lunes, 19 de enero de 2026

“LOS TRES MOSQUETEROS”, novela de aventuras de Alejandro Dumas, con prólogo de Pérez-Reverte e ilustraciones de Ferrer-Dalmau




L.M.A.

          19/1/26.- Madrid.- En el corazón del París del siglo XVII, un joven gascón llamado D’Artagnan llega decidido a convertirse en mosquetero del rey. Pronto se cruza con Athos, Porthos y Aramis, tres espadachines inseparables con los que compartirá duelos, intrigas y un juramento eterno: «Todos para uno y uno para todos».

Entre conspiraciones urdidas por el cardenal Richelieu, secretos de la reina Ana de Austria y la sombra letal de Milady de Winter, la aventura se despliega como un torbellino de honor, pasión y traiciones. Alexandre Dumas convierte la amistad y la lealtad en un himno tan vibrante como el acero que choca en cada duelo.

Más que una novela de capa y espada, Los tres mosqueteros es una celebración de la camaradería, del valor y del poder de soñar con gestas imposibles. Una obra inmortal que ha marcado a generaciones de lectores y que sigue cabalgando, ágil y deslumbrante, al ritmo del acero y la palabra.

Características de la edición de estos libros

«Disfruta de nuestra colección en tono rústico, con una faja característica y exclusiva, traducciones nuevas o cuidadosamente revisadas y actualizadas, aderezadas con brillantes prólogos de un escritor universal, Arturo Pérez Reverte, y cubiertas de nuestro pintor de batallas, Augusto Ferrer-Dalmau.»

El azul turquesa es el color de la lealtad, la amistad y la claridad de espíritu. Evoca la frescura del aire libre, el fulgor del acero bajo el sol y la confianza que nace en medio de la batalla. Históricamente, los tonos azules han estado ligados tanto a la nobleza como a la devoción, y aquí simbolizan la unión indestructible de los mosqueteros, su juramento de honor y su fuerza colectiva frente a la intriga y la traición. Es también el color del ideal juvenil de D’Artagnan, del arrojo y de la aventura, un tono que ilumina el relato con energía, dinamismo y esperanza. Como el lema inmortal de sus protagonistas, este azul no se doblega: brilla con la intensidad de una amistad que atraviesa el tiempo y permanece invicta.

Arturo Pérez-Reverte firma, en el prólogo de Los tres mosqueteros, una pieza singular y sorprendente: no es un prólogo al uso, sino un breve relato en el que hace coincidir en el tiempo y en la ficción a Alejandro Dumas y al capitán Alatriste. Con humor, ingenio y un guiño cómplice a los amantes de la literatura de capa y espada, Pérez-Reverte traza un puente entre dos mundos que comparten la épica del honor, la aventura y la amistad. Así, más allá de la Francia del cardenal Richelieu, esta obra se convierte en un diálogo atemporal sobre la lealtad, el valor y el poder de la imaginación.

        Valores Representados

Honor: no como una formalidad vacía, sino como la medida de los actos que definen a un hombre. Es el principio que guía cada duelo, cada juramento y cada decisión de los mosqueteros.

Lealtad: hacia los amigos, hacia la reina y hacia un ideal de fraternidad. Es la fuerza que sostiene el lema «Todos para uno y uno para todos» y que mantiene unidos a los protagonistas frente a cualquier adversidad.

Valor: no solo el de enfrentarse con la espada en la mano, sino también el de arriesgar la vida por la justicia, la amistad o el amor. El coraje en la obra se entiende como entrega total.

Amistad: un vínculo inquebrantable que trasciende las diferencias personales. La camaradería entre D’Artagnan, Athos, Porthos y Aramis es el verdadero motor de la historia y uno de los grandes legados de la novela.

Amor: capaz de inspirar gestas heroicas, pero también de desencadenar pasiones destructivas. En Los tres mosqueteros, el amor aparece en su doble rostro: luminoso en Constance, oscuro y letal en Milady.


¿Y si descubrieras que la verdadera fuerza no está en la espada de un hombre, sino en la unión de varios?

          Los tres mosqueteros no es solo una novela de aventuras: es el relato de un joven gascón, D’Artagnan, que llega a París en busca de gloria y termina encontrando algo mucho más grande: una hermandad. Athos, Porthos y Aramis no son héroes perfectos ni caballeros impecables, sino hombres de carne y hueso, con pasiones, secretos y contradicciones, unidos por un juramento que trasciende cualquier ambición individual.

    La historia brilla con intrigas cortesanas, conspiraciones letales y duelos memorables, pero va más allá: celebra la amistad, el honor y la lealtad en un mundo donde el poder suele jugar sucio. Es una novela para quienes creen que el compañerismo puede ser más fuerte que la intriga, que la risa compartida es tan épica como una batalla, y que el valor no siempre se mide en victorias, sino en la capacidad de mantenerse fiel.

    Si cautivaron Scaramouche, El conde de Montecristo o sueñas con historias donde el acero refleja tanto la luz del sol como la de la amistad, Los tres mosqueteros es tu libro. Porque sigue tan vibrante como en el siglo XIX. Porque es ágil, divertido, emocionante… y porque, con su lema inmortal, nos recuerda que «Todos para uno y uno para todos».

    Leer Los tres mosqueteros es redescubrir que la aventura no siempre se libra en soledad: a veces, se vive hombro con hombro, alzando la espada… y confiando en que alguien luche a tu lado.

    Narrador prolífico, dramaturgo ingenioso y figura indiscutible del folletín decimonónico, Alexandre Dumas nació en 1802 en Villers-Cotterêts (Francia), hijo del general Thomas-Alexandre Dumas, héroe de las guerras revolucionarias y de origen antillano. Desde joven mostró un talento excepcional para el teatro y la narración, que pronto lo situó en el centro de la vida cultural parisina.

    Convirtió el folletín en un fenómeno de masas y la novela de aventuras en un género universal. Admirador de la historia y del drama romántico, Dumas supo mezclar realidad y ficción en relatos vibrantes, de ritmo trepidante y personajes inolvidables. Los tres mosqueteros (1844) marcó su consagración mundial, a la que siguieron obras igualmente célebres como Veinte años después, El vizconde de Bragelonne o El conde de Montecristo.

    Dumas murió en 1870, pero sus novelas siguen vivas en el imaginario colectivo gracias a su humor, su emoción y su incomparable capacidad para narrar la épica humana. Porque, como todo gran maestro de la aventura, entendió que la literatura no solo entretiene: también forja mitos que atraviesan generaciones.


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