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lunes, 18 de noviembre de 2024

"Bonifacio I.A.", relato de ROBERTO ALIFANO, que se publicará en su próximo libro, editado por Renacimiento

Robot. Foto RTV




19.11.2024.- Buenos Aires


por Roberto Alifano

    Una de mis carencias es ser poco fisonomista. Veo hoy los rasgos de una persona y quizá mañana los haya olvidado casi por completo. Como político resultaría un fracaso, ya que una de las eficacias de esos impostores públicos, por lo general incompetentes y tramposos, es memorizar nombres y caras; además de mostrarse todo el tiempo con dentifricadas sonrisas cautivadoras mientras aprueban aumentos de impuestos, fomentan convocatorias a elecciones y la división entre compatriotas. Sin embargo, es justo que me reconozca una memoria literaria para nada lábil ni perentoria, y hasta envidiable ya que puedo recitar poemas enteros en diversos idiomas y traer a una conversación frases célebres de remotos personajes. Tengo, además, una sobrada ductilidad para correlacionar de modo espontáneo circunstancias y hechos inverosímiles. Minucias que por supuesto me enorgullecen. 

     Pero a pesar de mi olvido de caras y de nombres, tengo grabada en mi mente como si ahora mismo la estuviera viendo, y creo que no se borrará nunca de mi visión, la imagen y los rasgos del  carismático joven que llegó a la fiesta de graduación acompañando a la profesora Rosarito Buenaventura, mi seductora colaboradora en el Colegio Superior de Internet, del que ejerzo la dirección. 

    -Profesor, he venido acompañada de Bonifacio I.A., el primer cyborg de fabricación nacional -me dijo entrecerrando los ojos y apoyando su mano en mi brazo con un excitante gesto de coquetería-. Se lo quiero presentar; estoy segura de que le causará muy buena impresión. Es, por otro lado un perfecto caballero y para nada se le nota su condición cibernética, que establece una comparación entre el funcionamiento de un ser humano vivo y el de una máquina.

     -Un perfecto caballero con inteligencia artificial -comenté con gesto de asombro- ¿Usted me está tomado el pelo Rosarito? 

     Aclaro que yo, además de considerarme un hombre moderno y bien de mi tiempo, soy un profesional de la ciencia que vive bastante al día con los avances de la tecnología y sus portentosos inventos. El cyborg (o el supuesto cyborg, porque bien podía ser un impostor), se había quedado un poco rezagado; lo cual, aunque a la distancia y con algo de duda, me permitió observarlo de reojo con el debido interés.

     No sin fatuidad, un poco receloso (o mejor dicho celoso por mi interés sentimental hacia Rosarito), atiné a decir visiblemente confuso, pero con mi mejor sonrisa:

     -¡Bueno, bueno, un cyborg!  Si bien es una categoría que se ha empezado a expandir en el mundo, no estaba enterado de que hubiera uno entre nosotros, con rasgos tan diferenciados del Frankenstein de Mary Shelley, y con inteligencia artificial. Ese joven parece más un galán de cine que un robot. ¡Usted se relaciona con personajes increíbles, Rosarito! 

     Con decisión ella lo tomó del brazo y lo plantó ante mí. 

     -Le presento a Bonifacio, profesor. 

     Me resultó extrañamente familiar el personaje. Conjeturé de inmediato que era alguien que no superaba los treinta años; se lo veía viril y rozagante. Tenía facciones recias, a la vez que gratas y sutiles. Repito que no tengo ninguna capacidad para retener los rasgos de una cara; sin embargo, la presencia de Bonifacio me dejó estupefacto. Sus manos fueron otras de las cosas que me llamaron la atención. Cuando extendió la izquierda (no la derecha como es costumbre) para estrechar la mía, noté que estaba decorada por anillos de diamantes y rubíes, quizá de altísimo valor. De cerca y en  contacto directo, esas manos parecían menos humanas que artificiales; digo esto por el estremecimiento frío que me produjo al estrecharla. Eran extremadamente pálidas y transparentes como las manos de un muerto.

     Confieso que después del saludo me sentí confuso y por un instante se me borró la imagen de Bonifacio, impidiendo que me formara una idea más o menos cierta de quién tenía frente de mí; además del lugar y el tiempo en el que se estaban desarrollando los hechos. Todo me pareció irreal, como soñado. Soy nervioso y un poco neurasténico; un defecto de familia, que no he podido superar y hace que a la menor apariencia de confusión caiga en un estado de agitación a veces incontrolable. 

     Comprendí que Rosarito y Bonifacio advertían mi zozobra y convencido de que más allá de su condición de hombre-máquina podía ser un impostor, un colega que estaba fingiendo; y volví a preguntar de un modo vago, tratando de disimular mi perplejidad: 

     -¿Adónde dicta clases, profesor? 

     -No dicto clases ni soy profesor -respondió con firmeza torciendo la cabeza-. Quizá nuestra amiga le informó mal. Soy un cyborg y desde mi condición intento ser alguien común y corriente.

     Dada esta vaga explicación, Bonifacio sonrió entrecerrando sus ojos y esbozando un irónico gesto de indulgencia. Yo señalé una sala que estaba detrás nuestro para conversar en privado. Atravesamos un breve corredor con puertas laterales, que dan al auditorio y lo invité a sentarse en uno de los sillones. Una alumna del colegio, bandeja en mano, nos siguió para convidarnos los tentadores sandwichitos de jamón y queso; otra muchacha nos ofreció una copa de champagne. Con excesiva cortesía, Bonifacio se disculpó por no beber alcohol y escogió un vaso de bebida gaseosa.

     Los rasgos de nuestro visitante eran menos agudos que amables y su mirada tenía mucho de recóndito y secreto. A pesar de mi negada capacidad para recordar los rostros, repito, creo que en este caso no olvidaré su mirada severa, intensa e inquisidora. No gesticulaba al hablar; aunque de un modo elegante, con cierta gracia, uno de sus brazos se aquietaba al costado del cuerpo.

     -Permítame informarle, estimado profesor -dijo de súbito-, que el incorporado registro Broxing Plus Taimatus, de memoria selectiva para analizar personas que llevo instalado en mi cabeza me ha dado en este preciso instante excelentes referencias de usted, ampliatorias de las ya dadas por Rosarito, que lo aprecia y admira. Otro dispositivo, el 33 hp vis / GZN,  me acaba de brindar, a su vez, su detallada biografía. Le confieso que me halaga estar ante un hombre de su prestigio no solo en el medio educativo y científico, sino también en el virtual; sé que es uno de los profesionales que más saben de cybernetis personae elevada al dominio comunicacional Premium superabulis. Sin embargo, usted se asombrará cuando le revele algunas singularidades de mi caso. A través de nuestra amiga y de la Conection Royal, también estoy enterado de que usted es una noble y respetuosa persona, de buenos sentimientos, comprensivo y dotado de gran erudición sobre los fenómenos humanos y sobrenaturales. Sé que algunas de sus teorías, además de ser estudiadas en las universidades, son tenidas en cuenta por hombres del nivel de Bill Gates y Mark Zuckerberge, y que, sin duda, causarían el asombro de mentes tan extraordinarias como la del mismo Einstein. Por esta razón me siento muy honrado de conocerlo. 

     -Agradezco sus palabras, quizá un poco exageradas -respondí con orgullo, casi disculpándome-. Pues bien, aquí me tiene, humildemente dispuesto a escucharlo y conversar sin ningún impedimento; aunque no sé si es el sitio más adecuado. 

