermoso libro de relatos


Al poco del fallecimiento de José Luis Olea, su amiga Maristela Gruber (que lo atendió en su enfermedad de cáncer de páncreas durante los últimos meses) organizó un homenaje de sus amigos en Madrid y Julia Sáez-Angulo pronunció las siguientes palabras:

“Me hubiera gustado mucho comentar la parte de escritura de José Luís Olea porque, como escritora, he estado muy cerca de su génesis, ya que era un gran narrador oral, un Sherezade masculino, al que yo animaba a dar forma escrita. Él ha leído muchos de mis relatos literarios que yo le pasaba para que me diera su opinión como lector. Le gustaba hacerlo, me animaba porque disfrutaba mucho –al menos eso me decía-, lo cual no quería decir que no fuera crítico, incluso caústico, con algunos personajes cuando los veía malos o malísimos, “algo imposible de admitir en la condición humana”. Yo puse su nombre en los agradecimientos de dos de mis libros –también en mi última novela- porque era uno de mis lectores previos para chequear el interés o el impacto de lo escrito. Después lo animé, repito a escribir los cuentos que relataba y Maristela y su marido, más tarde, a ilustrarlos y publicarlos. El resultado es un libro delicioso que ustedes podrán leer, publicado por ordenado

Pero me toca hablar de su parte artística, de sus dibujos y pinturas que él hizo con verdadera pasión hasta el punto de jubilarse antes de tiempo para dedicarse por entero a ello. Tenía una gran base dibujística, aprendida en sus estudios de arquitectura. Era sobre todo dibujo lineal y esa característica marcó toda su trayectoria plástica futura. Hizo cientos de apuntes en su viajes –porque José Luís Olea era un viajero nato, un hombre que disfrutaba conociendo nuevos lugares y tratando a nuevas gentes. De ahí le venían algunos de los personajes que llevó a sus relatos, aunque sobre todo fueron de su vida de infancia y juventud, mitificadas en la memoria del tiempo.

Acudía periódicamente al Círculo de Bellas Artes para “hacer mano” en el taller de desnudo y bodegón que tiene su espacio en la planta sexta. Dibujó miles de veces a la Trini, la célebre modelo que posaba como ninguna otra, aunque pasaran los años. José Luis Olea presumía de haberle hecho varios apuntes el último día que posó en el Círculo antes de jubilarse la modelo. “Aunque vinieran mujeres más jóvenes a posar, nadie lo hacia como la Trini. Sus poses eran de una elegancia suprema”, explicaba José Luis, “era capaz de dormirse de pié y no perder la compostura digna de su cuerpo”, cuenta en su entrevista última a la revista “La Opinión de la Sierra del siglo XXI”, una publicación mensual que se publica en El Escorial y sus alrededores.

Durante sus múltiples viajes hizo decenas de apuntes que constituyen verdaderas series, como la de Castillos del Loira, Ruta del Románico catalán, Egipto, Galicia, Ávila, Segovia, El Escorial, sobre todo El Escorial en sus últimos dos años. El monasterio agustino le fascinaba por todos sus ángulos y así lo tiene registrado en múltiples cuadros de su última época. Uno de ellos orna el portal de su casa; otro la residencia San José de El Escorial, donde veraneó los dos últimos años y donde disfrutó de veras el aire del Abantos, el jardín inmenso de la residencia y la luz de la meseta en las alturas. El cuadro de “El Escorial” en la residencia de verano es un bellísimo nocturno, especialidad de género que le gustaba mucho, como lo atestiguan los cuadros que hizo sobre algunos monasterios románicos catalanes.

Sus apuntes rápidos sobre monumentos, paisajes, calles, cafés, escenas de gente mirando en los museos, etc constituyen un conjunto espléndido que ayudarían a reescribir su vida. Ha vendido muchos de estos apuntes, pero otros muchos los regalaba. Eran apuntes hechos con rotring, bolígrafo, rotulador tinta china...; apuntes sueltos, esquemáticos, desenvueltos, con una preciosa capacidad de síntesis y sugerencias.

