miércoles, 29 de diciembre de 2021

CRÓNICAS ARGENTINAS XV.- De Roberto Alifano, Raúl Lavalle, Victoria Ocampo, Ramón Gómez de la Serna o Bernardino Rivadavia

Roberto Alifano y Raúl Lavalle en el café Josephina
Roberto, Julia Sáez-Angulo y Raúl Lavalle


Julia Sáez-Angulo

Fotos: Adriana Zapisek

29/12/21.- Buenos Aires.- A veces, una presencia foránea ayuda a los amigos a verse. Es el caso de los escritores Roberto Alifano y Raúl Lavalle, que llevaban cierto tiempo sin coincidir y mi presencia en Buenos Aires propició un encuentro a tres en el Café Josephina, cerca de la Sociedad Argentina de Escritores, SADE, presidida por Alejandro Vaccaro. Allí recordamos a los escritores Milagros Salvador y Emilio Porta, que están en Madrid y aman Buenos Aires.

Los escritores, los buenos escritores hablan de literatura y eso fue lo que hicimos los tres, de cinco a siete de la tarde, recordando libros, colegas, presentaciones, encuentros… Alifano, autor de más de 60 libros, estuvo cerca de un proyecto editorial, “La botella al mar” sobre españoles en Argentina, donde se encontraban entre otros el pintor/ilustrador Luis de Xeoane, y el académico Marco Denevi, entre otros. ¡Había tantos españoles en Buenos Aires!: Ramón Gómez de la Serna, José Ortega y Gasset o Rafael Alberti, entre otros. El proyecto no cuajó, por razones que no vienen al caso, pero el dato está aquí.

Hablamos de todo ello, de la personalidad arrolladora y cautivadora de Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), un showman allí donde se presentaba. Un seductor. Alifano lo recordaba en la presentación del libro de una poetisa (“Conozco muchas poetisas, pero solo a tres mujeres poetas”, decía Pablo Neruda), junto a su mujer Luisa Sofovich, una mujer judía argentina que, en altura, sacaba la cabeza a su marido español. Ramón se hizo notar; llegó tarde y fue invitado a subir al escenario, pero él dijo que lo haría desde su butaca, aunque al final acabó subiendo y cosechando aplausos.

Ramón, que publicó su biografía en “Automoribundia” (1948), en 51 capítulos, falleció en Buenos Aires y junto a Luisita estuvo sepultado en el cementerio de Recoleta, pero al poco tiempo se llevaron sus restos a Madrid, algo que no estuvo bien, porque dejaron aquí los restos de su esposa y los separaron. Ramón reposa hoy en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid, propiedad de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, AEAE.

Roberto Alifano es una enciclopedia de vivencias junto a escritores en Argentina y fuera de ella. Hablamos, por supuesto de Borges, de Victoria Ocampo (1890-1979) y sus diversas casas. Alifano estuvo en la que ella tenía de madera para invitados en Mar del Plata, cuando él asistía como corresponsal al festival de cine. Victoria y Alifano iban juntos a los estrenos. Dicen que el filósofo Ortega y Gasset se enamoró de ella, comenté. “De ella se enamoraba todo el mundo, porque era una mujer muy atractiva”, replicó Alifano.

“Pero la que tenía ingenio literario era su hermana Silvina Ocampo, esposa de Bioy Casares. Sus poemas y cuentos son dignos de releerse. Victoria era más bien una mujer desenvuelta, elegante y pionera de muchas cosas. Conoció y trató a Mussolini en Roma y se llevaban bien, hasta que el líder del fascismo le habló de que la mujer debiera quedarse en casa cuidando al esposo y a los hijos. Victoria no aceptaba ese único papel y se distanció del italiano.

Del que Alifano y Lavalle hablaron largo y tendido fue del peculiar escritor Bernardino Rivadavia, muy amigo de ambos. “Era un niño grande”, decía Alifano. “Tenía una biblioteca inmensa en un espacio pequeño y los libros sobresalían por el techo”, añadía Lavalle. “Bernardino vivía con su padre y hermana, con la que no se llevaba muy bien”. “Sabía mucho de literatura policial, pero sus cuentos no iban por ahí. Un amigo común nos hizo comisarios honorarios ambos”, contaba Alifano. “Se entusiasmaba comprando libros singulares en librerías de viejo”. “En Francia me despertó a las cuatro de la mañana, para que me asomase por la ventana y viera en la plaza una iglesia tachonada de estrellas como en el cuadro de Van Gogh. Era insólito”...