     -Para mí cualquier sitio lo es -contestó Bonifacio apoyando su mano sobre mi brazo-. Tengo incorporado un elemento JVU-riki versatil de privacidad esencial y empezaré por decirle algo que quizá usted ya sabe: soy un robot a imagen y semejanza de un hombre superior, constituido de órganos sintéticos combinados con los naturales. Es decir que, desgraciadamente, no soy la consecuencia del encuentro amoroso de dos seres humanos que definimos como padres. Estoy instrumentado para moverme en este mundo con dispositivos propios de una inteligencia artificial denominada I.A. protocolaris hueste comunication, con acoples sentimentales e hipersensibles que atesoran todas las historias amatorias, todas las geografías y todas las experiencias vividas en el planeta desde su inicio hasta este momento. Y especifico diciéndole que el concepto del híbrido H.M. hombre-máquina, tan generalizado en la ciencia-ficción, se da en mí de un modo amable y casi natural aunque específicamente virtual y secreto en mi interior. Sin duda lo sorprende esto que le informo y tal vez le produzca algún rechazo, pero esta es mi condición y sin ocultarle nada me identifico ante usted como el simple Bonifacio.

     -Por lo que estoy oyendo, yo diría el incomparable y espléndido Bonifacio; usted es una suerte de Superman -deslicé quizá en un tono vulgar, bastante confundido.

     Como un versado en la materia, completo diciendo que en este siglo vivimos la extensión de un uso que ha modificado los modos de representarnos, generando nuevos códigos comunicacionales y estructurales. La masificación del uso de redes sociales humanum etentialis, ha introducido y difundido singulares y variados sistemas de interacción; sobre todo entre la gente joven, que es la que más abusa de las posibilidades tecnológicas, generando nuevos elementos masivos; a esto se suma la imponente producción y el consumo de tales objetos diseminados por todo el planeta. En esta era de masificación vía internet, la Web se utiliza cada vez más para evadirnos de la realidad o sumergirnos en esta otra forma establecida sobre “códigos virtuales”, un uso on-line vastamente difundido al que se entrega muchísima gente con afán de aventuras y posibilidad de participación 3K software, consolidados ya en todos los órdenes de la vida. Es necesario aceptar que existen posturas enfrentadas respecto de si la identidad que se construye a través del universo cibernético se considera una simple extensión de la realidad cotidiana o un espacio de falsedad. La polémica, aún no resuelta y sigue abierta. 

     En el caso de Bonifacio, una sombra de duda me seguía confundiendo; de manera que se cruzó otra vez por mi mente, que podía encontrarme ante un impostor, que había empezado por engañar a mi amiga y que ahora intentaba convencerme a mí con un relato afín a la profesión que me ocupa. Con un poco de suficiencia de mi parte, se lo hice saber acompañando mis palabras con una sonrisa y un gesto de amable desconfianza. En especial porque había una notable dicotomía (acentúo “notable dicotomía”, aunque el término es quizá muy débil para expresar plenamente lo que quiero dar a entender), que se presentaba ante mí asumido como un cyborg con modos estudiadamente naturales. 

     -¿No sé por qué me hace depositario de su secreto? -atiné a balbucear evidenciando mi desconfianza-. Y así, tan de golpe, como usted se presenta. La verdad, le confieso que... aún sigo confundido.

     Bonifacio sonrió con indulgencia. Su naturalidad era impresionante y perfecta a primera vista; digna, además, de un genuino modelo de varón seductor. Tenía una altura de más de un metro ochenta y su aspecto, como ya creo haber señalado, era imponente. Se notaba en él, lo que yo llamaría en términos acaso tan cursis como académicos una distinguished aristocratic air very Harvard, que daba a entender una refinada cultura de base universitaria y hasta de altísimo academicismo. De estar programado en este sentido, su caracterización era impecable.

     Sobre este tema, el de la presencia física de Bonifacio, siento una especie de melancólica satisfacción al intentar ser minucioso y prosigo con aquello que considero imperdonable en mi descripción, que se limita (valga la redundancia) a una superficial descripción. Su cara, de rasgos agradables, lucía los dientes más regulares y más blancos que se puedan concebir. En cada ocasión apropiada nacía de aquella boca de labios carnosos y sensuales una frase melodiosa, rítmica y bien timbrada, acompañada de gestos amables y precisos. Con respecto a sus ojos (vuelvo a insistir) eran de un celeste estridente y llamativo, con un brillo penetrante como el de diamantes alumbrados por un sol pleno de mediodía; pero cuando clavaba sus ojos sin pestañear su mirada cobraba la firmeza de un Julio César o de un Napoleón y cada uno de esos ojos valía por un par de órganos oculares inteligentes, que imponían respeto desde la más espontánea oblicuidad.

     En cuanto a su abundante cabellera, tirando a rubia, con rizos apenas luminosos, imagino que hubiera hecho la delicia de las masculinas estrellas de Hollywood, pues ondulaba de una manera sutil y cadenciosa como los del adolescente James Dean de “Rebelde sin causa”, o los de Robert Redford de “La jauría humana”, o del enigmático Marlon Brando de “Un tranvía llamado deseo”; eran, asimismo, impactantes sus distinguidas patillas afrancesadas, que no superaban el lóbulo de sus delicadas orejas. Su cuello era firme y, sin embargo, se expresaba sutilmente sobre el cuerpo como una cascada de pétalos; a su vez el pecho se imponía soberbio y avasallante, augusto y majestuoso, proporcional a las extremidades. Diría que nada tenía que ver con el exagerado pectoral de los fisicoculturistas, ni tampoco con el de los atletas de las pruebas olímpicas. En vano se hubiera querido encontrar alguna falla en sus maravillosas proporciones. Tan rara peculiaridad ponía de manifiesto, muy ventajosamente, unos hombros que hubieran provocado el rubor y la humillación de Miguel Ángel al esculpir el David. Subyugaba, también, la danza elegante de sus brazos que se adivinaban musculosos y perfectamente modelados debajo de su chaqueta. Puedo decir, con total seguridad, que jamás había visto perfección semejante en un ser humano. En cuanto a sus miembros inferiores no les iban en zaga en lo específico de su simetría. Eran realmente el nec plus ultra de las hermosas piernas de un Apolo de carne y hueso. 

     Cuando se sentó y cruzó las piernas (todo conocedor de estética podría coincidir conmigo) mostró y reafirmó, lo que ya he expresado, pues sostenían con vigor y compensada fortaleza la elegancia de un cuerpo que parecía tallado por los buriles de Fidias, Miguel Ángel o Auguste Rodin. Sus extremidades, no menos sutiles que notables, presentaban una musculatura ni demasiado delgadas ni frágiles. En fin, imposible imaginar una curvatura más graciosa que la de esos femoris; ni siquiera faltaba la suave prominencia de la parte posterior de la fíbula, que contribuye a la conformación de unas pantorrillas que pueden adivinarse debidamente proporcionadas.

     Esas dotes corporales bien pueden relacionarse con el je ne sais quoi francés de muy exquisitas personas, estructurado de un modo afín con los dones espirituales, que tiene origen en las actitudes caballerescas; a veces afectado y sujeto a cierto estiramiento, por no decir rigidez, para expresarse con exagerada cortesía y (si se me permite decirlo de un modo más contundente), concebido o bien estudiado para cada movimiento. Una forma de expresión alejada de toda fatuidad, que en ciertas personas se convierte en lamentable afectación o pomposidad; pero que en un varón cyborg de las dimensiones de Bonifacio no podía atribuirse más que a la humana palabra “perfección”; vale decir, el loable sentido de lo que corresponde también a la dignidad legendaria de las proporciones colosales que viene de los griegos y se caracteriza en el “hombre de Vitruvio”, perfeccionado por la imaginación y el arte de Leonardo da Vinci. 