En pintura, cabría decir algo similar. José Luís Olea, un madrileño de pro, un hombre que amaba la ciudad sin restarle sus defectos, quiso acuñarla en sus lienzos, entre otras, en una serie de fachadas de viejas tiendas, establecimientos típicos que hablaban del Madrid castizo, de viejas bodegas, de tiendas de cordeles u otros objetos de consumo muy específico. Él se enorgullecía de esta serie porque, pese a su gran sentido crítico, reconocía que no estaba mal y porque había tenido bastante éxito. Se vendió bastante bien y esto es siempre estimulante para un artista, no sólo que guste sino que se venda, porque es la prueba de fuego de que de verdad interesa, cuando se hace el esfuerzo económico de adquirirla. En su viaje por la ruta románica de Cataluña plasmó varios santuarios bellísimos, algunos de ellos en nocturnos muy románticos y sugerentes.

Dos exposiciones fallidas

    El parlamento de la Junta de Extremadura se interesó para exponer su obra, movido por los paisajes que había hecho de la región y sobre todo por su gran cuadro de homenaje al poeta extremeño Luis Chamizo (Guareña. Badajoz, 1894-1945), que escribió en castúo, esa fabla particular de algunas zonas de su tierra. José Luis recitaba como nadie el poema La nacencia, conmovía y se conmovía. La última vez que lo escuché fue en la residencia de verano de El Escorial, en presencia de la escritora Montserrat Sarto y de María Eugenia, la directora de la revista “La Opinión de la Sierra” que le hacía una entrevista. El rapsoda se emocionó, le temblaban los labios y le cayó una lágrima. “Esta emotividad debe de ser consecuencia de la vejez”, se excusó José Luis ante el admirado auditorio.

El parlamento extremeño le envió a casa un fotógrafo que hizo las fotos de todas las obras que iban a ir a la exposición. Se preparó –le preparé- el texto y todo estaba listo para la muestra. José Luis pensaba donar el cuadro de La nacencia al parlamento extremeño, dado el interés que se había tomado por su obra y el buen catálogo que pensaba hacerle. Pero llegaron las elecciones locales y cambiaron los nombres políticos, los intereses y los objetivos. El silencio administrativo cayó sobre la proyectada exposición y José Luis no era de los que preguntan o insisten. Sólo reclamó las fotos que le hicieron y esas constaban en su poder. Fue una oportunidad fallida.

“La nacencia” es un cuadro muy singular suyo. Narra el nacimiento de un niño o más bien en medio del campo, asistido por su padre, un hombre de rústico y lleno de ternura. Ilustra o más bien da forma al poema del poeta extremeño Luis Chamizo que escribió en castúo, poema que le gustaba recitar como ya he dicho.

Algo similar sucedió con el consistorio de Ojén (Málaga), el pueblo de su madre y del que él se sentía oriundo. José Luis Olea, hombre con orgullo, decía que él no había nacido para ir detrás de los políticos y como los políticos son muy frívolos, porque sólo atienden a entusiasmos pasajeros o intereses de poder, después de varias conversaciones, recorridos y visitas a las futuras salas de exposición, en las que incluso se llegó a hablar de posible museo, todo quedó en nada con los cambios electorales. Pese a que le enseñaron el edificio antiguo en el que iban a instalarle su obra; nada se hizo real. Efectivamente, José Luís Olea no era para tirar levitas, llamar mil veces por teléfono y perseguir a políticos, muchas veces mindundis más interesados en las conspiraciones de partido que en los intereses reales de los ciudadanos.

José Luis Olea no tuvo suerte con las instituciones oficiales. En dos ocasiones le pusieron la miel en los labios, pero no llegó a saborearla. Creo que cosas como estas le desalentaron respecto a la oficialidad. Hizo una bella exposición en la sala El Muro de El Escorial en 2002.

