martes, 14 de julio de 2026

INSTITUTO OFTALMOLÓGICO NACIONAL, REFERENTE EN INVESTIGACIÓN. La actividad y el oficio de ver y mirar. La satisfacción de leer la letra impresa o en pantalla

Instituto Oftalmológico Nacional


Julia Sáez-Angulo

15/7/26.- Madrid.- Hay una tradición entre los periodistas madrileños de escribir agradecidos sobre los médicos que han curado sus males. Yo no voy a ser una excepción con el oftalmólogo Nicolás López Ferrando del Instituto Oftalmológico Nacional, edificio de una arquitectura del XIX, que me ha interesado particularmente. 
    Ubicado en la calle General Arrando 17 de Madrid, el Instituto Oftálmico es el centro pionero de oftalmología en España. Construido en 1896 e inaugurado en 1902, funciona en la actualidad integrado en el Servicio Madrileño de Salud, del Hospital Gregorio Marañón, y es un referente en la sanidad pública
    Fundado con el legado benéfico de Francisco de las Herrerías, el histórico edificio ecléctico, diseñado por José Urioste, revisa hoy la vista de unos 6.000 pacientes al mes. Fue impulsado en el siglo XIX por el Dr. Francisco Delgado Jugo, y desde entonces ha sido un pilar en la investigación, tratamiento de heridos de guerra y asistencia médica oftalmológica.
    El antiguo Instituto Oftálmico, como Institución Benéfica, fue fundado en 1872, por la apenas conocida reina María Victoria , esposa de Amadeo de Saboya, conocida como "la reina de las lavanderas", porque se ocupó de mejorar su status laboral. Su consulta se instaló en el edificio del Colegio de las Niñas de Loreto, que estaba en la calle de Atocha. En 1903, se trasladó de modo definitivo a su actual y flamante sede. En origen se le conocía popularmente como 'el asilo de Amadeo'
    Mi cirujano fue el doctor Nicolás López Ferrando, hombre cordial y seguro, de esos médicos cuya tranquilidad empieza ya a curar antes incluso de la intervención. Él ejerce también la docencia universitaria en la Complutense y la de Francisco de Vitoria. 
    La intervención transcurrió con precisión admirable. Antes de entrar en el quirófano, varias enfermeras preguntaban repetidamente si padecía alergias, si había permanecido en ayunas y si había seguido correctamente todas las indicaciones. La insistencia puede parecer excesiva, pero en medicina nunca sobran las comprobaciones.
    Todos vestían un llamativo uniforme de color naranja. No pude evitar pensar en esos presos norteamericanos que aparecen en tantas películas con ese mismo color. Una enfermera sonrió al advertir mi perplejidad.
    —Antes íbamos de verde, después, algunos de azul y, más adelante, decidieron que era mejor este color tan visible como el naranja. Parece que se pensó para que nadie abandonara así el área quirúrgica, pero seguimos saliendo cuando hace falta —me explicó la enfermera.
    La lógica siempre encuentra el camino para imponerse a los reglamentos.
    La cirugía de cataratas apenas dura unos minutos. Lo verdaderamente laborioso comienza después: las gotas administradas con puntualidad, el descanso, dormir con la cabeza ligeramente incorporada, evitar esfuerzos y tener paciencia. Es una operación propia de la tercera edad, una de esas intervenciones que devuelven calidad de vida sin hacer ruido.
    Muchos amigos que ya han pasado por ella me han advertido entre bromas:
    —Prepárate. Cuando vuelvas a verte  en el espejo, no te vas a reconocer. Las arrugas aparecen multiplicadas.
    Yo siempre les respondo que las arrugas ya las conozco de sobra. Pero ellos insisten:
    —No, no. Ahora las verás como auténticos surcos. Y lo peor es que también vas a ver surcos en nuestras caras, la de los amigos.
    Ya veremos.
    En cualquier caso, bienvenidas sean esas arrugas si llegan acompañadas de una mirada más limpia y clara. Para quienes vivimos entre libros, periódicos, cuadernos y pantallas, recuperar la nitidez de la letra impresa o en pantalla, constituye un regalo inmenso. Volver a leer sin esfuerzo es, al fin y al cabo, volver a mirar el mundo. Y pocas operaciones pueden presumir de devolver, al mismo tiempo, la vista y una renovada gratitud por las cosas sencillas de cada día.
    Recordé el cuarteto escrito por el poeta y diplomático mexicano Francisco de Asís de Icaza, que lo compuso tras escuchar a un mendigo ciego pedir limosna mientras paseaba por la Alhambra, junto a su esposa  originaria de Granada:

"Dale limosna, mujer,
que no hay en la vida nada
como la pena de ser
ciego en Granada". 
No hay nada más triste que ser ciego o cegato en este ancho mundo, como reza el romance. ¡Quedan tantas cosas por ver, disfrutar y leer en este universo que se nos ha dado!



5 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenos días Julia, es curioso cuando uno llega a una edad y se opera de cataratas, se encuentra a amigos que vienen o van a operarse de lo mismo.
Esta operación es casi mágica por lo rápida que es, por no ser nada dolorosa y por tener un postoperatorio poco complicado.
Quienes pasan por este trance suelen hablar de sensaciones nuevas. Lo de las arrugas, como mis amigos operados son hombres, lo han obviado; pero sí me han dicho que aparecen de nuevo los colores con toda su fuerza y nitidez, algo que ya tenía olvidado. Por mi parte, me siento feliz de haber recuperado la vista de mi niñez y juventud.
Por otro lado, ese edificio anclado en el barrio de Chamberí siempre me ha producido extrañas sensaciones. Enorme en su belleza y con las vibraciones de un lugar silencioso y misterioso, nunca he visto salir o entrar a nadie de él, es como las torres del silencio del zoroastrismo. Te agradezco, Julia, que me hayas ilustrado sobre este lugar.

Julia Saez Angulo y Dolores Gallardo dijo...


Pilar Rodriguez Serna: Precioso lo que has escrito. Me han operado en el Hospital Universistario de Villalba y muy bien. Pero me hubiera encantado operarme donde lo has hecho tú. Pero efectivamente es una gozada como ves a partir de tener los dos.ojos.operados. lo que más me chocó fue el azul del cielo, me impresionó.

Julia Saez Angulo y Dolores Gallardo dijo...

Germán Ubillos: Eres ejemplar e incansable. La operación de cataratas es de las más espectaculares de las que yo he experimentado (varias), devuelven la vista con una espectacularidad cinematográfica. Me alegro mucho verte (nunca mejor dicho) tan en forma. Un abrazo de Germán.

Julia Saez Angulo y Dolores Gallardo dijo...


Consuelo Mas: Querida Julia , Me alegro mucho de que todo haya ido bien con la operación de cataratas . Yo pasé por ello y la verdad es una alegría poder prescindir de las gafas !
Te deseo un buen verano y ánimo para la segunda intervención .

Julia Saez Angulo y Dolores Gallardo dijo...


Clara M Ron Fernández: Gracias, por esta didáctica crónica.
Qué pena no haberlo sabido antes porque me operé de cataratas en ambos ojos hace ya varios años. Si no, hubiese elegido sin duda a tu Oftalmólogo!!! Abrazo, CLARA RON