     Creo que se advierte en mi descripción un apasionado e indisimulado  entusiasmo. Concluyo afirmando que Bonifacio parecía incomparable con cualquier humano, y era superador de cualquier hombre que ha pisado y pisa sobre la tierra. Después de mi acaso aburrida descripción, afirmo sin titubear bajo mi condición bien varonil, que era el más hermoso hombre que he visto bajo el sol en mi terrenal existencia. 

     Bonifacio no dejó, como es lógico, de llamar la atención de todos los presentes que empezaron a rodearlo como si espontáneamente hubiesen descubierto en él a un famoso actor del cine o de la televisión; esto, sin saber, por supuesto, que se trataba de un robot. En algún momento Rosarito se acercó a mí de manera muy cauta para decirme al oído algunas frases elogiosas sobre su amigo, que yo aprobé sin disimular mi celosía, ampliándolas inclusive. Para ella, me lo confesó buscando complicidad al tocarme con su codo, Bonifacio era la persona más perfecta y brillante que había tenido el privilegio de conocer. 

     -Para mí también -asentí de inmediato cuando lo deslizó en mi oído, casi como un susurro-. Lo acepto sin discrepancias, es el perfecto arquetipo del homme séduisant anticipado por Gustave Flaubert.

     -¡Cuánto me alegro, que Bonifacio lo haya deslumbrado y que se hayan entendido! -me susurró al oído Rosarito-. Él es una muestra de la perfección del universo cibernético, ¿no le parece?

     -Sí, un fabuloso arquetipo -asentí-. Y lo demuestra en cada gesto y en cada palabra que pronuncia.

     Lamenté que nos hubieran interrumpido cuando yo empezaba a profundizar sobre ese ser nacido del universo científico, dueño de un presente mágico y probablemente aterrador por ser un producto de la llamada inteligencia artificial. La deliciosa y brillante conversación de Bonifacio no había demorado en disipar completamente cualquier sombra de disgusto que yo sintiera en un comienzo. 

     Nuestro amigo se evaporó de pronto, según nos anticipó por ineludibles compromisos que lo esperaban. Cuando quedamos solos con Rosarito, la abrumé de inquisidoras preguntas que no vienen al caso sobre nuestro hombre-máquina, y no sólo quedé muy complacido sino que aprendí muchas cosas sobre las que ella me aleccionó, y que yo decididamente ignoraba. 

     -Le debo confesar, mi admirada y querida Rosarito, que jamás había oído a un narrador más fluido, ni a un hombre más informado -me sinceré-. Bonifacio se comunica con su sola presencia. 

     Rosarito, con hábil prudencia, se abstuvo de tocar el tema que secretamente más me inquietaba; diría que lo eludió hábilmente. De mi parte, con una delicadeza que considero oportuna, me contuve de mencionar la cuestión de su -digamos-  “atractivo de naturaleza virtual” (si cabe el adjetivo calificativo en este caso), pese a que me sentía muy tentado de hacerlo. Noté asimismo que Bonifacio había preferido orientar su conversación hacia tópicos de interés filosóficos y generales, y que se había complacido especialmente en comentar muy al pasar el rápido progreso de las invenciones robóticas.

     -Profesor, me alegra mucho que piense así de nuestro Bonifacio -comentó Rosarito con alegre convicción-. Habitamos un mundo asombroso y transitamos la época más maravillosa de la historia de la humanidad. Fíjese, celulares y computadoras por todos lados y para todos los gustos; además de aviones, satélites, televisores, automóviles voladores, micros-sistemas que nos asisten todo el tiempo y nos rodean de confort y, como si fuera poco, también un cyborg perfecto que nos deslumbra y nos colma de orgullo. 

     -¿Espero que usted no esté enamorada de Bonifacio? -pregunté de pronto con una sonrisita, sin poder contener mis impulsos sentimentales-. Tamaña perfección quizá no da oportunidad para que en el plano amoroso un humano rivalice con él.

     -¡Profesor, cómo se le ocurre! -se sorprendió Rosarito-. Nuestro virtual Bonifacio es el hombre súper perfecto y lo perfecto no funciona en el amor. Solamente somos amigos.

miércoles, 9 de agosto de 2023

ROBERTO ALIFANO. 80 años de Literatura y difusión de Borges y otros escritores

Roberto Alifano, escritor (Foto Wikipedia)

Alifano (dcha), junto a Borges y Vaccaro


Julia Sáez-Angulo

10/8/23.- Madrid.- Literatura y periodismo. Creatividad literaria y divulgación. Libros, centenares de artículos, conferencias, participación en mesas redondas… El escritor argentino Roberto Alifano ha sido y es un gran comunicador de la literatura en el sentido más amplio, que va desde la creación propia a la difusión de la obra, no solo de Jorge Luis Borges ("haber conocido a Borges es como haber conocido a Shakespeare o Cervantes"), por su cercano y gran conocimiento del escritor y sus libros- sino de otros muchos autores, principalmente iberoamericanos, a los que ha conocido, tratado o leído en profundidad. Su amor a España, su historia y escritores, es manifiesto. El “Nulla dies sine línea” de Plinio el Viejo, es una realidad en Alifano.

Una lectura de su currículum abreviado nos da una idea sucinta de su valía y su peso específico:

Roberto Alifano es poeta, narrador, ensayista, periodista, dibujante y pintor. Nació en General Pinto, un pueblo del oeste de la provincia de Buenos Aires, en la Argentina. Desde muy joven empezó a escribir poesía y a dibujar. Antes de cumplir los veinte años empezó a viajar por su patria y por el mundo. En 1970 como corresponsal y testigo del gobierno que por la vía pacífica pretendió establecer el socialismo en Chile, se radicó en ese país, para cumplir la tarea de corresponsal de un diario argentino, conociendo allí a grandes escritores y artistas como Pablo Neruda (al que despidió en su funeral el 17 de septiembre de 1973), Violeta y Nicanor Parra, Enrique Lihn, Jorge Edwards y Volodia Teitelboim, entre otros. Al caer el gobierno de Salvador Allende fue detenido y expulsado por la dictadura de Augusto Pinochet; el motivo de la acusación era haber hablado en el entierro del poeta de Isla Negra. Entre 1974 y 1985 fue secretario de Jorge Luis Borges (aunque él lo niega y prefiere que se lo llame llamarse amanuense), con quien tradujo las Fabulas de Robert Louis Stevenson, poemas de Hermann Hesse, relatos de Lewis Carroll y otros autores no menos afamados. 

Entre sus libros destacan en narrativa, Diálogos con Borges, Twenty-four conversations with Borges, Borges biografía verbal (Premio de la Crítica Española, 1987), El misterio Shakespeare, Borges y la Divina Comedia, Borges diálogos esenciales, El Humor de Borges (1996), la novela biográfica Tirando manteca al techo (2010), Dante la otra comedia (2011), Yo, Dante Alighieri (2014) y los poemarios, De sueños y caminantes (1967), Revoque grueso (1972), Haikus y Tankas (1974), El espejo infinito (1977), Sueño que sueña (1981), Los números (1989), Donde olvidé mi sombra (1992), De los amigos (1997), Este río del invierno (1998), Alifano poesías (2004), El guardián de la luna (2005) y Cantos al amor maravilloso (2006). Roberto Alifano es Profesor Honorario de las universidades de Dusseldorf y Siracusa, además de académico de número del Instituto de Cultura de México. Desde 1988, dirige la revista literaria Proa, fundada en 1922 por Jorge Luis Borges. En 2006 se le otorgó el Premio Recorrido Dorado de la Sociedad de Distribuidores de Diarios, Revistas y Afines, en 1997 el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía y en 2013 el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores. Es candidato al Premio Cervantes de Literatura y al Gran Premio Princesa de Asturias. El Instituto de Cultura de México lo propuso en 2017 para el Premio Nobel.