Pero aparte de estos casos, José Luís tuvo también satisfacciones de coleccionistas privados que acudían a su casa, elegían y compraban con entusiasmo alguna de las piezas que les mostraba. De igual manera Olea tuvo suerte en las exposiciones de la Academia de San Antón, en la que participó durante un tiempo y en las que vendió sus cuadros. El pintor obtuvo varios premios del Ayuntamiento de Madrid y en el concurso de Durán.

Un Autorretrato en paleta fría

      Hace unos cuatro veranos pintó su “Autorretrato” (2002) en verdes, azules y blancos. Le gustaba mucho la paleta fría, de ahí su amor por los nocturnos avivados por luces. Su autorretrato lo hizo con ilusión para mostrarlo en su exposición en El Escorial y para que lo tuviera su nieto Daniel Olea, en el que tenía la ilusión de que algún día valorase su obra. Daniel lo recibirá a los 21 años, según lo dispuso su abuelo. Para él hizo también y un pergamino con la historia y escudo del apellido Olea, que él sabía bien que venía del País Vasco. Otro de sus cuadros más logrados que yo le he visto ha sido un “Paseo en góndola” en un canal de Venecia, resuelto en verdes y rojos muy animados.

Su amistad con artistas como Manuel Ortega, Andrés Barajas, Paco García Abuja, Joaquín Rojo Seijas “Quinín” –que le inspiró un relato- y otros varios de la galería Alfama, le hacía reflexionar en voz alta sobre la pintura a la que consideraba un arte excelso. Con cierto realismo y humildad un tanto corrosiva decía: “He llegado un tanto tarde a la pintura y  estoy seguro de que no llegaré a la cima. La pintura es algo muy grande, muy difícil e importante; hay gente que lo hace mucho mejor que yo”.

En fin, José Luis Olea, el escritor, el pintor, el amigo conversador y el gran tertuliano, era un hombre que leía, que mimaba su biblioteca, que tenía numerosos libros de Camilo José Cela y Miguel Delibes porque le gustaban. Un amigo que perdurará en la memoria de quienes pronunciemos su nombre: José Luis Olea, con motivo de su recuerdo y como hoy hemos hecho en este homenaje”.

"La Nacencia". o/l de José Luis Olea

miércoles, 5 de junio de 2019

José Luis Martín, autor del libro “Cada suspiro, un cuento”, publicado por Liber Factory







Julia Sáez-Angulo


            2/6/19 .- Madrid .- Cuentista por excelencia, en el sentido de narrador de relatos breves, el escritor José Luis Martín ofrece un nuevo libro bajo el título de Cada suspiro un cuento, que ha sido publicado por la editorial Liber Fáctory.

            El autor habla de su asistencia a un congreso de escritores de narrativa breve, donde la definición de cuento y relato se pasea por doquier y cada uno tiene sus propias preferencias. Si el final ha de ser redondo, sorpresivo o abierto, que si el cuento viene de Oriente, que si Chejov es uno de los mejores cuentistas (¡cierto!)...

            Más de un centenar de relatos se recogen en Cada suspiro un cuento, lo que indica la facilidad de este autor para concebir una pequeña historia ante una mirada, una palabra o un ligero acontecimiento. Para José Luis Martín Sánchez, la vida es cuento literario. Y aunque se advierte a los jóvenes escritores de recelar de la facundia o la excesiva cascada escriturística, este autor ofrece sus cuentos para demostrar que siempre hay interés en una mínima historia, siempre cn ironía, guasa o mordacidad.

            “El cuento enmascara al hombre tras el disfraz distinto, le esconde en ridícula vestimenta, le tapa de todo, creyendo así que, por un momento huimos de los que somos, evadiéndonos de la máscara cotidiana, cuando en realidad estas nuevas caras nos acercan más a la caricatura de nuestra imagen, el retrato en el cual nos ven los demás”, escribe el autor en el prólogo.

            En el epílogo, J.L. Martín dice: “He cerrado tantos capítulos de la vida de los demás, que nada me extraña que estén escribiendo los último renglones del mío”

Más información


domingo, 25 de septiembre de 2016

José Luis Martín, autor del libro “Anima Mea”, publicado por Liber Factory







L.M.A.