Alifano hizo con él un viaje hasta Cerdeña, lugar de origen de los ancestros comunes, también del lado paterno del presidente Juan Domingo Perón, algunos lo llamaban “el sardo”, oriundo de la familia Piras que, al parecer, cambió el apellido. Todo está en tinieblas.

En la conversación fue saliendo el nombre de don Enrique Larreta. ¡Hay que reivindicar a Larreta!, dijo Alifano con énfasis. Lavalle me recomendó su museo (Buenos Aires tiene decenas de museos monográficos a lo que no voy a poder alcanzar en un mes). He quedado en ir a visitarlo con las pintoras Cristina Santander y Adriana Zapisek, la primera conoce a la conservadora jefe del museo. Del autor de “La gloria de Don Ramiro” escribiré una crónica, porque esa novela sobre Ávila, es insuperable y me impactó por su belleza a mis veinte años.

    De pronto se levantó una dama de la mesa de al lado en el café y nos dijo:

-He disfrutado mucho escuchándoles  a ustedes. Era inevitable, añadió como para excusarse.

      La dama resultó ser sobrina del historiador argentino Isidoro Ruiz Moreno. Lavalle le obsequió con unos versos escritos en latín en una octavilla, que la dama agradeció entusiasmada.

Sonreímos y le pedimos que nos sacara unas fotos para recordar el momento. Fue una tarde grata, que acabó con un paseo en automóvil, un Chevrolet negro y reluciente, de Roberto Alifano. Pasamos por delante de alguna de las casas en las que vivieron Borges, Bioy y Silvina, el Museo de la Arquitectura, el magnífico Palacio de Barolo (1923), inspierado en la Divina Comedia del Dante. Una singularidad y rareza con leyenda incluida. Está en la avenida de Mayo, un edificio ecléctico del modernismo con acentos neogóticos, del arquitecto Mario Palanti, tanto o más célebre que Thays en Buenos Aires… Palanti construyó también el gemelo del Barolo, en palacio Salvo en Montevideo. Ambos rivalizan en altura.

La capital argentina goza de casas señoriales excelentes, ahora muy protegidas, después de años de especulación y derribo. Una lápida en la vereda destaca muchas de ellas: "Casa protegida". Si se construye una torre en su espacio, ha de respetarse su fachada y me temo que más bien la carcasa, como si la arquitectura fuera solo fachada. Son los signos de los tiempos.

        Al pasar por la calle Guido, recordamos a la escritora Beatriz Guido (1922-1998), que fue agregada cultural activa en la embajada argentina en España. Ella y Sol Durini en su cargo diplomático, han sido las más relevantes y representativas en el mundo de la cultura en Madrid. Echamos de menos su actividad. Desde que se fueron, nada fue igual en la embajada. Beatriz Guido fue esposa de Leopoldo Torres-Nilsson, con quien colaboró en guiones de cine.

    Lavalle parte de vacaciones a Mar del Plata, mientras que Alifano y yo hemos quedado en vernos otro día. A él y a mí nos gusta la fabulación tanto o más que el periodismo, aunque procuramos no aplicar la  máxima cínica: "No dejes que la realidad te arruine una buena crónica".

Alifano y Lavalle
Julia Sáez-Angulo (2021)
Alifano, Julia y Lavalle
Palacio Barolo (Buenos Aires), inspirado en la "Divina Comedia de Dante Alighieri

3 comentarios:

Lou Paris dijo...

Cuando un escritor, en este caso escritora , relata un encuentro con verdaderos creadores la pasión literaria y el humor brotan a uno como en esta crónica de Julia. Casi nos trasladamos a esachispeante reunión gracias al ritmo de las conversaciones de los tres tertulianos. Una jornada deliciosa la que acabamos de pasar con los tres tertulianos.

Julia Saez Angulo y Dolores Gallardo dijo...

Estupenda y vibrante crónica.
Felicitaciones Julia

Sol Durini

Juana Mari Herce dijo...

Dear Julie: Que bien pintas Argentina,así, como la vas viviendo,con pasión,con amor,con sentimiento,como la letra de un Tango.
Que fiel cronista,y que deleite para tus lectores lejanos.
Esta tertulia literaria en el Café Josephina,si supera la ficción,yo la he disfrutado como si estuviera allí.
Abrazos Navideños para todos y saludos para Raúl Lavalle.