El 21 de septiembre de este 2023, Roberto Alifano cumple 80 años y con este fausto motivo, merece un reconocimiento de quienes le conocemos y admiramos su trabajo. Leemos habitualmente sus trabajos, siempre literarios, en el diario “El Imparcial”, de ellos aprendemos siempre datos nuevos y singulares que el escritor nos proporciona. Recibirle en Madrid, cuando llega para impartir una conferencia o presentar un libro es siempre grato, un acontecimiento de amigos y admiradores de su cultura y erudición.

Le hemos escuchado hablar de Borges, junto a Alejandro Vaccaro, en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, AEAE; en la presentación de su libro en la Casa de América, por autores como Emilio Porta, Tomás Paredes y yo misma…  También nos vimos durante mi última estancia en Buenos Aires, junto al querido latinista Raul Lavalle…

De las columnas de Alifano hemos sabido más y mejor sobre Victoria y Silvina Ocampo, Bioy Casares, Pablo Neruda, Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez, Álvaro Mutis, Esteban Celedonio Flores, García Lorca, Góngora… El número de autores sería casi infinito.

Hace años que se menciona a Roberto Alifano como candidato al Premio Princesa de Asturias, sin duda el derecho a la ancianidad, con una magna obra de divulgación literaria detrás, influya en ese sentido. La difusión periodística es docencia pública y como señala Luis María Anson, el periodismo es también escritura literaria como lo ponen de manifiesto las plumas que firman columnas, artículos y reportajes. Cada género requiere su estilo.

Vaya, un poco por delante de la fecha de los 80 años, mi felicitación y agradecimiento a Roberto Alifano. La Sociedad Argentina de Escritores prepara un homenaje a R. Alifano, con motivo de ese aniversario. Se lo merece con creces.

Más información

https://lamiradaactual.blogspot.com/search?q=Alifano

jueves, 6 de julio de 2023

AUTORES EN BUSCA DE AUTOR (Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid)

A Partir del 19 de octubre de 2023


Roberto Alifano y J.L. Borges
Jesús Sánchez Adalid Ponencia inaugural
Miguel Ángel Quintana Paz Clausura

PROGRAMA

  Jueves 19 de octubre de 2023

10.00 Inauguración  
10.20 Jesús Sánchez Adalid Ponencia inaugural
  poesía
  lírica peninsular
11.15 Dra. Marta López Vilar. Universidad Complutense Aproximarse al nombre que calla: Dios y silencio en las "Elegies de Bierville" de Carles Riba.
11.45 Dr. Francisco-Julián Luján. Colegio Santa Francisca Javier Cabrini La huella de Dios en Hijos de la ira, de Dámaso Alonso
12.15 descanso  
  este europeo / modera  dra. Adriana Lastičová
12.45 Dra. Magdalena Aguinaga Alfonso. Profesora emérita de lengua y literatura española La poesía como testimonio de identidad en la Antología Encuentros: Cien poemas de Ucrania y Polonia
13.15 Dr. Ján Gallik, Constantine the Philosopher University in Nitra. Faculty of Central European Studies. Slovak republic Over the poetry of Pavel Strauss and Jan Twardowski
 
14.00 almuerzo
  nuevas perspectivas / modera  dra. María Caballero
16.30 Dr. Alejandro Martín Navarro. Universidad de Sevilla Teofanías románticas: las Canciones espirituales y los Himnos a la noche de Novalis.
17.00 Clara Lecadre, doctoranda. Centro de investigación: Université Bordeaux Montaigne (Burdeos, Francia) ¿Cómo definir la poesía mística en la actualidad?
 
17.15 Luisa Ripoll Alberola. Estudiante de Ingeniería industrial. Madrid. Una mirada digital a la antología de poesía religiosa de Ernestina de Champourcín.
  fe y agnosticismo
18.00 José Ignacio Peláez Dios en la poesía de Enrique García Maiquez
18.30 Dr. Antonio Barnés. Universidad Complutense María Elvira Lacaci: ascética y mística de una poetisa creyente
19.00 Roberto Alifano Dios y Borges

  Viernes 20 de octubre de 2023

  novela
  literatura inglesa
10.00 Dr. José Manuel Correoso. Universidad Complutense de Madrid El Dios crepuscular de la “trilogía final” de Flannery O’Connor
10.30 Dr. Alexandre Rodrigues Gomes / BRASIL. Universitat Abat Oliba CEU / Barcelona San Agustín en La Naranja Mecánica: ecos agustinianos en la novela de Anthony Burgess
11.00 Ana Belén Doménech García. Doctoranda. Humanidades de Albacete. Universidad de Castilla-La Mancha. «No estamos solos. El teísmo, agnosticismo y ateísmo presentes en la obra de H. P. Lovecraft»
  rusos
12.00 Dr. Ramón Moncunill Bernet La misericordia de Dios en la novela realista rusa del s. XIX: Dostoievski
12.30 Dr. Guillermo González Hernández. Doctoranda. Humanidades de Albacete. Universidad de Castilla-La Mancha. Stalker (1979) de Andrei Tarkovski y la desaparición de la fe en un mundo secular.
  literatura románica
16.30 Dra. Adriana Lastičová. Universidad Complutense Las (no)apariciones de Dios en la obra de Sylvie Germain
17.00 Dr. Samuel Rodríguez. Universidad Complutense Dios en la literatura de Angélica Liddell. Un camino de sacrificio y guerra interior
17.30 Dr. Juan Agustín Mancebo Roca. Universidad de Castilla-La Mancha “El Cristo prohibido de Curzio Malaparte”
  foro Newman / Stein
18.15 Francisco José Palenzuela Oca
  La montaña y el abismo: algunas descripciones literarias del gozo y el horror de la existencia.
19.00 Dr. Miguel Ángel Quintana Paz Clausura.  «Dios después de Dios. O de las advertencias literarias sobre la imposibilidad de un cristianismo sin Cristo».

miércoles, 26 de octubre de 2022

Casa de América: Presentación del libro "Macoco, el primer playboy” de Roberto Alifano

Roberto Alifano, escritor argentino



L.M.A.

27/10/22.- Madrid.- "Macoco, el primer playboy” libro del escritor argentino Roberto Alifano, publicado por la editorial Renacimiento, fue presentado en la Casa de América por los escritores Tomás Paredes, Emilio Porta, Julia Sáez-Angulo y Milagros Salvador.

Enrique Ojeda Vila, director de la Casa de América, que abrió el acto recordó los 30 años que lleva funcionando la Casa de América como lugar de fecundo encuentro y relación entre España e Iberoamérica, a través de sus escritores y otros autores culturales. Cristina Linares, representante de la editorial Renacimiento también tomó la palabra para destacar al autor y el libro presentado.

En sus intervenciones, Tomás Paredes y Emilio Porta resaltaron la brillante escritura y trayectoria literaria del autor de "Macoco, el primer playboy”, así como la amenidad de la vida narrada, un libro que participa de biografía, memorias y ensayo. Julia Sáez-Angulo se centró en la figura del playboy como arquetipo real, literario y cinematográfico y lo comparó con el Don Juan y el dandy. Milagros Salvador, por su parte, subrayó la situación social de Argentina y Europa para que se diera un personaje tan singular y extravagante como Macoco. 