            26.09.16 .- El escritor y periodista José Luis Martín es el autor del libro Anima Mea”, publicado por la editorial Liber Factory. Una singular novela con ecos en El diablo Cojuelo del célebre Luis Vélez de Guevara, en cuanto a un personaje que ve la vida y contempla a los hombres desde el tejado de las casas.

            Con un vocabulario rico y expresivo, con toques oníricos y con plena extrañeza de vivir, el barbero de Coscojal de los Desamparados contempla el pueblo y sus alrededores desde lo alto del tejado y con los ojos cerrados, porque al abrirlos se difumina el paisaje. Un pueblo con espadaña y cigüeñas, con río seco en verano y desbordado en invierno. Toda una metáfora del universo.

            Su mujer enferma en la cama le llamaría manjagranzas patán iletrado o bolonio (vocablo muy toledano para denominar al que presume de saber y no sabe), porque ella nunca entendería su sensibilidad de corazón y pensamiento.

Datos biográficos

            José Luis Martín Sánchez es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense y Técnico de Radiodifusión. Fue director de la revista de información general "Guadiana" y la de economía "Bolseco" y redactor-jefe del periódico "Pueblo" y de la revista "Sábado Gráfico" entre otras publicaciones. Fue jefe de Prensa del Instituto Nacional de Meteorología; con anterioridad dirigió los Servicios Informativos de las Direcciones Generales de Correos y Telecomunicaciones. 

            Como escritor ha publicado novelas como "La caricia del murciélago", abriendo la colección de Letras Hispánicas del Grupo Libro. En la misma colección tiene "La vida del Santo Diamantino Repulgado". En la editorial Bitácora "Cáñamo para un violín". Es asimismo autor del libro de entrevistas "Banquillo para quince curas" y de las novelas "El sabor e la carne", "Lanzarote cuento a cuento", "El viento que viene del mar" y de dos libros de cuentos "Danzas, botargas y Tarascas" y "Loas, bailes, jácaras y mojigangas" de la editorial "Liber Factory", así como "Sombras en la Oscuridad" libro de poesías etc



martes, 9 de junio de 2015

Jordi Doce: “Nunca habrá demasiados libros”




L.M.A.


“Nunca habrá demasiados libros, nunca los libros serán plaga o muchedumbre”, proclamó hoy ante el Micro de la Feria el poeta Jordi Doce, quien aseguró que “todo aquí tiene su lugar y su sentido, porque todo es reflejo de nuestra naturaleza: lo bueno, lo menos bueno, lo abiertamente mezquino, lo grande y lo menudo, lo gustoso y lo insulso

Doce hizo una defensa de la “mala salud de hierro” del libro, que le ha permitido, una y otra vez, desmentir la crónica de su muerte anunciada: “Es como si no tuviéramos confianza en el carácter contagioso del entusiasmo y el conocimiento, de la curiosidad y el asombro”. El  poeta citó el célebre Canto de mí mismo de Walt Whitman: “¿Creías que mil acres eran muchos? ¿Creías que la tierra era mucha? ¿Tanto te ha costado aprender a leer?”. Y es que “más que una defensa, se impone un canto, la celebración de los dones del mundo, esa multiplicación del papel y la tinta que es toda biblioteca, el prodigio de este mismo paseo de la Feria que contiene todos los paseos posibles, que es distinto según quien lo recorra, que cambia cada vez que nos internamos en él”.

