jueves, 1 de octubre de 2026

VENERABLE MONSEÑOR AMIGÓ, FUNDADOR DE LOS TERCIARIOS CAPUCHINOS. Memoria en la Fundación Caldeiro

Padre Goñi, párroco emérito, ante la estatua de monseñor Amigó.

Padre Félix Martínez, párroco, ante la figura del Venerable. 


Julia Sáez-Angulo

        1/10/26 .- Madrid.- Aunque la liturgia del día, 1 de octubre, señalaba la festividad de Santa Teresita del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia, en la misa de diez hubo también un recuerdo especial para una figura muy vinculada a la Comunidad de la Fundación Caldeiro: el venerable Luis Amigó, fundador de los Terciarios Capuchinos.

    Junto al altar mayor se había colocado una pequeña imagen de Monseñor Luis Amigó sobre un sencillo altar. La fecha tenía un significado especial: el 1 de octubre de 1934 fallecía en Godella, Valencia, el padre Luis Amigó. Para la tradición cristiana, aquella fecha se recuerda como el día en que nació para el cielo.

La celebración estuvo presidida por el Padre Cruz Goñi, párroco emérito de la iglesia de Nuestra Señora, Madre del Dolor. En su homilía habló primero de Santa Teresa del Niño Jesús y de una de las claves de su espiritualidad: “el amor dentro del corazón de la Iglesia”. Después dirigió la mirada hacia el carisma de Luis Amigó, cuya obra permanece viva en las comunidades y familias espirituales que siguen su legado. "Las casi 600 familia franciscanas se dedican a atender la marginación", señaló el P. Goñi.

    Luis Amigó y Ferrer (1854-1934), religioso capuchino, sacerdote y posteriormente obispo de Solsona y de Segorbe, dedicó buena parte de su vida a la atención de los pobres, los jóvenes y las personas que vivían en situaciones de marginación. En 1885 fundó las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia y, cuatro años después, los Religiosos Terciarios Capuchinos de Nuestra Señora de los Dolores, conocidos como amigonianos. Una de las preocupaciones fundamentales de su apostolado fue la educación y recuperación de los jóvenes que se habían apartado del camino o se encontraban en situaciones de especial vulnerabilidad.

    Ese interés por los jóvenes y por quienes se encuentran en los márgenes de la sociedad continúa formando parte esencial del carisma amigoniano. La misión de sus comunidades se orienta especialmente hacia niños, adolescentes y jóvenes que necesitan acompañamiento, educación y nuevas oportunidades.

    La figura de Monseñor Amigó tiene también una presencia cercana en la comunidad de la Fundación Caldeiro. Su imagen, sus enseñanzas y el recuerdo de su obra forman parte de la vida cotidiana de quienes han crecido o trabajan en este entorno educativo y religioso.

                    VENERABLE CON JUAN PABLO II EN 1992

    La Iglesia reconoció oficialmente la dimensión ejemplar de su vida el 13 de junio de 1992, cuando san Juan Pablo II lo declaró Venerable, al reconocer que había vivido las virtudes cristianas en grado heroico. Su causa de beatificación continúa abierta y, según las instituciones amigonianas, se encuentra pendiente del reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión.

    Para quienes creen en su intercesión, la relación con Monseñor Amigó no pertenece solamente al pasado. Se traduce también en oración, confianza y petición de gracias. Numerosas personas han recibido favores espirituales por su mediación, entre ellas, yo misma. 

    El 1 de octubre tuvo además una dimensión especialmente significativa para los alumnos del colegio. A lo largo de la jornada, todos los estudiantes pasaron por la capilla, hoy elevada a parroquia, para dar gracias a Dios y pedir nuevas gracias para el curso que comienza. La oración marcó así el inicio de un nuevo año académico, confiado a la protección de Dios y a la acción del Espíritu Santo.

    Al pasar por la capilla, los estudiantes pudieron contemplar también la imagen del Venerable Luis Amigó. Su figura está presente asimismo en otros espacios del colegio, donde puede contemplarse un busto de bronce en el lateral de la capilla y otra imagen a la salida del centro. Son signos elocuentes, de una memoria que permanece viva.

    Así, la celebración del 1 de octubre unió dos espiritualidades profundamente relacionadas con el amor y la entrega: la de Santa Teresa del Niño Jesús, cuya fiesta señalaba el calendario litúrgico, y la de Luis Amigó, el religioso, obispo y fundador que hizo de la atención a los jóvenes y a los más vulnerables una de las grandes razones de su vida.

    Ochenta y dos años después de su muerte, el nombre de monseñor Luis Amigó continúa pronunciándose en las aulas, en las capillas y en las comunidades que siguen su camino. 


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