Roberto Alifano, que sostuvo diversas entrevistas en vida con el personaje de su libro, comentó algunos extremos de la conducta de Macoco, un personaje que creía poder obtenerlo todo con el dinero y que terminó sus días de modo discreto en Argentina, como un buen lector, sin caer en el papel de un “viejo verde”, él que había tenido relaciones con numerosas mujeres como Rita Hayworth Claudette Colbert, Dolores del Río o Ginger Rogers. Se casó dos veces.

El coloquio estuvo muy animado y se destacó la parte positiva del playboy argentino Macoco (Martín Máximo Pablo de Álzaga y Unzue, (1901-1982) como deportista y participante en numerosas carreras automovilísticas en la "Carrera de la Milla", la "Carrera Internacional Montevideo/Punta del Este", el "Gran Premio del Automóvil Club Argentino", el "Gran Premio de San Sebastián" y las 500 Millas de Indianápolis. Fue uno de los pocos argentinos que participaron de ese evento deportivo. Con 23 años ganó un gran premio en Marsella.

Macoco también tuvo el mérito de llevar los caballos argentinos a competir en el hipódromo de París. 

    Por otro lado, fue un coleccionista de arte y tuvo como decoradora a la pintora polaca Tamara de Lempicka, quien le hizo un retrato.

Notas de Julia Sáez-Angulo para presentación

1. -El playboy es otro modelo de Don Juan, sui generis, hombre alegre, dispendioso, gastador, espléndido más que generoso, con su dinero para disfrutar y lucirse entre las damas, sin centrarse en ninguna de ellas. Disfruta de la mujer como hembra/trofeo, más que como amiga, compañera o esposa.  Macoco se casó dos veces, pero tuvo una pléyade de amantes.
2. Gregorio Marañón identifica a Don Juan Tenorio como el gran burlador de mujeres, un arquetipo de presencia universal, generado por una inmadurez biopsicosexual. La conducta donjuanesca no busca sexo sino el placer ocasionado por el sentimiento de autoafirmación gracias a la humillación femenina. El placer de la conquista. Marañón, autor de un grupo de psico-biografías de personajes históricos nacionales o internacionales, a mediados del siglo XX.
3. Ortega y Gasset en “Estudios sobre el amor” e Introducción a “Un Don Juan Tenorio”. Don Juan parece imaginado expresamente para irritar a la opinión pública, y ha de costarme gran trabajo convencer de su magnanimidad a los envidiosos. [...]La figura de Don Juan ha sufrido como ninguna el resentimiento de los malogrados. Los hombres le hemos envidiado siempre y las mujeres no se han atrevido a defenderle, porque ello equivaldría a revelar el secreto profesional de la feminidad.(…) Ante todo, Don Juan no es un sensual egoísta. Síntoma inequívoco de ello es que Don Juan lleva siempre su vida en la palma de la mano, pronto a darla. Declaro que no conozco otro rasgo más certero para distinguir un hombre moral de un hombre frívolo que el ser capaz o no de dar su vida por algo.(…)
La leyenda de Don Juan, más bien que una broma, es un terrible drama. La inminencia constante de la muerte consagra sus aventuras, dándoles una fibra de moralidad, y presta a sus horas como una vibración peligrosa de espadas. En el caso de Macoco no hay ningún riesgo de muerte por amores.
4. Un dandy es un arquetipo de persona muy refinada en el vestir, con grandes conocimientos de moda proveniente de la burguesía con una fuerte personalidad y poseedora de nuevos valores como la sobriedad o el uso de los avances traídos por la Revolución Industrial, que acabaría convirtiéndose en un referente para su época. De ahí deriva el dandismo, que nació en la sociedad inglesa y francesa principalmente. Los seguidores del dandismo contribuyeron a crear la moda masculina actual, así como el concepto de celebridad, el de derechos de imagen y el de tribu urbana. Macoco tenía su propio sastre, pero no parece que tuviera fama de elegante. Era sobre todo deportista
5. Macoco es el apelativo familiar que le dio su padre (Macoco es un mamífero como el antílope y un antiguo reino de África con caníbales, pero el apelativo no iba por ahí).
6. Giacomo Casanova, Lord Byron o el conde de Saint Germain para italianos, británicos y franceses son prototipos de seductores de mujeres. “El gran Gatsby” de Scot Fitzgerald se inspiró en Macoco; autor y playboy eran amigos.

7. Los playboys son coleccionistas de hembras, más que de mujeres. Quizás en el fondo, como buenos picaflores, no les satisface ninguna mujer y el playboy tenga problemas de identidad sexual, como apuntaban Ortega y Gasset y Gregorio Marañón en sus ensayos sobre “Estudios sobre el amor” o “Don Juan”.
8. El automóvil tenía también un gran atractivo y gancho para las mujeres en los primeros del XX. Y no digamos para los hombres. Algunas mujeres afirman que el automóvil es la prolongación de la virilidad de un hombre de pro. (Grand Prix Marsella 1924 con un Sunbean, record de velocidad)
9. A Macoco le preguntaron en cierta ocasión: "¿Qué se necesita para ser un playboy?" Él respondió: "Tener mucha plata, cultura, amistades, simpatía, decencia y, sobre todo, mundo; un playboy no es tal hasta que participe de un safari africano y pegue una vuelta al mundo en el yate de un príncipe hindú". 
10. -El playboy como Macoco tiene algo. mucho más bien, de arquetipo literario y cinematográfico, porque es un Don Juan especial. Resulta atractivo como personaje o protagonista de un libro o una película. Y esa faceta hace olvidar sus logros de deportista
11. En la película “Desayuno con diamantes” de Audrey Hepburn también aparece un playboy iberoamericano, concretamente brasileño, que representa José Luis Villalonga. Un personaje con el que la protagonista sueña fugarse a Sudamérica, pero que acaba desapareciendo, como corresponde a un buen playboy.
12. Hay otro playboy hispano-americano célebre: el dominicano Porfirio Rubirosa (1909-1965) fue diplomático, militar, piloto automovilístico y jugador de polo. Automóvil y estilo caballeresco como armas de seducción. Bien dotado en su masculinidad, pero, curiosamente, hombre estéril. Persistencia para la conquista. Un cazador con empeño y ciertos toques de cinismo. Su primer matrimonio fue con la hija del dictador Trujillo.
 Rubirosa coincidió en relaciones y conquistas con Macoco, ya que en su colección de mujeres también estuvo Dolores del Río y Rita Hayworth. De sus esposas recibió grandes regalos inmobiliarios. En el caso de Macoco fue al revés: el financiaba películas de algunas de las actrices que figuraban en su conquista.
13. El playboy colecciona bellezas o mujeres famosas. Y ellos son a veces coleccionados, como hizo Barbara Hutton, playgirl, con Porfirio Rubirosa, playboy diplomático dominicano, que recibió propiedades de ella como regalos. El playboy suele ser un dandy, puede ser a veces, un advenedizo en sociedad que colecciona mujeres para su propia leyenda.
14. Como personaje real, el playboy puede resultar atractivo pero inconsistente en el amor. Un hombre ráfaga sin más.
15. El playboy adinerado como Macoco atrae y hace negocio con los políticos y mandatarios, además de mafiosos, (el cabaret Morocco con Al Capone es un ejemplo de Macoco) que no los desdeñan en este campo. Perón y De Gaulle trataron de negocios con Macoco, incluso con intercambios singulares. El playboy rico atrae a las mujeres y a los personajes del poder político.
16. Hoy también hay playboys, coleccionistas de efebos, aunque suelen ser más discretos, porque todavía les cuesta salir del armario en este campo.
17. Macoco ha tenido estela. Dos de las mejores cosas que quedan de Macoco fue un retrato que le hizo Tamara de Lempicka y la novela de Scott Fitzgerald “El gran Gatsby” (1925), que fue llevada al cine en 2013, interpretada por Leonardo di Caprio
18. Se sabe que la belleza es un activo en sociedad, pero ciertamente también el patrimonio personal provoca un atractivo entre las personas. El dinero, la plata atrae, porque es fungible en los más diversos deseos. Y como recordaba una abuela de película a su nieto: “Hay que cuidarse de los pobres, porque la pobreza es contagiosa”.
19. Como Roberto Alifano ha vendido los derechos a Netflix es probable que veamos pronto una serie sobre la vida de Macoco, más real que la de “El gran Gatsby”.
20. Adquirir el libro, porque, además de una historia entretenida y bien escrita, una buena edición como acostumbra la editorial Renacimiento.
21. Los playboys también se jubilan o los jubilan. Y quizás al final de sus días, en la soledad de su retiro de hombre mayor lector, Macocó pensó lo que declaró en cierta ocasión Rita Hayworth: “Fue lindo mientras duró” o Macoco fue playboy mientras duró la plata. Se retiró con discreción en su vejez.