Oscuro es como la noche el canto: Homenaje a José Ángel Valente

Nueve poetas –Andrés Catalán, Pilar Fraile, Edmundo Garrido, José Luis Toré, Pilar Martín Gila, Luis Luna, Ana Gorría, Nuria Ruiz de Viñapre y Jordi Doce– se reunirán esta tarde para rendir homenaje a José Ángel Valente, en el decimoquinto aniversario de su muerte. Al amparo del verso inicial del poema “Figuras”, del libro Al dios del lugar –“Oscuro es como la noche el canto” los convocados prestarán su voz a la poesía de Valente y evocarán la huella que esa obra ha dejado en su propia escritura.
Durante la velada, que comenzará a las 20 h. en el Pabellón de Actividades de la Feria del Libro, Andrés Catalán leerá el poema “El signo”, de La memoria y los signos; Pilar Fraile, “Veo, veo…” y “Al caer la tarde…”, de No amanece el cantor; Edmundo Garrido, “Sobrevolando los Andes”, deFragmentos de un libro futuro; José Luis Gómez Toré, “Arte de la poesía, de El inocente; Pilar Martín Gila, “No dejéis morir…”, de No amanece el cantor; Luis Luna, “Palabra”, de Material memoria; Ana Gorría, “Soy débil”, de No amanece el cantor, y “Mandorla”, del libro homónimo; Nuria Ruiz de Viñaspre, “El poema”, de El inocente, y Jordi Doce, “Víznar, 1988”de Fragmentos de un libro futuro.

Cada uno de los poetas recitará también un poema propio: Andrés Catalán ha elegido “Anécdota de la taza”, perteneciente a Ahora solo bebo té; Pilar Fraile, el inédito “No amanece”; José Luis Gómez Toré, “Nieve y urracas”, de Un corte que no sangra; Pilar Martín Gila, “Viene enumerando las lluvias…”, de Ordet; Luis Luna, “Pedagogía de la llama”, de Territorio en penumbra; Ana Gorría, “Fantasmas”, de La soledad de las formas, y Nuria Ruiz de Viñaspre, “Dentro de cualquier Atlántico”, del libro en preparación que se titulará La zanja.

El acto concluirá con el recitado del poema “Figuras” en la voz de José Ángel Valente, cortesía de la Residencia de Estudiantes. El poema recoge, como advirtió el propio Valente, uno de los temas de su obra, el del “hombre que sale del mar para fundar la palabra, para fundar el cuerpo y para fundar el mundo”: “Tú dices, / vienes, estás, no hay nadie, el canto / el vuelo circular de las aves hambrientas / sobre el cuerpo del pez, / el brillo mineral de las escamas / en los limos del fondo. / Surge, surte del mar /el hombre, de mares sumergidos en la noche […]”.
José Ángel Valente (Orense, 1929) descubre su vocación literaria leyendo en la biblioteca familiar a Juan de la Cruz, Teresa de Jesús, Rubén Darío y todos los románticos. Conoce poco después la obra de poetas contemporáneos como Juan Ramón Jiménez o Antonio Machado. Durante su época de estudiante en Madrid toma contacto con la poesía francesa y la latinoamericana, principalmente Borges, Huidobro, Vallejo y Neruda. De los poetas del 27 siempre resaltó su relación con Luis Cernuda. Sus primeros poemarios, A modo de esperanza (Premio Adonais 1955) y Poemas a Lázaro (Premio de la Crítica 1960) lo situaron entre los poetas más prometedores de la generación de los 50.  A estos libros siguieron Material memoria (1979), Tres lecciones de tinieblas(Premio de la Crítica 1980), El fulgor (1984) y No amanece el cantor (Premio Nacional de Poesía 1992), entre otros. Como traductor se ocupó de obras de Cavafis, Donne, Keats, Péret, Montale o Celan. En los últimos años obtiene numerosos premios: Premio de la Fundación Pablo Iglesias (1984), Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1988), Premio Nacional de Poesía (1993) o el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1999). José Ángel Valente muere en Ginebra en julio de 2000. Póstumamente se han editado Fragmentos de un libro futuro (Premio Nacional de Poesía 2000) y, este mismo año, Palais de Justice.

El CSIC en la FLM15

El Grupo de Investigación sobre el Libro Académico (ÍLIA) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha organizado esta mañana la mesa redonda “¿Qué es una editorial científica/académica de calidad?” en el Pabellón de Actividades. El mismo recinto acogerá esta tarde la presentación de los libros  El americanismo en el CSIC y El jardín de la Neurología, de Javier de Felipe.