Más información

https://lamiradaactual.blogspot.com/2022/10/roberto-alifano-autor-del-libro-macoco.html

https://www.larazon.es/andalucia/20220621/7cpftdlmovhrppwcjqq67mwqfm.html

NOTA BENE.- La Casa de América, institución oficial, no facilitó,  en esta ocasión al menos, el acceso por el ascensor de la entrada del jardín, a persona con dificultad en la movilidad y el conserje obligó con severidad a hacerlo, regresando por la puerta principal, que cuenta con dos tramos de escaleras dificultosas antes de llegar al primer ascensor en el rellano.


lunes, 17 de octubre de 2022

ROBERTO ALIFANO, AUTOR DEL LIBRO “MACOCO, EL PRIMER PLAYBOY”, EDITADO POR RENACIMIENTO


Roberto Alifano en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, octubre 2022 (Foto: Juan Pablo Tejedor. "El Imparcial")


L.M.A.
        17/10/22.- Madrid.- Cuando a Rita Hayworth le reprocharon que solo se enamoraba de hombre ricos, ella alegó, que solo se enamoraba de hombres alegres y con buen humor, y no había conocido a ningún hombre pobre que fuera alegre y tuviera sentido del humor. Ella fue una de las conquistas de Macoco, el primer playboy de la saga, cuya vida ha fabulado el escritor argentino Roberto Alifano (Buenos Aires, 1943), en el libro, "Macoco, el primer playboy", publicado por la editorial Renacimiento, que se presentará en la Casa de América en Madrid, el próximo día 26 de octubre.

    Descendiente de una de las familias más ricas de la América Hispana, considerado como el primer playboy y el que dio nombre a esa expresión y como el auténtico Gran Gatsby, inspirando a Scott Fitzgerald a crear su famoso personaje, Martín Máximo Pablo de Álzaga Unzué (1901-1982), fue un personaje famoso que supo vivir a lo grande, bien a lo grande. Fue educado en un colegio británico de Londres, cursó luego sus estudios en la Universidad de la Sorbona y fue el precursor del automovilismo deportivo en Europa, ganando en Europa un Gran Prix de Marsella. 
    Aunque la noche de Buenos Aires empezó siendo su centro juvenil de operaciones; lo fueron luego París, Londres, Nueva York y Beverly Hills. Su leyenda incluye romances con refulgentes estrellas de cine, como Rita Hayworth, Claudette Colbert, Dolores del Río o Ginger Rogers. Entre sus conocidos estaban Onassis, Howard Hughes, Greta Garbo, Al Capone, Perón, Clark Gable, Errol Flynn o Gardel. Corrían los alocados años de la belle époque y Macoco, riquísimo heredero, se mostraba exageradamente pródigo en el modo de gastar su dinero; es tan así que dicen que fue él quien en París motivó la frase de Sacha Guitry: «Il est riche comme un argentin» (es rico como un argentino). 
    Otros dicen que la «ambición de toda mujer francesa era tener un perrito pequinés y un amante argentino», cuyo modelo era nuestro personaje. Ameno, divertido, lleno de ricas situaciones, la mayoría de las anécdotas han surgido del relato oral y son tramos de las conversaciones que el autor mantuvo con Macoco.

miércoles, 29 de diciembre de 2021

CRÓNICAS ARGENTINAS XV.- De Roberto Alifano, Raúl Lavalle, Victoria Ocampo, Ramón Gómez de la Serna o Bernardino Rivadavia

Roberto Alifano y Raúl Lavalle en el café Josephina
Roberto, Julia Sáez-Angulo y Raúl Lavalle


Julia Sáez-Angulo

Fotos: Adriana Zapisek

29/12/21.- Buenos Aires.- A veces, una presencia foránea ayuda a los amigos a verse. Es el caso de los escritores Roberto Alifano y Raúl Lavalle, que llevaban cierto tiempo sin coincidir y mi presencia en Buenos Aires propició un encuentro a tres en el Café Josephina, cerca de la Sociedad Argentina de Escritores, SADE, presidida por Alejandro Vaccaro. Allí recordamos a los escritores Milagros Salvador y Emilio Porta, que están en Madrid y aman Buenos Aires.

Los escritores, los buenos escritores hablan de literatura y eso fue lo que hicimos los tres, de cinco a siete de la tarde, recordando libros, colegas, presentaciones, encuentros… Alifano, autor de más de 60 libros, estuvo cerca de un proyecto editorial, “La botella al mar” sobre españoles en Argentina, donde se encontraban entre otros el pintor/ilustrador Luis de Xeoane, y el académico Marco Denevi, entre otros. ¡Había tantos españoles en Buenos Aires!: Ramón Gómez de la Serna, José Ortega y Gasset o Rafael Alberti, entre otros. El proyecto no cuajó, por razones que no vienen al caso, pero el dato está aquí.

Hablamos de todo ello, de la personalidad arrolladora y cautivadora de Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), un showman allí donde se presentaba. Un seductor. Alifano lo recordaba en la presentación del libro de una poetisa (“Conozco muchas poetisas, pero solo a tres mujeres poetas”, decía Pablo Neruda), junto a su mujer Luisa Sofovich, una mujer judía argentina que, en altura, sacaba la cabeza a su marido español. Ramón se hizo notar; llegó tarde y fue invitado a subir al escenario, pero él dijo que lo haría desde su butaca, aunque al final acabó subiendo y cosechando aplausos.

Ramón, que publicó su biografía en “Automoribundia” (1948), en 51 capítulos, falleció en Buenos Aires y junto a Luisita estuvo sepultado en el cementerio de Recoleta, pero al poco tiempo se llevaron sus restos a Madrid, algo que no estuvo bien, porque dejaron aquí los restos de su esposa y los separaron. Ramón reposa hoy en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid, propiedad de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, AEAE.

Roberto Alifano es una enciclopedia de vivencias junto a escritores en Argentina y fuera de ella. Hablamos, por supuesto de Borges, de Victoria Ocampo (1890-1979) y sus diversas casas. Alifano estuvo en la que ella tenía de madera para invitados en Mar del Plata, cuando él asistía como corresponsal al festival de cine. Victoria y Alifano iban juntos a los estrenos. Dicen que el filósofo Ortega y Gasset se enamoró de ella, comenté. “De ella se enamoraba todo el mundo, porque era una mujer muy atractiva”, replicó Alifano.

“Pero la que tenía ingenio literario era su hermana Silvina Ocampo, esposa de Bioy Casares. Sus poemas y cuentos son dignos de releerse. Victoria era más bien una mujer desenvuelta, elegante y pionera de muchas cosas. Conoció y trató a Mussolini en Roma y se llevaban bien, hasta que el líder del fascismo le habló de que la mujer debiera quedarse en casa cuidando al esposo y a los hijos. Victoria no aceptaba ese único papel y se distanció del italiano.

Del que Alifano y Lavalle hablaron largo y tendido fue del peculiar escritor Bernardino Rivadavia, muy amigo de ambos. “Era un niño grande”, decía Alifano. “Tenía una biblioteca inmensa en un espacio pequeño y los libros sobresalían por el techo”, añadía Lavalle. “Bernardino vivía con su padre y hermana, con la que no se llevaba muy bien”. “Sabía mucho de literatura policial, pero sus cuentos no iban por ahí. Un amigo común nos hizo comisarios honorarios ambos”, contaba Alifano. “Se entusiasmaba comprando libros singulares en librerías de viejo”. “En Francia me despertó a las cuatro de la mañana, para que me asomase por la ventana y viera en la plaza una iglesia tachonada de estrellas como en el cuadro de Van Gogh. Era insólito”...

Alifano hizo con él un viaje hasta Cerdeña, lugar de origen de los ancestros comunes, también del lado paterno del presidente Juan Domingo Perón, algunos lo llamaban “el sardo”, oriundo de la familia Piras que, al parecer, cambió el apellido. Todo está en tinieblas.

En la conversación fue saliendo el nombre de don Enrique Larreta. ¡Hay que reivindicar a Larreta!, dijo Alifano con énfasis. Lavalle me recomendó su museo (Buenos Aires tiene decenas de museos monográficos a lo que no voy a poder alcanzar en un mes). He quedado en ir a visitarlo con las pintoras Cristina Santander y Adriana Zapisek, la primera conoce a la conservadora jefe del museo. Del autor de “La gloria de Don Ramiro” escribiré una crónica, porque esa novela sobre Ávila, es insuperable y me impactó por su belleza a mis veinte años.

    De pronto se levantó una dama de la mesa de al lado en el café y nos dijo:

-He disfrutado mucho escuchándoles  a ustedes. Era inevitable, añadió como para excusarse.

      La dama resultó ser sobrina del historiador argentino Isidoro Ruiz Moreno. Lavalle le obsequió con unos versos escritos en latín en una octavilla, que la dama agradeció entusiasmada.

Sonreímos y le pedimos que nos sacara unas fotos para recordar el momento. Fue una tarde grata, que acabó con un paseo en automóvil, un Chevrolet negro y reluciente, de Roberto Alifano. Pasamos por delante de alguna de las casas en las que vivieron Borges, Bioy y Silvina, el Museo de la Arquitectura, el magnífico Palacio de Barolo (1923), inspierado en la Divina Comedia del Dante. Una singularidad y rareza con leyenda incluida. Está en la avenida de Mayo, un edificio ecléctico del modernismo con acentos neogóticos, del arquitecto Mario Palanti, tanto o más célebre que Thays en Buenos Aires… Palanti construyó también el gemelo del Barolo, en palacio Salvo en Montevideo. Ambos rivalizan en altura.

La capital argentina goza de casas señoriales excelentes, ahora muy protegidas, después de años de especulación y derribo. Una lápida en la vereda destaca muchas de ellas: "Casa protegida". Si se construye una torre en su espacio, ha de respetarse su fachada y me temo que más bien la carcasa, como si la arquitectura fuera solo fachada. Son los signos de los tiempos.

        Al pasar por la calle Guido, recordamos a la escritora Beatriz Guido (1922-1998), que fue agregada cultural activa en la embajada argentina en España. Ella y Sol Durini en su cargo diplomático, han sido las más relevantes y representativas en el mundo de la cultura en Madrid. Echamos de menos su actividad. Desde que se fueron, nada fue igual en la embajada. Beatriz Guido fue esposa de Leopoldo Torres-Nilsson, con quien colaboró en guiones de cine.

    Lavalle parte de vacaciones a Mar del Plata, mientras que Alifano y yo hemos quedado en vernos otro día. A él y a mí nos gusta la fabulación tanto o más que el periodismo, aunque procuramos no aplicar la  máxima cínica: "No dejes que la realidad te arruine una buena crónica".

Alifano y Lavalle
Julia Sáez-Angulo (2021)
Alifano, Julia y Lavalle
Palacio Barolo (Buenos Aires), inspirado en la "Divina Comedia de Dante Alighieri

sábado, 20 de junio de 2020

Evocando a Macedonio Fernández



Macedonio Fernández


Roberto Alifano

           21.06.2020 .- Buenos Aires .- Si me preguntaran a qué personajes de la literatura me hubiera gustado conocer no dudaría en mencionar a Miguel de Cervantes y a Quevedo y, más cercano a nuestra época a Miguel de Unamuno, Leopoldo Lugones y Macedonio Fernández; la lista, por supuesto es más extensa, pero dejémosla ahí. A los dos últimos mencionados los conocí por interpósita persona. Conversé mucho con Borges sobre Lugones y Macedonio. Del primero Borges no había sido amigo debido a que Lugones era un hombre complejo y casi intratable. La relación no pasó de un apretón de mano y una breve conversación. Macedonio, todo lo contrario, era un hombre de amigos, ameno, de fácil trato y diálogo amable.  
Decía Borges que esa amistad y ese culto de Macedonio Fernández eran una preciosa herencia recibida de su padre, el doctor Jorge Guillermo Borges, que tenía más o menos la misma edad de Macedonio. Ambos, abogados e idealista, habían fundado, hacia principio del siglo XX, una colonia anarquista en una perdida isla del río Paraná, muy cerca de la provincia de Misiones. Allí, junto a otros adeptos, residieron un par de meses, alejados de la gran aldea y del capitalismo incipiente de Buenos Aires. En esos intentos de Macedonio y Borges padre estaba el ideal de compartir el pan y de que nadie fuera explotado. Fracasaron. No por una cuestión ideológica ni política, sino por la inutilidad de dos hombres de ciudad frente al trabajo manual y a la áspera naturaleza de la región.
Todo artista, al tiempo que es un artífice suele ser un personaje. Sucede que en algunos casos el personaje prevalece sobre el artista y lo eclipse. Este, quizá, haya sido el caso de Macedonio Fernández, cuya presencia, riquísima en sabias anécdotas y dichos memorables, sigue prevaleciendo sobre su obra escrita. Lo cual no ha impedido que sus textos, de naturaleza inclasificable, hayan ejercido una gran influencia sobre la literatura argentina posterior. Era un hombre de genio.
Para Borges, sin embargo, Macedonio era menos un escritor que un pensador y bohemio. “Escribir no era su tarea -me dijo en una de las tantas conversaciones que mantuve con él-. Vivía para perderse en los laberintos de la metafísica, y como el nadador en un gran río le encantaba abandonarse a esas sorpresas y vicisitudes. Yo diría que no le daba ningún valor a su palabra escrita, o que poco la tenía en cuenta; al mudarse de alojamiento, solía olvidar sus papeles de índole literaria que se habían acumulado sobre la mesa y llenaban los cajones y armarios de la habitación que ocupaba”. Es probable que aunque escribir no le costara el menor esfuerzo muchos de esos borradores de Macedonio se perdieran irreparablemente.
Yo recuerdo haberle reprochado esa distracción a Macedonio -prosiguió Borges-; y él me dijo que suponer que podemos perder algo es una soberbia, ya que la mente humana es tan pobre que está condenada a encontrar, perder o redescubrir siempre las mismas cosas. Con los años he llegado a aceptar esa verdad”.
Durante buena parte de la década de 1930, Macedonio Fernández presidió una entusiasta tertulia en el café “La Perla” del barrio de Once, a la que acudió algunas veces Ramón Gómez de la Serna, que fue uno de sus grandes amigos y biógrafo, y con el que mantuvo una correspondencia que duró hasta la muerte de Macedonio. “Para los concurrentes habituales no era otra cosa que la víspera de la noche del sábado -evocaba Borges con nostalgia-. Norah, mi hermana, nos llamaba ‘los macedonios’. El encuentro empezaba a las nueve y se dilataba hasta el alba. Macedonio hablaba como al margen del diálogo, y, sin embargo, el diálogo era su centro. Trataba siempre de ocultar, no de exhibir, su inteligencia extraordinaria. Prefería el tono interrogativo, el sabio tono interrogativo de modesta consulta, a la afirmación categórica o magistral. Jamás pontificaba; su elocuencia era de pocas palabras y hasta de frases truncas. Usaba un tono habitual de cautelosa perplejidad y solía atribuir sus ideas a la persona que tenía a su lado. Creo poder remedar, pero no definir, esa voz llana, enronquecida por el tabaco, que girando la cabeza decía a quien estaba a su lado: ‘seguramente vos habrás pensado…’, y luego una reflexión original que el otro ni imaginaba. De su persona, yo recuerdo la vasta frente, la melena gris y el bigote gris, los ojos de un color indefinido, su apariencia breve y casi vulgar. El cuerpo era para Macedonio casi un pretexto para el espíritu. Una vez me dijo que un hombre podría vivir eternamente si respondía a los dictámenes del alma. Su simpatía por lo francés era imperfecta y divertida; de Víctor Hugo llegó a enfatizar con estas palabras cuando alguien se lo mentó: “Salí de ahí con ese gallego insoportable. El lector se ha ido y él sigue hablando”. A los españoles prefería juzgarlos por Cervantes, que era uno de sus dioses, y no por Gracián o por Góngora, que le parecían unas calamidades.”
Tuve también la felicidad de conocer y tratar durante un largo tiempo al entrañable Adolfo de Obieta, uno de los cuatro hijos de Macedonio y el principal exégeta de su obra. Adolfo era un hombre más bien tímido y prudente, con un particular sentido de la observación. Estando de visita en Buenos Aires Nicanor Parra, comimos con él y ambos se entendieron de maravillas. Nicanor era un devoto de Macedonio y no paró de hacerle preguntas sobre su vida y obra. Los recuerdos que Adolfo tenía de su padre mezclaban a veces lo entrañable con lo distante. Siendo él y sus hermanos muy chicos, falleció Elena de Obieta, la madre y Macedonio los dejó a cargo de las tías. “Él nos venía a ver todas las semanas, pero no fue el padre que yo y mis hermanos deseábamos. Crecimos sintiéndolo una figura distante”. Ya grandes sus hijos, Macedonio mantuvo una actitud cercana, pero no filial. Su manera de vida era la soledad de una habitación de hotel.
El más cercano de los hijos de Macedonio fue siempre Adolfo. En uno de sus escritos, su padre señala en un párrafo algo que acaso es profético: “Querido hijo Adolfo, de mis cuatro hijos santos y encantadores, debiste ser vos el que me acompañara más con un afecto tan dulce y paciente y con una colaboración tan grande y tan modesta durante largos años, con tanto aporte de tus penetrantes hallazgos en arte, en sociología, en psicología, y en mi asunto predilecto, el metafísico; te dejo, por si no consigo adelantar más este último tópico, mis indicaciones de bases o métodos (hasta que) nos reunamos o comuniquemos en el nuevo modo de conciencia futura”.
Quienes tuvimos el privilegio de tratar a Adolfo de Obieta apreciamos siempre su discreción casi extrema. Intentaba pasar inadvertido, como para hacerse disculpar por su innegable talento de ensayista y poeta. Era un hombre hecho de buen sentido, tacto, comprensión y generosidad. Si algo no le gustaba, prefería callar, pues valoraba el hondo sentido de la palabra, que solía aplicar en sus escritos con agudeza, ironía sutil, sensibilidad exquisita y una sabiduría envidiable. Sus ensayos tenían siempre la doble virtud de deleitar y enseñar, lo que le confiere un sentido ejemplar a su escritura. Adolfo de Obieta gozó merecidamente del reconocimiento de sus pares y llegó a ser miembro de la Academia Argentina de Letras.
Volviendo a Macedonio agreguemos que su actividad mental era incesante y siempre original, aunque poco le interesaba, como ya señalamos, divulgarla. Seguía, por lo general, la línea de su pensamiento de modo imperturbable y poco o nada le interesaban las confirmaciones ni las refutaciones ajenas. Quizá cometía el error de atribuir su inteligencia a todos los hombres; en especial a los argentinos, que constituían para él sus más frecuentes interlocutores. Fue amigo de Leopoldo Lugones, a quien más consideraba literariamente; pero, según Borges alguna vez le comentó: “No entiendo por qué Leopoldito, a pesar de sus muchas lecturas y de su indiscutible talento, no se decide aún a escribir un buen libro”. Es sabido que Lugones, que carecía del sentido del humor, indudablemente se habría irritado de haber oído aquella broma inofensiva. El mecanismo de las bromas de Macedonio, según algunos interlocutores se asemejaba al de Mark Twain.
Fue ese humor el que llevó a Macedonio (como a Vicente Huidobro en Chile), a candidatearse para presidente de la Argentina; sin la mínima posibilidad de conseguirlo, por supuesto. Esa campaña, casi secreta, era otra suerte de broma a la que adhirieron sus amigos y discípulos, que quizá no pasaban de una docena. Para desarrollar el plan de gobierno, Macedonio citaba a sus prosélitos en una confitería del centro, mientras insistía, con toda razón, en la falta de proyectos que se observaban en el país: “Hay 300.000 sufragios sin compromiso ni orientación que esperan una idea”, le confesó a Borges. “Esos serán mis adherentes… Mirá, che, muchas personas se proponen abrir una cigarrería y casi nadie ser presidente”. De ese rasgo estadístico deducía Macedonio que es más fácil llegar a ser presidente que dueño de una cigarrería.
Por desgracia su cálculo falló. Una tragedia personal interrumpió la insólita actividad política de Macedonio. En mayo de 1920 murió imprevistamente su esposa, Elena de Obieta, a la que dedicaría Elena Bellamuerte y otras elegías que se cuenta entre los más sentidos volúmenes de poemas amatorios de la literatura argentina.
Y te dormiste en Inocente victoria. / ¿Te dormiste? Palabras no lo dicen. / Fue sólo un dulce querer dormir, / fue sólo un dulce querer partir / pero un ardiente querer atarse / pero un ardiente querer atarme. / ¿Dónde te busco alma afanosa / alma ganosa, buscadora alma? / Por donde vaya mi seguimiento / alma sin cansancio seguidora / mi palabra te alcance…
Macedonio Fernández nació en la ciudad de Buenos Aires el 1 de junio de 1874 y murió en la misma ciudad el 10 de febrero de 1952. En su entierro el único orador fue Jorge Luis Borges. Cuando se retiraban del cementerio, Manuel Mujica Lainez se le acercó para decirle: “Georgie, quizá sin que te lo propusieras, nos hiciste llorar y reír a todos. ¡Qué feliz se habrá sentido Macedonio!”.